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Tuesday, October 23, 2018
Dos Putitas
Por Terragrigia
hola mi nombre Tess de 23 años vivo solo y
me encantan las nenas de todas las edades ya que poseen un desarrollo y tienen su
rajita peladita sin ningun vello, les contaré como conseguí a estas dos niñas.
Resulta que un día por cuestiones de
trabajo me mandaron a un pueblo que era bastante pobre y conocí a una mujer de
unos 30 años que tenía una niña de unos cinco años muy bonita y también cuidaba
a otra niña de ocho años que le dejo su vecina porque había fallecido y la dejo
a su cargo.
La mujer de 30 (Celeste) tenía además de
su hija a otras seis niñas más que cuidar porque ella vivía sola en total entre
todas eran 9 mujeres, cuando pasee por la casa y me detuve mire a todas las
niñas jugando afuera y la señora me vio y me sonrió me baje del auto y vi que
la señora se me acercó me saludó y me dijo ¿te gustaron las niñas? no sabía que
decir y me contestó no hay problema los hombres de este lugar siempre vienen a
comprar niñas a este pueblo, es normal comprar niñas y bebes. La mayoría de estas familias vendieron a sus
niñas a una corta edad y las que no fueron vendidas las van preñando y cuando
tienen hijos hijas los venden. Yo me quedé sorprendido y me atreví a decirle
cuanto por dos de sus niñas que están jugando? Y la señora me dijo por cuál de
todas, las llamó y me las presentó a todas dentro su casa
Carolina de 8 años
Nicole de 4 años
Jenny de 5 años
Olga de 7 años
Jimena de 2 años
Emilia de 6 años
Sofia de 3 años
Valeria de 5 hija de la vecina que falleció
Nicole de 4 años
Jenny de 5 años
Olga de 7 años
Jimena de 2 años
Emilia de 6 años
Sofia de 3 años
Valeria de 5 hija de la vecina que falleció
Me dio a elegir y yo elegí Carolina de 8 y
Jenny de 5 años, bueno por las dos les daré un buen precio me dijo Celeste, yo
le pregunté si eran vírgenes las dos y me contestó claro que son vírgenes, si
no lo fueran no valdría el precio.
Le pagué lo que me pidió por las dos y me
fui con las niñas quienes no pusieron resistencia. Llegué a mi casa las bañé y
les compré ropa un poco más atrevida polleritas cortas de colegialas y
remeritas ajustadas se veían relindas esa primera noche durmieron en mi cuarto
y yo en mi sofá porque quería entrar en confianza con las niñas y las niñas me querían
mucho. Una noche me dispuse a querer desvirgar a Carolina de 8 años. Le dije a Caro
ven a mi cuarto tengo que hablar contigo, le dije a Jenny que durmiera
tranquila que Caro ya regresa, le dije sacándola del dormitorio a las dos. De qué
quieres hablar tío Tess, me dijo (yo le dije que me dijeran así) ven le dije parándola
frente a mi mientras yo estaba sentado en la cama con ella en frente ‐tu eres muy bonita
y yo te quiero mucho, tú me quieres?- le pregunté. Yo te quiero mucho me dijo inocentemente
entonces, demuéstrame que me quieres mucho le dije tomándola de su mechoncito
de su cabello, cómo? me preguntó, tienes que hacer todo lo que yo te diga si,
vamos a jugar y tú tienes que dejar que yo te haga lo que yo quiera si, está
bien dijo la niña Caro entonces empecé a tocar su piernita y subí a su calzoncito
(ya que dormían, solamente con un calzoncito y una remera que no la tapaba del
todo. Le subí su remerita y toqué sus senito ella solamente se dejaba hacer estuve
un rato acariciando sus senitos y luego le saque su remera y solamente le dejé
con su calzoncito. La miré un rato admirando ese cuerpito desnudo frente a mí y
la besé ella me respondió torpemente, ya que no sabía besar; luego empecé a
besar su cuello y fui bajando a sus senitos y los lamí y chupe por un rato
entonces la hice acostar en la cama y bajee a su rajita y le saquee su última
prenda, la mire un ratito y noté que se había empezado a mojar y le empecé a
besar y lamer, ella solamente gemía por el placer que le estaba dando y abrí su
rajita con mis dedos y le metí mi lengua hasta donde pude, ella solo gimió de
placer le metía y sacaba la lengua de su agujerito mientras ella gemía cada vez
más y expulsaba sus juguitos.
Me entretuve con su botoncito que estaba
hinchadito y se lo chupé unas veces, entonces vi que ella empezó a gemir más
fuerte y a retorcerse de placer era su primer orgasmo y subí de nuevo a ella y
la besé; estaba agotada y le dije ahora me toca a mí ‐entonces me desnudé
por completo y le hice venir sobre mi verga que estaba totalmente dura y le
dije‐ven
tienes que demostrarme que me quieres‐ella se acercó y me dijo ‐que hago? ‐toma mi verga y chúpala
como si fuera un helado pero no lo muerdas está bien ‐dijo y tomo mi
verga y la empezó a lamer primero el glande luego empezó a lamer el tronco ‐entonces le dije ‐mételo a tu
boquita, asiiii aahhhh lo haces bien mi amor asiiii aaaahhhhh no pares ‐entonces le tomé
su cabecita y se la metía más rápido ella como que se ahogaba pero no me
importo y le dije ‐me
vengo me vengo tomate toda mi lechita aaaahhhhhhhh‐y me corrí en su
boquita ella tuvo que tragar mi leche para no ahogarse entonces le saquee la
verga de su boquita que todavía estaba dura y la dejé caer en la cama boca
arriba. Ella no dijo nada y me subí y le abrí sus piernitas para poder penetrarla
entonces empecé a puntear mi verga en su rajita que estaba muy mojada e hice un
poco de presión para meterla pero no entraba entonces tome mi verga y le volví
a puntear de a poco cuando le metí la cabeza ella gritó entonces empecé a hacer
más presión para que entrara. Logree meter unos 5 cm de mi verga y me tope con
su himen que me demostraba que era virgen, saquee un poco de mi verga y se la metí
de una sola vez unos 10cm más de mi verga, entonces ella pegó otro grito y empezó
a llorar sácamela me duele ‐me decía pero no
se la saquee era impresionante sentir esa vaginita estrechita
siendo penetrada por mi verga me quedé inmóvil para que se acostumbrara y la besé un rato para poder silenciarla y luego empecé a chupar sus senitos note que a ella ya no le dolía demasiado y en pese a meter y sacar mi verga despacito para que se valla acostumbrando ella solo se quejaba al
principio pero luego en peso a gemir de placer entonces empecé a meter y sacar más rápido ella gritaba de tanto placer ‐ahhh más ahhhh así ahhh más rápido ahhh más fuerte tío ahhh‐ entonces me senté en la cama de rodillas con ella arriba cabalgando la tomé de su cinturita y la empecé a subir y bajar en cada bajada mi verga entraba más profundo en su rajita estuvimos un rato largo diría que como 20 minutos y la volví a acostar y la seguí bombeando. Te gusta verdad! Le dije, ahora vas a hacer lo que yo quiera y en donde yo quiera putita ‐le dije mientras le daba más fuerte ‐ahhh si tío voy a hacer lo que me pidas ahhh ‐me decía mientras gemía más fuerte ‐me vengo putita recibe mi lechita ahhhhh ‐le dije dándole más fuerte y le metí con todo y me descargue en su interior ahhhhh que rico tío ‐dijo ella mientras también tenía su orgasmo.
Me quedé dentro de ella descargando toda mi leche entonces, le saquee mi verga y vi cómo le salía mi leche de su rajita con un poco de sangre ella se quedó acostada muy agitada me fui a mi baño y busque papel para limpiarla. Me acerqué, le limpie su rajita y la volví a vestir y le dije ‐ve a tu cuarto a dormir ‐y le di un beso en su boquita ‐está bien, vamos a volver hacer esto?
‐si mi amor lo vamos a hacer muchas veces, luego te voy a desvirgar tu culito hermoso ‐le dije tocándole su colita ella salió de mi cuarto y se fue al suyo.
siendo penetrada por mi verga me quedé inmóvil para que se acostumbrara y la besé un rato para poder silenciarla y luego empecé a chupar sus senitos note que a ella ya no le dolía demasiado y en pese a meter y sacar mi verga despacito para que se valla acostumbrando ella solo se quejaba al
principio pero luego en peso a gemir de placer entonces empecé a meter y sacar más rápido ella gritaba de tanto placer ‐ahhh más ahhhh así ahhh más rápido ahhh más fuerte tío ahhh‐ entonces me senté en la cama de rodillas con ella arriba cabalgando la tomé de su cinturita y la empecé a subir y bajar en cada bajada mi verga entraba más profundo en su rajita estuvimos un rato largo diría que como 20 minutos y la volví a acostar y la seguí bombeando. Te gusta verdad! Le dije, ahora vas a hacer lo que yo quiera y en donde yo quiera putita ‐le dije mientras le daba más fuerte ‐ahhh si tío voy a hacer lo que me pidas ahhh ‐me decía mientras gemía más fuerte ‐me vengo putita recibe mi lechita ahhhhh ‐le dije dándole más fuerte y le metí con todo y me descargue en su interior ahhhhh que rico tío ‐dijo ella mientras también tenía su orgasmo.
Me quedé dentro de ella descargando toda mi leche entonces, le saquee mi verga y vi cómo le salía mi leche de su rajita con un poco de sangre ella se quedó acostada muy agitada me fui a mi baño y busque papel para limpiarla. Me acerqué, le limpie su rajita y la volví a vestir y le dije ‐ve a tu cuarto a dormir ‐y le di un beso en su boquita ‐está bien, vamos a volver hacer esto?
‐si mi amor lo vamos a hacer muchas veces, luego te voy a desvirgar tu culito hermoso ‐le dije tocándole su colita ella salió de mi cuarto y se fue al suyo.
Al día siguiente me tocaba desvirgar a
Jenny de cinco años que de seguro tenía esa rajita más estrechita que Caro y lo
iba a disfrutar al máximo al desvirgarla. Llevé a Jenny a mi cuarto dejando a
Carolina viendo la tele; y al entrar hice que se sentara en la cama. Jenny
llevaba su pollerita roja de colegiala y una remera bien pegada al cuerpo me
acerqué y le acaricié el rostro, luego la besé en la boca y ella no dijo nada,
solamente se dejó besar pero no me respondió al beso entonces me separé y le
pregunte que pasa Jenny.
- Caro
me dijo lo que le hizo usted ayer y quiere que me lo hagas lo mismo.
- Entonces
tienes que hacer todo lo que yo te diga sí.
- Está
bien, dijo Jenny
Abre un poco tu boquita si mi
chiquita ‐le
dije. Ella abrió un poco su boquita y la besé pero le metí la lengua dentro de
su boquita buscando la suya me separe un poco y le dije‐mueve tu lengüita
con la mía si‐y
la volví a besar ella hacia lo que yo le dije su lengüita era chiquita
comparación de la mía le metí más a fondo mi lengua. Me separé y me
senté a su lado y la desvestí por completo y la empecé a tocar todo su cuerpito
baje a su rajita y note que se estaba empezando a mojar entonces me paree y me
desvestí por completo dejando mi verga frente a su cara y le dije chúpame la
verga si bebé ‐ entonces
ella tomo mi verga y la empezó a lamer, luego se la metió en su boquita y
empezó a succionar, se la metía y se la sacaba entonces le dije ‐más rápido bebé
quiero venirme en tu boquita y que te tomes toda mi lechita‐ entonces ella
empezó a metérsela más rápido al momento de venirme tomo su cabecita y le metí
más fuerte para descargarme ‐ahhhhh
tomate mi lechita bebé ahhhh así‐ luego
se la saquee de su boquita y me senté en la cama, ella solamente me miró
mientras se relamía los labios. Le tomé la mano e hice que se parara frente mío
y le empecé a tocar sus senitos y bajee un poco hasta llegar a su rajita y
comencé a lamer, ella solamente gemía de placer, me quedé un rato mientras
lamia su rajita y le metía mi lengua entonces la hice dar vuelta y la senté en
mis piernas y le chupé sus senitos ella solamente gemía, bajee mi mano a su
rajita y empecé a sobar su rajita de arriba a abajo con dos dedos entonces ella
se arqueó para atrás, suerte que la estaba sujetando la espalda sino se caía le
separe sus piernitas y le metí un dedo ella se estremeció y me dijo me duele
tío ahí.
‐Aguata un poquito te va a gustar es para que no te duela mucho cuando entre mi verga le dije, mientras la besaba para callarla entonces empecé un mete y saca con mi dedo luego aumenté otro dedo antes de que se queje por el dolor la besé y comencé a dedear de nuevo pero más rápido, ella empezó a llorar por el placer que estaba sintiendo y se corrió en mis dedos, le saqué mis dedos y la senté de espalda hacia mi abriéndole las piernas la levanté y la ubiqué en mi verga y la fui bajando pero no lograba que entrara y tuve que hacer un poco de fuerza para lograr meter la cabeza de mi verga cuando lo hice ella gritó pero no dijo nada luego, la fui bajando más y ella solamente se quejaba mientras mi verga se habría paso para poder desvirgarla entonces me topee con su himen y se la metí de una sola vez, sentí como bajaba su sangre por mi verga había logrado meter unos 18 cm y ella estaba llorando y me dijo tío me duele sácamela por favor.
‐Aguata un poquito te va a gustar es para que no te duela mucho cuando entre mi verga le dije, mientras la besaba para callarla entonces empecé un mete y saca con mi dedo luego aumenté otro dedo antes de que se queje por el dolor la besé y comencé a dedear de nuevo pero más rápido, ella empezó a llorar por el placer que estaba sintiendo y se corrió en mis dedos, le saqué mis dedos y la senté de espalda hacia mi abriéndole las piernas la levanté y la ubiqué en mi verga y la fui bajando pero no lograba que entrara y tuve que hacer un poco de fuerza para lograr meter la cabeza de mi verga cuando lo hice ella gritó pero no dijo nada luego, la fui bajando más y ella solamente se quejaba mientras mi verga se habría paso para poder desvirgarla entonces me topee con su himen y se la metí de una sola vez, sentí como bajaba su sangre por mi verga había logrado meter unos 18 cm y ella estaba llorando y me dijo tío me duele sácamela por favor.
‐ No
bebe tienes que aguantar ya verás que luego te va a gustar mucho, le dije
mientras le besaba el cuello, me quedé quieto hasta que ella se acostumbrara a
mi verga en su rajita y le comencé a sobar sus senitos mientras le decía te
gusta lo que te hago bebe,
- si ahhhh me gusta mucho tío ahhhh ‐me decía entre
jadeos y gemidos.
Noté que ya no le dolía que mi verga
estuviera ensartada en su rajita y la tomé de la cinturita y la empecé a subir
y bajar despacito cuando llegaba al final hacia un poco más de fuerza para que
le entrara toda mi verga así le estuve metiendo y sacando mi verga de su rajita
unos 15 minutos y ella solo gemía de placer y le dije al oído ‐te gusta bebe?
ahora vas a ser mi putita y harás todo lo que yo quiera.
-si aaahhhhhhh hare lo que me pidas tío
aaaahhhh más fuerte tío.
Y le estaba metiendo mi verga, más fuerte
como ella me lo había pedido metí mi mano por entre sus piernas y encontré su
clítoris y le empecé a sobar despacito luego lo tomé con dos de mis dedos y se
lo apreté un poquito eso la hizo gemir más fuerte, me cansé de esa postura y la
levanté sin dejar se penetrarla y la puse en el piso en cuatro como perrito y
le empecé a bombear pero más rápido y mucho más fuerte mientras gritaba de
placer.
‐Así
tío me gusta aaahhhh.
‐Me
voy a venir bebe tomate toda mi lechita aaahhhhhh.
Le metí toda mi verga en su rajita y me
vacié en ella, Jenny también se corrió,
‐Así
bebé exprime mi verga sácale toda la lechita‐le dije.
Al sentir como su vaginita me apretaba mi
verga me salí de ella y vi que salía con un poco de sangre pero no me importó,
ella quedó acostada boca abajo en el piso. Me levanté, tomé papel y le limpié
la rajita y me limpié la verga la vestí de nuevo y le pregunté, te gusto bebé?
‐Si
tío mucho pero me dolió un poquito.
‐Bueno pero lo bueno es que te gusto ahora ve a ver la tele, si? -si tío te quiero ‐dijo dándome un abrazo por el cuello y me dio un piquito en la boca. -yo también ‐le dije y ella salió de mi cuarto.
‐Bueno pero lo bueno es que te gusto ahora ve a ver la tele, si? -si tío te quiero ‐dijo dándome un abrazo por el cuello y me dio un piquito en la boca. -yo también ‐le dije y ella salió de mi cuarto.
Como tenía que trabajar durante esos días
tenía que hablar con mi amigo para que se venga a quedar con las niñas para
cuidarlas y sabía que el también le gustaba las niñas así que sabía que se las
iba a follar en esos días en que yo no estaba, bueno pero eso será otra
historia.
Para aquellos interesados en saber más de
mis relatos por favor contáctenme lion.s.k2018@hotmail.com
Friday, October 19, 2018
LGBT: Las siestas de Juanito
Por
Lorcacock
Contenido:
Juanito
casi nunca dormía la siesta. En lugar de ello deambulaba por las calles de su
pueblo sin un rumbo fijo.
Habían
pasado unos años desde aquel accidente con el tractor en el que su padre murió
aplastado; desde entonces su madre y su abuela se hacían cargo del chaval. Pero
cuando se es un adolescente esto no resulta ser una tarea fácil.
Las
discusiones con su madre se producían casi a diario. Y hoy para no romper la
tradición habían vuelto a tener una. La mujer quería saber por qué su hijo
insistía en que debía ir sin más demora hasta la casa del guarda.
Diego,
el propietario de esa casa, aún no se encontraría en ella. Pero el chico
insistía en que tenía que ordenar unas cosas antes de que llegara el hombre.
La
madre sospechaba, imaginaba que el muchacho aprovechaba la ausencia del guarda
rural para masturbarse. Intuía que ese era el motivo y no quería pasar por la
vergüenza al ser advertida de ello si es que Diego, el guarda alguna vez
sorprendía a su Juanito en tales menesteres.
Sin
embargo, todo eso había sucedido hace ya tiempo. Diego pilló a Juanito,
hojeando y pajeándose con las revistas pornográficas que el hombre escondía en
esa casa, como si de un tesoro se tratara.
En
el fondo del cajón que usaba para archivar infinidad de papeles. Dentro de un
separador en el que se leía claramente la palabra “pleitos” se escondían no más
de diez revistas guarras.
Con
todas ellas desplegadas por toda la cama fue sorprendido Juanito. Diego llegó
incluso a advertir a Juanito de que aquello estaba mal.
También
le dijo que no podía entrar en esa casa sin su permiso. Que el joven no podía
rebuscar y tocar sus cosas.
Sin
que el guarda lo notara Juanito había extraído del llavero una llave de la
puerta principal y la había escondido bajo un montón de piedras que había junto
a la casa
De
esta forma furtiva es como el chico se había colado dentro. Aprovechándose de
que en esos instantes se encontraría allí solo decidió hacer todas las
guarradas que se le antojaran sin miedo a ser sorprendido por su madre o su
abuela.
Así
que imaginad la cara de espanto que se le puso a Juanito cuando vio como Diego
el guarda entraba de improviso en la habitación para sorprender al chico
completamente desnudo en la cama.
El
guarda muy serio al principio advirtió a Juanito que era muy joven para hojear
esas cosas, esas revistas porno formaban parte de su colección privada, el bien
más preciado del guarda.
También
le dijo que no debía desnudarse y pajearse en esa cama aunque Diego, también a
veces la usaba para eso mismo.
El
guarda mientras recriminaba a Juanito se sintió observado con deseo. Los ojos
de Juanito no hacían más que recorrer su cuerpo. Pese a la notable diferencia
de edad existente entre el hombre y el joven. Diego a ojos del chico
resultaba ser de lo más apetecible. Así fue como Diego se dio cuenta de que
Juanito era maricón.
El
hombre tenía los cuarenta y seis recién cumplidos. Era musculoso de espaldas
anchas, muy velludo. Es normal que Juanito lo mirara con deseo. También las
hembras lo hacían de esa forma y eso le agradaba.
Pero
la diferencia fundamental es que Juanito puede que no llegara a tener ni la
mayoría de edad. Era solo un crío sin un padre que lo dirigiera y condujera por
el buen camino.
Diego
era el primo de la mujer, y había medio asumido esa función de padre en la
sombra, echando al chico alguna bronca de vez en cuando y obligándolo a que lo
ayudara en las faenas que se le presentaban en el campo. Por eso iba el chico
hasta la casa del guarda.
Diego
estaba casado, tenía dos hijos. Uno de ellos tenía casi la mitad de la edad de
Juanito. El otro era todavía más pequeño. Sin embargo, por mucho que lo
rememorara, el hombre todavía no se explicaba por qué había terminado haciendo
eso con el chaval.
Juanito
ni hablaba, simplemente intentaba cubrir su desnudez con la sábana. El hombre
observó las revistas porno.
Juanito
las tenía abiertas no en la zona por la que aparecían culos de tías y tetas
enormes, sino que estaban todas las páginas abiertas y dobladas de tal forma
que eran las pollas de esos actores las que aparecían en un primer plano.
Podríamos
afirmar que el joven Juanito estaba desnudo en esa cama completamente rodeado
de pollas.
Haciendo
como que ignoraba por completo la recién descubierta homosexualidad de Juanito
el guarda se acercó hasta la cama.
Diego
tenía fama de tener un buen pollón. Juanito lo había oído de pasada, una de
esas veces en las que su madre se juntaba con amigas, no para hablar de la
enorme tristeza que sentía por su reciente viudedad y la ruina que la
acompañaba, sino de lo bien que se lo habían pasado juntas cuando todas ellas
eran más jóvenes y tenían sus novietes.
El
cabronazo de Diego se había pasado por la piedra a medio pueblo. Era un salido
que a todas horas pensaba en el sexo. Por eso no es de extrañar que aun
teniendo ante él un problema y no pequeño, Diego terminara desprendiéndose de
la ropa para desnudarse delante de Juanito.
Yo
también voy a aprovechar para cascarme una paja- le soltó al incrédulo muchacho
que veía como el hombre se desnudaba ante sus ojos.
Juanito
era incapaz de apartar la mirada de ese rabo gordo y empinado. Veintitrés
centímetros de polla. Una gruesa vena azulada la recorría. El duro cipote se
agitaba incluso, en una especie de danza hipnótica.
Arriba
y abajo, arriba y abajo.
¿Has
visto que cacho polla tengo?- le preguntó
Juanito
afirmó con la cabeza.
Yo
creo que es más grande incluso que las que aparecen en alguna de esas fotos.
Juanito
ni se molestó en mirar hacía las revistas. ¿para qué fantasear con pollas que
no podría ver nunca de cerca, si tenía ante sus ojos un cipote que hacía que te
temblara todo el cuerpo de excitación?
Diego
se sonrió. Sabía que esa tarde el chico le iba a hacer como poco una buena
mamada.
Lo
que vino después acabó por derribar las escasas defensas de Juanito. Diego
acercó su boca hasta la de Juanito y terminó por besarlo. Un beso húmedo y
caliente.
Para
el joven aquel sí era su primer beso. En realidad, lo que hiciera esa tarde con
Diego el guarda no sería lo primero de casi todo.
Las
manos del hombre acariciaban el cuerpo lampiño del joven Juanito, haciendo que
el deseo de estar con ese macho y ser llevado hasta donde el hombre quisiera se
acrecentara.
La
mano del guarda se posó sobre ese culo desnudo y suave, uno de los dedos buscó
el virginal orificio. Presionó un poco y el rosado agujero se abrió, mientras
el joven exhalaba un suspiro.
Diego
llevaba tiempo sin probar hembra diferente a su esposa. Sin saber por qué ni
cómo, parecía estar dispuesto a conformar su falta de sexo follándose al joven
muchacho.
Pero
antes de ello tenía que dar unas cuantas lecciones al chaval. El joven no podía
salir de esa casa sin haberse comido una polla.
El
guarda acaba de lanzar una mirada fugaz a todas esas revistas porno y en la
mayoría de las imágenes parecen mujeres comiéndose una polla en primer plano,
por eso la pregunta qué hace Diego no sorprende en absoluto al muchacho.
¿Quieres
chupármela?
Juanito
no esperaba esa pregunta tan directa. O quizás llevaba tiempo deseando que se
lo dijeran. Sin dudarlo acaba lanzándose hacia la entrepierna de Diego, coloca
una mano sobre el muslo y con la otra agarra la vibrante polla, le pega un
primer lametón.
Diego
se sorprende. El chico no muestra gesto de asco en su rostro. Al contrario
parece como si ese sabor salado le agradara.
En
la punta del cipote hay una gotas de precum que Juanito se esmera en recoger.
Se introduce todo el capullo en la boca y aspira. Después con todo ese rabo
humedecido y lleno de babas comienza a pasar la lengua como si se tratara de un
helado.
Juanito
abre la boca y ahueca la garganta, parece decidido al tragarse por completo el
nabo duro del guarda. Falla en sus pretensiones pues pese a intentarlo con
todas sus fuerzas solamente logra introducir la metitas de ese gordo y duro
nabo dentro de su boca.
Sin
embargo acaba ronroneando complacido. Es por ello por lo que Diego acaba dando
por sentado que ese chico no es la primera vez que se come una polla.
¿dónde
has aprendido a comer pollas de esta forma?- pregunta Diego alarmado
Juanito
sin sacarse ese duro y chorreante pollón de la boca lo mira complacido. Lleva
muchos años practicando.
Quizás
algún día se lo cuente todo, aunque prometió no hacerlo.
Ese
pequeño mamoncete ha adquirido una habilidad extraordinaria para controlar las
arcadas. No hay duda de que ha sido entrenado a conciencia.
La
polla del guarda está cada vez más dura, y Juanito sabe perfectamente que es lo
que va a suceder a continuación. Se aferra con las manos a los dos muslos
peludos del guarda rural y sigue chupando ese nabo.
Diego
comienza a gemir como loco. Las piernas se tensan y agarra la cabeza de
Juanito. Intenta apartar de su nabo esa boca que no deja de aspirar.
¡¡Joder
que gustazo, chaval!!
Acaba
soltando un grito de gusto que recorre toda la estancia. Es posible que se haya
oído en kilómetros a la redonda.
Los
primeros trallazos de semen han golpeado la garganta de Juanito y esa boca
glotona ha optado por engullirlos. Han sido al menos cinco o seis sacudidas,
cada una de ellas acompañada de ese jugo viscoso que a Juanito tanto le gustaba
engullir.
Wednesday, October 17, 2018
POR UNOS CALZONCILLOS (4)
Por pablo172696@gmail.com Continúa
del relato https://encuentrosyrelatos.blogspot.com/2018/10/por-unos-calzoncillos-3.html
-
Holaaa, qué pantaloncitos tan sexys... - oí detrás de mí - ¿Que no tienes
clase? - preguntó acercándose por detrás.
-
Es que ... me tengo que ir - respondí con la voz entrecortada.
-
¿Y eso? - preguntó a menos de 5 cm de mi oreja. - ¿No será por esto?.
En
ese momento me giré sorprendido y ella me enseñó su móvil. Temeroso miré la
pantalla, era la foto que Marta nos había hecho a Laura y a mí, pero con un
sutil detalle, estaba recortada y no aparecía Laura!!! En la imagen se me veía
desde la cara hasta los pies sentado en una silla de la escuela desnudo y con
una erección... quería morir allí mismo.
-
¿Qué piensas hacer con la foto? - dije intentando mantener la compostura, sin
demasiado éxito.
-
Eso depende de ti - respondió demasiado sonriente.
-
Haré lo que quieras pero bórrala, por favor - supliqué.
-
Eso no lo voy a hacer jajajajaja - respondió riéndose de mí.
-
Pero... has dicho que... - sin dejarme acabar me cortó.
-
He dicho que solo depende de ti, no que la vaya a borrar - dijo tajantemente.
-
Pues entonces que te den!! Si la compartes diré que es una foto trucada... -
dije enfadado.
-
Ya... en cuanto a eso - respondió mientras volvía a sacar su móvil y buscaba en
él.
-
Más fotos? Por favor... - dije a punto de irme, recordemos que mis pantalones se
iban rompiendo un poco cada vez.
-
Fotos no - respondió enseñándome de nuevo la pantalla de su móvil.
Apareció
un vídeo y le dio al play, al principio se veía un poco borroso y no sabía de
qué iba la cosa hasta que la imagen se enfocó, era un ángulo bajo, tomado desde
el suelo hacia arriba. No tardé mucho en reconocer el vídeo, era yo!!! En él
aparecía en clase sin pantalones, haciéndome una paja... (aunque realmente era
la mano de Laura, no lo parecía) y cómo en menos de 10 segundos empezaba a
correrme debajo de la mesa. Había sido Marta, habría puesto el móvil en el
suelo para poder grabarlo.
-
Esto también es un vídeo ... ¿trucado? - preguntó irónicamente mientras me
agarraba el paquete a través de los shorts que Laura me había dejado.
-
Lo es!!!! Esa no era mi ma.. - sin dejarme acabar me empezó a apretar los
huevos.
-
¿Sí?, ¿decías algo? - preguntó sin
soltármelos.
-
... No - logré balbucear.
-
Entonces vamos para clase, ¿no?, que ahora tenemos educación física - dijo
estirando el pantalón y haciendo que se rompiera un poco más. - oops perdona,
no sabía que se estaba rompiendo tu pantaloncín jajajaja.
-
Vale, pero para ya!! - le pedí para no acabar desnudo en la calle.
-
Pues vamos - me dijo mientras me daba un cachete en mi nalga derecha.
Ana
tenía algunas asignaturas pendientes del año pasado, como Carlos, así que
coincidíamos en educación física entre otras asignaturas. Eran las 10:10 cuando
entramos por la puerta de la escuela en dirección al gimnasio. Al entrar podías
subir por las escaleras hacia las clases o bien seguir recto hasta el gimnasio.
Justo antes de entrar a mano izquierda se encontraban los vestidores y duchas
de las chicas y a mano derecha las de los chicos. Como no tenía ropa para
cambiarme seguí recto hacia el gimnasio pero ella se detuvo.
-
¿Dónde vas? - me preguntó quedándose a las puertas de los vestidores.
-
Pues al gimnasio, como me has dicho... - respondí.
-
Aún quedan 20 minutos para que empiece... y yo tengo que cambiarme - dijo
señalándose la ropa.
-
Pues cámbiate, ¿te espero aquí? - pregunté esperando poder entrar con ella,
aunque no quería que fuera evidente.
-
Ni hablar, ¿y si te vas mientras me estoy cambiando?, entra - me exigió
mientras entraba.
-
Vale.. - dije conteniéndome la sonrisa, por fin había conseguido algo que
quería.
Entramos
al vestuario y la verdad es que era exactamente igual al nuestro, no sé por qué
me había imaginado que sería distinto. Olía muy bien, a mezcla entre champú y
perfume, no como el nuestro que olía a tigre. No era muy espacioso, tenía dos
bancos enfrentados y al final unas duchas compartidas, con un muro que separaba
los bancos de las duchas, aún y así se veían perfectamente las duchas del
fondo. Me imaginé a las chicas cambiándose desnudas y duchándose mientras se
miraban a las unas a las otras y se enjabonaban todas juntas, obviamente se me
puso morcillona al instante.
Ana
empezó a cambiarse, estaba girada así que podía mirarla sin tener que
disimular, se quitó la camiseta y se quedó en un sujetador rosa de encaje muy
sexy. No tenía mucho pecho pero era suficiente, siguió con los pantalones y
reveló un tanga negro que le hacía un culo perfecto. Se giró y me preguntó qué
narices estaba mirando. Al girarse sólo podía fijarme en cómo se le marcaban
los pezones en el sujetador, era hipnótico, bajé la vista hacia su conejito y
para mi desgracia no se le marcaba nada.
-
¿Que qué estás mirando? - me repitió.
-
Nada... - dije disimulando muy mal.
-
Ya claro...te gustan ¿mis pezones? - preguntó sensualmente mientras se los
acariciaba haciendo que se le notaran muchísimo más.
Yo
no encontraba palabras en ese momento, nunca había visto a una chica en ropa
interior y eso me superaba. Se acercaba lentamente a mí y se quedó delante.
Empezó a bajar una tira del sujetador mostrando su hombro desnudo, era lo más
sexy que había visto nunca. Continuó con el otro y lo bajó también, a
continuación bajó su sujetador hasta el ombligo revelando unas tetas pequeñas y
redondas con unos pezones erectos que miraban hacia mí. Aunque el sujetador
hacía que parecieran más grandes eran las primeras que veía en persona y no
estaba para quejarme.
Se
desabrochó el sujetador desde la cintura y lo dejó en la bolsa, para ello se
había inclinado hacia delante en forma de L dejándome ver todo su culo. Lo que
no esperaba es que también se quitara el tanga, muy lentamente y como si
estuviera bailando se fue bajando el tanga poco a poco, primero empecé a ver su
raja del culo y en un suspiro ya estaba viendo su conejito apretado entre nalga
y nalga. Se bajó del todo el tanga y lo guardó en su bolsa.
Cuando
se giró solo podía fijarme en su coño depilado y como de bien podía ver su
rajita. Me miró relamiéndose y se giró de nuevo, podía ver su culo desnudo,
estaba completamente desnuda!!!!!
Yo
aún no me creía lo que estaba viendo. Sacó unas braguitas negras de la bolsa y
se las puso... se acababa lo bueno, o eso pensaba yo. Se giró de nuevo y avanzó
hacia mí, no tenía ni idea de su próximo movimiento pero solo quería que no se
vistiera. Se detuvo delante mío y se inclinó hacia delante, ahora tenía su cara
a centímetros de mi polla. Con una mano empezó a acariciarme los huevos y con
la otra me acariciaba la polla. Llevaba un rato ya empalmado pero que me tocara
así hizo que se me pusiera durísima.
Entonces
se puso de rodillas y se me acercó poniendo su cara pegada a mi polla, no me lo
creía!!! Sacó la lengua y empezó a recorrer con ella toda mi polla erecta a
través del short, abrió la boca y empezó a comerme los huevos también, estaba
en el cielo. Con las manos empezó a bajarme los shorts, me senté un uno de los
bancos y me los quitó, me iba a hacer una mamada!!!! Mi primera mamada!!!!
-
Pues ya está - dijo mientras se levantaba, cogía los shorts y los guardaba en
su bolsa de deporte.
-
Qué?!?! - dije con el calentón encima.
-
Acaba tú si quieres pero las chicas están a punto de llegar - dijo haciéndose
la graciosa.
Era
cierto, estaba en el vestuario de las chicas desnudo y con una erección
tremenda... me acerqué a la puerta, la abrí y empecé a oír voces femeninas que
se acercaban.
-
Mierda... joder... ¿qué hago? - preguntaba sin esperar respuesta.
-
Tú verás jajajajajaja - dijo Ana riéndose.
-
No tiene gracia, dame los shorts!! - exigí sin siquiera cubrirme la erección.
-
Sí que la tiene jajajajaja mira cómo te has puesto - contestó mientras me
miraba y se reía.
Las
voces se oían mucho más cerca y lo único que se me ocurrió es esconderme detrás
del muro de las duchas, no era perfecto pero al menos no se iban a duchar es
ese momento. Segundos después estaban entrando todas.
-
Pero tía!!!! Que estás desnuda y tenías la puerta abierta - le dijo alguien a
Ana, quien seguía en topless.
-
Bueno... pues que miren jajajajaja - respondió.
-
Pero que guarrilla jajajajaja - respondieron algunas riendo.
-
Habéis visto a Pablo hoy? - preguntó Ana.
-
Siiii jajajajajaja vaya pantalones lleva, se le marca todo - respondieron.
-
La verdad es que con lo tímido que es pensaba que la tendría enana jajajaja -
comentaba Ana sabiendo que estaba allí escondido y lo oía todo.
-
Yo alguna vez he pensado en tirarle la caña jajajaja - dijo una voz que no
reconocí.
-
Yo creo que es gay - respondió Ana. Qué hija de puta pensé en ese momento. -
pero puedes intentarlo, no creo que tengas mucha competencia...
-
Hombre... viendo cómo se las gasta no lo tengo tan claro - respondió la misma
voz.
Poco
a poco fueron saliendo todas y ya no oía nada. Decidí esperar un poco por si
alguna rezagada llegaba más tarde pero nadie más apareció. Me asomé para echar
un vistazo y no vi a nadie. Salí de las duchas y me fui directo a la bolsa de
Ana esperando encontrar los shorts. Abrí la bolsa y allí estaban, pero había un
papel encima: "Si no haces la clase de gimnasia cuelgo el vídeo en Facebook
y Twitter". Cogí los shorts y me los puse, me extrañó que no se hubieran
roto después de todo, aunque eso sí, se me marcaba muchísimo la polla y las
nalgas...
Me
dirigí hacia la pista de deporte cuando pasaban 10 minutos de la hora marcada,
el profesor estaba en el centro de la pista y mis compañeros sentados en
círculo alrededor. Fui corriendo hacia el círculo y antes de sentarme el
profesor dijo:
-
Pablo... otra vez tarde...
-
Lo siento es que... - antes de acabar la frase me cortó y me mandó que me
quedara de pie. Ahora todo el mundo me estaba mirando y sabía dónde miraban.
-
Como se ve que no aprendes por las buenas lo probaremos por las malas, 10
vueltas a la pista - me ordenó.
No
podía negarme así que empecé a correr, y el profesor continuó explicando lo que
íbamos a hacer. Notaba algunas miradas de vez en cuando, sobre todo de chicas,
lo que me hizo volver a tenerla morcillona pero por si no fuera suficiente
empecé a notar que el pantalón se rasgaba cada vez más, no quedarían ni 5 cm de
tela aguantando los shorts. Llevaba 6 vueltas y la raja cada vez era más
grande, también notaba como los shorts me apretaban cada vez menos de ese lado,
lo que no era un buen síntoma. En la última vuelta noté que estaban a punto de
romperse... no me lo podía creer estaba a punto de quedarme desnudo delante de
toda la clase.
-
Bien, es suficiente - me gritó el profesor.
Respiré
aliviado por no haberlos roto. Ahora mi plan consistía en fingir que me
encontraba mal e irme tan rápido como fuera posible de allí (y encontrar unos
pantalones). Me dirigí hacia el centro pero cuando estaba a punto de decirle al
profesor que no me encontraba bien empezó a hablar.
-
Hoy vamos a trabajar el equilibrio, quiero que os pongáis por parejas y
mientras uno hace el pino el otro le ayuda y vigila que no se haga daño. -
Pablo, ven, vas a servir de ejemplo.
Mierda,
no me lo podía creer. Lo último que quería era aquello.
-
Perdone pero es que no me encuentro bien... - le dije poniendo cara de dolor.
-
Silencio, has corrido 10 vueltas sin quejarte, así que acércate - respondió
autoritario - ¿algún voluntario más?
-
Yo - dijo Ana mientras se levantaba.
-
Acércate y ponte detrás de él - dijo el profesor haciendo hueco alrededor
nuestro.
-
Bien Pablo, ya sabes, pones las manos en el suelo y Ana te ayuda a levantar los
pies. - dijo muy serio.
Sabía
que cuanto más tiempo tardara en decidirme peor podría acabar. Puse las manos
en el suelo y Ana me cogió de los pies, los levantó y me puso boca abajo, con
los pantaloncitos a punto de romperse.
-
Bien, seguid así, en un minuto vuelvo - y vi como el profesor salía de la
pista.
Oí
algunas risas y no entendía el motivo.
-
Qué sexy!!! - oí de fondo.
-
Vaya paquetón jajajaja- respondía otra voz femenina.
Ana
estaba muy cerca de mí y señalaba hacia mis pantalones, mientras yo seguía boca
abajo y no veía bien lo que pasaba. Estaba señalando hacia mi polla, que se
podía notar a través de los shorts cuando sucedió lo inevitable. Noté como la
tela se rajaba del todo. Vi caer los shorts al suelo mientras yo seguía
haciendo el pino. Ya no oía nada, silencio absoluto.
Me
desequilibré y caí hacia adelante, amortiguando la caída con los pies y dejando
las piernas completamente abiertas, estaba enseñándoselo todo a todos!!!!
Todo
el mundo empezó a reír de golpe mientras señalaban mi polla, la cual ya no
estaba morcillona sino erecta. Intenté levantarme pero Ana me echó al suelo de
nuevo, alargando la humillación aún más, y empezó a darle manotazos a mi polla
haciendo que fuera de izquierda a derecha. Al final logré levantarme y salir
corriendo, de fondo escuchaba comentarios como "ay pobre!!!" o
"joder, qué grande".
Llegué
a los vestuarios de los chicos y busqué como loco algo que ponerme. Encontré
unos tejanos que me iban bien y me los puse. Salí de la escuela tan rápido como
pude y volví corriendo a casa.
Si
bien hubiera preferido no volver a la escuela, acabé haciéndolo, los primeros
días todo eran bromas o comentarios lo que hizo que no se hablara de otra cosa,
algunas chicas se habían acercado para decirme que sentían lo que me pasó y
algunas otras me sonreían más de lo habitual, pero aunque lo pasé mal en el
momento la verdad es que lo había disfrutado mucho.
Esta
fue mi última experiencia en la escuela siendo desnudado por lo tanto esta
"serie" de relatos acaba aquí, si bien es cierto que las
"aventuras" continúan pero no en la escuela.
FINAL.
El Fin del Mundo (5)
Por
Lorena y Mario
Finalmente
quedamos a cenar con Pedro y Eva. Un acuerdo secreto entre las chicas hizo que
aquello acabara como tenía que acabar.
Un
pequeño cambio de planes de última hora nos citó directamente en casa de Pedro
y Eva. Hacía bastante frío en la calle y nos saltamos la ronda en el bar
como aperitivo de la cena.
-Adelante,
bienvenidos a nuestra noche sin niños – dijo Pedro al abrirnos la puerta.
-¡Qué
calentito se está aquí! – Lorena se frotó las manos y comenzó a quitarse el
abrigo.
-Eva
saldrá en un momento, se está terminando de vestir.
-Vaya,
apurando hasta el último momento – se me ocurrió decir.
-La
verdad es que la he visto tan guapa con el vestido puesto que no he podido
evitar atacar. Y no te creas que me ha dicho que no, ¿eh?.
-Empezamos
bien – dije entre risas.
-Darme
los abrigos y sentaros en el sofá. O si lo preferís en vuestro sillón favorito
– Pedro nos guiñó un ojo sonriente y desapareció por el pasillo con los
abrigos.
La
temperatura estaba alta. No sólo la de la casa, sino también la sexual.
Lorena
y yo nos miramos buscando complicidad mutua y nos sentamos en el sofá.
-Te
juro que Eva me ha dicho que no iba a pasar nada de nada – intentó excusarse.
-Ya.
Espero que éstos no vayan a saco. Si en algún momento no estamos a gusto, nos
vamos. ¿Vale?
-Sí,
sí – me dijo mientras nos cogimos de las manos.
Al
momento apareció y nos levantamos para darla dos besos.
-Disculpar
que no haya salido antes.
-No
te preocupes.
-Va
el gilipollas y no se le ocurre otra cosa que correrse encima de mi vestido –
dijo realmente enfadada.
-¿Queréis
todos vino? – preguntó Pedro camino de la cocina, como si con él no fuera el
comentario de Eva.
-Me
he tenido que poner otro deprisa y corriendo. ¡Será imbécil!
-Pues
estás muy guapa – dije intentando dar ánimos y calmar la tensión del ambiente.
-Gracias.
Venga sí, vamos a tomar algo – Eva suspiró como intentando coger fuerzas – voy
a por unas copas.
Pedro
nos invitó a sentarnos. La mesa estaba preparada con varios platos a base de
verduras principalmente y una buena ración de jamón ibérico. Eva trajo un par
de copas que faltaban y una botella de Albariño ya abierta.
El
hablar del colegio, del exceso de deberes de los niños y cosas así, ayudó a que
el enfado de Eva se fuera pasando poco a poco.
A
pesar de que Eva hubiera preferido estar con otra ropa, a mí me parecía que estaba
guapísima. Llevaba un vestido discreto, de color malva, que llegaba hasta las
rodillas. No era muy ceñido pero se adivinaban perfectamente sus curvas. Es un
poco más alta que mi mujer, con algo menos de cadera y de pecho. La gran
diferencia es su melena negra y larga. Debajo del vestido llevaba unas medias
de rejilla. Me encantan esas medias, no lo puedo evitar, y cada vez que tenía
la ocasión aprovechaba para disfrutar de sus piernas con la mirada.
Mi
mujer también estaba muy guapa, por supuesto. Llevaba una minifalda de color
negro y un jersey beige de cuello alto. Pero lo mejor no estaba a la vista.
Debajo llevaba puesto el corsé y las medias que se había comprado esa misma
tarde y con el que habíamos echado un magnífico polvo apenas un par de horas
antes. Pensar que debajo llevaba ese conjunto tan sexy me aceleraba el corazón.
Eso sí, ahora llevaba puesto un escaso tanga negro.
Pedro
es el más alto de los cuatro. A pesar de tener un poco de barriguita no se
conserva mal. Presume de que hace deporte dos o tres veces por semana, pero lo
que gasta jugando al pádel lo recupera con las cervezas y los pinchos que se
toma después. Le gusta ser protagonista en las conversaciones y hacer
comentarios o chistes picantes en cuanto ve la ocasión.
Cuando
estábamos acabando de disfrutar de las berenjenas asadas con jamón, tomate y
huevo de codorniz, de las tiras de calabacín con anchoa y de las alcachofas a
la plancha, Pedro me invitó a acompañarle a la cocina a por el plato principal.
-¿Qué
habéis preparado?
-Bacalao
con gulas envuelto en hojaldre. ¿Lo habéis probado alguna vez?
-No,
creo que no – dije mientras Pedro abría la puerta del horno – Tiene muy buena
pinta.
-Por
lo que veo, hoy vais a probar varias cosas nuevas, ¿no?
-¿Lo
dices por el bacalao? – dije sin poder evitar una sonrisa.
-Sabes
que no.
Pedro
se divertía con la conversación mientras comenzaba a emplatar.
-Es
una suposición, ¿vale?. ¿No te gustaría echar un buen polvo a mi mujer? – Me
soltó Pedro sin inmutarse.
-Hombre…
Sí… claro. Entiendo que tú a la mía también, ¿no?
-Tu
mujer es muy atractiva y creo que en ella se ha despertado algo que tenía muy
dormido. Átala en corto si no quieres que se desmadre.
La
seriedad en sus palabras me dejó un poco desconcertado. Por un lado el tema del
intercambio de parejas me provocó a la vez temor y excitación. Y además, eso de
“átala en corto” me hizo pensar. Es cierto que mi mujer se sentía más activa
sexualmente, pero no me la podía imaginar enrollándose con cualquiera que
encontrara por ahí. Incluso no me la podía imaginar liándose con Pedro.
Volvimos
al salón cuando las chicas estaban haciendo un brindis.
-¿Brindáis
por nosotros? – preguntó Pedro mientras servía los platos a las chicas.
-Brindamos
por el grupo – respondió Eva, lo que provocó que las dos comenzaran a reír a
carcajadas.
-¿Qué
nos hemos perdido? – dije mientras tomaba asiento.
-Nada,
nada. Cosas de mujeres – respondió mi mujer un poco sofocada.
Estaba
claro que el vino iba haciendo efecto en el ánimo de todos, especialmente en el
de ellas.
-Ahora
hagamos un brindis porque el mundo sigue – Mi mujer alzó la copa hacia el
centro de la mesa – y porque ha comenzado una nueva era.
-¡Viva
la nueva era! – dijo Eva mientras las copas sonaban al chocar unas contra
otras.
El
ver a mi mujer con esa complicidad con Eva aumentó mi inquietud. Pedro las
miraba divertido, sin decir nada, disfrutando de las risas y el cachondeo
secreto que se traían las dos. ¿Sería el primer momento en el que tuviera que
atar en corto a mi mujer?
En
mi imaginación, en varias ocasiones, habíamos hecho intercambiado de parejas. A
veces juntos, a veces cada dos por separado. Me excitaba pensar en ello, me
divertía. Pero en ese momento sentí por primera vez que ese intercambio podía
hacerse realidad. Y esa sensación era diferente. Era extraña. Excitante por
pensar que podía estar con otra mujer, pero preocupado por las consecuencias
que pudiera tener en nuestra relación de pareja. Sentí miedo.
-El
bacalao está buenísimo – dije intentando hablar de algo que me ayudara a
tranquilizarme.
-¡Aquí
todos estamos para comernos! – dijo Eva antes de acercarse a la mejilla de su
marido a darle un mordisco.
-Tranquila,
luego me lo comes todo, cada cosa a su tiempo… - Pedro se la quitó de encima
exagerando los gestos - ¿Alguien quiere repetir?
Ante
la negativa de todos, Eva y Lorena cogieron los platos vacíos y los llevaron a
la cocina.
-A
éstas no se las puede dar más alcohol, ¿eh?
-No
sé qué las pasa, pero están muy graciosas – dijo Pedro sonriente.
-Tienen
un cachondeito encima…
-¿Tú
no eres muy goloso, no?
-No,
no mucho – me sorprendió el cambio de tema.
-Eva
ha hecho una tarta de tres chocolates que está de muerte. Pero si te apetece
otra cosa…
-Por
supuesto que no. Me comeré un trocito, claro. Si está tan buena como dices
habrá que probarla.
-Trae
unos platos pequeños – gritó Eva desde la cocina.
Pedro
se levantó hacia el mueble del salón y de la parte baja de una vitrina sacó 4
platos pequeños que llevó a la cocina.
En
ese momento que estuve solo intenté aclarar mis ideas. “Habíamos venido a
pasarlo bien”, “no iba a pasar nada que no quisiéramos que pasara”, “íbamos a
estar siempre juntos…”.
La
llegada de Pedro me sacó de mis pensamientos.
-¿Vas
a tomar café?
-Un
cortado.
-¿Un
chupito? ¿Un pelotis?
-Venga,
un chupito de hierbas – Dije intentando disimular que no me apetecía demasiado.
En
seguida volvieron los tres. Las chicas con los platos de tarta y Pedro con una
botella congelada de orujo de hierbas casero y dos vasos de chupito.
La
tarta con sus tres capas de diferentes chocolates estaba buenísima y no muy
empalagosa. Pero a mí me gustó más el orujo de hierbas. No estaba muy fuerte y
tenía mucho sabor.
-Por
la noche sin niños – dijo Pedro levantando su pequeño vaso antes de beberse
todo el contenido de un trago - ¿Queréis que os cuente qué ha pasado con el
vestido de Eva?
-Sabes
que ésta me la vas a pagar – amenazó muy seria Eva.
-Tampoco
será para tanto, ¿no? – dije realmente incrédulo de tanta molestia.
-Si
vieras como me queda el vestido no dirías lo mismo.
-Pues
póntelo.
-Si
no fuera…
-Esperar,
esperar – cortó Pedro a su mujer – os voy a contar lo que ha pasado: Mientras
yo terminaba de poner la mesa y acabar con la preparación de los entrantes, Eva
se ha ido a cambiar de ropa. Cuando he dejado todo listo, he cogido un par de
copas de vino, he abierto una botella de Albariño y he ido a la habitación. ¿Y
qué me he encontrado? A esta preciosidad con un vestido espectacular. Estaba
preciosa, guapísima. No he podido evitar abrazarla por detrás mientras se
estaba mirando en el espejo del baño…
-Vale,
vale – interrumpió Eva – Ya todo el mundo sabe lo que ha pasado. No hace falta
que te recrees.
-Pensándolo
bien creo que ese vestido era demasiado atrevido para una velada como esta.
-¿Entonces
lo has hecho a propósito para que me cambiara?
-La
verdad es que no. En ese momento no, pero ahora que lo pienso…
-Estás
mal – Eva se levantó seria, cogió de la mano a mi mujer y casi la arrastró
hacia su habitación – Voy a ponérmelo, a ver si os parece adecuado o no.
-No
puedo con ella – me dijo suspirando – cuando se le mete algo en la cabeza…
De
nuevo la tirantez entre Eva y Pedro me hizo incomodarme un poco.
Mientras
esperábamos la llegada de las chicas Pedro me explicó el origen del orujo de
hierbas y otros licores que sacó del armario. No parecía en absoluto molesto o
preocupado por las amenazas de Eva. Eso y el oír a las chicas reírse al otro
lado del pasillo me tranquilizó.
Al
rato apareció Lorena por el pasillo y de forma exageradamente teatral se
atrevió a presentar a su amiga.
-Con
todos ustedeeees… Evaaaaa… con su bonito y manchado vestido negroooooo…
¡¡¡Tachán!!!
Eva
salió como si de un desfile de moda se tratara, intentando simular los pasos de
las grandes modelos de pasarela. Con el vestido negro y los tacones de aguja
estaba espléndida.
Todos
aplaudimos su valentía y sobre todo su belleza. El vestido era muy ajustado,
tanto que se notaban perfectamente los rombos de las medias de rejilla en las
piernas y las caderas. Pero no sólo eso, también se notaban esos rombos en los
pechos. Al fijarme en ello sentí un escalofrío. Eva llevaba debajo un conjunto
de rejilla desde los pies hasta los pechos. ¡¡¡Puff!!!! ¡Qué calentón!
Lorena
miró detrás del vestido e hizo un exagerado gesto como de asombro mientras se
reía. Eva hacía que se iba a girar, pero no, volvía a ponerse de frente a
nosotros, como avergonzada. Evidentemente la famosa mancha del vestido estaba
en la parte de la espalda.
Eva
saludó levemente como si hubiera acabado su función y caminando hacia atrás
desapareció por el pasillo. Lorena se fue tras ella aplaudiendo y riendo.
-No
me extraña que no hayas podido aguantarte. ¡El vestidito la sienta fenomenal!
-Como
tengo la costumbre de correrme encima de ella, no me he dado cuenta del vestido
y cuando ha llegado el momento… ¡Hala! ¡Todo directo al vestido! Y justo en ese
momento de tensión habéis llamado al telefonillo. Yo me he vestido corriendo
para abriros y Eva ha decidido cambiar de vestido. Ha sido divertido – dijo
sonriente y orgulloso.
Lorena
entró al salón con dos velas en la mano y las dejó sobre la mesa.
-Encenderlas
y apagar la luz. Tenemos una sorpresa para vosotros.
-Me
gustaaaaaaaaa… - dijo Pedro frotándose las manos mientras salía disparado hacia
la cocina.
Solo
de nuevo pensé en lo bien que se lo estaba pasando mi mujer. Realmente estaba a
gusto, estaba disfrutando de la velada y eso me hacía sentirme bien.
Pedro
obedeció. Encendió las velas y apagó la luz.
-¡¡Ya
estamos liiiistoooos!! - gritamos invitando a que vinieran.
La
luz que llegaba de la habitación de Pedro y Eva se apagó. Ahora sólo las velas
iluminaban tenuamente el salón, pero lo suficiente como para ver con cierta
claridad lo que rodeaba a la mesa.
-¡Cerrar
los ojos! – dijo Eva mientras se la intuía acercarse por el pasillo - ¿ya los
habéis cerrado?
Pedro
obedeció al instante. No sólo cerró los ojos sino que puso sus manos sobre
ellos. Yo, sin estar convencido, también los cerré.
-¡Ojos
cerrados!
-Muy
bien. Aguantar así hasta que os digamos – ordenó Eva.
No
pude evitarlo y abrí ligeramente un ojo, lo suficiente para ver a mi mujer vestida
únicamente con el corsé, las medias y el tanga acercarse a la mesa y apagar una
de las velas. Mi corazón empezó a palpitar con rapidez, cerré los ojos e
intenté tranquilizarme.
Alguien,
supongo que Eva, puso música lenta. ¿Qué estaban tramando?
-¿Estáis
listos? – preguntó Eva.
-Síiii
– contestamos al unísono.
-Ya
podéis abrir los ojos.
La
visión fue espectacular. Casi me quedé sin respiración.
Las
dos estaban en mitad del salón, con las manos sobre las caderas, exhibiendo sus
cuerpos con una amplia sonrisa. No pude evitar fijarme detenidamente en Eva.
Llevaba unas medias de rejilla que continuaban hasta cubrir sus pechos. La
malla tenía un amplio agujero desde su ombligo hacia abajo que dejaba ver su
tanga negro con una tela tan transparente que se podía apreciar una estrecha
franja de pelo púbico. Más arriba, y debajo de la malla de rejilla, la tela
negra transparente del sujetador permitía ver los pezones de nuestra
anfitriona.
-¿Os
gustan nuestras compras de hoy? – preguntó Eva de forma sugerente – Es un
regalo para vosotros.
-¡Guapísimas!
¡Divinas! – Pedro aplaudía como loco.
La
verdad es que me quedé impactado. Primero por ver a mi mujer tan desinhibida y
segundo por ver a Eva prácticamente desnuda y tan provocadora.
-Ahora
a bailar – Dijo Lorena mientras me estiraba del brazo para levantarme de la
silla - Vamos, vosotros también.
Lorena
se pegó a mí al compás de la suave melodía.
-¿Qué
te parece el conjunto de Eva? – me preguntó Lorena.
-Estáis
las dos estupendas. Nos habéis dejado sin palabras.
Casi
sin dejar que terminara de hablar se lanzó a besar mi boca. Balanceándonos
levemente al ritmo de la música comenzamos a darnos un morreo cada vez con más
fuerza. Abrí los ojos para ver lo que hacía la otra pareja, pero no pude
verlos. Volví a cerrar los ojos y a disfrutar del apasionado beso que me estaba
dando Lorena. Deslicé mis manos desde la cintura a los desnudos cachetes del
culo y la apreté hacia mí. Mi mujer reaccionó cogiéndome la cara con las dos
manos y metiéndome la lengua todo lo que podía. Estaba muy excitada y me estaba
contagiando.
-Estoy
muy cachonda.
-Ya
te veo, ya.
-Quiero
follar ahora mismo.
-¿Estás
segura?
Lorena
se separó lo suficiente como para desabrochar la hebilla de mi correa y los
botones del pantalón. Volvió a besarme mientras sacaba mi miembro, ya erecto.
Dejé los miedos a un lado y dirigí mi mano derecha a su pubis. Suspiró solo con
rozarla. Primero la acaricié por encima del tanga dos o tres veces y en seguida
lo aparté para llegar a su clítoris sin ningún obstáculo. Al sentir mis dedos
no pudo evitar soltar un gemido de placer y aumentó el ritmo de la mano con la
que me estaba masturbando.
-Estás
súper húmeda – la dije mientras introducía dos dedos en su sexo con enorme
facilidad.
Al
sentirla tan cachonda comencé a follarla con los dedos. Los gemidos fueron
ganando volumen hasta que un pequeño grito de Eva nos hizo parar. Miramos hacia
el sofá y vimos a Pedro con los pantalones por los tobillos bombeando el culo
de Eva que estaba de rodillas sobre el sofá mirando a la pared.
El
espectáculo nos dejó paralizados por momentos. El sonido de los cuerpos al
chocarse y los gemidos de Eva llenaban el oscuro salón.
Sin
dejar de mirarlos Lorena me empujó hasta dejarme caer sobre el sillón. Nuestro
sillón. Se puso de espaldas y se sentó sobre mi introduciéndose mi pene hasta
el fondo. Disfrutando del espectáculo que nos brindaban nuestros amigos mi
mujer comenzó a subir y bajar sobre mí. Lentamente.
Poco
a poco deslicé mi espalda hacia abajo en el sillón para facilitar a Lorena sus
movimientos. Ella reaccionó subiendo tanto que casi sacaba todo el pene de su
agujero, para luego volver a introducirlo totalmente. Y vuelta a empezar.
La
situación era más que excitante. Mientras veía a Pedro penetrar una y otra vez
a su mujer, yo disfrutaba del grandioso culo de Lorena que subía y bajaba, con
lentitud pero con determinación.
Para
sentir más adentro mi pene, Lorena balanceó su cuerpo hacia delante. En esta
posición podía ver perfectamente como mi miembro entraba y salía de su cueva,
mientras oía los gemidos de Eva cada vez más intensos.
La
excitación era brutal y me corrí dentro de Lorena. Ella, al sentir el calor de
mis fluidos, paró un poco el ritmo, sin detenerse. A pesar de que me ardía la
polla enormemente moví suavemente las caderas de Lorena arriba y abajo
invitándola a seguir, y así lo hizo. Sentía que el capullo me iba a estallar,
en una mezcla de placer y dolor tras la eyaculación. Lorena comenzó a acelerar
el ritmo en busca de su orgasmo mientras veía como caía por mi pene el flujo blanco
de mi corrida cada vez que alzaba su culo.
Sin
poder aguantar la presión que en mi capullo provocaba esa postura la detuve.
-¿No
puedes seguir? – me preguntó un poco ansiosa mientras se frotaba el clítoris.
-Sabes
que en esta postura no puedo aguantar mucho – intenté excusarme.
Lorena
se acomodó sobre mis piernas y se apoyó sobre mi pecho. Volvimos a mirar a
Pedro y Eva y nos sorprendió ver la nueva postura en la que se encontraban.
Eva, de espaldas a nosotros y arrodillada sobre el sofá estaba haciendo una
mamada a su marido, que reposaba medio sentado, medio tumbado.
Eva
se dio cuenta de que estábamos mirando y sin dejar de masturbar la polla de su
marido dirigió la mirada hacia nosotros.
-¿Quieres
probar? – preguntó a Lorena.
Lorena
giró su cabeza hacia mí.
-¿Te
parece bien? – me dijo.
-Si
tú quieres, adelante – dije entre sorprendido por la seguridad de Lorena y
excitado por la situación.
Lorena
me dio un pico y chorreando por la entrepierna se puso enfrente de Pedro. Se
arrodilló en el suelo y acercó su boca a su pene erecto y húmedo.
Fue
un momento impactante. Muy impactante. Mi mujer estaba haciendo una felación a
otro hombre delante de mí como si nada…
Sentí
un escalofrío y mi corazón se aceleró.
Respiré
profundamente y me quedé con la sensación de estar viviendo una situación muy
excitante. Las dos mujeres se alternaban en masturbar y saborear el miembro de
Pedro. Cuando le tocaba a Lorena, Eva giraba la cabeza hacia mí. No sé si para
ver mi reacción o para invitarme a unirme al grupo de alguna manera. Al mirarme
movía sus caderas cubiertas por las medias de malla y despojadas del tanga. En
esa postura me mostraba claramente sus húmedos agujeros. Era una provocación en
toda regla.
Lorena
no me miró en ningún momento, concentrada como estaba en su nueva labor. Aún
estaba vestida con su corsé y con su tanga empapado. Se reía divertida cuando
decidían darse el relevo, hasta que el aguante de Pedro llegó al límite. En ese
momento se hizo con la situación Eva. Comenzó a agitar su mano con determinación
mientras acercaba su boca al capullo para recibir el semen de su marido. Pedro
gimió por primera vez y eyaculó. Eva se dedicó por un momento a limpiar esa
polla afortunada a base de lametones mientras Lorena miraba embelesada.
La
pareja se puso cómoda sentándose en el sofá. Lorena no lo dudó ni un segundo y
se puso junto a Eva, arrimándose a ella como dándola un abrazo lateral. Sabía
que mi mujer estaba muy caliente. La corté cuando estaba a punto de llegar al
orgasmo unos minutos antes y el chupársela a Pedro tuvo que añadirla más
calentura si cabe.
Lorena
me miró y me hizo una seña para que me sentara a su lado. Y allí fui. Me
recibió con un húmedo beso, con su lengua juguetona buscando en mi boca la
pasión que necesitaba. Giró el cuerpo hacia mí, acomodándose. Estaba realmente
excitada. Se olvidó por completo de las dos personas que tenía a su espalda y
dirigió su mano hacia mi entrepierna. Mientras me entregaba su lengua y sus
labios húmedos comenzó a masturbarme. Yo ya había reaccionado lo suficiente como
para que hiciera lo que tanto estaba deseando. Enseguida se sentó sobre mí con
determinación, me la agarró y la apuntó hacia su cueva empapada, apartando el
tanga. De un golpe la metió dentro, gimió y volvió a buscar mi boca. Sus
caderas comenzaron un vaivén hacia delante y hacia atrás maravilloso. Mi mujer
estaba loca de pasión. Los gemidos de placer la impedían besarme con
normalidad. Aumentó la presión de sus caderas sobre y mi y llegó a un orgasmo
maravilloso.
Se
quedó abrazada a mi durante unos instantes mientras bajaba las pulsaciones con
profundas respiraciones.
-Voy
a por unos cubatas – dijo Pedro mientras se levantaba del sofá.
Lorena
volvió a sentarse entre Eva y yo.
-Te
has quedado a gustito, ¿eh? – dijo Eva mientras le quitaba el pelo de la cara.
-Necesitaba
un buen rabo.
-El
de Pedro no te gusta ¿o qué?
-Sí,
mucho – y las dos se echaron a reír como si fueran unas niñas pequeñas que
acababan de hacer una trastada.
Lorena
me miró y me besó en los labios. Estaba emocionada.
-No
me lo creo – me dijo.
-¿Estás
bien?
-Sí,
muy bien –me respondió – ¿y tú?
-Muy
bien, también.
-Y
muy empalmado también – añadió Eva.
-Ahora
te toca a ti – dijo Lorena mientras se lanzaba a chupar mi capullo.
Jamás
me había hecho sexo oral después de un polvo. Y fue algo inolvidable, no sólo
por verla ahí recostada sobre mi entrepierna, sino porque Eva se apuntó al
trabajo.
Y
así nos pilló Pedro cuando llegó con una bandeja con vasos, hielo y refrescos,
pero ni se inmutó. Con dificultades debido a la escasez de luz sacó unas
botellas de whisky, ron y ginebra de un armario y comenzó a llenar los vasos de
hielo.
Me
sentía muy muy afortunado por estar recibiendo tanto placer de esas dos
bellezas. Estaba disfrutando enormemente. Sentía con gusto cada lamida, cada
caricia… Disfrutaba al máximo al sentir como mi capullo entraba en una de las
bocas y luego en la otra. Recibir una felación es maravilloso. Recibir una
felación de dos mujeres a la vez es apoteósico.
Eva
y Lorena se divertían haciendo el mismo juego de alternarse que habían hecho
con Pedro. Lorena, por la postura en la que estaba, se mantenía siempre de
espaldas a mí. Eva, sin embargo, me miraba sonriente cuando la tocaba
descansar. Incluso me lanzaba algún besito provocador. Cuando era su turno no
la podía ver bien porque me tapaba la cabeza de mi mujer. Eva metía en su boca
gran parte de mi polla para luego sacarla lentamente. Lorena prefería jugar con
sus labios y su lengua en mi capullo. Ambas maneras de darme placer eran
simplemente maravillosas.
Lorena,
cansada de la postura que tenía, comenzó a masturbarme con energía mientras Eva
jugueteaba con su lengua intentando rozar mi ardiente capullo. El orgasmo llegó
por fin entre retortijones y gemidos. A la vez que mi mujer movía su mano
arriba y abajo con suavidad noté como la boca de Eva volvía a lamer las pruebas
del placer que me habían dado.
Me
sentí en la gloria.
Lorena
se sentó a mi lado a la vez que Pedro dejaba los vasos de los cubatas en la
mesa baja del salón. Eva se puso de pie, dio un pico a su marido y salió
por el pasillo. Al verla Lorena se fue tras ella con prisa para alcanzarla.
-¿Qué
tal la experiencia? – me preguntó Pedro mientras me sugería hacer una brindis
con los cubatas.
-Bien,
muy bien – dije sin evitar sonreír – ha sido una pasada.
-Recupera
fuerzas porque la noche no ha hecho nada más que comenzar.
-No,
no. Nos tomamos la copa y nos vamos.
Me
puse de pie para subirme los pantalones con mayor comodidad mientras Pedro se
llevó a la cocina lo que quedaba en la mesa del comedor. Me recosté en el sofá
y cerré los ojos durante un rato, disfrutando de ese momento de soledad y
saboreando el placer de lo recién vivido.
Cuando
abrí los ojos la luz de la cocina estaba apagada y Pedro no estaba en el salón.
No se oía nada.
Me
quedé sentado durante un rato, dando pequeños sorbos al cubata esperando a que
alguien apareciera en el salón en cualquier momento. Oí la cadena del baño un
par de veces pero nadie llegaba. También algún grifo que se abría y al rato se
cerraba. Empecé a tener la sensación de estar perdiéndome algo.
Sin
hacer ruido me acerqué a la puerta del salón y me asomé discretamente por el
pasillo. Aguanté un momento a ver si mis ojos eran capaces de distinguir algo
en la oscuridad.
Nada,
no se veía a nadie.
Me
di la vuelta y fui hasta la cocina. Ni en la cocina ni en el salón había nadie.
Volví a dirigirme hacia el pasillo. Un poco más adelante, a la derecha, había
un baño. Me asomé por la puerta y pude comprobar que estaba vacío gracias a una
pequeña luz led que emitía un cargador.
Me
empecé a angustiar.
Avancé
por el pasillo hasta el final, donde se encontraban las tres puertas de las
habitaciones. La única que se encontraba abierta era la del dormitorio de Pedro
y Eva, pero el interior estaba totalmente a oscuras. Me quedé quieto, cerca de
la puerta a ver si oía algo.
Enseguida
escuché ruidos que venían del interior del cuarto de baño de la habitación,
pero no podía identificar de qué se trataba. Hasta que alguien giró el pomo y
abrió la puerta. La claridad que salió del cuarto de baño iluminó toda la
habitación y pude ver claramente lo que estaba pasando. Eva era la que salía
del baño mientras Pedro y mi mujer estaban de pie al fondo de la habitación
besándose. Mi mujer tenía el corsé completamente abierto, a modo de chaleco,
con una mano de Pedro dentro de él. Seguía con el tanga y las medias puestas
pero Pedro estaba completamente desnudo y empalmado.
Eva
se dirigió a ellos susurrando:
-Pasarlo
bien – dijo mientras se giraba en busca del interruptor de la luz.
-Ahora
vamos – susurró mi mujer antes de que su boca buscara la de Pedro.
Se
apagó la luz y sentí como con cierta dificultad Eva encontró la puerta de la
habitación y avanzó por el pasillo sin darse cuenta de mi presencia.
Ahí
me quedé durante un instante, agachado y pegado a la pared.
Cogí
aire y fui hacia el salón. En ese momento salió Eva de buscarme en la cocina.
Seguía únicamente vestida con esas medias de malla que llegaban hasta cubrir
sus pechos. Sin nada debajo.
-¿Dónde
estabas? – me preguntó susurrando.
-¿Por
qué susurras? – susurré siguiendo el juego.
-Para
no despertar a los vecinos.
Se
acercó hacia mí, me cogió por la cintura y juntó sus labios a los míos
sutilmente.
-¿Te
lo estás pasando bien?
-¿Y
Lorena?
-Lorena
y yo hemos decidido estar un rato en lugares separados. ¿Qué te parece?
Me
sentí sin escapatoria. Y nervioso.
-¿Y
qué más habéis decidido Lorena y tú?
-Nada
más.
-¿No?
– dije extrañado.
-No.
¿Qué te gustaría que hiciéramos?
-Lo
que estén haciendo ellos.
Sin
decir nada Eva me besó buscando mi lengua con la suya. Por supuesto no puse
ningún impedimento, más bien todo lo contrario, y dejé que nuestros labios y
nuestras lenguas juguetearan libremente.
Mientras
nos besábamos cálidamente comencé a ser consciente de la situación. Mis manos
acariciaban las caderas de Eva sintiendo la malla que la cubría. Sabía que
estaba desnuda y que un agujero dejaba al aire su entrepierna. Ella se aferraba
a mi pudiendo sentir perfectamente sus pechos sobre el mío.
-Creo
que tienes mucha ropa, ¿no crees?
Sin
perder la vista de sus ojos comencé a desabrocharme la camisa. Ella, sin dejar
de mirarme me desabrochó el cinturón y los botones del pantalón.
Lancé
la camisa sobre el sillón y volvimos a besarnos. Ahora podía sentir sobre mi
piel los pechos de Eva atrapados en la malla. Al mismo tiempo mis manos se
deslizaban libremente de las caderas al culo siguiendo los rombos de la
lencería.
-Creo
que sigues con mucha ropa – me susurró en el oído antes de separarse de mí.
Eva,
al darme la espalda, me dejó contemplar claramente el agujero que dejaba ver
parte de su culo al desnudo. Antes de llegar al sofá se volvió a girar,
mostrando ahora sus pechos enmallados y su pubis desnudo.
De
una forma muy provocadora se sentó en el borde del sofá y abrió sus piernas
mostrándomelo todo.
-¿Vas
a desnudarte o no? – dijo mostrándome el envase de un preservativo.
Lentamente
me descalcé y dejé caer al suelo mi pantalón. Quería disfrutar del espectáculo
que me ofrecía Eva con sus puertas abiertas y sus pezones intentando salir de
su cárcel de malla. Su orificio estaba abierto, llamándome a gritos.
Ya
desnudo me acerqué lentamente a Eva, completamente empalmado. Ella se echó para
atrás, acomodándose en el sofá, mientras me sentaba a su lado.
De
nuevo nuestras bocas se juntaron, en un beso cada vez más acalorado. Eva puso
la mano sobre mi muslo y empezó a subirla por la pierna lentamente. Yo, de
acariciar su brazo pasé a uno de sus pechos. Fue divertido juguetear con el
pezón que salía erguido por uno de los agujeros de la malla.
Mientras
acariciaba sus pechos, Eva comenzó a juguetear con mi miembro. Primero arriba y
abajo y luego se entretuvo frotando con sus dedos mi capullo. Fue entonces
cuando busqué el gran agujero de su escasa vestimenta. Puse toda mi mano sobre
el pubis, para luego ir concentrándome en el clítoris con suaves caricias. El
ritmo y la pasión de los besos eran cada vez más rápidos y comenzaron a oírse
los primeros gemidos de placer.
Eva
abrió las piernas y empezó a mover lentamente sus caderas. Entonces introduje
uno de mis dedos a la vez que con otro seguía frotando el clítoris. Sin dejar
de besarme ni de masturbarme aceleró el movimiento de cadera. Entonces la
introduje otro dedo y comencé a follarla con la mano. Prefirió dejar de besarme
y abrió un poco más las piernas, poniéndolo más fácil. Seguí con el vaivén
durante unos instantes hasta que me dijo:
-Métemela.
Nervioso,
me incorporé, me coloqué el preservativo y me puse entre las piernas de Eva.
Después
de muchos años sentí sobre mi pene el látex del condón. Rápidamente apunté con
el capullo a su agujero dilatado y me metí dentro de ella.
Era
la primera vez que estaba dentro de una mujer que no fuera la mía. Me quedé ahí
parado un momento mirando a través del agujero de las medias. Pude ver la base
de mi pene, los labios depilados de Eva y una estrecha línea de su pelo púbico.
Quería grabar esa imagen en mi cerebro. Y os garantizo que funcionó, aún
recuerdo ese momento perfectamente.
Lentamente
empecé a oscilar mis caderas mientras Eva levantaba sus piernas para facilitar
la penetración. Eva me miraba sonriente, satisfecha por haber conseguido su
objetivo.
De
vez en cuando movía mis caderas con más fuerza y rapidez, entrando hasta el
fondo cuatro o cinco veces. Eva no se cortaba en absoluto y cuando la sentía
bien dentro soltaba un gemido de placer por cada embestida que se podía oír en
toda la casa. Entonces yo bajaba el ritmo y ella dejaba de gemir. Y así varias
veces.
Después
la tumbé de lado. Ella se dejaba hacer encantada. Subí una de mis rodillas al
sofá, cogí una de sus piernas y la levanté sobre mi pecho. Su otra pierna
quedaba debajo de mi culo, quedando todo su agujero a la vista.
De
nuevo me introduje dentro de ella con un suave balanceo. Eva acercó una mano a
su clítoris y empezó a masajearse. Poco a poco fui acelerando el ritmo y
comenzaron de nuevo los gemidos de Eva. Ya no había vuelta atrás. Sin
importarme que Lorena pudiera oír a Eva seguí bombeando y bombeando con fuerza.
La cadera de Eva comenzó a acompañar mi movimiento, los gemidos se convirtieron
por momentos en más sordos y llegó el orgasmo.
Me
quedé por un momento quieto, soltando poco a poco la pierna de Eva.
Los
dos intentábamos recobrar la respiración cuando comenzamos a oír golpes como de
cachetes y a Lorena gemir cada vez con más intensidad. Estaban cerca,
seguramente en el pasillo. No veíamos nada, pero Eva y yo nos quedamos mirando
hacia la puerta en silencio.
Los
golpes cada vez se oían con más frecuencia. Lorena alternaba gemidos con
pequeños grititos hasta que se unió Pedro con unos dos o tres gruñidos
contenidos.
Dejaron
de oírse los cachetes y los gemidos de ambos. Volvió el silencio.
-Creo
que han estado viéndonos – me susurró Eva.
Asentí
con la cabeza y la di un suave beso. Me sentía eufórico.
Eva
se levantó y salió del salón dirección a la cocina. Yo di un trago al cubata,
ya aguado, y me recosté en el sofá.
En
seguida volvió con un recipiente de madera con varias huecos donde había
distintos tipos de frutos secos y más hielo.
-Hay
que recuperar fuerzas – me dijo mientras me guiñaba un ojo.
Echamos
hielo a nuestros cubatas e hicimos un brindis:
-Por
una vida llena de momentos placenteros – dijo Eva – y juntamos las copas.
Eva
comenzó una conversación sobre el aprovechar la vida, disfrutar el presente y
más cosas de ese estilo. Sirvió para pasar un rato agradable hasta que llegaron
Pedro y Lorena.
Lorena
seguía con su corsé y sus medias, además había recuperado el tanga. Y Pedro
apareció en calzoncillos.
-Voy
a ponerme algo – dije según me levantaba en busca de mi ropa.
Ese
momento de cierta tensión entre Lorena y yo rápidamente quedó difuminado por la
sorprendente intervención de Eva:
-El
próximo fin de vamos a ir al cine con los niños. ¿Alguna recomendación?
La
noche acabó con una buena conversación, sin volver a sacar el tema sexual. De
eso, ya habíamos “hablado” bastante.
Esto
ocurrió hace aproximadamente dos años. Desde entonces Lorena y yo hemos vuelto
a quedar con Pedro y Eva de vez en cuando, además de tener alguna pequeña
aventurilla por ahí con otras parejas.
Unos
meses después de aquello me enteré de lo ocurrido en la tienda erótica con Bob,
y de otras pequeñas fiestecitas que se corrieron Lorena y Eva. Aquello supuso
un momento de dificultad en nuestra relación, pero conseguimos superarlo. Nos pusimos una
serie de normas y desde entonces todo va como la seda.
Gracias
a los que habéis puesto comentarios en la web o nos los habéis mandado por
privado. Como habéis podido comprobar, nosotros no somos expertos en escribir
relatos, aun así, esperamos que hayáis disfrutado al menos un poquito dejando volar
la imaginación.
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