Friday, February 21, 2020

Glory Hole




Por AdictoATodo

Hacía ya tiempo que mi boca me pedía tragarme una polla de verdad. Por entonces tenía 21 años y vivía con mi novia, pero de vez en cuando se tenía que irse a otras ciudades por unos días por temas de trabajo. En una de esas salidas lo preparé todo para un fin de semana de desenfreno sexual. 
 Siempre me he considerado un adicto al sexo, o mejor dicho, a la perversión. Me gusta probar cosas nuevas y llegar a placeres nuevos, y ese fin de semana iba a ser uno de los mejores de mi vida. Mi primera idea era comprar una gran cantidad de juguetes sexuales por internet y ropa de mujer. Se me pone dura solo de pensar en ponerme unos leggins ajustados o unas medias altas, me gusta mucho comprar pantalones de mujer y agujerearlos en la parte del culo, lubricarme bien y meterme un consolador imaginando que alguien me está usando como si fuese una puta a la que debes rellenar de semen. Para ese fin de semana decidí pedir un buen consolador negro de tamaño grande al que poder sentarme, una mordaza que me hiciese salivar como la puta que soy, un par de tejanos de mujer a los que iba a agujerear, lencería variada, un equipo de enema anal para limpiarme bien, unas bolas chinas anales y una sábana de plástico para proteger el sofá o la cama de mis actividades perversas. Esto no era algo nuevo para mí, ya lo había hecho antes pero al vivir con alguien tenía que deshacerme de ello y volverlo a comprar cada vez que quisiera pasarlo bien. Pero esta vez mi pedido fue un poco distinto.

Mientras surfeaba en una de las páginas de juguetes eróticos y Amazon, encontré un artículo que despertó mi imaginación, una media para ponerte en la cabeza con un agujero para la boca. Al ver el artículo me surgió la idea de por primera vez comerme una polla usando la media para cubrir mi identidad. Empecé a pensar en ello y un calentón tremendo se apoderó de mí. La idea de comerle la polla a alguien me excitaba muchísimo, aunque detesto al cuerpo masculino y no me atrae para nada, las pollas me parecen algo deseable. Muchas veces había practicado la garganta profunda con consoladores y era un profesional en ello. Mi fantasía de toda la vida era comerle la polla a un transexual, puesto a que su cuerpo es femenino y no me genera rechazo, pero la única forma posible de hacer esto para mí era pagar a una escort, lo cual suponía dinero pero más importante, no había transexuales de mi agrado en mi ciudad, por lo que era algo que por el momento no era posible. 
Seguí dándole vueltas a la posibilidad de comerme una polla en el anonimato pero no veía la forma. No quería ir a casa de un desconocido, no me gustaba el cuerpo masculino y no veía la forma de ir por ahí con la media en la cabeza. Finalmente encontré una idea mejor: fabricar un gloryhole en casa.  Mi plan era el siguiente: comprar una sábana de plástico negra, pegarla alrededor del marco de la puerta del salón y recortar un agujero en el medio. Simple, barato y efectivo. No sabía si sería capaz de dar el paso pero compre una sábana por si me animaba.
Todo mi pedido llegó el viernes en la oficina de correos. Mi novia ya estaba fuera así que lo recogí y con máxima ansia me fui hacia mi piso a darme una buena sesión de auto placer.
Empecé con lo habitual: un buen enema para limpiar mis interiores, un poco de porno, empezar a chupar el consolador, metérmelo hasta la garganta y cuando estuviese suficiente baboso, insertarlo en mi culo abierto, por el agujero de los pantalones que había comprado. Me encantaba imaginar que un negro me rellenaba el culo. Tenía en mi boca la mordaza y mi saliva no paraba de chorrear por mis labios. Me sentía una autentica puta. A pesar de que me resultaba muy fácil correrme con toda esa escena, noté que me faltaba algo. Me faltaba notar el sabor de una polla real. Me faltaba el morbo de que alguien me agarrase del pelo y empujara mi cabeza hacia su polla. Pensé en la idea del gloryhole, en poner un anuncio en internet y chupar por lo menos una polla. Le tenía miedo. Tenía miedo a poner mi teléfono, a revelar mi vivienda y miedo a que alguien entrase a robar o algo parecido. Miedo a que alguien se presentase días después con mi novia en el piso. Pensé en otra cosa.
El barrio en la ciudad en la que vivía (una ciudad pequeña de España) estaba bastante humilde, frecuentado por inmigrantes y era donde se encontraban la mayoría de las escorts independientes que había visto por internet, por lo que asocié que a lo mejor podía encontrar por la calle o por el parque de enfrente algún negro dispuesto a meterme la polla en la garganta. Me vestí y dejando un tanga y lencería puestos debajo de mi ropa, salí en busca de algún semental. Eran casi las 12 de la noche. Sali y había actividad por la zona, pero no me atrevía a insinuarme a nadie. Para que lo sepas, entonces (y ahora, vaya) era un joven sin vello facial, con todo mi culo y polla depilados, bastante guapo y con cara de buen chico, bastante atractivo para los homosexuales por lo que me había dicho un amigo gay. Sin embargo, si me insinuaba a alguien por la calle lo más probable es que me metiera en problemas. Aun así disfruté mi primer paseo con ropa interior femenina y por cierto, que me he olvidado mencionarlo, con bolas chinas en el culo vibrando a cada paso que daba. Volví a casa contento pero insatisfecho. Sabía perfectamente lo que tenía que hacer para satisfacerme: el gloryhole.
Decidí que era la hora. Pegué con cinta la sábana tapando el marco de la puerta del comedor de forma que al entrar al apartamento te encontrabas directamente con el gloryhole y sólo tenías acceso al pasillo. Dejé sin pegar la parte inferior por lo que podía pasar de un lado a otro de la sábana escurriéndome por abajo. Hice una raja a la sábana por la que se podía meter el pene. Llegó el momento decisivo, el de poner un anuncio en internet. Mientras lo escribía me di cuenta de que tenía en mis manos la oportunidad de ganar dinero y así cubrir mis gastos en juguetes sexuales y a lo mejor para pagarme mi primera experiencia trans (de la que hablaré en otro relato). Decidí poner precio a mi gloryhole. 15 euros por paja, 20 euros por mamada con protección, 30 euros por mamada sin y una serie de extras que comentaré a continuación.
Antes de publicar el anuncio decidí poner un cartel en el pasillo con lo siguiente escrito:
Prohibido hacer ruidos fuertes y prohibido intentar cruzar la sábana. Si se intenta recurriré a la violencia con un cuchillo. Antes de empezar, soltar el dinero por el agujero del gloryhole y decir en voz alta lo que se quiere. Sin regateos.
Seguidamente puse los precios mencionados y estos extras:
Corrida en mi boca +10 euros.
Chupar mi polla +10 euros.
Garganta profunda +5 euros (puse eso barato porque realmente deseaba hacerlo)
Una vez terminado, procedí a publicar el anuncio.
En 10 minutos tenía a 5 personas hablándome en WhatsApp, por lo que retire el anuncio de internet. Ya tenía a gente interesada y no hacía falta exponer mi número de teléfono a más gente. Después de revisar un poco los perfiles de WhatsApp de cada uno de ellos, concreté cita con dos de ellos. El primero era un chaval joven como yo y ya estaba en camino de mi apartamento. No podía aguantarme de los nervios y la excitación. Estaba todo preparado, luz tenue y me deje un cuchillo al lado por si acaso. Finalmente sonó el timbre de la calle como música angelical. abrí la puerta de la calle con el botón del interfono, abrí la puerta del apartamento y corrí a meterme al otro lado de la sábana. Desde allí oía como subía el ascensor. Los pocos segundos que tarda en subir me parecieron horas. Finalmente oí como se abrían las puertas del ascensor y alguien salía de él. Escuché a alguien entrar y cerrar la puerta. Mi corazón iba a mil por hora. El silencio dominaba el ambiente. Esperaba, y esperaba y nada pasaba. Finalmente llegó el momento, un billete de 20, uno de 10 y otro de 5. El joven dijo "quiero mamada sin condón con garganta profunda". Oí como se desabrochaba y un pene flácido salió torpemente de la raja de la sábana. Un pene bastante grande, que iba creciendo poco a poco. Mis ganas de metérmelo hasta lo más profundo de mi garganta eran terribles, pero quería hacerlo bien. Lo agarré con una mano y empecé a pajearlo. Era super agradable al tacto, como tocar mi propio pene pero distinto, me gustaba más. Empezó a crecer con mucha velocidad y me lo puse en la boca. La sensación y el morbo que me dio eran alucinantes. Era una buena polla de un poco menos de 20 cm super suave y olía bien. Empecé a metérmelo hasta la garganta y la saliva no dejaba de salir. Mi boca chorreaba y el pene se puso tan duro que me resultaba muy difícil realizar la garganta profunda. Chupaba el pene mientras lo pajeba y le acariciaba los huevos. En algunos momentos no me resistía y me dejaba de agarrarlo con la mano para pajearme. Yo estaba vestido entonces con un vestidito con faldita corta sin ropa interior, con medias largas. Agarré el consolador que dejé cerca y empecé a metérmelo por el culo. Mientras me sentaba en el consolador (que tenía soporte para pegar en el suelo de piedra) seguía tragándome la polla hasta que empecé a notar como chorreaba semen en mi garganta. El chaval no había pagado por correrse dentro pero me dio igual. Tuve el reflejo de toser pero intenté contenerme y entonces yo también empecé a correrme y el semen me dejó de molestar, metí la polla aún más adentro de mi garganta y empecé a sacudir mi cabeza a toda velocidad. La polla entraba y salía con toda facilidad y el semen salía a borbotones de mi boca deslizándose hasta mi pecho y mi polla erecta, que no paraba de soltar corrida. El cliente no paraba de decir "joder si joder que rico". Cuando terminé de correrme, saque su polla de mi boca y a continuación desapareció. Oí como se subía los pantalones, abría la puerta y se iba. No podía creer lo que había hecho. Pocos segundos después de correrme me empecé a arrepentir de todo pero a su vez mi culo estaba super dilatado y mi polla parecía pedir otro asalto. Estaba aún más excitado que antes. La idea de que otra polla me rellenase me ponía cachóndisimo, así que planeé algo distinto para el siguiente encuentro.
 Explicaré mi segundo encuentro en otro relato si veo que este gusta. Hasta la otra!


Sunday, February 9, 2020

Después de que mi jefe me hizo suya



Por marthasantiestebann@hotmail.com


Como me lo han pedido les voy a relatar que lo qué pasó.
Después de que mi jefe me sacó mi tanga se la guardó quedándose con ella me abrazó me besó diciéndome que rica estas, me encantó, acercó sus labios a los míos, abrí mi boca, era la primera vez que probaba mis jugos mezclado con su semen sintiendo en mis labios su sabor viscoso, lo abracé, lo besé con deseo metió su lengua en mi boca jugaba con la mía.
Sus manos bajo mi vestido acariciando mis nalgas separándolas pasado por en medio sus dedos embarrando su semen que me salía de mi panochita empecé a gemir nuevamente sin poder menear mi cadera apretar mis nalgas al sentir sus dedos como los pasaba en medio de mis nalgas me dijo tu culo va a ser mío. Le dije no como crees, no debemos.
Una de sus manos la puso en medio de mis muslos con su semen que me escurría de mi panochita, la embarro en mis nalgas uno de sus dedos nuevamente acaricio el orificio de mi culo haciendo gemir con su otra mano embarraba su semen en el encaje de mis ligueros.
Le dije ya no alguien nos puede ver alguien ya era tarde que tenía que llegar a mi casa mi esposo me espera no quiero tener problemas.
Mi jefe bajo mi vestido que cubriera mis nalgas acompañándome a mi coche me fue abrazándome, poniendo una de sus manos sobre mi vestido en el encaje de mis ligueros
Me decía que le había gustado como lo apretaba como gemía como me movía que quería que fuera suya nuevamente no le decía nada porque a cada paso que daba sentía como su semen me escurría en medio de mis muslos hasta llegar a el encaje de mis medias me preocupaba que llegara manchar mi vestido que se llegara a notar.
Llegamos a mi carro mi jefe me abrió la puerta no sin antes de volverme abrazarme acariciar mis nalgas diciéndome al oído que quería que fuera suya muchas veces más.
Solo le dije hasta mañana me subí a mi auto, tenía sentimientos encontrados lo vi alejarse levante mi vestido, abrí mis piernas mire como tenía su semen mezclados con mis jugos habían manchado el encaje de mis medias negras de red.
Por primera vez estando casada tenía el semen de otro hombre en mi panochita como salía de mi tome una toalla para limpiarme pero no lo hice, no sé porque no me limpie.
Me mire en el espejo arregle mi pelo acomode el rimer de mis pestañas, el color de mis labios con el lápiz rojo carmesí, tome una pastilla de sabor para quitar el sabor del semen de mi jefe y mis jugos mi boca olía a él, encendí mi carro empecé a conducir.
Trataba de no pensar en cómo era posible que hubiera permitido que mi Jefe me hiciera suya aún no sé cómo lo había permitido trataba de no pensar en sus palabras que me había dicho que le había gustado hacerme suya. Mas aun que como era posible que le dijera yo las palabras que le había dicho cuando me estaba haciendo suya que le hubiera permitido que se viniera dentro de mí que me diera su semen. Todo fue tan rápido que no supe que hacer me deje llevar permitiendo que se quedar con mi tanga como recuerdo de la primera vez que me hizo suya.
Llegue a mi casa preocupada por lo que había pasado no sabía si confesarle a mi esposo que le había sido infiel pero por otro lado no quería hacerlo sentir mal que tuviera problemas con él.
Baje de mi auto acomode mi vestido mi abrigo, camine nerviosa sentía la humedad en mi panochita su semen de mi jefe escurrir, al abrir la puerta estaba mi esposo mi suegra en la sala mirando un programa.
Quería pasar al baño para limpiarme pero mi esposo me recibió con un abrazo y un beso, me sentí mal porque era la primera vez que mi esposo me besaba teniendo el semen de otro hombre en mi boca.
Le dije mi amor esta mi suegra que va a pensar me pidió que me sentar en la sala me dijo como te fue te ves muy contenta les comente que nos habían felicitado por los logros obtenidos y de eficiencia en nuestra área, que nos habían dado un premio, que estábamos muy contentos.

Mi esposo y mi suegra me felicitaron que estaban orgullosos también le dije a mi esposo que era una lástima que no me hubiera acompañado.
Me dijo que ya habían cenado que estaban por ir a descansar que mi suegra se quedaría con nosotros esa noche, que iban a terminar de ver el programa en la pantalla.
Les dije que me iba a preparar para dormir, que estaba un poco cansada no quería que se dieran cuenta que no tenía mi tanga y que tenía el semen de mi jefe
Cuando entre a la recamara me quite mi abrigo mi vestido me mire al espejo mire mi cuerpo con mi brasier, sin mi tanga solo con mi ligueros mis medias de red negras mis zapatillas, el brillo del semen de mi jefe impregnado en el encaje de mis medias separe mis piernas aun escurría el semen de mi jefe.
Me quiete mis medias con ellas limpie el semen de mi jefe que tenía impregnado en mis nalgas, en medio de mis muslos lo que salía de mi panochita, iba a bañarme pero no quería despertar alguna duda en mi esposo del porque me bañara ya que casi nunca lo había hecho en la noche para  limpiar mi panochita y el semen de mi jefe pero no lo hice me puse otra tanga mi baby doll, me metí a la cama para esperar a mi esposo.
Nuevamente no sabía si contarle o no lo que había pasado por un lado me sentía mal por lo que había pasado y por otro que hubiera tenido ese atrevimiento de hacerme suya.
Me hacía sentir hormigueo en mi vientre, hacía que me tocara mi panochita que abriera mis muslos cerrando mis ojos recordando que cuando le hacia el amor a su esposa pensaba en mí, esas palabras hacían que me sintiera alagada que le gustaba mi forma de vestir que usara lencería, la forma de hacerme suya como me había movido y las palabras que yo le había dicho.
No me di cuenta la hora en que me quede dormida, cuando desperté era la hora de arreglarme de bañarme, cuando termine de ducharme no quise ponerme un vestido ajustado como los que siempre había usado, para que mi jefe no pensara otra cosa así que me puse un vestido amplio a mi cadera y en mis muslos.
Mis medias de color humo sujetadas por mi liguero mi tanga mi brasier. Mis zapatillas de aguja.
No sé porque me sentía nerviosa mi esposo me iba a pasar a dejar a la oficina y después llevaría a mi suegra a su casa.
Cuando me despedí de mi esposo con un beso, mi suegra me dijo que siguiera teniendo eso logros y muchos días de esos. Solo le dije gracias y entre a la empresa.
Mi jefe había llegado temprano a la oficina y uno de mis auxiliares, estaba nerviosa no sabía si reclamarle a mi jefe por la forma en que me había hecho suya o no.
Estaban llegando algunos personas que llevaban oficios los tenía que recibir cuando pase al privado de mi jefe mis piernas me temblaban no quería ni mirarlo a los ojos.
Cuando le entregue los oficios se levantaron de su sillón, diciéndome que no dejaba de pensar en mí, le dije que no quería hablar de eso que había sido un error que no sé qué me paso que no era correcto que me sentía mal por mi esposo.
Se me acerco me levanto mi cara con su mano para mirarme a los ojos, me dijo que le gustaba la forma de caminar meneando mis nalgas, mi forma de vestir que le gustaba que usara medias sujetadas con ligueros que era su delirio.
No quería causarme ningún daño en mi matrimonio, que sería discreto que le había gustado el aroma que le había dejado de mi en su verga.
Me abrazo puse mis manos en su pecho rechazándolo le dije que había gente esperándolo para hablar con el que no insistiera que no volvería a ser suya.
Me tomo de mi cadera me repegoo a su cuerpo me dijo siente como pones mi verga de dura como te desea estar dentro de ti.
Me gusta cómo te mueves como gimes puso sus manos en mis nalgas trate de alejarlo intento besarme, le dije que no que tenía que irme me beso en mi cuello en el lóbulo de mi oreja, sentí como subía la falda de mi vestido.
Metió sus manos con desesperación bajo mi vestido acariciaba mis nalgas a su antojo. Hizo a un lado mi tanga con sus dedos abría mis nalgas
Comenzó a acariciar mi ano me dijo en susurros en mi oído que rico culo tienes mamita esta apretadito para culearte rico, eran palabras que nunca me había dicho mi esposo, mordí mis labios para no gemir apreté mis nalgas presionando su dedo que acariciaba mi ano.
Su otra mano acaricio mi panochita que ya la tenía húmeda le dije ya no por favor no sigas, no pude evitar repegarme a él me tenía ya muy excitada por sus palabras sus caricias y yo misma le abrir mis piernas para que me acariciara.
Los susurros, los besos, las palabras con caricias siempre me han excitado, en los años que tenía trabajando en la empresa nunca me habían acariciado era la primera vez que alguien lo hacía, de qué forma lo estaba haciendo mi jefe.
Sus manos bajo mi vestido con una en medio de mis nalgas acariciando mi culo y la otra acariciando mi panochita húmeda
En ese momento me tenía muy excitada mira como estas de mojada que rica estas para cogerte que sea mía otra vez metió su dedo en mi panochita abrí mi boca para gemir, sus labios besaron los míos y abrí mi boca nuevamente para recibirlo.
Quite mis manos de su pecho las puse atrás de su cabeza para besarlo con deseo, mi cadera la empecé a mover apretando mis nalgas y mi panocha con sus caricias, le dije que rico me encanta…
Así me gustas mamita muévete estaba yo muy excitada le dije… así… así me gusta cómo me acaricias no pares por favor…
Baje una de mis manos para acariciar su verga que la tenía muy dura intente sacársela pero no pude me dijo te gusta ..Le dije me encanto tu verga como me cogiste como me hiciste tuya.. También pensé en ti.

Me dijo si me había cogido mi esposo le dije que no que me había quedado con su leche toda la noche que no me había bañado, hasta hoy en la mañana.
Le dije en su oído cógeme hazme tuya te necesito me separo de él me empino en su escritorio subió mi vestido en mi cintura, comenzó a mamar mis nalgas con mis manos le abrí mis nalgas para que mamara mi culo.

Le dije cógeme por favor no puedo más hazme tuya. Escuche el sonido de su cierre mire por mi hombro como había sacado su verga dura brillosa la paso por mi panocha se embarro de mis jugos y la puso en la entrada de mi culo.
Mordí mis labios para no gritar sentí como la cabeza de su verga estaba en mi culo tratando de entrar separe más mis nalgas en ese momento tocaron la puerta.
Mi jefe bajo mi vestido guardo su verga se sentó en su sillón, me arregle mi vestido mi cabello y abrí la puerta.

Era el contador general que tenía que tratar un asunto con mi jefe lo hice pasar.
Salí de su oficina con mis jugos escurriendo por mis muslos con el temblor de mis piernas los labios de mi panochita inflamados y con los deseos en mí de que me hubiera hecho suya mi jefe.
Tenía ya gente esperando para que los atendiera y no pude ir al tocador para secarme.
Es parte de lo que paso al siguiente día que mi jefe me hizo suya por primera vez. En otro relato les comentare que fue lo que paso.
Les pido su paciencia y comprensión para los que me escriben, gracias por sus preguntas y sus sugerencias de lo que quieren que les publique lo que he vivido.

P.D. Pueden escribirme a mi correo marthasantiestebann@hotmail.com
Con doble n
Como lo he dicho:
Una nunca sabe lo que pueda pasar cuando y donde


Saturday, February 1, 2020

Lesbiana novata


Sinopsis: una chica que necesita trabajo, hace lo que sea necesario para poder conseguirlo y conservarlo… Luego disfruta de ese trabajo al máximo.


 Por yanine35sum@gmail.com 

Me gradué en la Universidad hace unos 6 meses con una licenciatura en Dirección y gestión de Empresas sin saber realmente lo que quería hacer, pero sabiendo que tenía que conseguir un trabajo muy pronto porque me había independizado y mis padres no me podía ayudar. 
Estaba mirando una revista y vi un anuncio pequeño en una esquina que decía:
‘Busco chica que me ayude con el trabajo de oficina y la realización de películas no apta para menores.’ 
Tras leerlo varias veces, pensé:
‘¿Qué será esto que piden cosas tan variadas… Iré a enterarme porque me urge encontrar algo.’ 
Tengo tetas pequeñas pero muy firmes, con pezones que tienden a tener vida propia, un culo grande y una cintura pequeña, por lo que vestirme para la entrevista no es una tarea difícil para mí para mostrar mis mejores activos. 
Cuando llegué al lugar que me dijeron, fue una sorpresa para mí porque estaba buscando una oficina elegante en lugar de estar frente a un remolque. 
Llamé un tanto asustada y escuché una voz apagada que me decía: 
- "Entra." 
Cuando lo hice y entré, la persona que estaba allí, me dijo: 
- "Enseguida estoy contigo… Siéntate"… La persona estaba de espaldas a mí, vestida con un traje beige, pelo oscuro muy corto y con un olor en el ambiente bastante agradable. 
Me senté y cuando la persona se volvió, mi sorpresa fue encontrarme que era una mujer. 
- "Disculpe, llamé para una entrevista de trabajo con Leo… Me citó a las 16 h. de la tarde." 
Me miró de arriba abajo con la mirada más despectiva que una pudiera imaginarse y me respondió: 
- "¿Crees que Leo sólo podría ser un hombre?  
Estaba extremadamente avergonzada y mi rostro cambió un millón de colores… No era la impresión que quería dar y no supe que responder. 
- "Así que echemos un vistazo a tu currículum… Huumm parece que eres una novata, eh?... ¿Alguna vez antes has hecho algo así?" 
- "No, no, pero me gustaría intentarlo." 
- "¿Crees que estás preparado para el trabajo?... Es un trabajo difícil, de muchas horas, e incluso puede ser que tengas que salir de aquí e ir a donde te indique que vayas."
- "Bueno, no tengo a nadie en casa esperándome por la noche, así que creo que puedo hacerlo." 
Con esta respuesta obtuve una sonrisa de su parte, señal que le gustó lo que le dije. 
- "A pesar de que estabas esperando un hombre, voy a probarte… Así que felicidades por tu contratación de prueba… Espero que lo superes pronto y no te arrepientas y sigas adelante… Con el tiempo tendrás un buen sueldo e incentivos sustanciosos… De momento te tendrás que conformar con un sueldo base pero esto puede cambiar pronto." 
Antes de que pudiera darle las gracias, ella me dijo: 
- "Esa es la buena noticia… La mala es que tienes que comenzar ya." 
- “Wow… De acuerdo… ¿Qué he de hacer?, le pregunté.
- "Antes de comenzar hay una regla que necesito que aceptes y ésta regla es, que lo que te ordene, debes hacerlo… Así de claro… Este es un mundo muy despiadado y mis decisiones son fijas… ¿Entendido?"
- "Sí, Leo… Por tu experiencia, comprendo que debe ser así." 
- "La próxima cliente viene en 30 minutos… Es muy importante para mi negocio, por lo que debe ser tratada con la mayor amabilidad posible… ¿Está claro?” 
- "Sí, Leo" 
- "Quiero que leas tu parte del texto en el guion para que yo pueda ver si eres la persona adecuada para ser contratada y haces bien el papel." 
- "Yo nunca he hecho eso antes", le respondí. 
Me mira con un poco de desprecio y me dijo: 
- "Se trata de ella, no de ti."
Mientras leía mi parte sonaba como un texto de amor lésbico, pero no quería preguntarle a Leo porque acababa de ser contratada y quería causar una buena impresión.
Llamaron a la puerta y entró una bella mujer de color con un tamaño perfecto de tetas, pantalones tan apretados que dividían el coño en dos… Era con ella con quien iba a leer la escena del guion… Yo estaba intimidada por ser esta la primera vez. 
Me sonrió y Leo me presentó diciéndole:
- "Ella es mi nueva ayudante… Me dijo que pondrá todo de su parte para que le agrades y que lo haría lo mejor que pudiera.
Comenzamos a leer la escena y, mientras leíamos, me di cuenta de que este era un guion para una película porno suave… Mis bragas comenzaron a humedecerse un poco y me di cuenta de que me estoy excitada, ya que la escena comienza a cambiar de color cuando me doy cuenta de que ella tiene que desnudarse y yo también. 
Se quita la camisa… No lleva sujetador y sus tetas y pezones se quedan tiesos, mirándome… Luego se quita sus pantalones y me muestra su coño afeitado… Me doy cuenta de que su clítoris está muy tieso y se asoma por fuera de sus labios vaginales.
Ella sigue leyendo como si no estuviera desnuda frente a mí. 
A estas alturas mi coño está goteando… Mis pezones están gritando para que sean liberados… La escena es caliente y yo estoy aún más caliente si cabe. 
Le digo a Leo: 
- "Discúlpame, pero no me di cuenta de que también tendría que quitarme la ropa.”
La actriz le grita a Leo y le dice: 
- "Dile que no hable durante una lectura." 
Leo me dice:
- ¿Recuerdas la regla número 1?... Pues adelante. 
Cerré la boca y leí el guion muy incómoda con la situación. 
Nunca antes había estado con una mujer y ahora estaba en una situación sobre la que no tenía control y, sin embargo, mi cuerpo lo pedía e incluso me delataba. 
La escena me pide que me quite la ropa y juegue con su coño… Me quito la ropa y las dos me miran… Podría jurar que Leo tenía un brillo extra en los ojos cuando me di la vuelta… Veo que tanto ella como la actriz comparten una sonrisa de complicidad. 
La actriz me apremia: 
- "Date prisa… No tenemos todo el día." 
Me paré frente a ella y leí el guion arrodillada frente a ella y usé dos dedos para abrir su coño y comenzar a masturbarla… Sabía lo que ella sentía porque a mi me gusta mucho jugar con mi clítoris… Así que me dirigí allí moviéndoselo en círculos y tirando y apretándoselo con mis labios… Estaba húmedo y olía a perfume de almizcle. 
Mis jugos comenzaron a correr por mi pierna. 
Ella seguía leyendo como si no estuviera haciendo nada. 
Miré a Leo y sus ojos estaban mirando lascivamente la escena que protagonizábamos las dos, mientras nos escuchaba leer el guion. 
Entonces el guion decía que tenía que frotar su clítoris hasta que ella se corriera y luego chupar su clítoris como si fuera un chupete.
Miré a Leo para que me dijera que me detuviera, pero el gesto de su cara me indicó que siguiera… Así que pensé y reaccioné con rapidez: 
‘Estoy aquí, desnuda, jugando con el coño de una mujer totalmente extraña y necesito trabajo’
Así que comencé a frotar su clítoris hasta que ella comenzó a gemir… Nunca había hecho que una mujer se corriera y no fue desagradable para mí hacerlo… Sentí que sus rodillas temblaban y dejó caer el guion de sus manos y comenzó a agarrarse a mi cabeza… Cuando ella comenzó a gritar, puse mi boca en su coño para chuparlo como un chupete cuando de repente escuche a Leo gritar:
"Córrete, Córrete"… Y la mujer se corrió con grandes espasmos. 
Estaba tan asustada que saqué los dedos de su coño y ella me dijo: 
- "Wow… Eso fue genial… Me ha gustado mucho… Lo ha hecho muy bien para ser la primera vez… Parecía toda una profesional." 
Leo le dijo: 
- "Tienes el papel… Vístete y te llamaré para firmar… Ok?"
Ella se vistió y me dio un beso apasionado y salió de la oficina. 
Yo me quedé muy confundida y viéndome, Leo me dijo:
- "Levántate y siéntate en el sofá… Ahora quiero que pruebes conmigo y luego te probaré yo… Creo que si sigues así, te voy a dar mucho trabajo y una vez vea que respondes bien, te mandaré a que visites a clientas, que tengo muchas peticiones y tú vas a gustar mucho."
Y así empecé un trabajo que me abrió el camino a disfrutar del sexo aunque sólo fuera con mujeres… Pronto dejé de ser una novata en ello. 

F I N

Si alguna lectora desea comentarme lo que le pareció este relato y las fotos que le acompañan, tendré mucho gusto en responderle y mantener posible amistad (yanine35sum@gmail.com). 


ENCUENTROS MAGAZINE VOLUMEN 5 # 7


Friday, January 10, 2020

ENCUENTROS MAGAZINE Volumen 5 # 6


La Historia del Video Olvidado




Por Sandra Rosalía


Esta historia, tuvo su origen a partir de una revisión exhaustiva, que llevé a cabo en los documentos del ordenador, en donde tropecé accidentalmente con un antiguo video, del cual, yo no recordaba acerca de su existencia. 
En este, para mi sorpresa, aparezco entre una imagen de muy pobre resolución, completamente desnuda (sólo con mis inseparables medias y liguero); tirada boca arriba, en una colcha, tendida sobre el piso de mi oficina; con las piernas girando de un lado a otro, y también de arriba a abajo, como aspas de molino de viento, mientras que encima de mi cuerpo, se observaba en el video, la manera como soy jineteada, por un antiguo amante de ese entonces. 
Durante el video, en medio de intensos lamentos y gritos de mi parte, se escuchaban entre susurros, palabras tales como “mi amor” ... “papacito...” “culéame así...fuerte, fuerte...mas...mas...te amo...te adoro”; mientras que, de parte del hombre, este jadeaba como un perro, a la vez que pronunciaba mi nombre entrecortadamente; metiendo y sacando su gruesa y larga tranca de una manera brutal. 
Después de reponerme de la sorpresa de lo encontrado accidentalmente en este video, paulatinamente regresaron a mi mente, los instantes eróticos vividos con este hombre; a la vez que, un fogonazo pasional, empezó a invadir todo mi cuerpo, al recordar lo sucedido, aquella tarde del video. 
Lo fascinante del caso, es que cuando lo encontré, entremezclado con otros documentos y fotos en los archivos de la computadora, no recordaba ni el video, ni mucho menos las palpitantes escenas en cuestión; ya que había transcurrido un tiempo considerable desde los eventos a la fecha, y mi memoria selectiva, los había borrado, junto con el recuerdo del hombre. 
En este film, de escasos 2 minutos y medio, entre, llantos y alaridos, y murmullos amorosos de mi parte, se observa en cierto instante, la manera como mi amante, se apoyó fuertemente sobre las puntas de sus dedos, como realizando lagartijas encima de mí, lo cual facilitó que su enorme verga, se fuera hasta el fondo, topando sus ingurgitados huevos, en contra de mi periné; recordando, en ese preciso instante, haberlo disfrutado como una desquiciada. 
Esa noche, después del sorpresivo encuentro del video, y estando completamente sola en mi hogar, me bañé ansiosa y muy excitada; y una vez saliendo, completamente desnuda, con la lap top encendida esperándome entre las sabanas, me dirigí de inmediato a la cama; cobijándome, y dispuesta a verlo de nuevo. Entre dulces zumbidos y repiqueteos de un pequeño vibrador acariciándome el clítoris, repetí el video, una y otra vez. De tal manera que: a la mitad de la tercera repetición, una feroz convulsión me asaltó; cimbrándome de pies a cabeza, y erizándome la piel y los pezones. Los gritos, emergiendo de lo profundo de mi garganta, rasgaban el silencio de la recamara, y de la apacible soledad rodeando el vecindario en donde se encuentra nuestro hogar matrimonial. 
Mientras tal sucedía, yo me sentía como una traicionera con mi esposo, quien, hasta ese momento, nada conocía del hallazgo por no encontrarse en casa; y un sentimiento de culpa atosigaba mi mente, a pesar de ser swingers los dos, y estar en conocimiento de nuestras mutuas incursiones amorosas sexuales, con otros seres humanos. En esos instantes, yo padecía de sentimientos de culpa, al estar recordando al amante del video; pero al mismo tiempo, este sentimiento, entremezclado, provocaba que los orgasmos, fueran mayormente explosivos. 
Sudando a chorros, yo imaginaba que mi esposo me descubría in fraganti, en pleno adulterio, con el individuo del video; e imaginaba que me observaba escondido, y que, de un instante a otro, brotaría enfurecido de entre la oscuridad de aquella noche invernal, a castigarme por el hecho, como cuando jugábamos al amo y la sumisa; y entre la escena del video, las intensas frotaciones, y esta idea imaginaria de ver a mi esposo realmente enfurecido, los orgasmos me devoraron terriblemente hermosos. 
Mientras esto sucedía, con cierta idea en mente, bajé como me fue posible a la cocina; trayendo conmigo, el pepino más grande que encontré dentro del refrigerador; y con este en mano, subí de nuevo, casi cayendo, debido al intenso temblor de piernas, y por la debilidad muscular debido a la inclemencia de las chorreadas; llegando finalmente, a la cama de nuevo, en donde aterricé sin control como un saco de papas botado por alguien invisible. 
Tirada, reinicie el video una vez más, y cada que escuchaba mis propios gritos, y observaba al animal que tan ferozmente me culeaba, la excitación se mantenía fuera de control. Mientras tanto, yo, me veía apresando al hombre con mis fuertes muslos, o bien, yo me observaba en el video, impulsando mis piernas, hasta atrás, tocando la pared posterior de mi oficina con mis dedos gordos; ofreciéndole todo el piso pélvico al hombre para que lo cogiera como mejor le viniera en gana. En un momento dado, introduje paulatinamente, el enorme y ancho pepino, dilatando esta fruta, mis paredes vaginales, entre una tremenda gritería de mi parte; provocándome continuas convulsiones placenteras, mientras que el vibrador, horadaba como un gusano, la entrada de mi culo, hasta penetrarlo con la ayuda de mis dedos. 
En eso, el nombre de este individuo, con quien apasionadamente aparezco en el video, y con quien tuve un sinfín de encuentros eróticos por varios años, retumbó en mi mente; a la vez que una enorme venida, me inundaba como un tsunami. Sin saber cómo, ni por qué, pronuncie su nombre en voz alta, y supe, que en donde quiera que este individuo se haya encontrado en ese momento, este pudo escucharme y sentirme. 
Las sabanas de la cama, se encontraban revueltas; debido a mis continuos brincos y pataleos, ya arrugadas y desparramadas, empapadas de sudor de hembra ardiente; rebotando entretanto, mis gritos en las paredes de la recamara; escuchando yo, durante un leve respiro, y a los lejos, a los alegres pajarillos cantando y dispuestos a refugiarse para pasar la noche en sus guaridas; y también, distinguí las voces de ciertos hombres trabajando afuera en la calle; y esto me llevo a imaginar: ¿Me habrán escuchado estos individuos? Por un lado, deseaba intensamente que lo hubieran hecho, pero por otra parte no. Me los imaginaba, atisbando por la ventana de mi recamara, tremendamente calientes; mientras se masturbaban como locos debido a la escena de mi cuerpo de hembra fogosa, expuesta y masturbándose de manera tan poco común; pero sin poder entrar a cogerme, de la manera como según mi imaginación, ellos lo estaban deseado. 
Durante uno de los cientos de apasionantes orgasmos que tuve esa tarde noche, en medio de las lágrimas surcándome el rostro de placer, tanto el pepino de enorme tamaño, que se encontraba clavado muy profundo en mi vagina, y el vibrador dentro del ano, fueron expulsados ambos violentamente de estos orificios, como verdaderos proyectiles; a la vez que yo, quedaba como muerta, parcialmente cubierta por las sabanas, respirando entrecortadamente, y jadeando; deseando que los hombres que imaginariamente me observaban por la ventana, vinieran y me cogieran sin cuartel. Todo ello, como producto de tan intenso recuerdo erótico a causa de este filme extraviado y olvidado, y ahora recuperado. 
Fue muy curioso, ser la protagonista de un extraño fenómeno que ocurrió a posteriori: Dos días después, del hallazgo del video, recibí un mensaje de esta persona en mi correo electrónico, de quien no escuchara ya nunca nada, hacía dos años a la fecha. Y entonces, de nuevo me pregunté al igual que aquella noche de loca pasión del video encontrado: ¿Habrá escuchado mi voz en otra dimensión, clamando su nombre al recordarlo llena de pasión? 
FIN.


Sunday, January 5, 2020

En el cine porno

Por Sandra Rosalía 

Jugaba con mis piernas separadas, frotándome por encima de las pantaletas; a la vez que un hombre, quien se encontraba sentado en la hilera de asientos de enfrente, observaba excitado la exhibición; el cual, para poder hacerlo mejor, se vio obligado a torcer su cuello, sobándose a la vez, el bulto parado dentro de su pantalón. 
Mientras el filme pornográfico transcurría, yo sentada en una butaca junto a mi esposo, en cierto momento, este subió mi blusa hasta el cuello; botando las firmes tetas fuera del sostén. Los ojos del desconocido relampagueaban en la oscuridad, y lamia sus labios similarmente a un perro hambriento. Después de unos minutos, el hombre se hincó completamente, sobre la butaca; observándome directamente, y a corta distancia. 
Tras una breve espera, separé el sexi calzoncito que yo llevaba puesto esa noche, con uno de mis dedos; y directamente acaricié con otro, el clítoris, e inicié la introducción de uno, luego dos dedos, los cuales entraban y salían de mi húmeda vagina. Mientras me retorcía de placer, lanzaba grititos; y estos, se entremezclaban con los de la mujer del filme, quien era violentamente cogida por varios individuos; y a pesar de ello, tanto mi esposo, como el hombre hincado al frente, fueron capaces de escucharme perfectamente. 
Víctima del placer, mi cabeza con el pelo alborotado, se dejó caer sobre la butaca; y en eso, descubrí a otro hombre, observándome detenidamente en la hilera detrás. Este individuo, se encontraba con su miembro de fuera, masturbándose, e inmediatamente incliné de nuevo el cuerpo hacia enfrente, por si acaso este, tuviese la intención de eyacular encima de mi persona, sin yo desearlo. 



A ninguno de los dos hombres, les di acceso a tocarme, y el que se encontraba en un principio, en la fila de asientos posterior a la nuestra, se trasladó hacia la parte de enfrente, en una butaca junto al otro observador; con el fin de gozar mejor la escena. Ambos se masturbaban frenéticamente, ya con su miembro de fuera. 
Mi esposo, fue bajándome lentamente las pantaletas, y una vez con estas en sus manos, las husmeó, y en un acto sin precedentes, las dio a oler a los otros dos hombres frente a nosotros; y uno de ellos, lamía la parte de la entrepierna, en donde se aloja el periné y el ano, mientras mi esposo las sostenía. Fue increíble como excitante, observar la reacción de los tres hombres, ni más ni menos, cuales perros excitados. 
Otros hombres se acercaron por la hilera de atrás, pero era poco lo que podían hacer, ya que yo, me encontraba bien resguardada en la butaca pegada a la pared, y mi esposo en la siguiente, solamente pudiendo permanecer viendo; mientras yo masturbaba con cada una de mis manos, a los dos observadores iniciales; y mi esposo, lo realizaba el mismo. 
Al oído, les susurré a los tres, que eyacularan sobre mi rostro, a lo cual accedieron enormemente excitados; y acercándome aún más a los dos observadores, recargados sobre el respaldo, e hincados sobre sus butacas, y yo sentada en la mía, quedé con el rostro, a la altura de sus pitos erectos. 
El primero en arrojarme la leche, fue mi esposo de pie a un lado; cubriendo parte de una de las mejillas, y posteriormente los otros dos, cubriendo parte de la boca cerrada, incluyendo la nariz, y también sobre mis ojos cerrados, hasta llegar a parte del pelo; ¡las gotas de engrudo, escurrían! 
Al final, limpié mi rostro, con varias toallitas húmedas; con el auxilio de los propios mirones, quedando ante solicitud expresa de ellos, en volver a vernos determinado día, con el fin de repetir este excitante juego; pensando yo, que de acuerdo con las circunstancias que se presentaran en la próxima cita, quizá hasta pudiera darme unos buenos sentones en una y otra verga de mis queridos observadores. 
Ya para abandonar el lugar, subí alegremente mis bragas, e invité sonriendo y meneando las nalgas, a quien deseara acariciarme; sintiendo manos y dedos, tocando todo, con la minifalda arremangada hasta la cintura, mientras otros, tocaban ansiosos mis tetas, a la vez que buscábamos la salida. Los hombres con los cuales había jugado, flanqueaban mi retirada junto con mi marido; vigilando estos, que los demás, no intentaran propasarse más allá de lo que yo les había indicado. 
Fui acompañada por un grupo de 8 individuos, hasta fuera del cine; intentando algunos, proporcionarme su celular, y otros, a pedir el nuestro, mientras yo, solamente les sonreía, y les decía: “para la próxima”. Otro de ellos, quien gratamente me sorprendió al observarlo detenidamente, me invitó sin dudarlo al hotel; quedando posiblemente para la próxima ocasión. Este individuo, era atractivo y alto, y posteriormente, supe por alguien del cine, que se trataba de un piloto aviador comercial. Ambos nos observamos fijamente, y de mi parte, sentí un raro como desconocido resplandor; y después, este hombre me informo, que él también había experimentado algo muy intenso, cuando chocaran nuestros ojos por primera vez. 
En la siguiente visita que tuvimos a la sala de proyección porno, nos encontramos de nuevo, este hombre y yo; y sin mayor preámbulo, nos fusionamos en un agarre apasionado de besos y caricias sentados en las butacas; como dos amantes ya conocidos, los cuales habían dejado de verse después de largo tiempo, y volviéndose a reencontrar. Ansiosamente, este introdujo audazmente una de sus manos hacia mis nalgas, levantando yo el cuerpo para permitirle mejor la maniobra, mientras que, con la otra, sobaba una de mis tetas, besándome efusivo. Fue algo tremendamente ardiente, que pocas ocasiones ocurre; saliendo los tres: mi esposo, este hombre y yo, presurosamente del cine hacia el hotel; abandonado, sin ser la intención, a los otros hombres con los que estuve la primera vez. 
Estos, nos siguieron por un largo trecho, pero, en definitiva, yo iba decidida a disfrutar aquel regalo de la vida. El joven piloto, casi volaba sin alas, ansioso por tenerme entre sus brazos, y así, los dejamos a todos atrás. 
Después de todo el increíble juego previo, tanto de besos, sexo oral mutuo, besos y chupadas en el ano de el para mí, Recuerdo lo fuerte que me la metió, sosteniendo mis bellos muslos sobre sus hombros. La velocidad e intensidad imprimida en sus embates, recordaban a los de un conejo, bombeando a la hembra. Su ansiedad era tal, que derramo su semen dentro, y sin cesar la velocidad, continuo sin permitir a su erección, perder su fuerza y poder. Yo escandalizaba a mas no poder. 
Luego, me acometió durísimo de perrito, mientras mis nalgas rebotaban violentamente. El sudor de los dos, era abundante, y en esa posición, se colocó en cuclillas, y la zambutió por mi ano; entre la escandalosa gritería de mi parte. Sus bombazos, extraían la leche de mi vagina, anteriormente derramada por el mismo; y esta escurría, pegoteándonos a los dos. 
Nunca me dio reposo, y girándome de frente, con mis piernas sobre sus hombros, doblándome el hombre de manera increíble, mi culo quedó expuesto ante su verga punzante; dejándola ir toda de nuevo por el ano, explotando dentro, posterior a una extraordinaria cogida, besándome a la vez, casi sin dejarme respirar. 
Permanecimos abrazados un buen rato, después de su doblete; besándonos de vez en cuando, hasta que su pene fláccido, abandonó mi recto. Fui por agua tibia, y lave cuidadosa y cariñosamente su miembro; para posteriormente, ya limpio, mamarlo tiernamente. Tuvo una erección parcial, pero le hice ver que: No era la intención el tener sexo de nuevo, sino de darle mi amor a mi rey de ese instante, y que este lo diera a su reina y puta. 
Antes de perder de vista a nuestros seguidores del cine, les prometí regresar con ellos más tarde, luego de salir de con mi nuevo amante del hotel; pero tal, no fue posible: este no me lo permitió, ni después de aquel maravilloso instante, ni posteriormente durante un buen tiempo. 

FIN. 


Saturday, January 4, 2020

Me compraron la virginidad (I)




Por tsver00@gmail.com


Mi nombre de trans es Lola, mi primera vez que me desvirgaron el ano me pusieron ropa de mujer también y me gusto y ahora soy toda una puta come verga.
Mi descripción corporal mido 1 metro 54 centímetros, por mi altura y silueta los hombres se enloquecen porque no soy alto ni de espalda ancha, peso 110 libras, tengo una cintura muy delgada y bien formada tengo de caderas o de nalgas aproximadamente 100 que vuelve loco a los hombres, una figura de 90 , 60 , 100.
Todo comenzó en la tienda de la esquina de mi casa, cada vez que iba a comprar siempre estaba Terry un moreno que no era fornido pero levantaba pesas era delgado pero marcado medí 1.80, en ese en toses yo tenía 18 años y el 30 años cada vez que entraba él me decía hay que nalgas tan ricas tienes mi chaparrita porque para él si era bien chaparra le llegaba como al pecho si mucho y me dijo por cuánto me las das, un día ya cansado de tanta palabrería le quise decir un precio alto para que me dejara de molestar y le dije por mil. Él se rio y me dijo mañana sábado paso por ti a medio día para ir a la casa de la playa de mi papá. Está bien dije pensando que fanfarroneaba a medio día te espero aquí en la tienda.
Llegué a la hora acordada y el también un poco después en un carro cerrado y dijo vamos nos queda más o menos a unos 30 minutos de aquí dijo me subí pesando que lo que quería era intimidarme y con un poco de nervios pero ya estaba en el carro antes de que yo pudiera decir algo el empezó a hablar y me dijo primero quiero decirte que si te doy el dinero y lo recibes no puedes arrepentirte y yo podré hacerte lo que quiera dijo como que te vestiré de mujer dijo está bien dije no tenía idea a lo que me enfrentaría él dijo aquí están los mil y me los dio y dijo ahora eres mía putita, al llegar noté que la casa estaba algo alejada de la población él me dijo entra, entramos estaba mejor amueblada que la mia, él debía tener mucho dinero, al menos su papá sí, me dijo ve a bañarte a la regadera y en el cuarto te dejaré unas cosas póntelas dijo, obedecí sin decir nada me dice y como soy lampiño no tengo ni pelos en las axilas solamente un poco en el pubis luego me fui a la recamara y miré que había unos tacones altos con pitas romanas que me llegaban hasta un poco arriba de la rodilla y un vestido largo rojo de seda, esos de forma de campana y con los tacones se me saltaba más el culo solamente me lo puse rápidamente y con muchos nervios. Salí a la sala donde Terry me esperaba completamente desnudo. El no daría dar tantas vueltas, solamente quería coger. Me asusté tenía un bate en medio de las piernas, era como un mazo, mejor dicho le media aproximadamente 30 cm era muy gorda y tenía una cabeza como el puño de mi mano. Yo tampoco llevaba ropa interior bajo ese vestido, me dijo ponte de perrito sobre el sillón, obedecí, puse los codos en el respaldo de sillón, lo hice con mucho miedo y le dije eso no me va a entrar y él dijo cállate, le dio la vuelta al sillón y quedó enfrente de mí y me dijo mámamela. Era mi primera vez, la sola cabeza no me entraba en la boca, la lengüetee toda y tenía un sabor rico como entre saladito, la chupaba como una paleta como una loca y él me dijo, no pares y me dijo como quieres que te llame y respondí sin dudar Lola. Me dijo eres toda una puta Lola, después de un rato él fue al cajón de la mesa y saco un lubricante y se empezó a echar en toda la verga le brillaba de tanto lubricante y se fue de nuevo atrás de mi me levanto el vestido hasta la cintura y me empezó a lubricar el ano, empezó a meterme un dedo yo no sentía molestia luego otro y empecé a sentir un rosca portada mi argollita era riquísimo, dijo ya estas lista y me sacó los dedos y puso su mazo en la entrada de mi anillito trató de meterlo despacio y cuando la puntita de la cabeza entraba en mí. Me dolía y me movía con delicia. Estuvo intentándolo por un rato y no hubo ningún abuso, después se sentó y me dijo que se sentara y lo intenté y sólo me entraba la punta y no dejaba que me entrara nada más le dije no quiere entrar y me duele era un dolor leve. Me dijo que no me dejaría hasta que me cogiera por lo menos una vez
Me tumbó en el sillón dejando mi cabeza en una esquina del sillón presa entre el respaldo y donde uno coloca la mano. Me pone boca arriba y mis piernas las puso en sus hombros y volvió a colocar su gran mazo en la entrada de mi argollita la cual la metió primero la puntita de la cabeza y cuando vio que su pene estaba ya cazado con mi anito virgen dio un empujón corto pero brutal metiendo toda la cabeza, mi ano paso del tamaño de una fichita pequeña de cinco centavos a la de una manzana. Una corriente de dolor salió de mi esfínter y viajó por mi ano y recto por todo el intestino grueso y delgado y estómago, traquita, y de la garganta se salió un gran grito haaaaaaaaaaa. Se rio y dijo tranquila ya pasa. Yo lloraba y decía sácamela,  ya pasó lo peor puta aguanta, me dijo y siguió lento metiendo más verga. Le decía que ya no me la metas más y las lágrimas se me escapaban de mis ojos que parecían que iban a salir chispados, después me dijo relájate y disfruta puta casi cuando me había metido la mitad empezó a retirarla pensé que mi sufrir lo había convencido y después despacio comenzó a meterla otra vez hasta la mitad muy despacio por un rato y después comenzó a darle más rápido. Me quejaba pero no tanto como al principio pero si me seguía doliendo haaay hayyy haaa.
Las lágrimas no me dejaban de salir de los ojos por el dolor un poco más leve pero todavía lo sentía, él me dijo cambiemos de posición hagamos mi favorita yo le dije no me quiero mover y él dijo a la puta que se le paga tiene que hacer lo que su macho diga. Me la sacó y el dolor disminuyó considerablemente él me levantó de los brazos me puso en cuatro como al principio con los codos en el respaldo y mi cola bien parada. Se puso atrás de mí y me la volvió a meter, me dolía, yo mordía el respaldo del sillón; gruñía y lloraba cuando me metía hasta la mitad con rapidez, pero de repente me agarró con las dos manos fuertemente de la cintura y la dejo ir toda el sonido que escucho fue el de un fuerte aplauso plas y des pues un grito aaaaaaaaaaaaaaaa quise hacerme para delante pero él me tenía bien sujeto, después me la sacó como a la mitad y la volvió a meter toda hasta los huevos. Después con rapidez y fuerza la sacaba toda casi hasta la punta y la metía toda, plas plas plas plas, yo traté de soltarme pero en el baño lo hacía más rápido y con fuerza plas plas plas plas plas plas plas plas plas, yo gritaba ya no detente y hay hay hay hay. Detente le dije y él respondió tu querías dinero y yo tu culo ahora aguanta puta maldita que este culo está bien apretado y lo quiero dejar flojo te voy a sacar la mierda puta perra maldita que culo tan rico que temes y me daba más rápido y fuerte Plas hay plas, plas. Ya no por favor hasta que se escuchó el ultimo aplauso y el acabó en el culo y me la sacó para ver el tamaño de mi anillo al hacer eso todo su semen salió como un rio y también un poco de sangre y heces la cual le manche toda la cabeza del pene, hoy si literalmente le saque la mierda a un culo dijo jaajajajaja y hoy Lola tu primera vez te cagaste en la verga jajajajaja. Él se fue al baño a limpiar y después me llevo cargada porque no me podía mover, me limpió bien el culo y me puso una toalla sanitaria.
Me puse mi ropa de hombre y nos fuimos, en el camino me compró un anestésico en una farmacia para poder llegar a mi casa antes de bajar del carro me dijo prepárate para fin de mes podrás ganar el doble pero será el doble de trabajo y se despidió con dificultad.
Caminé desde la tienda de la esquina a mi casa y en la noche no podía dejar de pensar en lo que me había pasado y lo que me pasaría el fin de mes porque aunque dolió me gustó, después todo soy una putita.
Espero les haya gustado les escribiré pronto lo del fin mes.

Atentamente
Tsver00


Saturday, December 21, 2019

EMPEZANDO EL 2020





Encuentros Magazine está organizando fiestas privadas con la participación de lectores y escritores, comenzando en el estado de Indiana en EE. UU. Si está interesado en participar como activo o pasivo o pasiva o activa o como pareja heterosexual, bisexual o homosexual, envíen sus datos de contacto y una descripción de usted mismo. Mas detalles una vez que se tenga un grupo considerado de participantes.
Envíen su información a:encuentros.citaslgbt@gmail.com

Sunday, December 15, 2019

ROBERT: HOMBRE Y BESTIA.



Por: Sandra Rosalía.


El hombre siempre se mantuvo detrás a prudente distancia… Yo había percibido su mirada lasciva de soslayo, recorriendo mi atractivo cuerpo, mientras realizaba compras en el mercado. Según el ángulo que yo presentaba, el hombre fijaba su vista, ya fuera en mis tetas, amenazando estas con rasgar la blusa de color verde trasparente; como también sobre piernas y trasero.
Podía notar que: su mirada estaba cargada de una tremenda lujuria, semejando a un lobo hambriento, observando a la borrega resguardada dentro del corral; tan lejos y a la vez tan cerca. Mientras lo observaba, controlándose y sufriendo, al no poderme devorar, provocaba que se humedecieran sexualmente mis pantaletas. Esa mañana de calor infernal, yo vestía una minifalda blanca cortita y ligera de algodón; a través de la cual, se trasparentaban tenuemente, las bragas blancas de encaje. Una vez fuera del comercio, y dirigiéndome al auto aparcado en el estacionamiento subterráneo, sin esperarlo, el hombre sorpresivamente me abordó:
-Hola Sandra, dijo con voz gutural, y con bastante familiaridad; yo soy Robert, ¿me recuerdas?
Su saludo, me ocasionó cierto sobresalto; porque, para empezar, yo juraría que el hombre del mercado, con quien jugara hacía apenas unos momentos, a enseñar y ser vista, era un perfecto desconocido; además, de que suponía ya haberlo dejado atrás para siempre. Después de aquel inesperado saludo, deseaba despedirme e irme de inmediato. En cuanto al juego erótico de enseñar y ser vista, frecuentemente lo realizábamos mi esposo y yo, en lugares públicos; tales como como bares y centros de baile, en donde, con la falda corta, sentada con los muslos juntitos, mostraba disimuladamente el triángulo de mis pantaletas a ciertos hombres; algunos de los cuales, llegaban a abordarme cuando yo me dirigía al baño, y a quienes, en ocasiones, invitaba a nuestra mesa, fingiendo que mi esposo y yo, solo éramos amigos. Todo quedaba en un coqueteo, y de continuar enseñando fugazmente mis piernas y sensuales bragas a nuestros invitados de ocasión. En cuanto a este señor Robert, se trataba de una persona como de 50 años, quien era un médico a cargo de una amplia compañía, en donde yo laboraba en otra área; y con quien jamás había socializado más allá del ocasional saludo.
Ya repuesta del acercamiento de Robert, y fingiendo una grata sorpresa por haberlo visto, di lugar con una idea erótica que había explotado en mi mente, en aquel preciso instante: De tal manera que: con el individuo de pie junto a mi auto, lugar hasta donde este me había seguido, abrí la puerta del lado del pasajero; y agachándome deliberadamente, según yo, con el fin de acomodar mis dos bolsas de mandado en el piso del auto, le mostré toda la cara posterior de mis atractivos muslos, y hasta donde fuera posible, mis sugestivas bragas blancas de encaje cubriéndome las nalgas. Pero sin previo aviso, este hombre, a quien, en el trabajo, muchos consideraban un fino y educado caballero, metió su mano por debajo de la faldita; haciéndome pegar un respingo y un gritito, tanto del susto como de la sorpresa, tomando atrevidamente todo mi trasero con su mano, y frotando levemente, con uno de sus dedos, la periferia de mi ano, sobre la tela de las bragas. Su atrevimiento me dejo helada.
Al voltear a ver a Robert, con el fin de reclamarle su proceder, pude observar muy sorprendida, sus facciones transfiguradas a algo semejante a un animal babeante, que despedía lumbre por su mirada; era la viva imagen de la lujuria difícilmente contenida. ¡Quede petrificada por su imagen!, a la vez que el individuo no me dio tiempo de nada: Untándose fuertemente a mi trasero, procedió a besarme la parte posterior del cuello, e hizo que mi piel se pusiera “chinita”, sintiendo a la vez, como los pezones, se iban poniendo duros, hasta casi reventar; mientras que, a su vez, yo percibía la erección del hombre, dando leves picones sobre mi trasero. Luego, mediante leve forcejeo, vino a besarme los labios, girando para ello el hombre lobo, mi cabeza hacia él, mediante un tirón de cuello brusco; murmurándome al oído mientras mordisqueaba ávido el lóbulo de la oreja: - ¡Siempre he estado secretamente enamorado de usted! Lo cual apenas fui capaz de entender, ya que el hombre jadeaba fuertemente debido a la gran excitación; a la vez que: su caricia sobre mi cuello, y lóbulo de la oreja, estaban ocasionándome un placer incontenible. Yo débilmente insistía:
- ¡Suélteme por favor!
Mientras que un estremecedor encanto sexual, recorría todo mi cuerpo; sintiendo el vaho candente y pesado del macho, besando y babeando todo mi rostro y parte de mi cabello; hasta ese instante, perfectamente maquillado que yo llevaba. Yo intentaba escaparme de sus garras, y poder llegar a casa, para contarle a mi esposo entusiasmada, el haberme encontrado con Robert (aunque lo más probable es que no lo recordara); así como lo sucedido aquella mañana, y tener ambos, un tórrido encuentro sexual. Pero al estarme batiendo en retirada, Robert, con un movimiento de gran destreza y rapidez, extrajo mis pechos, desabotonando para ello, el seguro localizado enfrente de mi sensual brassier; introduciendo habilidosamente, una de sus manos por detrás de mi cuerpo, y por debajo de mis axilas, hasta llegar a mis tetas; y luego, me giro, con la blusa también ya desabotonada, colocándome frente suyo, mamando ávidamente mis pezones; y en ese instante, finalmente ¡desfallecí ante sus embates! Sus grotescos belfos, besaban mis delicados labios, sin importarle mis protestas; chupaba y sorbia hasta dentro de mi boca, intentando succionar mi ser cual horrible ventosa, a la vez que baboseaba mi suave cuello largo de cisne, e intentaba clavar en este, sus diabólicos colmillos, evitando yo, mediante infructuosos empellones, que pudiera dejarme marcas visibles; lo cual no pude evitar del todo (al siguiente día, aparecieron los desagradables moretones). No era posible creer tanta audacia de su parte, ni la rapidez mediante la cual, el hombre me había casi desvestido.
Yo suspiraba con el corazón acelerado, ante la emoción del abordaje, mientras el animal, se encontraba dispuesto a tragarse a su indefensa presa. Robert, sugería no elevar la voz, ni mucho menos gritar, para no llamar la atención de otros clientes del centro comercial; que pasaban de un lado a otro, unos a pie, otros en auto, cerca de nosotros, por el amplio estacionamiento. Casi desnuda de la parte superior, jamás se me hubiera ocurrido tal cosa. Permanecí silenciosamente perpleja, respirando entrecortadamente; mientras el tipo, aprovechando el instante de aturdimiento, tomo con ambas manos, mis colitas de pelo de niñita colegiala que yo llevaba aquella mañana, hechas con el fin de amortiguar el intenso calor; y sentándome enérgicamente en el lugar del pasajero, obligándome a permanecer con mis piernas por fuera, a la vez que el hombre permanecía de pie, se extrajo la goteante verga; y mientras me sostenía de una de las colitas, advirtiéndome con sus fauces hambrientas que no se me ocurriera gritar, con la mano libre, abusivamente zambulló su palo hasta donde pudo; muy dentro de mi boca; provocándome, aparte de un tremendo reflejo nauseoso, que con el jalón de pelo, yo me viera forzada a girar la cabeza hacia un lado.
- Mámele cabrona…me ordenaba el hombre jadeando.
Como fui capaz, logré con gran esfuerzo, extraerme su pene de mi boca, y viéndolo a su rostro deformado, como pude balbucee con voz entrecortada:
- Maldito animal…abusivo…
Sus ojos enrojecidos me vieron arrojando chispas; el hombre se había transformado en un feroz licántropo, y mediante una voz gruesa y cavernosa, bufando agitado, me advirtió:
- Me la voy a coger Sandra…no importa que luego usted me mande golpear, o incluso matar, o a encarcelarme…
Su figura me causo miedo, y sumisamente lo obedecí; mientras mis nervios se encontraban a reventar, a la vez que, de nueva cuenta, era obligada por el transformado individuo a mamarle todo aquello. El inesperado encuentro, me estaba llevando al dolor y a la locura sexual: No era capaz de discernir cabalmente un sentimiento de otro. A su vez, influía el hecho de que nos pudiesen ver algunos clientes, lo cual afortunadamente no ocurrió; ya que todos transitaban tan ensimismados, resultando casi imposible de creer, que algo así, pudiese suceder en plenas narices de muchos, y pasar desapercibido; yo solo rogaba porque de los autos estacionados lateralmente al mío, no llegaran los dueños, y nos descubrieran “in fraganti” y en ese instante, vino a mi mente, cuando cierta vez, yo, en el asiento de atrás del auto con mi novio de entonces, le mamara su tieso palo, mientras transitábamos por las calles, a la vez que, una amiga de la adolescencia, conducía, recordando yo, como nadie se había percatado: ni de los autos ni los transeúntes. En un arranque de increíble osadía, Robert, me condujo de la mano a jalones, mediante una débil resistencia de mi parte; suplicando yo, quedamente:
- Suélteme por favor… Dirigiéndose hacia la parte frontal de mi auto; el cual, se encontraba de frente a la pared del sótano del inmenso estacionamiento, el individuo, destrabo el cofre, y acto seguido, lo subió, fingiendo un desperfecto. - ¡Ya te dije que te callaras! Me ordenó el individuo…y repetía una y otra vez:
- Me la voy a coger, suceda lo que suceda después…
Su determinación era brutal, y en ese instante, me pareció observar a un hombre mucho más corpulento de lo que yo creía recordar. Sus facciones eran grotescas, mientras que el abundante cabello negro grisáceo, antes perfectamente peinado, ahora lucia con mechones por todos lados. Creí ver, brotando de entre sus comisuras labiales, una secreción espumosa, como una espesa baba de animal hambriento. Solamente esperaba, que no se fuera a acercar algún buen samaritano, preguntando si ocupábamos algún tipo de ayuda; o el mismo guardia que realiza sus rondas en esos lugares. Yo no sabía que conducta pudiese tomar Robert en tal caso, y tampoco deseaba quedar en esa posición embarazosa. Con el cofre del auto levantado, y empleándolo como escudo en contra de posibles mirones, Robert, con gran ardor, me volteo de nuevo de espaldas a él, subiendo mi falda blanca por encima de las caderas; y viéndome el trasero, se regocijaba acariciando los calzones, para luego proceder a nalguearme intensamente, sin importarle mi resistencia dolorosa; a la vez que exclamaba:
- Sandrita…que buena estas… ¡ten…ten putita hermosa!
Y las nalgadas retumbaban en el estacionamiento… Yo lloriqueaba quedamente, para no llamar la atención de alguien que fuera pasando, a la vez que suplicaba en voz baja:
- No por favor…ya déjeme…me duele mucho…
Pero tal, no parecía interesar al salvaje individuo. Por el contrario, parecía que el llanto de una presa entre sus garras, lo enardecía mayormente. Sin importarle nada, en forma brusca, separó mis nalgas con todo y calzones puestos. Luego, de un empellón, forzó mi cuerpo hacia enfrente, y casi caí sobre el motor del auto; y jalando violentamente, el coqueto calzoncito para un lado, el cual trono levemente de sus elásticos debido al estiramiento, se hincó chupando todo de atrás para adelante; metiendo su cabeza entre mis muslos y glúteos, frotando frenéticamente mi clítoris con sus toscas manos, para luego, introducir su pene inflamado por mi vagina; con todo y bragas puestas, cogiéndome cada vez más duro, obligándome a subir una de mis piernas, sobre la defensa del auto. Deseaba gritar escandalosamente, como siempre lo hago cuando soy poseída, pero la prudencia por evitar llegar a ser descubiertos, me lo impidió. Casi reventé mis labios de morderlos con dicho fin. Después de un buen rato de intensa cogida, Robert eyaculó una tremenda cantidad, mediante una exclamación y movimientos acelerados; y yo sentía, que el semen amenazaba con escurrir a borbotones fuera de mi vagina, mientras el individuo me ordenaba:
- Cúbrete con tu mano para que no se salga ni una sola gota de mi leche; y vete rápido a tu casa, y llegando, muéstrale a tu esposo tus calzones, y retira tu mano, para que la dejes escurrir toda fuera de tu panochita…
A lo que yo, fingiendo que mi marido no estaba al tanto de mis travesuras sexuales, dije sollozando:
- No…capaz que me hecha de la casa.
- No lo hará, dijo Robert; al contrario, le va a encantar saber que su dulce y seductora mujercita, fue cogida en el estacionamiento cual putita callejera.
- Eres un estúpido, le dije.
- Y tú me enloqueces tremendamente, mi dulce amor.
Contestó lánguidamente el hombre; plantándome esta vez, un largo como tierno beso en la boca ahora totalmente despintada, que yo, sollozando acepté. Sus facciones de monstruo de antaño, misma que yo observara durante la atroz cogida, ya se había suavizado de nuevo; transformándose en el amable y fino caballero del que yo tenía recuerdos. Entretanto, yo continuaba lloriqueando como una nena, sorbiendo mis mocos; y Robert, ahora me observaba verdaderamente mortificado. Desde un principio, estuve suplicándole que no me cogiera; y después de la soberana paliza, cuando me dirigía de nuevo hacia mi auto, obedeciendo sus órdenes, coloqué una mano en mi entrepierna, sobre los coquetos calzones blancos; para que el semen no escurriera fuera. Subí al auto parcialmente desgreñada, con las famosas colitas de cabello, ahora hechas un desastre, sintiendo la mezcolanza de semen dentro de la vagina a reventar. A través de la ventanilla del chofer, el hombre sujetó mi barbilla, pidiéndome ahora, cariñosamente que lo viera a los ojos, y dijo:
- Amor, te suplico: ocupo volver a amarte muchas veces más. ¿Me entendiste?
A la vez, que yo presentaba hipos de llanto, y sin responder absolutamente nada, le di reversa a mi auto, pero apretando mis fuertes muslos, para evitar la salida de semen, y de tal manera, partí a toda prisa, rumbo a casa; observándole agitar su mano en señal de adiós, reflejado en el espejo retrovisor. Llegando a casa, recompuse mi rostro, abandonando por completo, mi hasta cierto punto: teatral llanto; y sonriendo le dije a mi esposo:
- Me encontré accidentalmente con Robert…
Y mientras este me miraba sorprendido, dado mi aspecto ahora desastroso, ya que, en la mañana, había salido de casa, muy bien arregladita; presentando ahora, los estragos debido a la tremenda cogida, junto con el calor del sótano, que nos hizo sudar intensamente a Robert y a mí, respondió:
- ¿Qué Robert?
Pero antes de que yo respondiese, sentándome de golpe en el sofá, elevé las piernas, y separándolas con las pantaletas aun puestas, dije:
- ¡Mira!
Con los ojos abiertos de sorpresa, mi esposo observó como mis bragas, ¡estaban empapadas de semen! Y yo, tuve la erótica ocurrencia de bajármelas lentamente, para que este viera mi hermosa vagina, llena a reventar de leche de macho; desprendiéndose unas hebras de viscosidad pegadas a las pantaletas, y luego, pujando, el semen borboteo mediante un sonido peculiar de aire y liquido fuera; mientras que una parte de este, se fue hacia el trasero, en donde sentí delicioso cosquilleo; y al colocarme de pie, el engrudo humano, escurrió por entre mis lindas piernas…
Mi esposo, transformado también en un energúmeno por lo observado, me cogió de perrito con brutalidad; y lo disfruté tremendamente, entre intensas nalgadas, y palabras humillantes. Al caer la noche, este remato de nuevo, mientras que yo, para placer de ambos, le contaba la manera como me había hecho gritar Robert; y toda la sarta de cosas que, a su vez, yo le había dicho a este hombre, en el oído, y de la forma como Robert, me había tomado de las colitas, empleándolas como manubrios; jalándome de estas, dejándomela ir toda, hasta rebotar sus enormes huevos en mis nalgas, a la vez que le contaba a mi esposo, que yo jadeante exclamaba:
- ¡Ay Robert!: Clávame… clávame duro por favor…soy tuya…
En tanto que Robert, sin dejarme de jalar de mis colitas, decía bufando:
- Ay deliciosa Sandra: Ya sospechaba yo, acerca de tus encantadoras puterías.
Mi esposo me arrojó al suelo, desnudándome de manera humillante, haciendo trizas mi baby doll, arrastrándome del pelo; orinándose encima de mi cuerpo, azotándome con una tablita ex profeso mis paradas nalgas, las cuales soportaban estoicamente el castigo, gritándome que yo era una puta cualquiera, a la vez que yo llorando, suplicaba por su perdón, para dar paso finalmente, a una soberana culeada…
- ¡Eres una puta Sandra Rosalía!
Gritaba mi marido; mientras me atizaba duro, hasta por mi ano.
A partir de aquel candente instante en el estacionamiento, cada viaje de mi persona al super, era con la esperanza de toparme de nuevo con Robert, mismo a quien encontré cierta tarde, ya transcurrido algún tiempo, y sin esperármelo; emergiendo como un terrible fantasma, de entre los autos del aparcadero, produciéndome enorme susto, y un grito de espanto; atacándome este, transformado de nuevo, en el brutal y sádico “Mr. Hyde”. El muy infame, a rastras me condujo cual carnívoro hambriento a su presa; tirándome de una de mis muñecas; girando, su cabeza desgreñada de un lado a otro, como venteando, cual bestia sanguinaria, la posible presencia de alguien; yo sollozaba, y él me ordenaba tajante:
- ¡Guarda silencio!
Elevé mi vista como una indefensa presa a punto de ser devorada por el rapaz carnívoro; y en esta ocasión, Robert se sentó en el asiento del pasajero de mi propio auto, y mientras yo, gimoteando, era obligada a permanecer de pie. Este procedió a extraerse su enhiesto palo, y agachándome bruscamente de la cabeza, mediante jalón de greñas, me vi obligada a permanecer con el trasero parado, con mi minifalda, seguramente enseñando todas las nalgas envueltas en bellas y sensuales bragas rosas. Robert, me forzaba a que se la mamara; tirando de mi cabello, zambulléndola, sin importarle mis sonidos guturales y la tos, en señal de casi asfixia; ni mis manoteos desesperados tratando de extraerme la enorme tranca, y de vez en cuando, bofeteaba levemente mi rostro, ordenándome:
-Quieta perrita…no me obligues a amarrarte…
Finalmente, mediante un arqueamiento increíble de su cuerpo, Robert estalló en mi boca; ¡tragándome todo su abundante y espeso semen! Casi hasta la sofocación. Sentí que llenaba toda mi boca, deglutiendo lo que fui capaz; sufriendo tanto por lo grande de la longaniza, como por la cantidad de espeso líquido. A la vez que el hombre, jadeando decía:
- La próxima vez, va por tu hermoso culo …
Y yo, limpiando una porción de leche escurriendo y cubriendo parte de mis labios con mi lengua, cual chiquilla comiendo y saboreando un helado de vainilla; respondí parpadeando angelical y cándidamente:
- Ay no…
- ¡Como no puta! Respondió Robert enardecido y resoplando…dándome un jaloncito de greñas y dos nalgadas intensas que retumbaron en el sótano… para finalizar diciendo:
- Ya veremos si no….
Reconociendo que Robert, se transformaba en un grotesco animal ante mi sensual presencia, yo no dudé ni un solo instante, de que cumpliría sus amenazas; y contradictoriamente, un raro cosquilleo recorría mis entrañas de deseo porque tal día pronto llegara. Mientras tanto, el ente, aun sosteniéndome fuertemente entre sus garras, fue suavizando de nuevo sus facciones, transformándose otra vez, en un hombre sereno y lleno de amor; cambiando a una actitud tierna de arrepentimiento, resarciendo con sus labios, y su enorme lengua, las heridas que el mismo había hecho sobre mi cuerpo y alma desgarrada.
- Te amo Sandra Rosalía…señalo en tono dolorido.
(Próximamente: Robert me conecta salvajemente y sin piedad alguna por el trasero).
FIN.

ENCUENTROS - EROTISMO EN CANTO-RELATO-POESIA

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