Saturday, July 27, 2019

LGBT: Una tormenta entre gemelas




Por Anónimo

Estaba con mi hermana gemela y nos acostamos en la misma cama, se sentía tan rico, pronto el miedo pasó y su mano acariciando mi barriguita me hacía saber que no dormía, no sé si era la situación, su aroma, su cuerpo pegado al mío, sus caricias o qué, pero como si yo misma me estuviera tocando sentí mis pezones endurecerse, sentí una electricidad pecaminosa en mi clítoris y mi vagina inundarse en flujos. Traté de apartar esos pecados de mi mente, pero como siempre mi gemela y yo estábamos en la misma sintonía, como si mi mente tuviera poder sobre ella la mano de mi dulce hermana fue subiendo lentamente, colándose bajo el top para dedicarse a acariciar mis pechos, la dejé hacer, me encantaba y fue como si yo misma lo estuviese haciendo, apretando con delicadeza mis pezones, no podía creerlo…
Ella me apretaba más y más, sus tetas me quemaban en la espalda, y su mano hacía maravillas en mis pechos, estaba perdida, mojada, inundada, sin decir palabra tomé su mano con la mía y la deslicé hacia abajo, lentamente, para colarla bajo mi tanga, en mis bellos púbicos, ahí la dejé, Roxana fue más abajo, acariciando rítmicamente mi clítoris entre sus dedos, me sentía acabar, me iba a acabar… Giré de repente, no era el momento, no todavía, levanté su remerita para apoyar mis grandes tetas contra sus grandes tetas, las tetas de mi hermana, era un espejo, un espejo al que daba y del que recibía placer, mi boca buscó su boca, nos besamos, nos fundimos en una, nos revolcamos, y gemimos, sus besos supieron hermosos, a pecado, a locura, dejé sus labios y fui a lamer sus pezones, a llenarlos de saliva, luego fue su turno, y volvieron los besos, nuestras manos recorriendo nuestros cuerpos, acaso quien hubiera podido entenderme mejor que ella?
Los minutos pasaron lentamente mientras la temperatura se elevaba en el cuarto, lejos habían quedado los miedos, Roxana me susurro al oído mientras besaba su cuello.
– Hermana… quisiera lamerte la conchita…
Me estremecí, una vez más nuestras ideas parecían estar conectadas… saqué con premura mi bombacha y me aseguré que ella hiciera lo mismo, no quería recibir sin dar, por lo que me acomodé de costado en un perfecto sesenta y nueve, bajo los quejidos de la pobre cama que soportaba ambos cuerpos, le ofrecí mi sexo desnudo mientras abrí sus piernas para comer el suyo, estaba tan mojada como yo y la excitación de lamerle la concha a mi hermana me enloquecía, su sabor áspero inundó mi boca, su clítoris estaba enorme y fácil de comer entre mis labios, su conchita regordeta se abría ante mis lengüetazos y no quería soltarla…
Pero era difícil, porque ella me chupaba la mía al mismo tiempo y me hacía perder concentración, no podía estar en ambos lados al mismo tiempo, sus manos se mostraron hábiles acariciando mis piernas y glúteos y sus dedos se perdieron en lo profundo de mi concha para luego rasgarme rítmicamente sin despegar sus labios de mi clítoris…Ella pudo más, me entregué a su lamida, apenas me estiré un poco más, tomé una de mis tetas y solo acaricié su clítoris con mi pezón, una y otra vez, no lo podía creer, pero estallé en un interminable orgasmo en la boca de mi hermana, como nunca había acabado, por suerte los ruidos de la fuerte lluvia aplacaron mis gemidos…
Volvió a mí y nos fundimos en un beso placentero, se notó satisfecha, con su objetivo cumplido entonces volvió a pedir
– Sabes que quiero? Que me chupes el culito…
Roxana se acomodó en cuatro patas casi sin dejarme lugar sobre el colchón, arqueó su espalda sobre y sus ancas quedaron disponibles, esbeltas, con sus piernas abiertas, fui sobre ella, directo al objetivo, abrí sus nalgas y rodee una y otra vez su esfínter, en círculos, con delicadeza, sentí la rugosidad de su piel en mi lengua, fui haciendo los círculos más pequeños hasta hacer centro en su orificio, la sentí excitada, caliente, y al ir lamiendo y besando busqué penetrarlo lentamente con la puntita, ella se mostraba receptiva, el calor volvía a mi sexo, pasé nuevamente uno de mis pezones recorriendo su culito y su conchita, volví a lamerlo, una y otra vez…
Me sentí dueña de la situación, me acomodé tras ella, junté mis dedos índice, mayor y anular y se los metí en la concha hasta el fondo, estaba inundada, hasta que la palma hizo tope en la entrada, literalmente empecé a cogerla como si mis dedos fueran un pene y Roxy empezó a retorcerse de placer, sentí sus dedos masturbar su clítoris y sabía que llegaría si seguía, yo hubiera llegado… Mientras la cogía con mis dedos apoyé el pulgar en su esfínter que permanecía lubricado por los besos que le había dado, y la leve presión que hacía solo enloquecía a mi hermana.
No lo busqué, solo que ella se fue relajando y su orificio fue cediendo al punto que la falange se introdujo en él. Así llegó, acariciándose, con varios dedos inundados en su concha y mi pulgar en su cultito, fue excitante sentir las contracciones espasmódicas de su anillito marrón apretando mi dedo... Volvimos a besarnos, a comernos las bocas, dulcemente, mujer a mujer, hermana a hermana, gemela a gemela, sentadas frente a frente.
Sin decirlo, sin proponerlo, ambas fuimos por lo mismo, conectadas mentalmente, abrimos nuestras piernas y las cruzamos, nos entrelazamos, una por arriba, otra por abajo, su argolla hirviendo se pegó a la mía, empezamos a refregarnos, arriba, abajo, clítoris contra clítoris, fue increíble, gozamos como putas en celo, gozaba con su placer, gozaba con mi placer, gemíamos, transpiramos, nos esperamos, llegamos nuevamente, ambas al mismo tiempo, juntas como buenas gemelas…
Fue suficiente por esa noche, nos vestimos en la oscuridad, lejos habían quedado los miedos, era tarde, nos abrazamos solo que ahora frente a frente, y nos seguimos besando y acariciando, suavemente, lentamente hasta quedarnos dormidas.
La claridad de la mañana siguiente nos sorprendió aun enredadas, abrí los ojos y el rostro de mi hermana estaba centímetros del mío, era mirarme en un espejo, solo esperé observándola hasta que ella abrió los suyos, solo sonreímos, estábamos adoloridas puesta que la cama era pequeña para dos…
Fue nuestro secreto, nadie lo supo, solo ella, solo yo…Pasaron ya siete años, y esa primera noche comenzó a repetirse, noche tras noche, una y otra vez.



Servicio de gas, plomería, jardinería y hasta el lechero



Por Carolina

Quien iba a pensar que una mujer como yo, resultaría siendo una completa puta, una de esas zorras capaces de acostarse con quien fuera, con tal de obtener el placer que en casa, el tarado de mi amante hombre casado no sabía darme.
Pero vamos, que tampoco las cosas son así como la gente de afuera habla,
uno siempre (sea hombre o mujer), tiene aunque sea el más mínimo "pretexto" para hacer lo que está haciendo.
Pero dejemos fuera la plática sin sentido, y vamos a lo que vinimos, les contaré cómo comenzó todo, pero omitiré los detalles e iré directo al grano.
Era un día domingo por la mañana, lo recuerdo claramente, el tarado de mi amante, para variar me había dejado sola en casa, haciendo lo que él consideraba "mis deberes".
Vamos, ambos trabajábamos, y el fin de semana él se dedicaba a sus hijos y disque esposa y salir con sus amigos, mientras la esclava se quedaba en casa con montaña de ropa por lavar , la cena, el aseo, y cuidar a mis 2 bendiciones vamos, que ustedes ese cuento ya se lo saben de memoria, así que volvamos a aquel domingo.
Mientras él daba en sus dominicales paseos por la cancha con sus hijos, sus refrescantes cervezas, sus deliciosos asados, y de seguro más de alguna zorrita porque claro no soy la única amante.
Yo me quedaba en casa, hasta que ese día cuando iba a hacer la comida, al prender el horno me quedé sin gas, no me quedó otra opción que llamar al camión. Cuento corto, demoró increíblemente menos de veinte minutos, para mí sorpresa, el tipo era nuevo, además era alto, de barba contundente, y un cuerpo bastante atlético, en resumidas cuentas, desde el momento que lo vi me dejó la entrepierna mojada.
Yo inmediatamente le empecé a coquetear, lo hice pasar, le ofrecí un vaso de refresco, él inmediatamente se dio cuenta de mis interesantes intensiones.
Pasó a la cocina, dejó el gas ahí, y mientras le servía un refresco me acerqué y le agarré inmediatamente el paquete.
Ufff... que sensación, créanme o no, jamás lo había hecho con un desconocido.
Apenas le agarré la verga, a este se le endureció inmediatamente, me miró, se sacó su playera y se abalanzó sobre mí,
Me empezó a besar cómo desesperado, moviendo sus manos, tocándome las tetas, cómo jamás nadie lo había hecho.
En cosa de segundos mi vientre ardía, la humedad de mi entrepierna comenzaba a mojar mis diminutos calzones, mis pezones erectos al máximo.
Jadeaba como desesperada, lo único que quería, es que este tipo sacara su verga y me la hundiera hasta los más profundo de mi ser.
Nos comenzamos a desvestir rápidamente, ya estando ambos sin ropa, nos besábamos, el me chupaba las tetas, su lengua recorría mis duros pezones, y podía sentir su duro pene, apoyado en mi caliente vagina.
Nos besábamos, yo agarraba su verga, lo masturbaba, e intentaba ponerla en mi entrepierna.
Él mientras me llevaba a la mesa, me seguía besando, amasando mis tetas, comiéndome la boca y el cuello.
Llegamos a la mesa, me sentó sobre ella, su altura, dejaba justo esa durísima verga a la altura de la mesa, abrió con picardía mis piernas, yo mojada al máximo, ya me corría la gota por las piernas.
Me miró, y mientras me chupaba las tetas, comenzó a metérmela con total desenfreno.
Qué placer sentí, y que calentura, podía sentir como entraba y salía, que rica verga tenía este hijo de puta, y que ricos movimientos. Entraba y salía, y yo totalmente extasiada.
En cosa de minuto logró lo que el tarado de mi amante no logró en un año que tengo con él porque para ser sincera es el que paga renta y caprichos.
Seguía entrando y saliendo, besando mi cuello, lamiendo mis senos.
Jamás sentí una calentura así, no iban ni cinco minutos de esta exquisita danza frenética, y ya sentía como estaba acabando por segunda vez.
En tanto él comenzaba a subir la velocidad de sus movimientos, era claro que después de yo haber acabado (Cosa que él notó).
Le tocaba venirse y derramar toda su leche dentro de mí, empecé a moverme también, más rápido, quería tener esa exquisita sensación cuando acaban dentro de uno, y sientes como sus fluidos te llenan el interior.
Qué sensación, acabó con un gemido magistral.
Y yo, yo más caliente aún, quería seguir, pero el tiempo no lo permitiría.
Le dije que se vistiera, para mí sorpresa, no me dejó pagarle el gas que había ido a dejar.
Me miró mientras me vestía, se sonrió, quiso besarme la boca, yo no lo dejé, se dio media vuelta y se fue.
Desde ese día, cada vez que necesitaba gas, llamaba a su empresa, así que, cada mes y medio aproximadamente era brutalmente cogida por el chico del gas.
Sin contar con los innumerables servicios que contrataba, nunca faltaba la escusa, para llamar un plomero, un electricista, el lechero, o lo que hiciera falta por reparar, no solo en mi interior, sino también en mi hogar.



Friday, July 26, 2019

LGBT Me convierto en una puta trasvesti

Este relato fue ideado y editado por un servidor, Larry G. Álvarez, a partir de conocer al protagonista de la historia. Nuestras vivencias y nuestros intereses de encontrar placer nos llevan a escribir esta historia. Los acontecimientos descritos son en su mayor parte reales como fantasiosos. 


Encuentros Magazine los presenta para el deleite de los lectores bajo la autoría del protagonista y no del editor.

Por Daniella

Soy ahora una chica travesti de 30 años, que tuve mi primera experiencia como tal, con un señor llamado Larry, me lo presentó una chica como yo llamada Alondra que la conocí en un sex shop, donde anduve experimentando como homosexual o sea gay, y viendo a Alondra y a otra de su amiga, Aurora, en un momento de calentura decidí que quería ser vista así siendo una nena. 
Antes de conocer a Larry, abrí una cuenta de Facebook, donde me gustaba subir fotos y tener muchos likes, me sentía soñada, comencé a platicar con muchas personas, pero no me atrevía a conocer a alguien personalmente. Alondra y Aurora me dijeron que Larry tenía un departamento y que él me podía iniciar como Trasvesti. Hasta el punto de poder tener ahí citas con otros hombres.
En una mezcla de valentía y calentura, decidí a ir a su departamento. Me sentía muy nerviosa y tenía miedo de lo que fuera a pasar, pero lo sobrellevé y llegué a la puerta de su edificio, sentía que todo mundo me observaba y sabía a lo que iba, yo llevaba una tanguita debajo de mi ropa de hombre.
Le escribí para decirle que ya había llegado, y bajó a abrirme la puerta, caminé por las escaleras temblando de nervios, hasta que entramos a su departamento.
Me invitó a pasar, pasamos directo a su cuarto que ya había acondicionado para que pudiera arreglarme. Había zapatillas, lencería, medias, ligueros, vestidos, maquillaje, ¡me sentía en un sueño! Tardé mucho en elegir qué usaría por los nervios pero finalmente lo decidí, comencé a quitar mi ropa de chico y quedé casi desnuda excepto por la tanga.
Me puse un bracier blanco, a juego con la tanga, un vestido blanco, medias negras, y por primera vez podía usar unas zapatillas. 
Arreglé mi peluca, me maquillé y estaba lista, me miré al espejo y lo invité a pasar.
Se quedó impactado por el cambio que notó, de verme llegar como un chico normal, y estar convertida en una princesa Daniella casi inexperta, aun de haber practicado como mariquita en el sex shop, mamando vergas y casi nada de penetración..
Te ves bien buena princesa, la vamos a pasar muy bien, me dijo Larry.
Sentía una mezcla de sentimientos encontrados, por una parte estaba feliz de poder estar disfrutando de ser una nena por fin, por el otro lado tenía miedo de estar en casa de quien es el padrote de Alondra y de Aurora.  
Me acerqué a él y sin más, nos empezamos a besar. Cedí ante sus besos y comencé a corresponderlos, mientras me besaba se dedicaba a tocarme como si fuera un pulpo, sentía sus manos en mi espalda, en mi pelo, hasta que fue bajando y comenzó a acariciar mi culito, esa acción destrozó cualquier temor que pude tener y me doblegó ante mi macho, el que sería mi padrote.
Tomó mi mano y la llevó por encima de su pantalón y me hizo acariciar su pene, yo ya no oponía resistencia en ese momento, era suya. Sentí que su verga estaba flácida, sacó de la bolsa una pastilla de viagra, la tomó, y me dijo que tomaría como media hora que hiciera efecto. Se sentó en la orilla de la cama y me hizo arrodillarme frente a él. 
-Quítame el pantalón para que veas todo lo que te vas a comer. 
Obedecí, desabroché su cinturón, quite el botón de su pantalón y comencé a bajarlo junto con su bóxer, frente a mi tenía por primera vez su pene, el cual tanto Alondra y Aurora ya habían probado.  
No lo pienses tanto y ponte a chupar Daniella, sé muy bien tu nombre, me gusta, ya no tengo que bautizarte. 
Obedecí a mi macho y me acerqué, tomé en mis manos su verga y comencé a lamerlo como si se tratara de un helado. 
Ufff, que rico se siente tu lengua Daniella, pero ya mételo en tu boca. 
Tenía miedo de lastimarla con mis dientes, pero la fui metiendo y sacando poco a poco, al principio sentí una arcada y me iba a separar y sacarla de mi boca, pero mi macho no me dejó, puso su mano en mi nuca y no me dejaba sacarla de mi boca, yo sentía que iba a vomitar por qué sentía muy extraño de estar así, respiré y comencé a controlar mi respiración, comencé a subir y bajar con mi boca hasta la mitad de su verga, pero el me empujaba más, pero poco a poco fui acostumbrándome y a sentirme más segura, cuando ya estaba tomando un ritmo, moví mi lengua alrededor de su verga, y él se excitó tanto que me la empujó hasta la garganta, sentía que me iba a asfixiar, y el no quitaba su mano de mi cabeza, después de unos segundos con su verga hasta el fondo y con mi nariz pegada a su pubis quitó su mano y pude sacarme el trozo carne de la garganta que ya estaba poniéndose erecta, gracias a la viagra y a mi mamada.
Yo hasta ese momento no había dicho una sola palabra, me había dedicado a hacer lo que él me pedía, aún sentía arcadas de esa mamada, estaba muy excitada, se puso de pie y se quedó viéndome sometida a él, el notó que no había hablado y me dijo: 
¿Te gustó chupar mi verga Daniella?
Si, me gustó chupar tu verga -respondí. Quiero.... quiero que me partas mi culito. 
Larry sacó de una maleta dos vergas de plástico, de buen tamaño, me dijo que debido a que su verga todavía no estaba dura, me partiría el culo con sus juguetes. Me hizo ponerme en cuatro, y empezó a dedearme, me dio masajes en el culo, puso vaselina, lubricante, y se puso un guante de hule en sus manos. Le colocó dos condones a cada juguete. Empezó a masturbarme con una de sus manos y con la otra insertaba sus dedos, hasta casi la mano entera. Estaba yo en la gloria.
Mi hombre, Larry, se puso uno de los juguetes en un arnés, para dejármela ir poco a poco, a lo cual pude sentir deliciosas sensaciones pues miraba hacia abajo y veía mis ricas piernas deteniendo muy sexy mi cuerpo en pose de penetración, volteaba ligeramente hacia atrás y veía mis nalgas ser acariciadas mientras su duro juguete se introducía en mi ano. Era un momento delicioso y el sudor ya se apoderaba de ambos.
Larry se sentó en un sillón para invitarme a cabalgarlo así que de frente me abrí de piernas y me la metí hasta el fondo. Al tenerlo de frente notaba su alegría cada que me veía, era tierno y dulce cuando me veía mucho a los ojos y a la boca…”tienes una mirada tan inocente”, decía mientras su juguete seguía dentro de mí y el sudor corría por nuestras pieles, “tu risita, tus hermosas piernas, en serio me encantas”, todos esos detalles tiernos le daban un rico toque más allá de lo sexual al momento.
No sé cómo lo hacía pero igualmente lograba moverse para otorgarme sensaciones anales deliciosas y claro yo no quería ser un cuerpo ahí inmóvil sólo recibiendo placer entonces yo igual trataba de moverme para darle sensaciones a él también y lo disfrutaba pues veía como echaba su cabeza hacia atrás y gemía, por el roce que su verga tenía con el arnés puesto.
Llegó el momento en que me hecho hacia adelante sin perder la posición donde yo seguía sentada encima de frente a él. De repente por obviedad generaba descansos donde ambos no nos movíamos pero seguía la penetración en marcha. Así recargada levantó mis piernas y comenzó a besármelas y darles mordisquitos lo cual me fascinó “que sexy eres en serio, no te ves vulgar como esas que trabajan en las cabinas del sex shop, claro con la excepción de Alondra y Aurora”…conseguía sonrojarme todavía más con esas palabras e insisto no dejaba de admirar mis ojos y ver como sonreía de verme. En serio era algo demasiado encantador, el sexo estaba siendo muy estimulante y aparte la conexión personal era muy buena, notaba de verdad gusto por estar conmigo y me lo demostraba con ricas caricias y lindas palabras de elogio.
Aproveché que en cierto momento me levantó las piernas hacia lo alto y me comenzó a dar duro en el culo, la vista para mí era extremadamente estimulante y procedí a jalarme mi verga sin que me costara trabajo derramarme pues la escena era demasiado erótica.
Comenzamos una plática donde me compartía que ya me visualizaba con múltiples “disfraces” o estilos, igualmente preguntando cuáles eran mis fantasías más recurrentes. Seguía siendo penetrada mientras compartíamos esa charla así como si nada. No sé cuánto tiempo pasaba mientras estaba con él, quizá aquí se lea resumido pero en verdad fue mucho tiempo el que pasé ahí dentro con mi padrote.
Siguió bombeándome por aproximadamente 15 minutos, yo perdí la noción del tiempo, estaba en trance y no quería que me sacaran esa verga de hule, nunca.
Ahhhh, me encanta tu verga, no importa que sea de juguete papi. Le dije.
Es tuya cuando quieras -me respondió. 
Yo brincaba para sentir toda la extensión de mi hombre y el acariciaba mis pezones y después me tomó del cuello y me asfixiaba mientras me empalaba hasta el fondo de su ya dura verga yo estaba a punto de estallar en un orgasmo al igual que él; así que me ordenó, cuando te vengas, me vas a mamar mi verdadera verga y por haberte bautizado como Daniella te tomarás mi leche y con mucha lluvia dorada.
Llegué a venirme tremendamente, descargué mi leche,  salpiqué por todos lados, Larry agarró mi pene, lo exprimió, y quedó su mano húmeda de mis líquidos, los cuales los embarró en su verga. Comencé a chupársela como si fuera mi único propósito en la vida, metía esa verga hasta el fondo de mi garganta mientras lo miraba a los ojos, podía ver en su mirada que estaba a punto de terminar, saqué su verga, abrí mi boca sacando la lengua y recibí la primera descarga de semen, mezclada de urofilia, llego a mi nariz y a mi lengua, siguió otra y otra más hasta que dejó mi cara y mi boca llenas de su néctar. 
-Así es cómo tienen que terminar las putas, con la cara llena de leche.... pero aún te falta mucho más. 
Yo no sabía a qué se refería, seguía en trance hasta que noté que tenía ya una erección tremenda. 
Espera Daniella, creo que ya sé que necesitas para terminar completamente. 
Salió de la recámara, y no tardó en volver, tenía en sus manos un pepino más largo y ancho que su verga. 
Me recostó en la cama con las piernas al aire y sin darme tiempo a decir nada introdujo la parte más delgada en mí y comenzó a masturbar mi culito con el pepino, ¡No podía creer que todo eso entrara dentro de mí! Cuando bajé la mirada noté que el pepino había desaparecido casi por completo, estaba exhausta pero no podía parar, me miró a los ojos y me dijo:
Tócate tu clítoris Daniella. 
Si papi. -le respondí. 
Al estarme tocando y recibir el pepino en mi culo no tardé mucho en acabar, fue la descarga más grande de semen que haya tenido en mi vida, llené mi abdomen y mi mano de mi leche, y aún tenía en la cara restos de su descarga. 
Juntó con su mano todo el semen de mi cuerpo y lo embarró en mi cara, después lo volvió a juntar y me hizo lamer mi mano hasta que no dejé rastro alguno. 
Así se bautiza a las nenas como tú Daniella, a partir de hoy querrás que te cojan machos de verdad y pedirás que te llenen de leche tu cara y tu boca. 
Salió de la habitación, habían pasado cuatro horas desde que llegué a su casa, al verme en el espejo, con el maquillaje corrido y la cara con restos de semen, sentía que todo el mundo sabría que mi padrote me había convertido en una puta.


Mi amante



Por Carolina

Regresaba del trabajo a casa a las 6pm. y aprovechaba para sacar a mis dos perros Bóxer a caminar al parque. Mi vecina de tan sólo a 2 casas, también salía al parque a correr y hacer ejercicio. empezamos a platicar y a convivir cada tarde. así supe que era jubilada, que tenía dos hijas en E.U. y que se había divorciado hace 12 años.
Una tarde le conté que mi esposa se quedaría esa noche con mi suegra. Inmediatamente me dijo que le había sobrado una botella de tequila de la navidad pasada,
-Que tal si te invito un trago en casa?
Nuestras miradas se cruzaron. sonriendo le dije que sí, allí te caigo a las 9pm.
Me encantó que se pusiera un vestido blanco chiquito arriba de la rodilla y como era de tirantes se veía el listón del sujetador, era rosa y de encaje, yo me puse a mil super excitado.
Nos tomamos tres tragos, yo trataba de hablar de sus ejercicios para llevar la conversación a su cuerpo pero ella fue más directa, me dijo que desde que se divorció no había salido con ningún hombre y que tenía 12 años sin sexo.
Me quedé congelado por cinco segundos, y luego reaccioné diciendo; - pues aquí estoy a tus órdenes.
Se lanzó a mí y nos besamos con pasión, fue riquísimo sentir su lengua traviesa, comenzó a morderme el labio y yo la aventé al sillón, -No me dejes marcas por favor, le dije. su vestido se había subido un poco y me agaché a besarle las piernas, que piernas tan macizas, hacer ejercicio sí que perfecciona el cuerpo femenino, le subí más el vestido y empecé a besar su tanga rosa, estaba empapada, se los arranqué y comencé a comerme sus jugos calientes, ella gemía como loca y me dijo -Ya métemela. Me arranqué el pantalón y así nomás la penetré hasta el fondo, mis manos se aferraron a sus nalgas y empecé a cogerla con furia, ella gritaba mucho, y me excitaba más el escucharla. Me vine dentro de ella.
Quedamos tirados en el sillón, yo sudando a montón y mi corazón a mil por hora, Ella todavía tenía el vestido puesto, nos besamos y nos quedamos dormidos.
Me desperté como a la una de la madrugada, me vestí y la moví para que despertara, nos despedimos con una sonrisa de complicidad.


SE SOLICITA AMANTE




 “Se solicita un amante, pero un amante de verdad.
Uno que no tenga tantas mentiras, que no sea un Don Juan pero que tenga experiencia, que no venga a hablarme de sus aventuras ni a enseñarme de posiciones.
No quiero un hombre casado, no quiero a mí lado un idiota llorando por decidir con quién quedarse, si tiene algo que decidir que sea el sabor del helado que me comprará.
Se solicita un amante, uno que me compre rosas cada tercer día y que me diga te quiero de lunes a domingo. Que me ayude a desarreglar la cama pero que sepa tenderla.
Quiero que vaya conmigo a misa pero que se atreva a pecar conmigo todas las noches.
Que después de hacer el amor se quede conmigo a ver el techo, no quiero que se levante a oír música o a fumar un cigarrillo, no quiero que empiece a vestirse por que se le hace tarde.
Lo quiero dispuesto a mis horas pero sin interferir en las suyas.
Se solicita un amante, que no sea compañero de trabajo y que no sea mí vecino, que le guste el café con leche y el pan de muerto. Quiero que esté a mí lado los días que enferme aunque sólo sea de gripe.
Quiero un amante perfecto lleno de errores, que no le intimide mí soledad y que soporte mis berrinches.
No lo quiero de grandes atributos, con que se mueva en la cama es más que suficiente.
¿Qué ofrezco yo?.....
No soy tan bonita ni de cuerpo tan perfecto, tengo un carácter de los mil diablos, detesto los vicios y amo el café y me gusta soñar, soy sincera y amorosa.
Todavía tengo pudor al desvestirme pero disfruto plenamente del sexo, estoy enamorada de la vida.



Sunday, July 14, 2019

LGBT: Caterin se convierte en Aurora

Este relato fue ideado y editado por un servidor, Larry G. Álvarez, a partir de conocer al protagonista de la historia. Nuestras vivencias y nuestros intereses de encontrar placer nos llevan a escribir esta historia. Los acontecimientos descritos son en su mayor parte reales como fantasiosos. 


Encuentros Magazine los presenta para el deleite de los lectores bajo la autoría del protagonista y no del editor.

Por Aurora


Debido al tremendo éxito de ser cogida no solamente por uno, sino por varios hombres en los cubículos del sex shop en el centro de la ciudad donde vivo en EUA. Me sentía completa, pero con el paso del tiempo, sentía que me faltaba algo. Ser querida, amada, como mi amiga Alondra me dijo y que lo logró por su padrote, llamado Larry.
Pasaron los días, y cada vez que mi trabajo me lo permitía, me maquillaba para dirigirme a las cabinas o cubículos. Aunque siempre andaba con Alondra, en ocasiones a las dos nos cogían no uno, sino varios, pero no siempre corría o corríamos con suerte. Cuando eso pasaba, me dejaba coger por Alondra. Eso me ponía muy frustrada, no por Alondra, sino por la competencia de muchas como nosotras que competían por los hombres que llegaban al sitio.
Después de que Alondra me cogió, ella se arreglo y al salir del cubículo,  en uno de los pasillos menos transitados estaba parado en el umbral de la cabina un señor algo mayor ya con la verga de fuera que al pasar yo por ahí retrocedió y Alondra lo invitó a pasar. Ella me dijo, Caterin deja que este señor me coja, dame chancita  “¿Por qué no?, me dije para eso estábamos las dos ese día” pensé, Alondra estaba para interactuar con quien sintiera atracción hacia ella, al parecer el señor quería comerse a la primera putita que abría la puerta de la cabina y en esta ocasión fue Alondra.
Entraron los dos, yo me salí, y me quedé afuera esperando algún cliente. Desde ahí fue donde empezó el aburrimiento, caminé varias veces por los pasillos sin hallar más entretenimiento más que visual pues me atrae mucho la figura femenina por lo cual las chicas que pasaban con minivestidos o falditas igualmente alegraban mi vista pero no era lo que pretendía ahí como Caterin. Hubo un momento en el que preferí quedarme sentada en un sillón individual exterior viendo pasar a chicas y chicos en busca de diversión que de vez en vez sólo volteaban a verme pero sin mostrar interés.
Llego un punto que estaba totalmente sola y me quedé bien dormida en el sillón aquel. Desperté después de un rato, y ya no había nadie, pensé que habían cerrado el lugar, por lo que consideré muy pertinente irme ya de ahí. Me levanté para caminar hacia la puerta cuando me interceptó un señor a medio pasillo, era alto, bigote canoso, algo calvo, ojos amarillos, muy agradable, me saludó y me sonrió y me tomó de la cintura, “hola, ¿Cómo estás?” a lo cual respondí “bien y tu”… sentí que me conocía pero yo ni en cuenta de quién era el individuo aquel. Me encaminó sin soltarme hacia una cabina, mi plan ya no era encontrarme con nadie, pero era la última interacción y a ver que salía…qué bueno que me quedé.
El tipo comenzó a acariciarme con hábiles manos las piernas y el rostro, me besaba y me elogiaba “que hermosa estas”, “mira nada más que rica te ves”, elogios breves pero muy halagadores que me hacían excitarme de nuevo y más porque el tipo acariciaba con firmeza mis piernas lo cual adoro en verdad. Sentí que estaba revisando la mercancía, o sea yo. Pero también me sentí halagada, querida, deseada. Puso mi mano encima de su pantalón para sobarle el miembro y también hizo lo mismo sobre mi calzoncito, me agarraba con firmeza las nalgas y seguía besándome, pero me encantaba que no dejaba de voltear a ver mi rostro y sonreía.
Me dijo que si no le gustaría que nos fuéramos a un lugar mas cómodo, como su departamento. Que me pagaría $100 dólares por pasar la noche con él. Era la primera vez que alguien me ofrecía dinero por tener sexo. La oferta fue muy tentadora, a lo cual acepté inmediatamente. Sin preguntarle su nombre y ni el me pregunto el mío, tome mis cosas y nos fuimos en su carro hacia su departamento.
Llegamos a un edificio, donde al entrar se registra uno con el guardia de seguridad. Mi nuevo amigo sexual, vive en el quinto piso. Al salir del elevador, me toma de la cintura y casi me carga, como si fuera una novia hacia el lecho de una luna de miel. Fue ahí, donde me sentí mucho más como mujer.
Al entrar a su departamento, luz tenue, música romántica de fondo, una botella de vino, frio, con dos copas, velas aromáticas. El ambiente propicio para una noche de lujuria, de amor, de entrega. Nunca había sentido eso.

Ponte cómoda, me dice. Dejo mis cosas en el sillón de la sala, le pido utilizar el baño, para preparar mi trasero, maquillarme, perfumarme, alistarme para este encuentro, que prometía ser memorable.
Al salir del baño, ya arreglada como una Aurora, bien puta para mi nuevo hombre, quien me esperaba en la puerta, como todo un caballero con las dos copas en una mano y en la otra la botella de vino.
Cariño, me dijo, brindemos por este encuentro,
Me entrega una copa y me sirve vino, el se sirve también. Chocamos las copas y brindamos. SALUD.
Me toma de la cintura y me da un beso en la boca, el cual le correspondo y nos fundimos entregándonos, sin tocarnos, sin meter mano, sino simplemente besarnos. Eso para mi me dejó concertada, rendida a su antojo, me puse flojita y cooperando.  Y me dice….
Relájate un momento y piensa que estoy detrás de ti. Sientes una sensación de escalofrío por la energía que emana mi cuerpo.
Volteas hacia mí y me miras fijamente como tratando de leer mi mente. Y yo te desnudo simplemente con la mirada. 

Nunca o nadie me había hablado así. Me sentí como una niña con juguete nuevo y, estaba dispuesta a probar el caramelo de esa conquista, la cual me había encontrado en el sex shop, sin ningún plan de estar con alguien así.
Bailamos por un momento que se me hizo eterno y me creí que era una princesa de un cuento de hadas, entre los brazos de su príncipe. Sus manos empiezan a desvestirme lentamente. Yo le empiezo a desabotonar la camisa y nuestras pieles se pegan una con la otra. Primera vez que alguien me hace desvestirme, sin buscar mi trasero, sin hacerme a un lado la tanga, sin obligarme a empinar, sin sentirme como una vaca usada por un toro, que solamente quiere montarse encima para descargar su furia en mí.

Cierra tus ojos, -me dice-, lentamente vamos a explorar nuestros cuerpos. Mis manos caminan por tu espalda y en tus piernas, por tu cuello, por tus glúteos. Lindura, vamos a la ducha y nos bañaremos juntos. Siente el agua recorrer tu cuerpo, como una gran catarata, te empinas y entre los dos lavamos tu clítoris trasero para tenerte lista y limpia para mí. Por primera vez tomarás con tus manos, mi miembro, que debido a mi edad, no está viril, pero tú te encargaras de que funcione en ti, como te mereces, para hacerte sentir mujer.

Al terminar el baño nos fuimos a la recamara, me seca mi cuerpo, prepara una porción de aceite aromatizante, me da un masaje para relajar los músculos de mi cuello. Me voltea con la espalda a su pecho. Mis manos lograr acariciar su pene. Descubro el fuego que lleva dentro. Lo siento ardiente, no grueso, no parado.  Sus manos acarician mis glúteos. Sus dedos buscan mi clítoris, lo encuentra y siento que sus dedos están húmedos de su saliva, luego de un lubricante, luego de vaselina, y logra que me empine, abre mis nalgas con sus manos y con el dedo pulgar, me da un masaje, dentro de mi culo. Una ricura.

Con una mano, empieza a ordeñarme, siento que mi pene se erecta, y aunque no siento que me voy a venir tan rápido, empiezo a soltar liquido preseminal, el cual lo unta en sus dedos y me lo da a probar.  Después frota suavemente mi cuerpo, desde arriba hasta la punta de los dedos de los pies. Luego, eso me provoca que mis besos y caricias inundan su cuello, su espalda, su pecho, su ombligo, sus piernas, sus pantorrillas, sus tobillos y los dedos de sus pies, lamiéndolos uno por uno.

Me voltea boca arriba, para partir desde la punta del pie hacia arriba, masajeando mis rodillas, mis piernas, llega a mi torso, sin senos naturales, que parece no importarle, pero si provoca erección en mis pezones. Extiendo mis brazos, soy toda suya. Toma plumaje de un cajón de la cómoda y recorre mi cuerpo con ella, y con los ojos cerrados me dejo llevar por la sensación que las plumas provocan al recorrer mi cuerpo.

Introduce un medio dedo dentro de mi culo. Con mucha delicadeza, soba suavemente su interior. Aumenta la velocidad pero no enloquecidamente.  Nuevamente me masturba y respondo positivamente. Tomo su masculinidad con mi mano y le masturbo mientras sus dedos exploran mi clítoris trasero. Su masturbación y sus dedos entrando y saliendo de mi culo logran que tenga un orgasmo con varias descargas.  Fue la primera vez que un hombre logra que como trasvesti, me venga, sin recibir leche en mi boca o en mi culo.



Quedo bien cansada, hasta dormida. Que vergüenza, este hombre vino a buscar a quien coger, a quien se la mamara, y terminé yo siendo la beneficiada.

Mi hombre, se levanta. Va al sanitario a darse una ducha. Yo escucho el caer el agua, y escucho que habla solo, maldiciendo su infortunio de no disponer de una buena condición sexual, como la de sus buenos tiempos. Mi hombre regresa a la habitación, totalmente desnudo. Abro mis ojos y puedo ver su verga flácida, sin asomo de una deseada erección. Mira tristemente su miembro alicaído.

No sé qué hacer en estos casos. Yo acostumbrada a ver y mamar vergas gruesas, largas, lechudas. Tenía ante mis ojos una verga flácida, sin signos de vida, pero si había tenido una de las experiencias más formidables de mi vida.

El, toma la iniciativa y saca de un cajón de la cómoda pastillas de viagra, y juguetes, una verga de hule, de buen tamaño y un arnés negro de seis pulgadas. Va a la cocina y trae un vaso con agua y se toma una pastilla de viagra y me dice que si funcionara le ayudaria a destapar la olla de presión que traía dentro para descargar toda la leche que traía acumulada.

Me dijo que la viagra toma efecto en una media o una hora, así que mientras, le puso un condón al arnés negro, puso mis pies en sus hombros y comenzó a penetrarme. Al inicio fue algo doloroso pero poco a poco fue desapareciendo y empecé a sentir delicioso, poco a poco lo empezó a meter más hasta que lo insertó todo, sentía su cuerpo junto al mío, y así empezó a subir de intensidad y cogerme más y más duro sentía como sus huevos chocaban contra mi cuerpo, se movía delicioso, tras estar cogiéndome por un buen rato en esa posición me volteó boca abajo, él se puso encima de mí y empezó a romperme otra vez, esa posición me encantó porque podía sentir todo su peso encima de mí, y darme cachetadas y no paraba de decirme que era su puta, eso me encantaba, me sentía usada, amada, querida, cogida.
Después me levantó y me llevó a la sala, él se sentó en un sofá,  y yo encima de él cabalgando, metiéndome su arnés, riquísimo me encantaba y más cuando me nalgueaba y me cacheteaba, sentí que me corría, y de repente escupí semen por todos lados. Me puse nerviosa ya que pensé que le hubiera molestado venirme de esa forma. Yo no paraba de gritar y pedir más. Tras un rato, me hizo que me hincara frente a él para mamarle la verga , la cual había adquirido una erección suave,   gracias a la fricción que tuvo al tener su verga metida dentro del arnés y los efectos de la viagra.
Me puse como un becerrito mamando su mamila. Comencé lamiendo la base del tallo de su pene y lo lamí hacia arriba lentamente. Giro mi cabeza de lado y simulo morderle suavemente colocando mis dientes en su carne. Mi mano izquierda está tocando sus huevos, quizás arañándolos ligeramente.
Me pide que busque debajo y detrás de sus huevos esa área tan sensible justo antes del ano, o incluso meter un dedo en su agujero para tocar el Punto G masculino llamado perineo,  que al estimularlo puede causar una erección.

Continúo con los balanceos hacia arriba con mi lengua, desde la base del mástil al borde del capullo, no me detengo, continúo mi larga y húmeda lamida sobre la punta de su verga, insistiendo en el agujero de la puntita, succionándolo como un popote. Estrujo el tallo y miro como brota líquido pre seminal.

Empieza a gemir y meto su verga en mi boca. La chupo haciendo movimientos variados hasta que ya no puede soportar más siento que va a derramarse.

Recibo disparos de leche a borbotones en mi garganta. Es asombroso cuanta leche sale mezclada con orina. La saboreo y me la tomo y alguna se derrama en la comisuras de mis labios.

Siento en mi boca una verga erecta, la viagra y mi mamada surtieron efecto. Agarro su verga entre mis manos y la dirigo hacia mi culo, jugueteo. Logro encarar su cabeza en mi clítoris trasero. Yo no pudo aguantar más, me siento sobre ella y la meto de golpe en mi culo.

La sensación fue buenísima, aún no me había dado tiempo a recuperarme y ya estaba otra vez sintiendo placer, lo miraba a través del espejo, y parecía excitarse más y, mientras mantenía mi verga dentro de ella, alcanzo a acariciar sus pechos, rozando sus pezones, pellizcándolos suavemente. No deje que sacara su verga. Cabalgo sobre ella, hasta sentir que tiene un nuevo orgasmo.

Los dos ya estábamos cansados. Logro sacar su verga de mi culo. Nos acostamos y como una verdadera puta, limpio con mi boca y con su lengua su verga hasta que queda bien pulida, hasta que nos quedamos dormidos bien satisfechos.

A la mañana siguiente, me desperté, y encontré una nota en el buró de la cama con un billete de $100 dólares. La nota dice asi,  Caterin, gracias por la noche, tuve que salir temprano, disculpa por no despedirme de ti con un mañanero. Tu amiga Alondra vendrá por ti. Así como tú, ella estuvo conmigo bajo su nombre de Diana y después que fue mia al iniciarla, la bauticé como Alondra. Ella arregló todo para que me conocieras.
Si quieres seguir viéndome y hasta trabajar para mí, te bautizo un nombre de puta: AURORA.

Yo soy Larry.




Saturday, July 13, 2019

LGBT: Mis fantasías arruinadas

Este relato fue ideado y editado por un servidor, Larry G. Álvarez, a partir de conocer al protagonista de la historia. Nuestras vivencias y nuestros intereses de encontrar placer nos llevan a escribir esta historia. Los acontecimientos descritos son en su mayor parte reales como fantasiosos. 

Encuentros Magazine los presenta para el deleite de los lectores bajo la autoría del protagonista y no del editor.

Por Aurora


Siempre quise que me trataran como si fuera una chica decente, aunque realmente siempre he vendido una imagen de puta y me molestaba me vieran sólo como eso…pero para bien o para mal creo que si lo soy. Hola que tal, me llamo Caterin. Soy hombre anatómicamente, pero siempre he querido ser mujer. Tuve mis intentos de tener sexo con mujeres, pero mi verga nunca se me paraba y por eso me rechazaban. Por lo que incliné por lo que siempre me encantaron, los hombres.
Gracias a esa imagen, tuve mi primera experiencia en mi país natal cuando tenía 16 años. Desde entonces me he sentido mujer y actuado el tiempo que puedo, como tal.  Ahora viviendo en Estados Unidos, me han dado ganas de empezar una nueva etapa donde esta faceta sea en convertirme en una trasvesti profesional. Poder trabajar los siete días de la semana, taloneando por las calles, ganar mi dinero, y sintiendo cuanta verga pueda soportar.
Mi vestido favorito es color azul oscuro con pequeñas flores blancas, algo corto pero muy sexy a mi parecer, unas braguitas oscuras de moñito frontal, unas calcetas arriba de la rodilla oscuras, botines de tacón de color contrastante al vestido y por supuesto el maquillaje necesario para completar la “transformación” era lo que había preparado con emoción para la gran aventura de Caterin.
Estaba listo lo que necesitaría para echar a andar mi plan y un día muy temprano me alisté como si fuese a trabajar, tenía planeado llevar la ropa sexy puesta debajo de mi ropa cotidiana para sólo quitarla, entaconarme y maquillarme. Era temprano y tomé el primer transporte pero bajándome antes de llegar a la parada final para acudir a un parque cercano que supuse estaría solo temprano y ahí cambiarme antes de abordar el tren subterráneo donde quería cometer la travesura.
Pero llegó la decepción… me tope con personas que irrumpían con mis planes en ese parque en las matutinas horas del viernes aquel, ya que el parque estaba bastante poblado por gente haciendo ejercicio y caminando a sus respectivos destinos. Mi emoción se vino abajo, pero no quería perder mucho tiempo ya que las horas de aprovechamiento táctil dentro del tren no son muchas en la mañana así que debía actuar. Anduve por los alrededores pero lamentablemente no hallé sitio donde transformar al chico común y corriente en la linda Caterin.
Todo decepcionado subí al tren como niño, pensando en el transbordo de la siguiente línea de del tren acudir a un baño público interno, cambiarme y recorrer una de las líneas del subterráneo más largas así como niña…¡aún se podía cumplir la fantasía!.
Llegue ahí con la esperanza y emoción renovadas, saqué dinero para ingresar al baño y la vida me tenía tendida una nueva decepción. Resulta que la puerta de acceso a los baños públicos se atoró, no me dejó pasar y lo peor, se tragó mi dinero. Sin poder hacer nada pues ya no tenía monedas para intentar ingresar de nuevo tuve que subirme en el otro convoy de la otra línea del tren nuevamente como un simple niño.
No me quedaba de otra ya había avisado en el trabajo que no iría, debía aprovechar el día de alguna manera con Caterin ya que igual estaba cargando con todas mis cosas. Estando en la segunda línea del transporte decidí viajar casi al final del recorrido para ir a una zona boscosa grande de la ciudad y ahí sabiendo que temprano no hay mucha gente pues aprovechar y sacarme algunas fotos sexys para luego ver qué pasaba.
Llegue aun con ganas de hacer algo significativo y no haber perdido un día de trabajo a lo tonto. El recorrido ya no me animaba tanto pues mi fantasía había sido truncada y no quería decepcionarme de nuevo ahí en el bosque aquel. Caminé durante varios minutos y encontré una zona ideal para empezar a prepararme. Comencé a maquillarme sin quitarme la ropa de niño, no había rastro de gente cercana así que me podía maquillar con tranquilidad. La emoción y excitación se elevaba pues al verme en mi pequeño espejo circular veía los ojos de una chica traviesa que le encanta transformarse dejando atrás al niño que usualmente es rechazado en todas partes. Ya no podía parar, necesitaba sacarme la ropa de niño para quedarme enfundada en el minivestido que llevaba puesto.
Vigilando ambos costados del sendero me saque la ropa, colocándome rápido mi calzado femenino y arreglando la ropa desacomodada para ya solo afinar detalles que dejarían lista a Caterin. Estaba en cuclillas y no pude evitar mirar mis piernas, aun sigo guardando con emoción esa imagen, lucia demasiado cogible ahí mismo debo aceptar jejeje. Me admiré algunos minutos y después procedí a sacar el teléfono con el cual tomaría las fotos del día.
Sentadita buscaba las tomas más agradables que podía apoyándome por una luz matutina muy favorecedora para el juego de sombras. Quería elevar la emoción, me puse de espaldas al teléfono para tomar la foto y me baje los calzoncitos para dejar ver el culito pequeño pero sensual que tengo. Hice un par de fotos similares y me acomodé la ropa de nuevo cuando reparé en que a unos metros si lograban verme desde la calle conjunta.
Y en efecto, ahí estaba un señor con escaso cabello con algunas canas ya aparentes, no daba impresión de ser peligroso, él estaba ahí detrás de la reja asomándose hacia mi dirección. No quise reparar mucho en ello pues unos segundos después camino alejándose de mi vista. Quería proseguir así que volví a poner al celular a punto para tomar más fotografías, me bajé los calzones de nuevo para ahora sacarme fotos abriéndome el ano con las manos pero ¡oh sorpresa!, el señor que me había visto antes venia caminando en el sendero ya a unos metros de mí. Dejé de tomar fotos y sólo me quede ahí esperando el tipo se fuera para yo proseguir, quería más fotos pornográficas y ese escenario me lo permitía.
El tipo daba vueltas cada vez más cerca disimulando no verme, pero yo sé que lo hacía así que ahí el temor se perdió y mejor aún, salió mi instinto de zorra. Cada que volteaba a verme yo subía mi vestido para “acomodarme” pero sólo quería mostrarle más las piernas (ya de por si se me veían mucho pues es un minivestido). Ese jugueteo estaba más intenso, ya descaradamente lo volteaba a ver subiéndome el vestido y me acariciaba para atraer su vista mientras él no era tan descarado pues volteaba alrededor y luego a mí. Se notaba indeciso de si acercarse o no pero lo disfrutaba pues notaba a lejana distancia ya un bulto en sus pantalones.
Crecía más mi excitación y no pensaba con claridad, sólo me emocionaba pensar en que el tipo se acercaría y se sacaría la verga para poder chupársela y porque no, que me bajara los calzones y me follara ahí mismo. Mi descaro fue mayor y al tenerlo a escasos 5 metros de distancia al frente subí mi vestido mostrándole la ropa interior mientras me acariciaba ya muy desesperada, ¿y adivinen qué?, el tipo jamás se acercó. Qué decepción.
Así que me fui del lugar y me dirigí hacia un sitio que sabía había cabinas para tener sexo, para volver a vivir la emoción de exhibirme pero ahora en un sitio 100% sexual y perverso. Solamente subir las escaleras y pagar mi entrada fue motivo de nerviosismo. Ingresé a las cabinas por medio de la puertecilla plegable que divide la tienda de las cabinas y debía acostumbrar la vista en la penumbra, cuando lo logré me percaté de algunas personas rondando los pasillos, al parecer si había movimiento adentro y eso me hacía pensar en que la decisión de satisfacerme sexualmente había sido correcta al estar ahí. Sentí que valió la pena que mis otros intentos de tener sexo como trasvesti se habían arruinado.
 Llegué hasta el baño y me encerré en un cubículo, estaba sudando por el calor y los nervios por lo cual debía secarme y alistarme para salir a divertirme. Me atavié lo necesario y en serio adoraba verme así, tan zorrita, tan dispuesta a sexualizarme ahí con quien se acercara a interactuar conmigo. No tardé mucho así que me dispuse a salir y dejar mis cosas a paquetería y en el camino obviamente ya era observada como niña totalmente.
 Volví a entrar ya sólo con una bolsita con lo necesario (maquillaje, toallitas húmedas, pastillas refrescantes, condones y la ficha de entrega de mis cosas) y apenas ingresé ya sentía el ambiente distinto, yo igual estaba en la mejor de las disposiciones para disfrutarlo. No pasaron más de 5 minutos para que al yo estar dentro de una cabina sentada se acercara un señor moreno y algo canoso solicitando permiso para entrar a mi cabina a lo cual asenté con la cabeza. Ingresa y aun yo sentada veo como el señor empieza a desabrochar su pantalón dejando salir su verga, no muy grande ni gruesa pero lucia bien de inicio. No tardé en tomarla en mi mano y comenzar a chuparla, olía limpia y tenía algo de vello que puede llegar a ser incomodo pero aun así era rico volver a probar un miembro con la boca.
Pronto noté que por el gloryhole era observada en mis labores orales pero no me incomodó al contrario fue motivo de mayor placer así que yo seguía chupando, pero los planes del tipo en turno eran otros. Me hizo levantarme mientras se colocaba un condón…sabía que sería penetrada así nada más apenas llegar a las cabinas de nueva cuenta. Con la excitación elevada me puse en cuatro sobre el sillón individual de la cabina mientras el señor ayudó a bajarme las braguitas, yo sólo atiné a ensalivarme un poquito el ano para no recibir en seco la penetración. El tipo estaba listo y la metió, sentí como abría paso en mi colita deliciosamente, yo sólo daba ligeros gemiditos mostrando el gusto por ser penetrada por la cola.
Acelerado y luego pausado, llegando al fondo y luego manteniéndose en calma, sabia mover muy bien su verga en mi cola a lo cual yo solo gemía, parece que le gustaba pues cada que gemía me daba más duro. No sé en serio como hacia movimientos de su verga hacia arriba y hacia abajo en la penetración pero llegaba a tocarme puntos muy sensibles que me hacían dar ligeros grititos, lo estaba gozando en verdad y el sudor se acrecentaba en mí al pasar los minutos en esa rica cogidota que me estaban propinando. Hubo momentos en los que me tenía contra el sillón y contra la pared de tan profundo que quería llegar, se repegaba a mi dejándome sentir todo su vigor dentro. No tengo idea del tiempo pasado en esa cogida e importaba poco pero llego el momento en que el tipo bufo para dar a conocer su corrida y así fue aunque sinceramente no la sentí dentro. Ambos sudando después de aquella rica faena nos repusimos para limpiar y arreglar lo desarreglado en tremendo inicio que tenía Caterin en ese lugar. Intercambiamos algunas palabras para después agradecer y salir de ahí. Necesitaba aire y descanso así que fui al baño a retocar y luego procedí a caminar por los pasillos del lugar. Algún manoseo llego a sentir mi cuerpecito sin llegar a más y yo seguía reponiéndome de la follada que había recibido en un inicio. Reparé en la entrada del cuarto oscuro que se aloja al rincón del establecimiento donde dos bancas largas son el único mobiliario que ahí se mantiene iluminado por luz oscura, tres personas parecían estar teniendo sexo y dos más observaban de lejos, uno de ellos pegado a la pared. Se me ocurrió ingresar y ver más de la escena pasando muy cerca del tipo que estaba en la pared, idea acertada pues el tipo me tomó de la cintura y me jaló hacia él, empezó a pegarme su miembro por encima del vestido y también acariciaba mis muslos diciéndome “que rica te ves”. Era una nueva oportunidad de estar con otra persona, me sentía ya demasiado zorra y no desaproveché, “¿te gusta la verga?” preguntó mi nuevo acompañante y sólo asenté con la cabeza nuevamente, “¿quieres verga mi amor, verga de macho?”, y nuevamente excitada le dije que sí para proceder a ser llevada a uno de los sillones largos.
Me senté y el tipo sacó una verga en esta ocasión gruesa y algo larga que apenas la palpe quise metérmela en la boca. Comencé a chuparla y no supe cómo pero en poco ratito ya estaban otros tres tipos alrededor de mí, uno sólo observando y dos más ya con la verga de fuera para que igual se las chupara. Las dos vergas eran medianas pero si algo gruesas que comencé a masturbar mientras seguía chupando la primera. Noté que otros tipos se acercaban a observar el evento y en verdad me estaba excitando estar acechada por varios tipos en busca de una chupadita de la zorrita en acción.
Mamaba alternando entre uno y otro de los falos a mi disposición y sentí como algunas manos comenzaban a subirme el vestido acariciándome los muslos y nalgas, hasta que el tipo que originalmente me llevó ahí se agacho a decirme “¿quieres que te los aviente en tu colita o en tu carita?”, a lo que respondí que los quería en la cara. Me la dio a chupar de nuevo mientras mis manos masturbaban a los otros chicos y el tipo sentí como comenzaba a gemir más y más, sentía como se tensaba por querer derramarse así que me esforcé en chuparle bien la verga hasta que la sacó de mi boca y comenzó a darle jalones para por fin darme el regalito…un chorro de leche brotó hacia mi cara ensuciándome las mejillas y los lentes que traía puestos.  
Al acabar sólo me quedé con las otras dos vergas en la mano pero el tipo al limpiarse me dijo “gracias, mi amor, oye ¿no gustas un agua o un refresco?”, y en verdad tenía sed, el calor pegaba fuerte y se me hizo lindo de su parte invitarme ello así que accedí a que me comprara un agua. Me quedé chupando a los otros dos tipos y uno más se acercó igual con la verga de fuera. Ahí empezó el desorden pues recuerdo que 1 o 2 tipos que estaban dándome su caramelo se movieron y llegaron otros, pero a ciencia cierta no supe bien que pasaba y a quienes estaba atendiendo con mi boquita.
Aun así no me importaba el desorden, yo seguía mamando vergas cuando recibí mi agua y un nuevo agradecimiento del individuo que me abordó en un principio en ese cuarto obscuro. Yo seguía ocupada con los que a mi alrededor estaban pero ninguno acababa, les daba trabajo oral pero luego de un rato se movían…quizá no les gustaba o qué sé yo. Total que después de unos minutos quedo solo uno ahí conmigo y la sala se vació entonces ya sólo atendía a un señor que por la penumbra no distinguí muy bien obviamente pero ciertos rasgos identifiquen, era moreno, chaparrito y algo mayor, con camiseta blanca y jeans y tenía un miembro no muy grande pero si limpio y duro que igual mamaba con gusto en aquel sillón.
Me entretuve chupándolo hasta que sentí las vibraciones típicas de la corrida por venir y en efecto el tipo se vino cerca de mi boca y nuevamente me mancho la cara de rica leche de macho. Intercambiamos algunas palabras y en ello se me acercó un individuo vestido más formalmente y me dijo “ve a la cabina dónde estabas hace rato ¿va?” a lo cual le dije que si nada más con una ligera sonrisita. La visita estaba siendo muy productiva en verdad así que fui a limpiarme al baño, retocarme el maquillaje y posteriormente acudí al llamado del otro tipo.
Llegué y me recibió en la cabina donde me citó, intercambiamos palabras y me senté nuevamente en aquel asiento que minutos atrás me vio empinadita recibiendo verga en el ano con vigor. El tipo saco una verga limpia de buen ver con una curvatura hacia el frente (como la mía jejeje), delgada pero algo larguita que comencé gustosamente a chupar. Estuve varios minutos mamando cuando el tipo me dijo tranquilamente “te quiero coger”, mientras sacaba un condón de su bolsillo y se disponía a colocarlo. Ya era mucha la calentura y nuevamente con gusto me dispuse a que me cogieran por el culo.
Me puse nuevamente en 4 y ayude a que me ingresara bien sin dolor pues aún sentía impacto de la cogida anterior. Entro y comenzó el mete y saca característico pero con la diferencia de que era un movimiento regular, sin muchas caricias también. No quiero decir que era malo ni aburrido, pero habían dejado la vara muy alta al principio de mi visita. Pasados unos minutos la curvatura del miembro entrante comenzaba a incomodar así que para no hacer algo desagradable ante él le dije que parara, le explique los motivos y muy atento entendió y acepto dejar de penetrar. Comenzamos a platicar y veía que su miembro comenzaba a perder dureza a lo cual le dije “¿quieres que te ayude a acabar aun así?” y por supuesto que acepto.
Procedí a chupar su miembro de nuevo hasta volverlo duro otra vez, en eso andaba cuando ya nos miraba otra vez alguien a través del glory hole pero era motivación para hacer bien mi labor. Los minutos pasaban y de repente sentí las vibraciones anunciantes del chorro seminal y así fue, gotas de líquido espeso y blanco se derramaron una vez más en mi rostro, “pensé que no lo lograrías pero lo hiciste, gracias” me dijo el siguiente en mi lista del día. Nuevamente intercambio de palabras y despedida procedieron antes de salir a retocarme nuevamente y noté más presencia de chicas como yo en el lugar.
Algunas de esas chicas pasaban de frente y existían saludos de vista cordiales, pero no pasaba de ahí.  Hubo una que me llamó la atención por su vestimenta, no parecía hombre, tenía unas piernas bien torneadas, muy femeninas. La vi pasar varias veces y si noté que me observaba bastante a mí también.
Nuevamente me puse a deambular y notaba mucha gente en el típico caminar y caminar por los pasillos sin interactuar, mirando las pantallas de la cabina y moviéndose así por todas. Estaba por llegar a donde estaba sentada antes cuando me abordó aquella chica travesti que me llamo la atención Comenzamos a hablar, me dijo que me veía súper bien, y que si no me molestaba pudiéramos interactuar en una cabina así que accedí a ello.
Entramos a la cabina y comenzamos a charlar y a toquetearnos, me dijo que se llamaba Alondra y me preguntó si yo era pasiva o activa y le dije que pasiva. Me dijo que ella siempre ha sido pasiva, pero que había venido a las cabinas para poder hacerla de activo con una trasvesti, ya que aunque como trasvesti había vivido mucho tiempo, ahora quería poder tener la oportunidad de poder coger, en lugar de ser cogida.  Asenté con mi cabeza. Sacó un condón de su bolsa y me hizo ponerme en 4 en el sillón para poco a poco meter su pequeño pero travieso miembro en mi colita. Nuevamente note movimientos discretos sin gran impacto pero aun así para mí era súper nuevo estar siendo penetrada por una chica vestida como yo por lo cual si sentía placer al ser penetrada. No duramos mucho pues Alondra logró venirse copiosamente en el condón adentro de mí. Nos reacomodamos y comenzamos a platicar Alondra me contó cómo llegó a ser trasvesti, y me dijo que un señor, ya grande, había sido su padrote, Larry, se llama esa persona, fue quien la inició, y con él supo sentirse amada, deseada, cogible, no sólo usada por hombres para descargar su leche en ella. “Con Larry, me hice puta, viví bien ganando mi dinero y disfrutando el sexo al máximo”, dijo.
Además me dijo, que sus instintos de putear sin darle cuentas a Larry, la hizo ahora andar en lugares donde el sexo se consigue fácil. Alondra era una adicta al sexo. Como yo. Pero su comentario sobre el tal Larry, me hizo querer saber más de él y por supuesto conocerlo.
Me indicó que pronto trataría de invertir más en su estilo para lucir mejor y nuevamente me halagó para posteriormente despedirnos amistosamente y salir de aquel cubículo. Una más en la lista de experiencias en mi regreso a las cabinas…pronto el hecho de no haber cumplido mi fantasía original del día era compensado con todo eso.
Con mi nueva amiga, Alondra, he mantenido una estrecha amistad y también con Daniella, nombre de un chico de 21 años que buscaba en los cubículos su primera experiencia como mariquita, queriendo convertirse en trasvesti. Las tres hemos congeniado en todo.

El próximo relato es mi encuentro con Larry.

Thursday, July 11, 2019

Me embaraza mi hermano


Para comenzar quiero decir que continuaré con los relatos de mi fantasía entre mi medio hermano y yo pero ahora quiero hacer algo diferente. A ver si les gusta por favor deje sus comentarios.


Por Catalina

Este relato va a ser muy corto quiero ver como lo aceptan ustedes. Gracias. Todo comenzó un verano en mi casa. Yo contaba con 15 años y mi hermano mayor de 17 años. Mis Padres habían estado casados por 20 años y de algún u otra razón el matrimonio de ellos estaba muy frágil. Mis Padres decidieron darse unas vacaciones juntos y dejarnos a mí y a mi hermano solos en la casa y así fue. Ellos se fueron un sábado en la mañana y como dije, nos quedamos mi hermano y yo solos. El fin de semana paso sin novedades. Nada fuera de lo normal. A mí me gusta dormir con algo sexy pero a veces con el calor prefiero dormir así como Dios me trajo al mundo, totalmente desnuda ya que bueno los dos dormíamos en cuartos separados.




 Esa noche le dije me voy a dormir así que me fui para mi cuarto cerré la puerta con tranca y me comencé a desvestir. Después de un rato escuché a mi hermano también entrar a su cuarto y hasta allí. Me duermo hasta el lunes en la mañana. Me levanto pero como mis Padres no están, decido no ir a la escuela. Era como Las 9am. Pensé que mi hermano ya se había ido a la escuela y que estaba sola en la casa así que salí de mi cuarto desnuda ya que nunca hago esto por respeto a mi familia y hermano.



Así desnuda me metí a la bañera de la casa y procedí a ducharme. Ya estando, tomando un baño cuando mi hermano sale de su habitación y se dirige hacia el baño ya que escucha ruidos. Cuando mi hermano está a punto de entrar en el baño alcanza a mirarme que me estaba bañando. Dejé la puerta entreabierta ya que yo pensé que no había nadie en la casa así que no me molesté en cerrarla completamente. Mi hermano miraba que yo me bañaba. Mi hermano se excitó tanto que se bajó sus shorts y su bóxer y comenzó a tocar su enorme polla que media bien sus 8 pulgadas. Se comenzó a masturbar por un rato mientras me miraba desnuda pero yo no lo miraba a él. Después de un tiempo él se metió rápidamente al baño y removió la cortina que usaba para taparme y me asusta. 





Le reclamo le dijo que demonios haces aquí. No deberías estar en la escuela? A lo que él me respondió eso debería preguntarte yo. Lo miro que tiene su polla bien erecta y le pregunto qué haces me estas vigilando? A lo que respondió si hermanita te estaba viendo y sabes has crecido mucho estas bien buena hermanita. Yo le respondí no seas pervertido vete de acá. No miras que soy tu hermana pervertido. El me respondió si lo sé pero también sé que eres una hembra muy puta que crees que no iba a saber de todos los chicos que coges. Eres una puta. Como sabes eso?, le pregunté. El me respondió yo le hice un hack a tu celular y allí vi todo. No te hagas la santa conmigo. Allí me agarró de las manos y me las puso contra la pared de la bañera estaba parada enfrente de mi hermano sin ya poder moverme y sentía como su polla bien erecta me rosaba mi clítoris. Le respondí que si me gusta tener sexo pero esto es diferente, tu eres mi hermano no podemos hacer esto. El respondió y que tú eres una hembra yo un macho tú tienes con qué y yo también. Le dije ya un poco llorando no me hagas esto por favor. El comenzó a poner el peso de su cuerpo en contra del mío y comenzó a besarme. Yo sabía que hacer ese era mi punto débil. Sentí un sensación en mi vagina que no podía explicar porque me pasaba esto si era mi hermano. Comenzó a besarme el cuello y yo casi perdía mi pudor.

De allí solo sentía que su polla me rosaba más mi clítoris and sentía como mi clítoris respondía a ese estimulo. En seguida me puse bien mojada y allí fue cuando de un solo sin aviso me metió toda la polla. Deje un quejido salir de mi boca con un poco de dolor y placer. Me siguió besando mientras me cogía parados en la bañera. Después de un rato yo también comencé a corresponder a sus besos y los dos nos devorábamos a besos mientras me hacia el amor. Después de un rato me dijo hermanita quiero terminar dentro de ti. Yo perdida en el momento le dije pero puedo quedar embarazada a lo que respondió que no te cuidas? Yo respondí no. Entonces como tienes sexo y no quedas embarazada a lo que respondí siempre ellos ocupan anticonceptivos. Él me dijo ya no aguanto me corro a lo que me sentí un poco débil y lo empujó un poco y se salió de mí. Le dije vente lo llevé a la recamara de mis padres y le dije quieres correrte dentro de mí? Quieres que quede embarazada de ti? Quieres que yo tenga hijos tuyos. El respondió sí hermanita. Yo le dije entonces vente y cógeme como una zorra. A lo que me subió mis pies contra su pecho y dejo de un solo caer su polla dentro de mí. Cada vez me cogía más duro y más rápido ya era inevitable. Mi hermano estaba a punto de correrse y yo le ayudé le dije ahhh córrete dentro de mi papi a lo que no aguantó y yo comencé a sentir su leche caliente inundar mis adentros y como su leche inundaba mi matriz buscando mi ovulo para preñarme de mi propio hermano. De allí abrí mis piernas y se lanzó encima de mi cansado pero todavía dentro de mí. Lo deje descansar en mi pecho y sentí como su polla poco a poco se salía dentro de mi hasta que salió completamente de mí y comencé a tirar toda la leche de mi vagina. Pero ya el daño estaba hecho yo quedé embarazada de mi hermano ese día. Aunque fue una semana llena de sexo.



Sunday, June 23, 2019

EL REENCUENTRO Capitulo 2 Por El Barquida



Daniel se había inclinado sobre Sandra, besándola, y ella le había abierto de nuevo, gustosa, su boca. Las lenguas se unieron, acariciándose mutuamente. Luego ella mordió el labio inferior de su hermano, con la misma furia que antes le mordiera la lengua, de modo que sus dientes rasgaron la labial piel, hundiéndose mínimamente en la carne del labio, haciendo que sangrara.

Como Daniel antes pensara, ella le quería, le amaba, casi, casi, como antes lo hiciera… O, tal vez la mitad, porque la otra mitad de su amor, de su cariño de mujer y de hermana a la vez, se había trocado en odio. De manera que los sentimientos que para entonces abrigaba hacia Daniel eran una mezcla de amo y odio, siendo pues entonces sus deseos hacerle feliz a él al tiempo que también quería verle sufrir.

Pero también quería ella misma ser feliz, dichosa con él, a la vez que, al mismo tiempo, deseaba hacerse daño a sí misma en castigo por quererle, amarle, todavía

Las manos de Daniel bajaron, de la nuca y cabeza de ella, donde habían ido a parar cuando se inclinó esta otra vez sobre ella, al busto femenino, buscando los senos que encontró y acarició por encima de la blusa que los guardaba. Al momento, los dedos de las masculinas manos empezaron, una vez más y como antes, a desabotonar los botones que guardaban el acceso a los odres de vino y miel que eran aquellos níveos, gloriosos pechos, pura ambrosía, puro manjar de dioses del Olimpo.

Los botones quedaron libres, de arriba abajo y la blusa quedó abierta de par en par por la subsiguiente acción de las manos de Daniel, casi temblorosas de emoción. Ante él quedó el sujetador que antes ya contemplara y tras ese sujetador los senos que antes también viera y acariciara al bajar aquellas copas. Volvió a bajarlas y a acariciar esos mismos senos que le estaban volviendo loco como diez años atrás lo hicieran.

Pero ahora, sus manos se perdieron hacia atrás de Sandra, hasta su espalda, buscando las presillas que sujetaban el sostén a su cuerpo. Las desabrochó y el sujetador quedó inerte, colgado de los hombros por los tirantes. De nuevo fue Sandra quien se deshizo del sujetador, quedando aquellas dos frutas maduras por entero a su alcance. Las besó, las lamió, las chupó… Y también lamió y chupó los pezones, oscuros, duros como piedras, erguidos…

Sandra entonces le volvió a abrir la camisa, para acariciar el pecho de Daniel; para besarlo, para lamerlo, para chupar y mordisquear, sin viso de violencia ahora, las tetillas de él. Buscó el cinturón del pantalón masculino y lo desabrochó, como también la cremallera a continuación. Luego subiéndose la falda bien alta, hasta la cintura, se bajó las bragas, sacándoselas por los pies y tirándolas al suelo. Seguidamente dijo

Ven Daniel…

Él entonces rompió el contacto con sus senos y, alzando la cabeza la miró con unos ojos en los que había bastante más arrobamiento que ninguna otra cosa. La besó de nuevo en los labios, pero sin mezcla alguna de erotismo, menos sexualidad, sino que, única, exclusivamente, cariño… Amor puro y duro, exento de nada más; sentimiento genuino, sin asomo de materialidad que valiera… Daniel, por fin, liberó los labios de Sandra para preguntarle

¿Por dónde vives?

Sandra se quedó a cuadros ante aquello que, en forma alguna, esperaba que le preguntara

¿Y eso qué tiene que ver ahora?... Para atrás, más allá del cementerio…
¿En una urbanización de esas nuevas que, tengo entendido, ahora florecen por aquí, como las margaritas en verano?
Pues sí. A unos tres, cuatro kilómetros más allá del cementerio…

Daniel volvió a inclinarse sobre Sandra, buscando, una vez más, sus labios. Ella le recibió entregada, e intentó amorrarse a él, pero Daniel, con suma delicadeza, la evitó. Luego se separó de su hermana, para decir

Antes decías que, para mí, eras mi hermana puta de España. Que venía, te…te “lo hacía” y luego me iba. No Sandra; para mí tú no eres eso en forma alguna. Tengo que irme hoy, no puede ser de otra manera, pues  por la mañana tengo que estar trabajando Luego me voy; me voy de tu lado en paz para, en paz, volver a ti algún día…
¡Y una mierda! Te vas con ella, con Rachel, y a mí me dejas aquí, tirada… ¡Pues bien; sea como quieres… Arranca cuanto antes y vayamos al aeropuerto…

Diciendo esto, Sandra recogió del suelo sujetador y blusa negra y empezó a ponerse ambas prendas. Al tiempo, Daniel se abotonó los botones de la camisa para, seguidamente, subirse el pantalón y cerrar cremallera y botón a la cintura; se acomodó debidamente  en su asiento, se puso el cinturón de seguridad y arrancó el coche, mientras Sandra tomaba del suelo las bragas y se las ponía, bajándose y alisándose la falda, tras lo cual también ella se abrochó el cinturón de seguridad.

Daniel se incorporó a la carretera y condujo un trecho, hasta que un cartel anunciador le indicó una vía de servicio con cambio de sentido de marcha. Dejó, pues, enseguida la carretera para por la vía de servicio volver a tomarla, pero en sentido opuesto. Tan pronto Daniel enfiló la vía de servicio, Sandra saltó

Se puede saber qué narices haces
Llevarte a tu casa; es una solemne tontería que vengas conmigo hasta el aeropuerto para luego tener que tomar un taxi hasta casa o llamar a Mateo para que vaya a traerte de vuelta…

Sandra no repuso nada a su hermano y en silencio, como desde que arrancara el coche estaban, siguieron viaje. A poco de rebasar el cementerio, Daniel observó el anuncio de una salida de la carretera hacia la derecha, preguntando entonces a Sandra

Es por ahí, ¿verdad?

Sandra siguió empecinada en su silencio, pues se limitó a asentir con la cabeza. Daniel salió de la carretera por la señalada salida, encontrándose en otra carretera, bien asfaltada y ancha, aunque no tanto como la general. Transitó por ella no más de tres, a todo tirar cuatro kilómetros cuando ante su vista apareció un cartelón dando la bienvenida al viajero a una urbanización, “Las Flores” por nombre.

Ya dentro, fue callejeando según Sandra le iba indicando, a través de calles idénticas entre sí; hileras de chalets pareados, calcos unos de otros, de dos pisos más otro abuhardillado, alineados a todo lo largo de ambos lados de cada calle. Por fin, el “callejeo” se acabó cuando Sandra señaló a Daniel uno de aquellos chalets como el propio. Ante él frenó el muchacho el coche y Sandra abrió su portezuela antes incluso de inmovilizarse el vehículo, pero no se apeó tan rápido, pues de inmediato a abrir la puerta, ella se volvió hacia su hermano para espetarle.   

Eres un cabrón, Daniel, y un verdadero hijo de puta… ¡Te odio, ¿me oyes?!... ¡Te odio Daniel; te odio con toda mi alma!... No quiero volver a verte en la vida… ¿Entiendes?... En toda la puta vida… Para mí estás muerto… ¿Te enteras? ¡Muerto! ¡Muerto! ¡Muerto!...

Sandra acercó más el rostro al de Daniel y en plena cara le escupió, tras lo cual se apeó del coche y, sin volver la vista atrás en momento alguno, con la cabeza muy, muy alta, y más envarada que estirada, pisando fuerte, taconeando incluso, pero con los ojos arrasados en lágrimas, se dirigió hacia la cancela que daba paso al jardín que ante la vivienda se extendía y al sucinto caminito enlosado por planas piedras de pizarra, más o menos igualadas, que moría al pie de la puerta de la vivienda.

Mientras caminaba rebuscaba en su bolso, sin duda requiriendo las llaves que abrían la puerta objeto de su caminar, pero no fue necesario rebuscar mucho, pues enseguida la puerta se abrió, recortándose la figura de un hombre bajo el dintel del hueco abierto hacia el interior de la vivienda.

Aquél hombre era el mismo al que Sandra se dirigiera en el cementerio, ese que tenía a los dos niños, hijos del matrimonio que Sandra y Mateo formaban, cogidos de la mano. Vamos, Mateo, el marido de la hermana de Daniel… El cuñado de Daniel… La mujer llegó junto a su marido, le besó en la mejilla, no en los labios, y sin más desapareció al instante dentro de la casa. Mateo siguió allí durante algún minuto…o minutos, mirando fijamente a Daniel, hasta que por fin, lentamente cerró la puerta.

Al momento, Daniel aceleró, maniobró para cambiar el sentido de marcha y, acelerando casi al máximo, abandonó la urbanización rumbo a la carretera general y al aeropuerto de Barajas.

A Barajas llegó casi a las ocho de la tarde. Lo primero que hizo fue ir a devolver el coche que alquilara; luego al mostrador de Swissair, la línea aérea suiza, a sacar nuevo pasaje a Berna, pues el que tenía no le servía al haber salido ya el vuelo. Se lo dieron para dos horas más tarde, para las diez y veinte de la noche.

Por finales llamó por el móvil a su novia Rachel para que no fuera al restaurante, como quedaran, ya que él a esa hora, las diez de la noche, despegaría rumbo a Berna. A la chica aquello le gustó menos que nada, pero bien se dice que “a la fuerza ahorcan”, por lo que al final no le quedó más remedio que acogerse al “Ajo y agua”, es decir, “a jorobarse y aguantarse”

Cuando por fin Daniel llegó a su casa de Berna era ya más la hora de levantarse que otra cosa, por lo que lo único que hizo fue dejar la maleta en el dormitorio, sin tocarla, ducharse, afeitarse y ponerse ropa limpia, interior y exterior, tras lo cual salió como alma que lleva el diablo rumbo al trabajo, en transporte público, claro, pues cualquiera usaba un medio privado para ir a trabajar, pues para multas no se ganaría.

Por la noche, según quedara con Rachel la víspera, cenaron juntos pero Daniel no dio a su novia el anillo de compromiso, para sorpresa de ella, que esperaba tal cosa, enterada como estaba de tal intención en él, como paso previo al casorio definitivo. Mas nada, que su novio ni se refirió a ello ni, menos, lo sacó a la luz en todo el rato que compartieron.

Pero la sorpresa de Rachel subió de tono cuando su novio, la mar de apasionado con ella entre las sábanas, le dijo, al acabar de cenar y cuando ella le invitaba a acabar la noche en su casa, que no pues estaba más que cansado tras de horas sin dormir, por lo que al salir del restaurante cada uno, por su lado, se largó hacia su casa.

Aquella fue la primera en la frente que Rachel recibía de su novio, pero no la última, pues las noches de cansancio, de no tener ganas de salir a cenar, prefiriendo pasar la velada solo en casa, no es que se hicieran habituales, pero su menudeo empezó a hacer mella en la mente de Rachel, que algunos meses después estaba como pavo español el día de Navidad; o sea, más “mosca” que su madre cuando su marido, padre de Rachel, un día bajó a comprar tabaco y a la mañana siguiente el “menda” no había aparecido todavía por casa.

En fin que habían pasado los meses, más de cuatro, y Rachel se dijo que ya estaba bien. Su novio había cambiado mucho en muy poco tiempo y, claro está, ella deseaba una explicación al respecto. Ello fue uno de tantos sábados que todavía quedaban a cenar y darse después un sonado “revolcón”. Y fue nada más terminar la cena, cuando saboreaban la última copa antes de ir a la casa del uno o de la otra, a cuenta del “refocile”

Daniel, algo te pasa y, estoy segura, tiene mucho que ver con tu visita a España, al entierro de tus padres. Has cambiado, Daniel, y mucho además. Aquel viaje marca un antes y un después entre nosotros… ¿Qué pasó allí, Daniel?... ¿Qué pasó?...

Daniel, al momento, bajó la vista al suelo, incapaz de sostener la de su, todavía, novia formal… Había llegado el momento que, casi desde que regresó de Madrid, se venía negando a afrontar. La hora de la verdad entre él y Rachel. Pero lo peor era que él a esa mujer la quería… Sí, indudablemente la quería y por nada del mundo querría hacerle daño Sí; la quería, pero, definitivamente, no la amaba Como amiga sí, así casi podría decirse que la adoraba, pero como mujer…

Desde luego que disfrutaba cuando se acostaban juntos, cuando practicaban el sexo, pues Rachel era un monumento de mujer, y quién no disfruta con semejante pedazo de mujer. Hasta reconocía que, como mujer, estaba mejor que Sandra. Pero no la amaba; no podía, porque no es posible amar a dos mujeres a la vez, y Sandra era, sin duda alguna, la mujer, el amor de su vida. La única a quién había amado de verdad; la única a quién, hasta el fin de sus días, amaría

Cuando regresó a Berna, lo hizo bajo una imponente confusión mental, dada su sensación de amar a dos mujeres a la vez: Rachel y su hermana Sandra. Allá en España, junto a Sandra se decía que cuál de esos dos amores era el primero, cual el segundo… Y esa disyuntiva presidió sus afanes pensantes de muchos, muchos días y, sobre todo, muchísimas noches

Porque su situación era de locos ¡Amar a un tiempo a dos mujeres! ¡Si una te vuelve loco a veces, dos! ¡Maldito sea el día que a Mateo, su cuñado, se le ocurrió buscarle y decirle lo de la muerte y entierro de sus padres!, se decía. Él, hasta entonces, había vivido feliz y contento. Y, sobre todo, tranquilo; una tranquilidad que, desde que volvió a ver a Sandra, se había ido de su vida

De ella ya ni se acordaba, como aquél que dice. Tenía una novia a la que adoraba y ansiaba casarse con ella; un trabajo que le apasionaba; una vida, en fin, cómoda, feliz y tranquila Y, ahora, ¿qué tenía? Realmente, nada, a no ser un “cacao” mental de impresión. Porque la incógnita de quién iba antes en su corazón, Rachel o su hermana Sandra, pronto estuvo despejada, a las dos, máximo tres semanas cuando se convenció de que él nunca había amado a otra mujer más que a su hermana Sandra.

Pero también comprendió que a Rachel la había llegado a querer muchísimo; como amiga, como a persona. Incluso la deseó como mujer y, desde luego, con ella era de lo más feliz cuando la tenía en la cama entre sus brazos. Incluso admitía que, de no haber vuelto a ver a Sandra, podría haber sido la mar de feliz casado con Rachel, pues en verdad la quería y eso, el cariño, podía ser buen bagaje para tener un matrimonio feliz si, además, el sexo funcionaba bien… Pero, amarla de verdad, como amaba a Sandra, jamás en la vida...

No estaba, pues, loco, pues en absoluto amaba a dos mujeres, sino a una sola. Pero, quería a Rachel y romper con ella le costaba lo que no está en los escritos y, por eso mismo, nunca se decidía: Siempre luego, otro día… Siempre esperando el momento oportuno para decirle que no la amaba y quería romper el compromiso entre ellos. Así, su esperanza actual era que un día estallara una trifulca entre ellos que le sirviera la ocasión en bandeja. Y allí, por fin, estaba la ocasión… La oportunidad…

Del bolsillo sacó el anillo, mostrándoselo pero sin dárselo, manteniéndolo en la mano que al momento cerró en ostensible gesto de no querérselo dar

Como ves, compré el anillo que te prometí; aquí, en Berna, antes de salir para España, y en el bolsillo lo he llevado desde entonces…

Calló un momento, como esperando la reacción o réplica de Rachel, pero ella no abrió la boca; tampoco hizo intención de tomar la sortija. Así que Daniel continuó hablando

Verás; hace diez años, allá en España tuve una novia a la que quise mucho, muchísimo; y ella a mí Pero no pudo ser Éramos...éramos primos; primos hermanos, y tanto sus padres como los míos se opusieron a lo nuestro y nos separaron… En el entierro de mis padres la volví a ver…
Ya; y ese antiguo amor, resultó que no estaba muerto… ¿Hicisteis…hicisteis el amor?
(Daniel negó con la cabeza) No, pero faltó poco… Le dije que estaba prometido y ahí acabó todo
La quieres, ¿verdad?
La amo Rachel… Y a ti te quiero; te quiero mucho…  Te lo juro Rachel…
Te creo. Sí; me quieres, y seguro que mucho...pero no me amas; la amas a ella ¿Cómo se llama?
Sandra
¿Es más joven que yo? O… ¿más guapa?
No Rachel; ni lo uno ni lo otro
Entonces está claro que la amas y más que mucho, además… Te volverás a España, claro; a buscarla
No Rachel; no lo haré. Está casada, ¿sabes?; y, además tiene dos hijos
Y qué más da si está casada o no. Si te quiere de verdad, como dices, dejará a su marido por ti tan pronto se lo pidas… para casaros o, simplemente, vivir juntos…

Se hizo de nuevo el silencio entre los dos. La verdad es que Rachel estaba dando una verdadera lección de buen hacer… De cómo afrontar un revés sentimental con aplomo y gallardía. Estaba entera y, además, afectuosa hacia Daniel…

En fin, que estoy compuesta y sin novio.
Lo siento Rachel; de veras que lo siento. Pero, ya sabes, en el corazón no se manda…
¡Bah! No te apures. Ya encontraré otro tío que me quiera más que tú (Rachel tomó el bolso y se puso en pie) Creo que aquí estoy ya de más; me marcho Daniel ¡Que seas feliz, mi amor, y eso pasa porque te vayas a Madrid tras de ella! No seas tonto y ve a buscarla… Y, si luego te lo piensas mejor o la cosa, por finales, no cuaja… Pues aquí tendrás unos senos donde encontrar alivio a tus pesares…

Rachel se llegó hasta Daniel e, inclinándose sobre él, le besó levemente en los labios, le dijo “Adiós cariño mío” y con paso firme, casi taconeando en las baldosas del piso, desapareció traspasando las puertas del local. Daniel quedó allí solo, sentado a la mesa, con una copa de whisky ante él y durante bastantes minutos, más de media hora dirían los camareros, consumiendo su whisky sorbito a sorbito hasta que lo apuró. Todavía quedó allí algún minuto que otro hasta que, finalmente, hizo señas al camarero más próximo a fin de que le trajeran la cuenta y, levantándose, salió por fin a la calle.

La noche, sin ser gélida, era más que fría, por lo que se subió el cuello del anorak al tiempo que se echaba por la cabeza la capucha, echando seguidamente a andar hacia su casa. Desde casi antes de que Rachel le abandonara un mismo pensamiento enseñoreaba su mente: “Si te quiere de verdad, dejará a su marido por ti" Pero ¿de verdad, Sandra le querría todavía? ¿Hasta el punto de abandonar a su marido por él?

In mente, casi todo ese tiempo había estado recreando lo que pasó y se habló entre Sandra y él mismo dentro del coche. Ella, entonces le dijo que él, Daniel, su hermano, era la única persona, el único hombre al que, de verdad, había amado, y la conclusión a la que entonces llegara: Que Sandra todavía le amaba; pero también casi que le odiaba; el inmenso amor que en un tiempo ella le profesó, se había repartido entre ese mismo amor y una buena dosis de rencor… De odio, casi podría decirse
Luego, cuando se metió con él en el coche, estaba dispuesta a marchar con él a donde fuera… Quería entonces aferrarse a él, Daniel, y dejarse llevar al fin del mundo si él, Daniel, hubiera querido… Para poder escapar de la “prisión” que para ella ya era su matrimonio con Mateo, su marido… Pero eso, el querer librarse de la cárcel matrimonial, utilizándole a él, al poco se había esfumado; se lo dijo bien claro: “Hasta hace media hora”…
¿Qué había pasado para renunciar a tal plan?... ¿La aparición de Rachel en un horizonte que, hasta entonces, había creído despejado? Pudiera ser, pero también podría haber sido otra cosa… Ella, cuando decidió devolverla a su casa “sana y salva”, la verdad es que más entregada a él, no podía estar… Y aquello no era simple deseo… No era sexo, simplemente, lo que aquella tarde deseaba, sino amor: Amar ella al ser amado y, al tiempo, ser amada por él, por su hombre amado; el hombre a quien quería más que a su vida…

Pero, se decía… ¿Es cierto todo esto? Toda esa elucubración de su mente, ¿era real o simples delirios oníricos?... Pero también bullía en su mente el recuerdo de lo que, así mismo, le recomendara Rachel: “No seas tonto y ve a buscarla”…

Y como se dice que “La esperanza es lo último que se pierde”, o aquello otro de que “De ilusión también se vive”, cuando a la mañana siguiente Daniel llegó al laboratorio donde trabajaba, lo primero que hizo fue presentarse en la oficina de Personal, donde entregó una carta dirigida a tal Departamento, demandando le fuera firmada y sellada una copia de la misma, a fin de que quedara constancia de su entrega.

En tal carta comunicaba a la Empresa su intención de rescindir el contrato que le ligaba, laboralmente, a ella, señalando que en el plazo de treinta días concluiría la relación que mantenían. Luego fue a su puesto de trabajo, como de costumbre, pero desde ese mismo día, tan pronto estaba de vuelta en su casa, se dedicaba a enviar solicitudes de trabajo a diversas empresas del ramo radicadas en Madrid.

Daniel, en su actual Empresa, ocupaba un puesto de cierta importancia en el importante departamento de Investigación Farmacéutica, y lo normal es que la gente relativamente importante en el medio, sea cual sea, resulte conocida por todas las empresas que a lo mismo se dedican, con lo que en no muchos días fueron varias las firmas del sector que le respondieron más o menos interesadas en su fichaje.

De ellas, la que más le interesó fue una multinacional farmacéutica, de matriz suiza precisamente, pero radicada la central no en Berna, sino en Zúrich, con filial española en Madrid. En fin, que las conversaciones mejor no pudieron ir, con lo que en quince-veinte días todo estaba resuelto.
El mismo día treintaiuno tras que entregara la carta de renuncia en su empresa, estaba ya citado en las oficinas de la filial madrileña de la que sería su nueva empresa, para firmar contrato y, de inmediato, empezar a trabajar allí. Y tal fue lo que sucedió, que en el día y hora estipulados, las diez de la mañana, Daniel estaba en Madrid y en las oficinas donde de inmediato firmó contrato para a continuación presentarle en su nuevo destino, su nuevo despacho y, en fin, desde aquél momento pues, ¡a trabajar se ha dicho!

Daniel había aterrizado en Barajas de madrugada, a eso de las seis, y lo único que entonces hizo fue tomar habitación en un hotel del aeropuerto; ducharse, afeitarse, cambiarse de ropa y salir, como alma que lleva el diablo, hacia las oficinas donde le esperaban, por lo que cuando, hacia las tres de la tarde, acabó la jornada del día lo primero que hizo, amén de comer, fue empezar a buscar dónde poner el “huevo” en Madrid. 

La “faena” resultó bastante más ardua y larga de lo que en principio esperaba. La compra, descartada; él esperaba que Sandra se fuera a vivir con él, por lo que ella querría ver, escoger y decidir cuál iba a ser su hogar desde entonces. Así que se centró en pisos en alquiler; no demasiado onerosos, cómodos, bien situados y comunicados… Y en zona decididamente burguesa de, mínimo, medio nivel. Nada tenía contra las clases populares, pero él siempre había sido un profesional, luego un burgués de tomo y lomo.

Aunque le costó trabajo y a un precio muy superior a lo en principio presupuestado, Daniel acabó por encontrar lo que buscaba: Un pisito pequeño, dos dormitorios, amueblado todo él y muy coquetón. Situación inmejorable, en la tranquila calle de Fernán González semi esquina a la de Sainz de Baranda y podría decirse que frente al Retiro; con dos buenos colegios a tiro de piedra, en la calle Lope de Rueda, a dos bocacalles, uno religioso, el otro público; y consultorio de la Seguridad Social a un paso, más metro y autobús a la puerta, como aquél que dice. Otro aspecto que llamó su atención fue adquirir un coche apropiado para ellos cuatro, Sandra, sus dos hijos y él mismo.

Todavía allá en Berna, Daniel había localizado el domicilio de Mateo y Sandra por medio de los archivos médicos, igual que Mateo encontró su teléfono por esos mismos medios, con lo que a casi un mes de llegar a Madrid, una mañana de sábado frenó el coche ante la verja del chalet que compartían Sandra y su marido Mateo. Bajó del auto y, decidido, abrió la cancela para, llegándose hasta allí a través del sucinto y estrecho caminito enlosado en plana pizarra, se plantó ante la puerta de la vivienda, llamando ostensiblemente. Le abrió Mateo, el marido de su hermana y, por tanto, su cuñado, que le miró fríamente, sin asomo de complacencia a su vista y visita

¡Qué narices quieres, si es que puede saberse!... Estamos desayunando…
Pues ¿sabes cuñado que un café con leche, calentito y algo para mojar me vendría la mar de bien ahora? Digo yo que no me vas a dejar aquí, en la puerta, hasta que vosotros terminéis…

Mateo puso una cara que nada bueno presagiaba para el “cara” de su cuñado, pero se hizo a un lado para dejarle entrar y, seguidamente, le guió hasta la cocina, donde la familia desayunaba, para entrar allí diciendo

¡Aquí tienes al “cara” de tu hermano, que se ha invitado a desayunar!

Si las miradas mataran, dónde estaría ahora Daniel, pues la que Sandra le dirigió nada más verle era de asesina de la secta “Thug”, de la diosa Kali (1). Pero lo que hizo no fue fulminar a su hermano, sino levantarse para prepararle el desayuno. Se lo sirvió, café con leche caliente, como él demandara a Mateo, más unas magdalenas de esas largas y al estilo pasiego y algún que otro “suizo”… ¡Qué casualidad!, se dijo él; creen que vengo de Suiza y me ponen un “suizo”…

Sandra, ni una palabra le dirigió; ni siquiera saludarlo al verlo… Y Mateo tampoco… Sólo los niños, sus dos sobrinos, picada su curiosidad ante aquél desconocido que, tranquilamente, entraba en su casa y se sentaba, sin más, a la mesa a desayunar… Como es lógico preguntaron que quién era ese “señor” y Mateo por poco dice que hermano de su madre, pues empezó a decir “Es el tío”… Pero Sandra se adelantó a él para decir

Es el tío Daniel; un antiguo amigo mío…

Daniel se rió cuando escuchó a su hermana, y remató el conocimiento que Sandra diera a sus hijos, añadiendo

Sí chavales. Vuestra madre y yo nos conocemos de hace muchos años; desde que los dos nacimos, puede decirse… Y, ¿sabéis una cosa? Que vuestra madre y yo hasta fuimos novios hace años Nos quisimos mucho. Sí; nos queríamos muchísimo; yo a ella y ella a mí Pero, ¿sabéis? No pudo ser Cuando nuestros padres se enteraron nos separaron A mí, hasta me echaron de casa. Sí, chavales; tuve que irme de casa muy, muy joven Y buscarme la vida…que no fue fácil…

Mientras esto decía, Daniel no miraba a sus sobrinos, pues, realmente, no les hablaba a ellos. Miraba, fijamente, a Sandra; a su hermana. Ella, enseguida, tan pronto él empezó a entrar en “harina”, se puso tremendamente colorada y desvió la mirada, bajándola al suelo. Pero enseguida que Daniel calló, alzó el rostro a sus hijos y, en forma la mar de desabrida, les espetó

¡Queréis acabar de una vez el desayuno y marcharos a jugar!

Entonces fue Mateo quién habló a sus hijos

Anda chicos; si queréis, dejaros lo que os falta del desayuno y saliros a jugar al jardín. ¡Pero ya sabéis; por aquí adelante, nada de ir a la parte de atrás!
¿Podemos mamá?

Los chicos, niño y niña, habían preguntado a Sandra, su madre, lo que a Daniel le indicó que, quién debía bregar a diario con sus sobrinos sería mucho más su madre que su padre, ya que no se atrevieron a tomarse la libertad que su padre acababa de darles sin que mamá lo autorizara. 

Sí hijos… ¡Pero por esta vez tan solo! Venga, levantaros e iros a jugar al jardín. Pero, como os ha dicho papá, en la parte de delante de casa; que os podamos ver papá y yo por la ventana, ¿entendido?
Sí mamá; entendido; a la parte de atrás nada de nada…

Los chicos, alborozados, se levantaron de la mesa y, tras dar un beso a papá y mamá, y un “hasta luego, tío Daniel” salieron de la estancia corriendo hacia la entrada a la casa. Entonces Mateo dijo, en aclaración

Es que en la parte posterior del chalet tenemos la piscina, y solos no queremos que se acerquen por allí

Los tres quedaron en silencio, con Sandra enteramente nerviosa y roja como la grana. Y es que su hermano la amedrantaba con su sola presencia Al menos, desde que volvió a verle cuando el entierro de sus padres. Además, estaba totalmente descolocada; doblegada, sometida a él; a Daniel; a su hermano. Al amor de su vida, al hombre que más había querido desde siempre; al hombre que más querría hasta el fin de sus días…

Su mente retrotraía al presente aquella tarde, con los dos juntos, dentro del coche de él. Entonces, cuando le sentía tan próximo que su cercanía la iba encendiendo poco a poco, a su mente vinieron las sensaciones de aquella primera y única vez que se amaron sin restricciones; cuando ella ofrendó a ese hombre que era su hermano, su amor, casi su razón de ser y existir, su propia doncellez, la máxima entrega que mujer enamorada puede hacer al hombre que la enamoró, que la enamora; al que ama con todas las fibras de su ser.

Sí, en esos momentos, rememoró hasta lo más recóndito de su memoria, la dicha que esa noche disfrutó junto a él. El gozoso placer sexual que él le hizo vivir pero, ante todo y sobre todo, la tremenda dicha de amar y ser amada Porque entonces no hubo sexo entre ellos, sino amor; un amor ferviente, inmenso, tan grande y vital, que a gritos demandaba su plenitud en la mutua unión sexual. Y eso, el amor tan excelsamente satisfecho en el más inusitado cénit del cariño hombre-mujer, fue lo que hizo inolvidable aquella noche Ese inenarrable placer de amar y ser amada por el hombre adorado es lo que entonces todo su ser de mujer, quería, necesitaba, volver a experimentar; a sentir; a disfrutar…

Por fin, fue Daniel quien empezó a hablar, ante la indudable expectación de su hermana y su cuñado

Llevo ya casi un mes en Madrid. Me despedí de la empresa donde trabajaba en Berna y al día siguiente me vine aquí, contratado ya por otra empresa del sector con filial en Madrid. Tengo un piso, alquilado, en muy buena zona de Madrid; a un paso del Retiro y con mercado, consultorio médico, iglesia y colegios a tiro de piedra, más metro y autobús a pie de finca como aquél que dice.

Hizo una pausa para observarles; ver las reacciones de sus revelaciones, pero no pudo ver nada en sus rostros. En el de su hermana, porque, sencillamente, no pudo verle, centrado en el suelo, y el de Mateo lo único que expresaba era frialdad… Como si todo aquello no fuera para nada con él

El piso es pequeño, dos dormitorios nada más, pero suficientes para Sandra y yo, en un dormitorio, y los niños en el otro; al menos mientras todavía sean pequeños.

¡Dios y la que se lio al momento! Mientras Sandra levantaba la cabeza para mirar a Daniel con los ojos abiertos como platos, Mateo se levantó y, rojo de ira a la par que, un tantico por menos, de celos, empezó a vociferar

¡¡Largo de mi casa, desgraciado!!... ¡¡Largo, antes de que te eche a patadas!!

Daniel también se levantó, aunque tratando de calmar a su cuñado


Tranquilo, Mateo; tranquilo. Siéntate, por favor; esto no lo vamos a resolver nosotros, ni tú ni yo, sino Sandra decidiendo qué hace, si venirse conmigo o seguir contigo…
¡¡¡HE DICHO QUE TE MARCHES, MALNACIDO!!!

La escena se desarrollaba ante los ojos de Sandra que, tan solo, podía hacer que taparse la cara con las manos, incapaz no ya de moverse, sino ni siquiera hablar. Quería levantarse y correr a interponerse entre los dos hombres gritando “¡¡¡Sentaos los dos, malditos machos engallados!!! ¡¡¡Sentaos y recuperad un poco de cordura!!!”, pero no podía; era incapaz. Pensaba que faltaba poco para que llegaran a las manos; que debía impedirlo, pero se encontraba como si estuviera, más que maniatada, atada de pies y manos; sin poderse mover, sin poder hablar y, menos aún, gritar

La imagen de aquellos dos hombres, aquellos, en aquél momento, dos cavernícolas machos ibéricos carpetovetónicos, enfrentados por la posesión de una hembra de su especie… Que resultaba ser ella misma… Y tal sensación la anonadaba…

Mientras tanto, Mateo, cada vez más encrespado, avanzaba decidido hacia Daniel para, al llegar a su altura, lanzar el puño derecho directo hacia el rostro de su cuñado que, para su sorpresa, resultó ser bastante más rápido que él pues, raudo como un áspid lanzado al ataque, atrapó por la muñeca aquél brazo para al instante bajarlo hacia el suelo y empujarle violentamente hacia atrás, hasta que Mateo aulló de dolor cuando sonó un chasquido que nada bueno auguraba

Mateo, al instante, trastabilló y no se vino al suelo porque su cuñado, Daniel, soltando el brazo de inmediato, le sostuvo con ambas manos para enseguida depositarlo en la silla que antes ocupara  

¡Ves como eres un gilipoyas Mateo! ¡Te dije que te sentaras y tranquilizaras, no lo hiciste y mira lo que has logrado!...

Daniel empezó a mover, con sumo cuidado y precaución, el lesionado brazo de Mateo, intentando comprobar si había sufrido algún daño mínimamente grave, y la impresión fue que nada realmente importante debía pasarle, pues el brazo parecía moverse con normalidad y, aunque Mateo se quejó algo, tampoco el dolor parecía ser tan agudo.

Aquí parece no pasar nada grave, Mateo, pero el médico eres tú, luego dictamina…

Mateo, por su cuenta, volvió a mover el brazo, arriba, abajo y a os lados, para por finales corroborar

No; no parece haber nada serio; ni tan siquiera luxación o esguince, pues aunque duele algo al moverlo, tampoco es lo que debería de ser en cualquiera de ambos casos
Estupendo y menos mal. De verdad que habría lamentado muy de veras haberte hecho daño de verdad. De todas formas pienso que lo mejor sería inmovilizar ese brazo algún día. ¿Tenéis vendas? Si no, una simple cuerda larga serviría. Al menos de momento; hasta que te vea un colega, pues ya se sabe, los médicos nunca deben ser pacientes de sí mismos…
Sí que tenemos vendas. Sandra, ¿querrás traerte el botiquín?

Sandra trotó fuera de la cocina para en un periquete estar de vuelta con el botiquín, y dentro no solo vendas, sino también unos comprimidos que combinaban un potente antiinflamatorio y un más que eficaz analgésico, mano de santo el preparado para dolores de huesos, reuma y lumbalgias.
Tras privarle de camisa y camiseta, vendaron el brazo de Mateo, sujetándolo fuertemente al tronco y pecho, dejándolo pues inmovilizado. Le dieron una de las pastillas “milagrosas” junto con una tila aplacadora de nervios. Luego, Daniel siguió con su perorata 

Bueno, a lo que íbamos. Te decía que no tienes que sulfurarte, ya que ni tú ni yo decidiremos nada, pues sólo a Sandra corresponde decidir sobre su propio futuro. Desde luego que, si quiere venirse conmigo, vuestros hijos se vendrían con ella, pero el que Sandra pasara a ser mi mujer no significaría, en modo alguno, que yo pasara a ser…

No pudo seguir porque Mateo, echando lumbre por los ojos, le interrumpió

¡¡¡Pero!!!... ¡¡¡Pero…es que no te das cuenta que eso es una monstruosidad!!! ¡¡¡Que Sandra y tú sois hermanos!!!...
Sí, claro que me doy cuenta de que somos hermanos. Pero también de que si hace diez años yo hubiera hecho lo que debí hacer, lo que ahora hago, venir por ella, haría ya diez años que estaríamos juntos… Y que tendríamos un hijo… Ese que no llegó a nacer porque yo no hice lo debido; lo, de verdad, honrado…

Daniel volvió a callar para ver el efecto de sus palabras sobre sus dos oyentes. Mateo seguía descompuesto, rojo de ira y celos, en tanto que Sandra se mantenía en silencio pero mirándole fijamente, con los ojos muy abiertos aunque sin la desmesura de cuando él soltó lo de “Sandra y yo en un dormitorio”, lo que denotaba el gran interés con que ella seguía su parlamento. Así que, casi al instante de callar, prosiguió  

Bueno, pues decía que, aunque Sandra se venga a vivir conmigo tú siempre serás el único padre de tus hijos, pues yo nunca pasaré de ser el tío Daniel para ellos. Podrás verlos siempre que quieras, traértelos a casa cuando desees, llevártelos de vacaciones siempre y cuando tal te plazca. Tus derechos y tu cariño de padre nadie, nunca, te los va a disputar Bueno, respecto a lo de traértelos a casa o de vacaciones, tendrás que atenerte a una restricción: Que tus hijos no tengan que convivir con ningún otro hombre; si metes en casa a otra mujer no pasaría nada, pero si es un hombre, los chicos volverían con su madre
Estás loco Daniel. Sandra no saldrá nunca de esta casa. Es mi mujer y no lo consentiré. Y, si de todas formas prefiere irse contigo, reclamaré a mis hijos; no permitiré que se vayan con ella. Se los quitaré por incestuosa…
Eso habría que verlo, Mateo. Tendrías que demostrar que me acuesto con Daniel; y eso no es tan fácil. Simplemente, sería una mujer que abandona a su marido porque la engaña; y no sólo con mujeres, sino que también con hombres. Y que me he ido a vivir a casa de mi hermano No sería la primera mujer en tal situación

Quién así había hablado era Sandra, apostando ya claramente por dejar a Mateo por su hermano. Mateo pasó del rojo al lívido al escucharla. Intentó levantarse, puede que para agredirla, pero Daniel se lo impidió aferrándole de nuevo por el brazo lastimado, con lo que el marido de Sandra no tuvo otro remedio que quedarse sentado, pues la presa de Daniel le había hecho soltar otro grito de dolor. Y Sandra prosiguió

¿Te embarcarías en tal proceso judicial que, posiblemente, hasta te cueste a tus hijos al final? Porque, que te conste , que si das lugar a eso, lucharé hasta el final, por quitártelos yo a ti. Además ¿Qué pasaría con tu prestigio en el hospital si difundo que eres un tanto “maricón”?(2) ¿Qué pasaría con esas enfermeritas que tanto te gusta “pasarte por la piedra?... Mateo, no seas tú el loco, por favor, y déjanos marchar en paz.

Sandra calló pues ahora era ella la interesada en ver la impresión que sus palabras ejercían sobre Mateo, su legal marido. Este, para entonces, había perdido gran parte del aplomo que la rabia le prestaba y aparecía, si no tranquilo y claudicante, al menos sí inseguro… Hasta un tanto abatido, pues miraba al suelo con mayor o menor fijeza.  

Mateo, acepta la verdad de que entre tú y yo nada hay ya, excepto nuestros hijos. Yo no te quiero; como marido, como hombre digo, porque como persona sí y mucho además Tú tampoco me quieres a mí; como mujer, sé que me deseas, que todavía, más una noche y más de dos, me buscas para calmar tus ansia de macho en celo Pero de ahí p’alante nada; reconócelo Mateo Además, si nos separamos por las buenas, suscribo cuanto Daniel te ha dicho respecto a los niños. Tú seguirías siendo su único padre Los tendrás contigo siempre que quieras Sé juicioso Mateo Mira las cosas por su lado bueno, no por el malo. Te quedarías libre para hacer lo que quisieras, liarte con quien quieras, rehacer tu vida con quien quieras… Enamorarte de nuevo…

Sandra volvió a guardar silencio mientras observaba a Mateo detenidamente y vio que ellos, Daniel y ella, habían ganado en toda la línea, pues Mateo aparecía por completo vencido, abatido; incluso, a punto de llorar. Le dio lástima, la verdad, pues, desde luego, su todavía legal marido estaba roto, destrozado. Se levantó y se acercó a Mateo; le besó en la mejilla, en la frente, mientras le decía

Anda hombre, levanta ese ánimo, que esto no es el fin del mundo… Piensa en lo que te he dicho: Quedas libre para hacer lo que quieras… -y vuelta a los besos y caricias- ¿Quieres quedarte, de momento, con los niños?

Y Mateo asintió con la cabeza.

En poco más de una hora, Daniel y Sandra estaban en el pisito de Fernán González. Nada más dejar la puerta cerrada tras de ellos, Sandra se quitó los zapatos y, echando los brazos al cuello de su hombre por antonomasia, le arreó un morreo, una comida de boca de la que todavía se acuerda el bueno de Daniel. Luego, se empezó a quitar la ropa de encima. Daniel quiso hacer lo mismo pero ella le detuvo

No mi amor; no te desnudes tú. Deja que lo haga yo en el dormitorio.

Y Daniel no tuvo inconveniente en complacer a su más que adorada hermana. Por fin, los dos llegaron a dormitorio de él, que desde entonces y hasta la mañana siguiente se trocaría en nupcial tálamo, testigo de aquella su segunda noche de bodas tras la de terrible final. Sandra, casi enteramente desnuda a sólo cubrirse con la braguita, que resultaba ser bastante más tanga que braga.

Apenas allí, ella empezó a desvestir a su hermano y desde entonces definitivo marido y hombre de su vida. Lo hizo tomándose su tiempo, poquito a poquito, en la forma más sensual que supo, y entre besos, caricias y lametones por aquí y por allá. Cuando al fin su hermanito quedó en cueritates vivos, tras perder a manos de su hermana hasta los calzoncillos, ella, como gatita ronroneante, se tumbó boca arriba en la cama demandando a Daniel que la librara de la última prenda que la cubría, la deliciosa tanga de seda negra con sugerentes encajes rojos, a juego con el sujetador que ella misma se quitara, más o menos, entre el recibidor y el inicio del pasillo que llevaba al interior de la casa.

Daniel subió a la cama y trepó hasta colocarse, a horcajadas, sobre el cuerpo de su hermana, entre sus entreabiertas piernas, procediendo a complacer el pedido de Sandra. Con suavidad y lentitud, mucha, mucha lentitud, saboreando el  momento, degustándolo, fue bajando aquella última prenda que, francamente, le enloquecía, hasta quedar Sandra tal y como su madre la introdujera en el mundo, pariéndola. Entonces ella le dijo

¿Te gusto Dani, amor mío? ¿Soy como esperabas o te he defraudado, cariño mío?
Sandra, eres la mujer más hermosa; más bella; más escultural; más divina que pueda haber sobre la Tierra… ¡Dios mío hermanita, y que toda esta belleza, esta grandiosidad sea mía!… ¡Que tú quieras entregármela a mí, que no soy nada, un mísero gusano a tu lado!... Es… Es… Es un milagro…
No mi amor; no es un milagro. El milagro es que tú todavía me quieras como me querías; que hayas venido por mí, desde tan lejos, abandonándolo todo tras de ti… Te quiero amor… Y te deseo… Te deseo con toda mi alma, amor… Hazme tuya… Tuya, como aquella noche… Tuya para siempre… Para siempre mi amor, mi vida, mi bien…
Sí Sandra. Tú, para siempre, mía; yo, para siempre, tuyo…

Las bocas se buscaron la una a la otra fundiéndose ambas en besos que paulatinamente fueron pasando de la dulzura, la ternura del solícito amor, del sentimiento, a la pasión de los sentidos, enardecidos por las propias caricias que uno al otro se prodigaban,  hasta enfebrecerse cual calderas en plena ebullición.

Entonces fue la hora del entrelazar de lenguas, compartiendo salivas y gemidos, jadeos de placer; la hora de comerse el uno al otro, como delirantes antropófagos, mordiéndose mutuamente lenguas y labios hasta que Daniel liberó la boca de Sandra para, lentamente, descender a través de las redondas, hermosísimas, orejitas de su hermana, a través del femenino cuello, que casi podría definirse como de cisne, besándolo, lamiéndolo, mordisqueándolo todo a su paso hasta fijarse, por tiempo de placenteros minutos, en los desnudos senos de Sandra

Esos senos, de antes, ya venían siendo homenajeados por las manos, los dedos de Daniel, que con indecible suavidad y delicadeza, si bien que con firme consistencia, venían acariciándolos, de modo que labios y lengua masculinas lo único que hicieron fue reforzar la plenitud de las caricias que le dedicaba. Los labios besaron la suave tersura de los níveos pechos, blancura esa tachonada de pecas; la lengua lamió, acariciadora, esa misma tersa y delicada piel de esos mismos senos, al tiempo que rebañaban las más oscuras areolas; y los labios atraparon, llenos de dulzura, los más aún oscuros pezones, erguidos, enhiestos y puntiagudos como astas de miura corniveleto, para luego succionarlos cual niño de pecho hambriento

Sandra le tenía cogido de la cabeza, con las palmas de las manos sujetas al occipital de Daniel; es decir, al cogote de su hermano, empujándole hacia sí misma hasta hacer que la cara de Daniel casi se incrustara en aquellos senos sedientos de los acariciadores labios, la acariciadora lengua masculina.

Aquello duró minutos y minutos… Quién sabe cuántos, pues el tiempo casi se detuvo para ellos dos, entregados en cuerpo y alma él a ella, ella a él. Luego, en un momento indefinible, Daniel volvió a sentirse viajero a través de la corporal geografía de su hermana, de manera que inició un viaje hacia el sur, trazando su lengua un sendero de saliva a su paso por el vientre semi liso, por el pubis, terso y límpido de Sandra, a excepción del triángulo de sedoso y rizado vello pubiano que rodeaba, allá abajo, su más femenina intimidad.

Daniel estaba sobre su hermana, más de rodillas que tendido, entre los muslos y piernas de ella, bastante abiertas al haber doblado las rodillas hacia arriba, por lo que sin gran dificultad disfrutaba de la vista de aquella intimidad al habérsele abierto hacia los lados los dos velos que, comúnmente, la celaban, abultados y enrojecidos por la sangre acumulada en virtud del deseo que la dominaba. Y tras las abiertas puertas, el sonrosado interior.

Ante tan maravillosa visión, Daniel quedó arrobado, rendido a aquella flor que ante él desplegaba sus pétalos y el irrefrenable deseo de acercar sus labios al cáliz de tal flor le venció, con lo que su boca estampó allí un amoroso beso mientras su olfato aspiraba el delicioso aroma que la divina flor exhalaba.

Aquello acabó de volverle loco; sí, loco de deseo de la inigualable mujer, la incomparable hembra, que bajo él estaba, lo que obró que su lengua avanzara ansiosa por degustar el néctar, la ambrosía de aquella flor. Y la masculina lengua, lamiendo, rebañando la femenina intimidad, obró que también Sandra estallara en orgía de placer.

Su pelvis empujó el pubis hacia arriba buscando la máxima fusión con el pubis masculino; sus manos agarraron por detrás, una vez más, la cabeza de Daniel haciendo que su rostro, su boca, su lengua, se hundiera más y más en la femenina intimidad al tiempo que su respiración se agitaba también más a cada segundo que pasaba y sus latidos cardíacos se desbocaban cual potros salvajes, y los quejidos, los gemidos de placer junto a los jadeos y quedos grititos subían en intensidad y ardor

Por fin, a los no muchos minutos, la tormenta orgásmica reventó en aullidos, alaridos de placer mientras se volvía loca, enteramente loca de placer, empujando y empujando con sus manos hacia sí la cabeza, rostro, boca y lengua masculinas a la par ella misma se estrechaba más y más con la pelvis de su hermano

El fabuloso orgasmo llegó, embriagador, para Sandra, que poco a poco fue cediendo en el creciente enervamiento que la gestación del orgasmo le supuso, con lo que su espalda volvió a tomar contacto con la sábana, tras estar suspendida en el aire, descansando sólo en sus pies y parte alta de la espalda, inmediatamente debajo de los hombros, llevada por el frenesí del goce sexual, que crecía y crecía, avecinando la llegada al cénit placentero.

Daniel se dio cuenta de que, de momento, y por efecto de la semi-relajación que el orgasmo recién disfrutado la llevó, la libido de Sandra había decrecido en varios enteros; y pensó que lo mejor sería dejarla descansar un rato, manteniendo, no obstante, su menguado estado de deseo mediante caricias más sensitivas que sensuales, para poco a poco irle de nuevo subiendo la “temperatura” sexual.

Así que abandonó aquél embrujador cáliz de ambrosía que hasta entonces libara, para subir hasta la boca, los labios de su hermana y besarlos con inmensa dulzura, con rendida ternura. Así fueron pasando algunos minutos, no muchos, desde luego, siete u ocho a lo sumo, hasta que Sandra preguntó a su hermano

 ¿Por qué te bajaste de mí? Creí que me penetrarías entonces; nada más correrme yo…
Sandra, estabas… Bueno, estás laxa todavía… Es mejor que esperemos un poco… Tenemos toda la tarde todavía… Y toda la noche…
Pero qué tonto eres hermanito…

Sandra, entonces, llevó una mano a la desnuda “herramienta” de su hermano, acariciándola; moviéndola suavemente de arriba abajo. Y en su rostro se abrió una sonrisa

¡Cariño cómo estás!... ¡Al rojo vivo, diría!... “La” tienes muy, muy grande… Y muy, muy dura… ¡Te mueres de ganas, cielo mío!... ¡De ganas de metérmela!

Sandra estaba boca arriba pero acurrucada en su hermano, con lo que su cabeza, hasta ese momento y desde que él se bajara de ella para acariciarla y besarla con mucho más cariño, amor, que pasión sensual, cuando maniobró para tomar en su mano la virilidad de Daniel, se había erguido algo, con lo que el acurrucarse en su hermano se había roto. Volvió a tumbarse boca arriba, con los muslos, las piernas, bien abiertas y flexionadas, ofreciendo así máxima facilidad a la penetración

Anda cariño; ven aquí; ponte encima y penétrame…
No Sandra, vida mía. Estás poco motivada ahora… Deja que vuelvas a estar en verdad lista…
Amor; yo estoy lista…y esperándote… Venga tonto, no te preocupes… Te deseo, hermanito… Te lo prometo… Te lo juro si quieres… Anda, mi vida… No lo pienses más… Entra en mí… Hazme feliz, cariño mío… Hazme disfrutar como tú, mi amor, sabes…

Daniel todavía vaciló un poco, pero la vista de aquél manjar de dioses pudo más que su voluntad de sacrificio por su hermana. Se dirigió hacia ella, se le subió de nuevo encima, situándose, como antes, entre las más que abiertas piernas. Sandra entonces elevó su pubis, empujado por su pelvis y caderas, con lo que su cuevecita del placer salió al encuentro del cuerpo invasor para facilitar y colaborar en la inminente invasión de su femenina intimidad

Guiándolo con la mano, Daniel hizo que su viril miembro fuera abriéndose paso entre la pubiana pelambre, si bien recortadita, arregladita, en torno al acceso a la grutita de los mil placeres. Cuando la extremidad de tal miembro traspasó las horcas caudinas de los dos dobles velos que la guardaban del exterior, Daniel empujó seguro pero suavemente, sin prisas pero también sin pausa, de modo que en segundos Sandra notó llena su femenina intimidad.

Entonces la mujer exhaló un sonoro y prolongado suspiro de satisfacción, al tiempo que sus brazos apretaban hasta lo indecible el nudo trazado en torno al cuello de su hermano, apretándose contra él como una lapa; como si pretendiera fundirse con él en un todo indiviso, al tiempo que murmuraba al oído de su hombre… Su marido… Su hermano…

Por fin, mi amor; por fin estás dentro de mí… Como aquella inolvidable noche en que me hiciste mujer… En que me desfloraste… Ámame, mi vida… Hazme dichosa como aquella noche… Como sólo tú puedes y sabes hacerme…

Daniel se había empezado a mover dentro de aquella intimidad que le enloquecía de deseo, pero suavemente; en un adelante atrás cargado de cariño, de tierna dulzura Pero a tal cosa Sandra no estaba dispuesta, pues su todavía más bien menguada libido andaba un tanto tontorrona y más bien medio dormida, necesitada pues de trato un tanto especial para ponerse “a tono”


No; así no mi amor. No seas ahora gentil conmigo… Ponte bruto mi vida. Dame, cariño; dame fuerte; rápido. ¡Hazme disfrutar, querido mío! ¡Haz disfrutar a tu mujercita, maridito mío; a tu hembra, mi macho valiente; a tu hermanita, mi queridísimo hermanito!


Y Daniel se esmeró en complacer el pedido de Sandra, arremetiendo con bastante más brío; con muchísimo más ardor

 ¿Está así bien, mi amor? ¿Te gusta, cielo mío?
¡Ahh! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Sí, amor; mejor amor mío!... Pero… Pero… ¡Ahhh!... ¡Ahhh!... ¡¡Más…más fuerte, amor; más, mucho más duro!... ¡Ay; Dios mío!... ¡Más, cariño…más duro; más fuerte, mi vida!… ¡Más, más rápido, bien mío!... ¡Venga, venga…Dame duro!… ¡Aggg!... ¡Aggg….! ¡Más duro mi amor…mi macho…! ¡Venga valiente; dame, dame, dame…!

Sandra estaba desmelenada; enteramente salida; loca perdida de pasional, sensual deseo… Era un ascua encendida, ardiendo de deseo, de ansias por gozar hasta la intemerata… Y pedía; y pedía; y pedía…más; mucho más; muchísimo más… Mientras, gemía, jadeaba a más y mejor, lanzando a la vez guturales grititos que, en sí, nada significaban, pero que en su boca lo significaban todo… Lo mismo sus ansias de disfrute como el íntimo placer que su hermano, su hermanito y marido, como ella gustaba llamar a Daniel en aquellos momentos de suprema y mutuamente compartida intimidad, entregado a ella en cuerpo y alma, le dispensaba.

Así, si las masculinas caderas, impulsadas por la pelvis, se movían adelante-atrás a, casi, casi, velocidad de vértigo, las de Sandra en absoluto se quedaban atrás, avanzando y retrocediendo como un pistón bien engrasado, poniendo el alma en disfrutar ella misma y hacer que su hombre, su hermano, disfrutara como en su vida antes lo hiciera… Como sólo con ella podría ya nunca disfrutar.

Por ello, el ritmo de sus tremendos arreones iba perfectamente sincronizado con los más que contundentes enviones con que él la regalaba, como si ambas pelvis, ambas caderas no fueran sino partes, piezas de una máquina ajustadas con la máxima precisión, que al unísono avanzaban hacia adelante para al segundo replegarse hacia atrás conjuntamente.

Daniel, con todo aquello, vivía como en una nube; casi, casi que sin acabar de creerse que tanta dicha, tanta felicidad fuera cierta y posible, en tanto Sandra sólo vivía para el momento; para esos instantes de suprema dicha y felicidad, sin para nada existir entonces para ella ni el futuro ni el pasado… Para ella, entonces, sola y únicamente existía el presente… Un presente estático, perenne e interminable. Era como si el mundo, el tiempo se hubiere detenido a su alrededor y sólo existieran ellos dos y su inmenso amor, por fin satisfecho de una vez por todas; esa tarde, la noche que a continuación vendría y todas, todas las tardes, noches y mañanas que en el tiempo se irían sucediendo

¡¡¡Aaaggg!!!... ¡¡¡Aaaggg!!!... ¡¡¡Qué…qué feliz; qué dichosa que me haces maridito…Hermanito mío!!!... ¡¡¡Me…Ahhh, Ahhh,…vuelves…Loo… aaaggg…Loocaa, amoor míiooo!!!... ¡¡¡Meee maaatasss de guuustooo!!! ¡¡¡Meee mueerooo Daaniii; Meee mueeeroooo deee plaaaceeerrr, miii amoooorrr!!!

Aquello; verla así a ella, a Sandra, reventando de gusto, de placer, a Daniel le henchía también de lo mismo; le enardecía hasta incendiarle el alma, de manera que se aplicaba más y más en hacer dichosa a su hermanita de su alma… Al amor de su vida… A quién para él era la mujer definitiva; la única; la insustituible; la que, desde hacía diez años al menos, era la dueña y señora de él mismo

Pero Sandra volvió a hablar, fuera de sí como estaba. Quería que su amor, su hombre; Daniel, su marido, su amadísimo hermano la regalara el oído, amén de desfogarse aún más ella misma

¿Te gusta cariño? ¿Te gusta, mi amor?... ¿Te gusta como te lo hago?...¿Te gusta como me muevo?... ¿Como follo mi amor?... Como estoy follando contigo, vida mía?... ¡Agg!...¡Aggg!
¿Qué si me gusta? Sandra, hermanita, amor mío, vida mía… ¡Eres increíble!... ¡No hay mujer, hembra como tú en el mundo!... ¡Eres única, mi amor!... ¡Qué pedazo de “jembra”(3) que tengo… No me lo puedo creer; no puedo creer que tú, diosa sumum del amor, me quieras… Me ames…
Sí hermanito… Maridito mío… Te amo, cariño mío… Te adoro, querido mío… Y ¿sabes?... Me siento puta… Muy, muy puta… Un verdadero putón… Para ti, alma mía… Por ti, amor mío… Para hacerte feliz… Dichoso… Inmensamente dichoso… Quiero ser puta… Tu puta mi amor… Tu puta particular… Para ti sólo; contigo sólo… Quiero hacerte lo que tú quieras que te haga… Quiero que me hagas lo que tú quieras… Amor mío, si quieres, toma mi culito… Te lo doy mi amor… Te lo doy, si tú lo quieres… Es virgen, ¿sabes?... Mateo quería que se lo diera, pero nunca se lo consentí… A ti sí, mi amor…mi vida…mi dueño…

Y Daniel, ante tal explosión de rendida entrega, no cabía en sí de dicha, de deseo… Pero también de orgullo de hombre, de macho humano competente en asuntos sexuales… Vamos, que si hasta entonces se había aplicado con toda dedicación a hacer dichosa a su hermana, a su mujer, a su hembra, a partir de entonces el ímpetu puesto en hacer que ella disfrutara fue supino, comparado con lo anterior.

Pero claro, sucedió que a mayor disfrute de Sandra resultó ser muchísimo mayor disfrute propio, por lo que en no mucho sintió que el cénit del placer se le avecinaba a paso de gigante…

Sandra, mi amor, creo… Creo que estoy por acabar… Que en nada voy a derramarme; a correrme                 
¡¡¡NO!!!... ¡No amor, no acabes; no te corras todavía! ¡Sigue, cariño; sigue mi amor! ¡Dame…sigue dándome…por favor cielo mío! ¡No; no me cortes! ¡Aguanta, macho mío! ¡Aguanta mi semental! ¡Sigue, amor, sigue! ¡Aguanta, cielo mío, aguanta! ¡Hazlo por mí; no…no me cortes!... ¡Por Dios, no me dejes tirada!...

Y sucedió que, contra todo pronóstico, Daniel aguantó, y aguantó y aguantó, hasta que, aullando, clamando como loca, Sandra disfrutó del mayor orgasmo de su vida. Un pedazo de orgasmo inenarrable, pues no fue sólo uno sino una serie de ellos que fueron sucediéndose, prácticamente, sin solución de continuidad; es decir, en interminable sucesión de orgasmos y más orgasmos encadenados uno a otro, pues el primero no acababa de terminar cuando el siguiente ya estaba estallando en su vagina…

Cómo logró Daniel tal milagro, pues más milagro que otra cosa fue aquella increíble capacidad de aguante, cualquiera podrá saberlo. Puede que se sintiera, y fuera, entonces una especie de superhombre, merced al enardecido orgullo de super macho humano que la explosión de femenina sexualidad de Sandra le indujera; puede que el rendido amor que a su hermana y mujer, a su hermana y hembra, le profesaba… O, también pudiera ser, una mezcla de ambas sensaciones aunadas en un solo empeño lo que produjera el milagro.

En fin, que sea como fuere, lo cierto es que Sandra ni se sabe las veces que llegó, consecutivamente, al cénit del supremo placer sexual, y él, Daniel, pudo, por primera y única vez en su vida, disfrutar de dos eyaculaciones, si no encadenadas una a la otra, lo cual es casi que materialmente imposible en el hombre; y digo casi pues no me gustan las rotundas afirmaciones por aquello de que quien mucho asegura, mucho más yerra, sí sin dejar de empujar y empujar entre la una y la otra

El final de tal maratón de sexualidad fue el que lógicamente puede esperarse: Que ambos dos, Sandra y Daniel, cayeron desplomados sobre la cama, él encima de ella y sin romper el íntimo contacto entre ellos. Desde luego, desjarretados ambos, desmadejados, destrozados… Enteramente rotos, pero inmensamente felices a un tiempo…

Boqueando como peces fuera del agua, absolutamente necesitados sus pulmones de aire, pero al propio tiempo besándose; sin pasión ya, sólo, sólo plenos de cariño, de entregado amor de él hacia ella; de ella hacia él. Y acariciándose dulcemente. Poco a poco el ritmo de sus pulmones fue regulándose, como también el loco galopar de las pulsaciones de su respectivo corazón, lo que contribuyó a que una más que placentera relajación se adueñara de cada uno de ellos, con lo que, abrazados él a ella, ella a él, se sumieron en sueño los dos.

Y puede decirse que esa fue la tónica que siguió a lo largo de, primero, el resto de aquella tarde y después de la noche hasta que al nuevo día, bajo espléndidos rayos solares, entre las ocho y las nueve de la mañana, por fin se rindieron al verdadero sueño profundo; el verdadero sueño reparador. Cortos ratos de somnolencia, no más allá de los cuarenta o cincuenta minutos ninguno de ellos, pero suficientes para recargar las mínimas energías precisas para volver a amarse al despertar de tales somnolencias.

Desde entonces la vida en común de Sandra y Daniel discurrió por el mismo sendero iniciado en aquél su primer día de convivencia, siendo la entera entrega amorosa, reverdecida cada noche en el conyugal tálamo, la única seña de identidad en su convivencia. Así, a los más escasos que otra cosa diez meses de aquél su primer día definitivamente juntos, Sandra ofrendó a su querido hermano y marido el primer efectivo fruto de su conyugal amor, un Danielito, pues el bebé fue varón.

Los años fueron pasando, y con el paso de los años el, aunque no legal pero sí real y efectivo matrimonio que Daniel y Sandra formaron, se vió enriquecido con otros dos frutos del amor entre ellos dos, dos niñas exactamente, la mayor, por decidido empeño de si padre, Daniel, y a pesar de la oposición de la madre, Sandra, acabó por ser en el Registro Civil una preciosa Sandrita…

De Mateo poco se supo. La rabia por verse despechado muchísimo más que desamado, no duró mucho, apenas una par de semanas… Lo que tardó en andar a pantalón caído tras de cada enfermerita de buen ver que se le cruzara por el hospital, aunque sin tampoco desatender esa otra vertiente bisexual últimamente surgida en su sexualidad. Vamos, que en no tanto tiempo el ex de Sandra desapareció por entero de la vida de Sandra y Daniel…

Y hasta de la de los hijos que en Sandra engendrara, ya que pronto se olvidó por entero de ellos, por lo que el único padre de aquellas criaturas acabó por ser su tío Daniel… Papá Daniel, como por fin le llamaron

Y bueno, estimado lector, sólo deseo añadir otra cosa más: Que, colorín colorado, esta historia ha terminado….

FIN DEL RELATO

































ENCUENTROS - EROTISMO EN CANTO-RELATO-POESIA

  A todos los poetas eróticos, se les invita que envíen sus poemas grabados a Radio Nuestra America, en su programa Encuentros. Una radio al...