Tuesday, September 12, 2017

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Friday, August 11, 2017

En la playa bajo la luna y las estrellas



Por Larry Álvarez

Era una joven cercana a los 30 años, de origen filipino. La conocí en una reunión de abogados a la que me invitaron por ser integrante de la asociación de licenciados en un poblado del Sur de California de los Estados Unidos.
Noté que ella se fijaba mucho en mí. Y me extraño, ya que los filipinos en Estados Unidos, no tienen mucha relación con los chicanos, [estadounidenses de origen mexicano] y por lo regular se mantienen al margen de todo lo relacionado con latinos en este país.
Siempre fue muy amable, muy atenta, a lo que el licenciado [yo] necesitaba. Me imaginé que por ser una "figura pública" se desmayaba porque no me faltara nada durante las reuniones.
En una sesión le pasé una nota invitándola a almorzar. Se me hizo apropiado, de alguna manera, pues agradecerle personalmente sus finas atenciones.
Cuando salimos ella tenía muchas preguntas profesionales, las cuales fui contestando una por una.
Sucede que fue a la misma universidad en la que estudié leyes. Eso la emocionó bastante y la plática se centró de cómo fue mi vida en los dormitorios de la escuela. De con quién salía y hasta con quién dormí. Aunque no lo dijo, si quería saber cuál era mi estilo o que me gustaba hacer en la cama. Quería saber todos los detalles.
"Quiero saber que hay detrás del traje y la corbata de un famoso como tú", dijo con un todo familiar, que rompió el formalismo y el respeto de una persona como yo merecía en ese tiempo de mi vida.
Los detalles se los platiqué de una forma no morbosa, sino le dije que yo era el tipo de hombre, no machista, que disfrutaba dar placer, antes de recibirlo.
Le conté que crecí entre mujeres, y fueron mujeres maduras las que me enseñaron el arte de la sexualidad en todos sus ámbitos y por eso no fui muy buscador de un placer personal, sino el dar placer.
Me dio a entender que a ella le gustaba explorar todas las posibilidades en la sexualidad ya que durante sus años en la escuela se cansó de estar con jovencitos que solo fornicaban y eyaculaban precozmente dejándola insatisfecha. Le dije que ese no era mi caso.
"Lo sé", dijo. "Ya hice mi tarea sobre ti. Conocí con quienes estuviste y me platicaron de ti. Pero no sabía que vivías por aquí. ¡Qué alegría me da!, expresó.
Después de almorzar me dijo que si tenía tiempo de ir a una cena familiar entre filipinos. Le contesté que no había inconveniente, siempre y cuando no hubiera malas caras al ver llegar a un chicano a su hogar. Me dijo que ella se encargaba del asunto.
Dos días después, viernes por la tarde, llegué a su casa. Todos hablaban inglés y tagalo. Cuando me vieron llegar presumieron de algunas palabras en español, como si yo no hablara inglés. Les dije que era de Los Ángeles y que hablaba inglés.
Por fin cambiaron su actitud y la conversación fue mantuvo cordial. Su mamá presumía que sabía hacer comida afrodisíaca, por lo que tuviera cuidado ya que me veía muy guapo. Le dije que no se preocupara.
"Yo no me preocupo, sino por mi hija", dijo. "Ella es la que necesita de alguien que la haga sentir. Qué sepa lo que es ser amada".
No dije más. Terminamos de cenar y pedí entrar al baño. Fui y escuché como hablaban entre ellas tagalo. Ahora si comprendí lo que los sajones han de pensar cuando los chicanos hablamos español frente o cerca de ellos, ¿estarán hablando de mí? Me arreglé el cabello, me refresqué la cara. Ya eran casi las 10:30 pm. Ya es hora de irme a casa. Salí del baño y ella me esperaba. Le dije que ya me tenía que ir. Me despedí y di las gracias por todo y me fui a mi hogar, que era mi propia oficina. Tenía arreglado una de las oficinas como dormitorio. .
Como a la media noche, escuché que alguien tocaba la ventana de mi oficina-dormitorio. No hice caso y luego escuché que alguien tocaba la puerta de atrás de la oficina.
Pregunté quién era. Y para sorpresa mía era la chica filipina. Le abrí la puerta. Entró muy rápido y le pregunté qué hacía ahí tan tarde.
Su respuesta fue colgarse de mi cuello y puso sus piernas detrás de mí amarradas y me beso apasionadamente, como queriéndome devorar.
Acepté su gesto. Venía dispuesta a experimentar todo lo que sabía de mí.
"Ya sé de lo que era capaz y quiero que me hagas el amor a la luz de la luna y las estrellas", dijo.
Me quedé pasmado. Ella se quitó la blusa y se postró frente a mí sus pequeños senos, típicos de las mujeres orientales. No quiso esperar nada del masaje erótico, ni la masturbación anal ni vaginal que siempre doy en mis sesiones íntimas. Ya venía caliente, ardiente, estaba húmeda. Como que lo que sabía de mí y su fantasía de hacerlo bajo la luna y las estrellas la habían hecho que se mojara y escurría de las ganas.
Le empecé a tentar sus tetas y empecé a besar sus pezones de forma sensual. Ella tomó mi cara y empezó a dirigir movimientos rígidos, como si estuviera en lucha contra alguien mucho más fuerte que ella. Quería sentir dolor, dureza, fuerza, no tanto sensualidad.
Eso era su deseo, y como buen cumplidor que soy, participé en hacerle realidad su fantasía.
En la oficina succioné sus senos, su vagina su culo hasta hacerla gritar de placer.
¡Ahahahahahahahahahhahahahhahahhahhahhahahhahhahahhahah! ¡Chúpame toda! Gritaba. ¡Acábame!
Después mis dedos entraron casi en su totalidad en su vagina. Pedía rudeza. Pero ella no me tocó nada. Ella totalmente encuerada y yo en mis pijamas. Ya con erección. Era los tiempos en que mi impotencia todavía no se desarrollaba. Cuando ya casi se venía por segunda vez. Paró y se volteó y puso mi mano en su culo, y luego en su vagina y con rudeza ya manifestada dirigía cada movimiento para sentir placer. Me pedía un dedo, dos, tres o cuatro en cada orificio. El pulgar lo pedía en el culo todo el tiempo. Después se puso a lamer  toda mi mano, saboreando cada uno de mis dedos.
Una vez ya empapada de sudor por haber sido penetrada por delante y por detrás por mis dedos, me dijo:
"Lista para ir a la luna y las estrellas". Se vistió rápidamente y salimos de la oficina. Me aventó las llaves de su carro y manejé. Tomé la carretera hacia las montañas de Malibú, pasé una base naval de Point Magu, por la costera del Océano Pacifico y me acordé de una playa privada que a esas horas de la noche no había nadie. Entré al estacionamiento. Y se bajó del carro, disparada corrió hacia la arena y se paró frente a las olas.
El cielo totalmente estrellado. Ninguna luz de la ciudad se veía, ya que estábamos prácticamente frente a mar abierto. La luna llena era sólo nuestro único testigo.
Las luces de los pocos carros pasaban desapercibidas porque estábamos ya casi 300 metros de donde estaba la carretera que estaba arriba de nosotros. Una oscuridad era total.
Llegue a ella, y se aventó al paso de las olas. Quedando completamente empapada.
Se paró frente a mí y me metió una zancadilla. Se montó en mí y agarró mis manos y me las puso en sus senos. Empezó a frotar con su vientre mi verga. Empecé a quitarle la blusa empapada dejando a relucir sus pequeños senos.
Mis manos empezaron a masajear sus pechos, sus hombros. Se acomodó para que succionara sus senos uno por uno. Mordisqué sus pezones y ella gimió de dolor y placer. Logrando que pudiera alcanzar su pantalón el cual se lo pude desabrochar. Me tomó tiempo por estar empapado, ya que era de mezclilla y se pegaba a su piel.
Tuve que revolcarme, rodando sobre la arena, mientras que mis manos sacaban el pantalón de sus piernas. Estábamos como una lucha libre de campeonato por quitar el pantalón y pantaleta.
Por fin lo logré. Ya estaba completamente encuerada. Se paró, brincó de gusto. Una ola nos llegó y nos empapó a los dos.
Ella se montó sobre mí. Empezó a quitarme la ropa. Lo logró.
Me dejé llevar, ya que tenía contra mí lo húmedo de mi ropa y lo agresivo de sus movimientos.
Por fin estábamos los dos bien empapados. Ella empezó a mamar mi verga, salada por el agua de mar. Totalmente tiesa por lo fresco de la noche, lo frío del agua y la estimulación que ejercía con su lengua y sus mordiscos. Se acomodó para un 69 y empecé a succionar su panocha. A besar sus labios vaginales. Mis dedos pulgares empezaron a penetrar su ano. Dilataba su culo con lo mojado de su vagina Y mi saliva que lograba untar en ellos.
Ella sintió lo que estaba haciendo y empezó a lamer su mano, echándole saliva y me pidió que hiciera lo mismo para que ella misma me ayudara a dilatar su culo.
Ella no succionaba mi verga, simplemente la lamía. Y ella pedía que le succionara su vagina.
"Chúpame, absorbe, chúpame, absorbe corazón, sí, sí, sí, sí, sí, sí, méteme tus dedos en mi culo, rómpeme, absorbe, rómpeme, absorbe, rompe, absorbe., así, así, así, así, así, así, Ay, Ay Ay Ay, me vengo, ve vengo, me vengo, Ay, Ay Ay Ay Ay, sácame los jugos, así, así, así…………………………………. ¡AHAHAHAHAH AHAHAHHAH AHHAHAHA HHAH AHAHHAHAHAHHAHAHAHA HAHHAHAHAHAHAHAHHA!
Sentí en mis labios y en mi lengua sus ricos jugos cuando de repente una ola nos agarró y nos metió al mar.
Logré salir del mar nadando, totalmente encuerado. NO supe dónde quedo ella. Le grité, para saber dónde estaba.
No contestó, me preocupé, pero de repente sentí que se montaba sobre mi espalda y como lucha me tumbó al piso.
Tomo mi verga y se la metió en su vagina. Cabalgó por un buen rato. Después, se acomodó en cuatro y me dijo;
"Métemela por el culo. Vente dentro de mí…", me lamió la verga. Luego me acomodé, le lamí el culo que estaba lleno de arena y de agua salada. Le limpié con la lengua lo que pude. Con mis dos dedos pulgares tenté y sentí que ya estaba listo.
Acomodé mi verga y lentamente le empecé a penetrar.
"Ah papi, así, así despacito, y ahora más duro, más duro, más duro, ábreme, ábreme son toda tuya", gritaba. "rómpeme, rómpeme, rómpeme. Si, Sí, sí, sí, así así, empuja, empuja, empuja, empuja empuja………………………………………..
¡AHAHAHA HAHAHAHAHHAHA HAHHAHAHAHAHHAHAHAH HAHAHAHHAHAHAHH AHAHAHHAHHAHAHHAH!
Entró toda mi verga. Su culo muy apretadito, mantenía mi verga totalmente adentro.
Ella empezó a mover sus nalgas y yo empujaba y trataba de sacarla pero estaba como atorado. Ensartado. Por lo que mi verga empezó a ponerse muy caliente y ella lo supo por lo que empezó a menear sus nalgas en cuatro direcciones, y que cuando ya no me aguante.
"Ya me vengo, ahahahahahahah ahahhahahhahahhahahah", y mi verga empezó a echar chorros de mis jugos dentro de su culo. "Ahahahahahah hahahhahahhahah hahahhahahhahahhahah".
Ella siguió moviéndose muy rápido hasta que la última gota de semen se derramaba dentro de su trasero.
Quedé totalmente exhausto. Ella se acomodó boca pecho sobre la arena y yo encima de ella con la verga dentro. Paso un tiempo hasta que lentamente saque mi verga de su culo, me recosté sobre la arena. Ella se acomodó para acercar su boca a mi verga y la empezó a lamer, de una manera sensual y con una de sus manos tomaba el semen que salía de su culo y lo untaba en sus dedos. El cual lo lamía al mismo tiempo que lamía mi verga.
Así estuvimos hasta las 3:00 am.
Nos recuperamos y buscamos nuestras ropas ayudados con la luz de la luna.
Caminamos al carro y nos dispusimos a regresar a la ciudad.
Sólo una vez más se repitió la aventura pero esta vez fue en un lugar más al norte de California. Desde muy temprano hicimos el amor de manera tradicional y ya en la noche volvimos la playa bajo la luna y las estrellas. Y esa fue la última vez. Se mudó de ciudad y desde hace 25 años que no sé de ella.
Me gustaría repetir esa experiencia con alguien que se anime ir a la playa a ver la luna y las estrellas.
¿Quién quiere ser esa persona?


Wednesday, August 2, 2017

Impotencia y placer


Por Larry Álvarez

Llegué un día a casa. Tenía una cita con una chica que había conocido en internet. En esta ocasión no tomé la píldora del vigor que hace que se me pare mi intimidad con dureza y firmeza. Al ser un hombre preocupado y consiente de que a la mujer los hombres solo se la cogen y no la poseen, opte, desde el momento en que fui rechazado por tener disfunción eréctil, no ser egoísta y ser siempre el que diera primer dar placer, y una vez satisfechas, que se tomen su tiempo para darme lo que necesito, el placer oral y la eyaculación en su boca o en sus pechos o en su rostro o en los abismos de su intimidad.
Desde hace 20 años que soy impotente. He sido humillado, rechazado, y hasta dejado. Pero es esa ocasión llegué listo a complacer y ser complacido. Preparé la habitación con velas aromáticas, música suave, romántica, las luces a medio tono, las sábanas de color, una botella de vino, una buena ducha, y listo para el encuentro.
Ella llegó arreglada, con su ropa interior transparente. Nos miramos cada uno. Mi mirada iba más allá de lo que veía, la desnudaba completamente. Me acerqué a ella y empecé a acariciar su cabello, empecé a oler su rica piel. Un aroma exquisito. Me acerqué a sus oídos a su cuello, y empecé a besarla profundamente.
Le dije que se recostará y con mis manos empecé a masajear su cuerpo. Unté en ella una loción especial para que su piel se sintiera más sutil, y más fragante para sentir mi cuerpo. Fui recorriendo su espalda. Hasta su orificio trasero colocando mi dedo suavemente, gimió y no dijo más. Dilate su profundidad anal, entrando mis dedos con facilidad.
Masajee sus nalgas, unté más loción para sentirlas parte de su todo. Fui pierna por pierna, muslo por muslo, hasta llegar a los dedos, y empecé a lamerlos uno por uno. Le pedí que se volteara boca arriba. Empecé a besarla en la frente, en toda su cara y por supuesto en sus labios superiores e inferiores que estaban ardientes de mis caricias.
Me dirigí hacia su cuello y la besé tantas veces que ella mismo me dirigió hacia sus pechos. Sus pezones estaban a punto de reventar y uno por uno empecé a succionar. Gemía al sentir lo picoso de mi barba, una barba que me dejó crecer por uno o dos días para este tipo de ocasión.
Al tiempo mis manos se dirigen hacia el clítoris y mis dedos masajean esa parte tan sensual, tan delicada, tan hermosa de la mujer. Mis labios recorren todo su torso, sus senos, su pecho hasta bajar, pasando por el ombligo al cual también le toca lo suyo.
Al llegar al clítoris, el cual está esperándome. Mi lengua toca la puerta para entrar. Mientras que mis dos dedos pulgares sienten lo húmedo de su vagina. Lamía desde el clítoris hasta la entrada de su vagina la cual ya escurría de placer.
Empecé a succionar y ella pedía más y más y más y más. Sentí que temblaba y noté que empezaba a tener su primer orgasmo.
Así que aproveché y seguí lamiendo empecé a meter dedo por dedo hasta tener cuatro de ellos frotando su interior. Empecé a besar los lados de los labios de su vagina. Y ella pedía más, más, más, y más hasta que reventó con el primer orgasmo.
¡AHAHAHAHAHAHAHAHAHAH!
Se quedó semiparalizada, me pidió que esperara un momento y luego se dirigió a mi boca y empezó a besarme apasionadamente compartiéndole sus jugos que con placer me tomé de su interior.  
Le pedí que se acomodara en cuatro y mi dedo pulgar entró en su ano y mis cuatro dedos en su vagina y me pidió que fuera lento pero preciso ya que por el dolor necesitaba más lubricante. Mi lengua entró en acción, con saliva y puse nuevamente la loción en mis dedos para dilatarlo mucho más.
Hasta que empezó a gemir y sintió de nuevo un segundo orgasmo.
AHHHHH AHHHHHHAHHHAH AHHHHHHHHHHHAHHHHH.
La recuesto de espalda y mi lengua empieza a lamer su vagina y a tomar de sus ricos jugos, esperando que ella me dijera dame tu deliciosa verga. Pero no dice nada. La coloco para un 69 y continuó lamiendo todos los labios de su vagina, su culo, hasta que consigue un tercer orgasmo.
AHHHHH AHHHHHHAHHHAH AHHHHHHHHHHHAHHHHH.
Al quedar satisfecha, le pido que ordeñara la leche acumulada por mucho tiempo. Su respuesta, egoísta, fue besar la punta de mi verga, se incorpora, se viste, y sale de mi casa.  
La próxima vez tomaré Viagra.

La impotencia es como tener un carro lleno de gasolina, con el motor caliente y sin la llave para echarlo andar. Busco a quién pueda tener esa llave, con ganas de tomar su tiempo para satisfacer mi cuerpo caliente de las ganas de explotar encima de alguien o dentro de alguien que se anime y que le guste los desafíos. ¿Tienes tú la llave?

En nuestra habitación



Por Larry Álvarez

Relájate un momento y piensa que estoy detrás de ti. Sientes una sensación de escalofrío por la energía que emana mi cuerpo.

Volteas hacia mí y me miras fijamente como tratando de leer mi mente. Y yo te desnudo simplemente con la mirada.

Se escucha una música suave y romántica que invade el lugar donde estamos. Es tu melodía preferida. Te ciñes a mí con un abrazo y nos empezamos a besar profundamente y largamente.

Bailamos por un momento y mis manos empiezan a desvestirte lentamente. Tú me quitas la camisa y nuestras pieles se pegan una con la otra.

Una vez que ya estas sin nada tomamos una copa de vino y lentamente exploramos más nuestros cuerpos.

Mis manos caminan por tu espalda y en tus piernas, por tu cuello, por tus glúteos. Nos vamos a la ducha y nos bañamos juntos y limpio tu vagina y tu trasero con mucha delicadeza.

Al terminar el baño nos vamos a la recamara y te doy un masaje para relajar los músculos de tu cuello. Te volteo con la espalada a mi pecho. Mis manos te acarician. Descubro el fuego que llevas dentro. Mis dedos acariciarán todo tu cuerpo.

Preparo una porción de aceite aromatizante para que tu cuerpo sea más receptivo a mis caricias.

Froto suavemente tu cuerpo, desde arriba hasta la punta de tus dedos. Luego, mis besos y caricias inundan tu cuello, tu espalda, tus senos, tu ombligo, tus piernas, tus pantorrillas, tus tobillos y los dedos de tus pies, lamiéndolos uno por uno.

Te volteas boca arriba, para partir desde la punta del pie hacia arriba, masajeando las rodillas, las piernas, llego a tu torso y extiendo mis manos y brazos para recorrer en círculo tus pechos cuyos pezones están bien paraditos.

Tomo un plumaje y cerrando tus ojos te dejas llevar por la sensación.

La pluma recorre por toda tu columna vertebral, tus piernas y en medio de tus glúteos. Esto provoca que levantes tu trasero y rozo con delicadeza tus dos orificios.

Después acomodo tu cabeza en una almohada. Coloco tres almohadas sobre tus asentaderas para ver ampliamente sus partes íntimas.

Masajeo el abdomen, los muslos y los pechos. Lubrico el montículo de tu vagina con una pequeña cantidad de aceite o lubricante. Lo masajeo de forma suave y los labios externos de tu vagina.


Con suma delicadeza, tomo el labio exterior con el pulgar y el índice, casi sin presionar, con mucha suavidad y recorro todo el largo de los dos labios vaginales, en forma ascendente y descendente. También masajeo tu clítoris

Introduzco un medio dedo dentro en la vagina. Con mucha delicadeza, sobo suavemente su interior. Aumento la velocidad pero no enloquecidamente.
Mi dedo meñique explora el orificio del ano, y respondes positivamente por lo que lo lubrico con mi lengua subiendo y bajando hasta tu vagina.

Es aquí donde tienes tu primer orgasmo, con varias descargas. Bebo tus jugos más tarde alcanzas un segundo orgasmo

Después de las convulsiones orgásmicas, te pido que te pongas en cuatro, para que mi dedo pulgar entre en su ano y los otros cuatro en tu vagina.

De nuevo, mi lengua trabaja para dilatar tu culito. Mientras, mi otra mano toca tus senos tiernamente. Mi lengua y dedos laboran en tu vagina y en tu clítoris teniendo así tu tercer orgasmo.

En este tipo de encuentro momentos, no puedo dejar de pensar, maldiciendo mi infortunio de no disponer de una buena condición sexual, como la de mis buenos tiempos para disfrutar plenamente el momento.

Me paro de la cama, voy al baño para asearme y refrescarme en la regadera. Mi mente excitada, mi cuerpo caliente.

Regreso a la habitación, totalmente desnudo. Ella despierta y puedo ver mi verga flácida, sin asomo de una deseada erección. Como ya conocía mi problema no se sorprendió, solo miró tristemente mi miembro alicaído.

Ella se levanta, va a mi maletilla y saca pastillas de viagra y me dice que no las iba a necesitar ya que ella me ayudaría a destapar la olla de presión que traía dentro.


Asegurándose de que su lengua esta goteante de humedad, comienza en la base del tallo de mi pene y lo lame hacia arriba lentamente. Gira su cabeza de lado y simula morderme suavemente colocando tus dientes en mi carne.

Su mano izquierda está tocando mis huevos, quizás arañándolos ligeramente con sus uñas. Busca debajo y detrás de los huevos para encontrar esa área tan sensible justo antes del ano, o incluso meter un dedo en mi agujero muy suavemente, ya que el músculo que causa la erección comienza ahí atrás, esto producirá una reacción en mi verga, que necesito a mi edad.

Continua con los balanceos hacia arriba con su lengua, desde la base del mástil al borde del capullo, no se detiene, continúa su larga y húmeda lamida sobre la punta de mi verga, insistiendo en el agujero del centro. Estruja el tallo y mira como brota líquido pre seminal.

Muestra lo mucho que le gustan mis líquidos. Empiezo a gemir y mete tanta verga como pueda caber dentro de su boca. La chupa y prueba todos sus movimientos variados hasta que sepa que no puedo soportar más y voy a derramarme.

Recibe mis disparos de leche a borbotones en su garganta. Es asombroso cuanta leche sale. La saborea.

Toma su tiempo para exprimirme y después se va a asear. Yo quedo exhausto. Pero ella no ha quedado completamente satisfecha.

Me levanto me dirijo hacia ella y me dice:-"Cógeme". Yo estaba excitadísimo. Ella agarra mí verga entre sus manos y la dirige hacia su culo y su vagina, jugueteando entre los dos agujeros. Logro encararla en uno de los dos, la muevo suavemente, rozándome con el capullo los labios de entrada, notando como estaban húmedos. Ella excitadísima, dando suspiros de placer, muriéndome de ganas.

Yo no pude aguantar más, mi verga se puso dura, larga y la metí lentamente dentro de su vagina y ella estaba tan ardiente que empezó a tener otro orgasmo.

La sensación fue buenísima, aún no me había dado tiempo a recuperarme y ya estaba otra vez sintiendo placer, la miraba a través del espejo, y parecía excitarse más, mis manos se fueron a su pecho, y mientras mantenía mi verga dentro de ella, alcanzo a acariciar sus pechos y pezones, rozándolos, pellizcándolos suavemente. No dejo que sacara mi verga. Yo la empujaba, dándole piquetes hasta que logro tener un nuevo orgasmo.

Mi verga está crecida, como antes. Ella me pide que aprovechando que la tenía larga, parada y dura pues que se la metiera por atrás. Saco mí verga, ella me la limpia con su boca.

Acomodo sus piernas sobre mis hombros y mi pene a la altura de su ano y lentamente penetro, primero una cuarta, una mita tres cuartas y la empujo hasta dentro.

Las lamidas anteriores, el aceite ya habían surtido su efecto.

Me muevo al ritmo que ella me dice. Me pide que la empuje duro. Así estamos por un buen tiempo. Le pido que cambiemos de posición y se acomoda en cuatro con las nalgas hacia arriba, sentándome para poder cabalgar.

Mi verga entra con mucha facilidad en su cola. Y ahora sí, le doy lo más duro que puedo, lo que dan mis fuerzas y ella me pide mi leche, y reviento sintiendo chorros ardientes dentro de su trasero. Ella alcanza así otro orgasmo.

Quedamos los dos cansados. Logro sacar mi verga. Nos acostamos y nos acomodamos en un 69 hasta que nos quedamos dormidos bien satisfechos.


Monday, July 31, 2017

CAMINANDO BAJO LA LLUVIA


Por Larry Álvarez

Nuestros zafiros ya se unieron en los besos, las piedras preciosas por pulir, serán los diamantes de nuestras intimidades.

Tu mujer,

Quiero tenerte en mi lecho, donde miradas, palabras, juegos, caricias, pasión, ansias, risas, suspiros, dedos rozándose, mordiscos, ternura, respiraciones entrecortadas, sean la dulzura de nuestros besos y caricias.
Tu hombre,

Después de una semana de haberse visto, la cual que estuvo llena de abrazos, caricias, besos, miradas, la pareja se citan en un restaurante para continuar con la pasión que los ha caracterizado y que ahora sellan con su primera cita formal como pareja..
Ella llega vestida al restaurante con una minifalda, mostrando sus hermosas piernas y una blusa donde se aprecian sus apetitosos senos. Su Mujer recibe a su hombre con una sorpresa que incluye un adorno floral, obsequios, notas insinuantes y una botella de vino Merlot.
Él le corresponde con un ramillete de canciones románticas de antaño y una selección de poemas alusivos a su relación. Al verse se plasman con un beso profundo, él le admira y elogia su vestimenta, ella responde que se ha arreglado en honor a su hombre. Él también le dice que se ha arreglado, para su mujer, tal y como ella se lo ha pedido, porque el momento es un día especial para los dos.
Comen, se abrazan, platican, se besan, se acarician, beben hasta la última gota del vino que se había ordenado. Piden la cuenta y un taxi. Pero el taxi tardaba en llegar debido a una tormenta que azota la ciudad.
Deciden salir a buscar un taxi a la avenida principal, así que los dos caminan abrazados bajo la lluvia que empapa completamente su ropa, llevan consigo sus obsequios y el enorme adorno floral.
Ella le manifiesta a su Hombre que siempre había deseado caminar bajo la lluvia con el hombre que amara, y su deseo se estaba cumpliendo.
Mientras caminan deciden dirigirse a la casa de él, para dejar todas las cosas y después ir en busca de un sitio romántico, para pasar las horas y disfrutar de su amor.
Logran tomar un taxi pero el conductor no quiso llevarlos a otro sitio debido a lo intenso de la lluvia, por lo que la pareja decide refugiarse en la casa de él.

La pareja camina hasta la puerta de la casa. Su Hombre cumple el pedido de Su Mujer de que día que tuviera que entrar a la casa de su hombre lo haría tomada de la mano y dando juntos el primer paso al interior. Y así lo hacen. Su Hombre la toma de la mano, abre la puerta de su casa, prende las luces, y ambos al mismo tiempo ponen un pie dentro de la casa. Su Mujer se sintió en confianza y recorre la sala de la casa, se dirige a la cocina y al acercarse Su Hombre, lo abraza y los dos se funden en un beso profundo.

Tomados de la mano, se dirigieron a la recamara donde se recuestan en un sofá cama, donde los dos, sintiendo lo ardiente de sus cuerpos, se entregan acariciándose apasionadamente. No hay necesidad de despojarse de sus ropas.
Hacen el amor de una forma diferente, llena de respeto, de comprensión y entendimiento mutuo de saber esperar el momento especial para una entrega total.

En el momento que las caricias están en pleno apogeo, Su Hombre siente en sus manos la humedad de su mujer y como sus néctares se escabullen por la comisura del encaje de su ropa interior. Coloca sus manos sobre la perfección de los senos de su mujer, brinda caricias sobre su cuerpo, palpitante, cálido, fresco y deseoso de placer.

Su Mujer coloca su intimidad sobre una pierna de su hombre y se mueve al vaivén de un ritmo marcado por él. Ella toca la intimidad de su hombre, hundiéndose en una serie de gemidos, besos, caricias, hasta que de pronto lo que era un goteo proveniente del panal de ella, se convierte en un río que se abre paso con furia, derramando su néctar entre sus piernas. Su Mujer se aferra al cuerpo de Su Hombre, apretándole sus manos al sentir su orgasmo. El objetivo de esa noche se ha conseguido.

Ya pasada la media noche, Su Mujer tiene que regresar a su casa. Salen a buscar un taxi, ya dentro del transporte, el momento los lleva hacia nuevas sensaciones; sus manos se entrelazan, sus lenguas se buscan con desesperación. Los dos se prometen un amor eterno y una lealtad, fidelidad absoluta.

Como un caballero, Su Hombre, lleva a su mujer hasta la puerta de su casa. Se despiden con un beso.

Su Hombre ya de regreso a su casa, recibe un mensaje de Su Mujer,

Amor, estoy en topless y me alumbra solamente la luz del  celular, ya que debido a la lluvia no hay luz. Estás a mi lado, abrazándome y haciéndome tuya una y otra vez. Te amo con locura, gracias por la velada.

Su Hombre le habla por teléfono y ambos intercambian con palabras sus sensaciones, sus deseos,  culminando en la madrugada y al amanecer con sus respectivos orgasmos.


ALGO MÁS DURO



Por Larry Álvarez

En un verano de California manejaba hacia la frontera con México. Iba en mi auto en misión de trabajo y antes de llegar a San Diego me detuve en una zona de descanso para refrescarme y poder ver la vista hacia el Océano Pacifico.
Fui al sanitario, hice de mis necesidades y me dirigí a un mapa de la zona.
Una señora cuarentona estaba algo perdida. Era su primera vez de paseo por los Estados Unidos y me preguntó cuánto faltaba para llegar a Tijuana. Le dije que como una hora. Me dijo que su carro se había descompuesto y que necesitaba ir a la frontera a cobrar un seguro de una pensión de su ex marido que había fallecido.
Le dije que yo con gusto la llevaría ya que ese era mi destino. Le dije que cerrara muy bien su auto y que al regresar trajera a un mecánico. Me pidió que si yo podría ayudarle. Le hable a una agencia para que levantara el auto, pretendiendo que era mío y lo remolcaron a un poblado a unas cinco millas de distancia.
Al llegar, el mecánico dijo que ya era algo tarde para arreglar el problema con la bomba de la gasolina y del agua que habían sido averiadas.
La señora optó en dejar el carro ahí y me pidió que si la llevaba directamente a la oficina de gobierno, que cerraban a las 5:00 pm y ya eran las 3:15 pm. Le dije que sí, que no había problema ya que mi asignación de trabajo no era sino hasta al día siguiente.
Cruzamos la frontera y nos dirigimos a la oficina de gobierno, se bajó del auto y prácticamente me despedí de ella. Pero me dijo que no conocía nadie en Tijuana y que si la podía esperar. Le dije que sí. Esperé afuera y en menos de 30 minutos ya salía contenta de haber realizado su trámite.
Vi mi reloj y ya eran casi las 5:30 pm. Le pregunte qué era lo que quería hacer y me dijo que necesitaba un lugar donde quedarse. Yo le dije que yo me iba a quedar en un hotel, pagado por la empresa en que trabajaba, me pregunto si era inconveniente que se quedara  quedarse en el mismo hotel. Le dije que no.
Cuando llegamos, el hotel era de lujo, y al parecer no contaba ella ni con tarjeta de crédito ni con el suficiente efectivo para pagar la estancia. No me lo dijo, pero intuí. Le dije que esperara en el vestíbulo del hotel. Me fui a registrar. Pedí que llevaran mis maletas y las pocas cosas que traía la señora a mi habitación.
Ella no me dijo nada, salvo que me dijo que no sabía qué hacer. Le dije que no se preocupara y que pronto resolveríamos el problema. Entramos a la habitación, dos camas, vista al hipódromo de Tijuana. Ella tímida, tono la cama más lejana de la ventana, yo puse mis cosas en la otra cama. Me metí a bañar a refrescarme y asearme un poco, ella después hizo lo mismo.
Ya pegadas las 6:15 pm, ya me daba hambre y la invite a comer. Salimos a la calle y caminamos unas cuadras y entramos a un lugar a comer.
Conversamos, me platico de su ex marido, que fue feliz con él pero que le fue infiel y ella lo descubrió el adulterio después de haber muerto. Y fue cuando supo la razón del porque el ya no les satisfizo en la cama, porque encontró alguien mejor que ella.
La señora no se veía mal, tenía unos pechos muy redondos, no grandes pero se les notaba bien. Su trasero pequeño pero bien formado. Atractiva. Maquillaje ligero, blusa no escotada y un pantalón suelto, cómodo para el viaje.
Salimos como a las 8:00 pm ya bien comidos y encima unas copas de vino. Al salir ella vio a un vendedor ambulante que vendía verduras. Fue a él y pidió unos pepinos y zanahorias. Me extraño ya que no tenía la mejor idea como se los iba a comer en tan poco tiempo. No los podría pasar a USA.
No le dije nada. Escogió de varios tamaños, pero al agarrarlos me miraba de arriba hacia abajo.
Me puse un poco nervioso. Caminamos y pasamos frente a una tienda de velas.
Que ya estaba a punto de cerrar. Compro unas velas largas y gruesas.
Estas cosas que compré son mis pasatiempos y mis consoladores en mi soledad. Me dijo
Al llegar al hotel, subimos a la habitación. Acomodó los pepinos en la mesa de centro, me pidió que si podía darse un baño le dije que sí y mientras tanto ya traía de nuevo sed y abrí la cantina de la habitación. Busque dos copas y saque vino y otras botellas y refrescos por si deseaba ella tomar algo.
Puse algo de música en la radio y prendí la televisión. Salió envuelta en toalla y busco sus cosas.
Se sentó en la cama, saco de su maleta una loción y empezó a untársela a los pepinos y la zanahoria. Prendió las velas, muy aromatizantes
No dije nada.
Me acosté en mi cama y me puse a leer el periódico y a revisar mis cámaras para mi trabajo del día siguiente. Ella se acostó junto con pepinos y zanahorias. Me dijo Buenas noches.
Me recosté y como a la hora ya medio dormido escuchaba entre las sabanas un gemido de dolor y placer. Me levanté y me acerqué a ella y le pregunté si estaba bien, ella volteo y me recibió con una sonrisa. Destapo las sábanas y un tremendo pepino estaba dentro de su vagina.
Ese era su consolador en las noches de soledad. Me pidió que se lo metiera y sacara. Cuando la vi tan caliente se me empezó a poner duro mi pene. Ella lo notó. Lo tocó y me dijo, no; necesito algo más duro.
Me dio una zanahoria y me dijo me ayudas a metérmelo en el culo.
Entonces empecé a trabajar con mi técnica de masaje y relajamiento. La empine a medio cuerpo en la cama. Empecé a darle masaje desde el cuello y la espalda con su misma loción. Su piel esa suave que no me tocó otra opción que empezar a besarla desde la punta del cuello hasta el orificio de su culo donde con mi dedo pulgar empecé a dilatarlo. Mi otra mano ayudaba a empujar y sacar el pepino como si fuera una verga gigante.
Mi lengua entró en acción para dilatarlo. Sostuvo ella el pepino en su vagina, me pidió que preparara la zanahoria, ella se puso boca arriba y me pidió que me acercara a ella. Me agarró mi verga, me la saco del calzoncillo y empezó a lamerla, no succionaba, simplemente lamía para darme placer y ponerme a tono para lo que seguía.
Terminó de lamerme mi pene y se colocó en cuatro y me pidió que la zanahoria se la empezara a meter en su culo. Así lo hice gimió de dolor y placer.
Así papito, así, dale, dale ,dale dale dale así de rico. Ahora ya sabes que porque te decía que necesitaba algo más duro. Tu verga esta rica pero no tan gruesa como mis vegetales. Dale más, empuja, métela, métela, métela…hasta el fondo.
Con mi otra mano alcance a meterle cuatro dedos en su vagina que escurría a chorros y fue cuando entonces sintió que ya se venía por segunda vez.
AH AH AH AH Ah AH AH AH AH AH AH Ah AH AH Ah AH AH AH
Terminando satisfecha. Deje por un rato la zanahoria en su culo.
Le lamí y bese su cuerpo y me tome sus jugos que seguían saliendo de su vagina.
"Ahora me toca a ti cariño", me dijo….
Le saque la zanahoria de su culo, me recostó encima de la cama y se subió arriba de mi metiéndose la verga en su vagina. Cabalgaba sabroso. Después se bajó y se acercó a mí y se acomodó en una 69 empezó a mordisquear a los lados de mis huevos. Lamió mis huevos, se los tragaba uno por uno, y una de sus manos agarro mi verga y empezó a sobarla. Su lengua y sus labios lamían y besaba la punta de mi pene. Y poco a poco empezó a chuparla, entro en ritmo que me fue excitándome que tomó su tiempo para empezar a saborear las primeras gotas que salían calientitas hasta que empezó a succionar ricamente hasta que llegó el momento de la explosión. Ah ahahahahahahahahahahahah ahhahahhahha.
La punta de mi verga sentía que me quemaba, se tragó primeros chorros, el resto cayó en su cara y pecho, ahahahahahahahahah hahahahahhahahhahahahhahahahah hahahahhahahahahhahhaha.
Ella recostó su cabeza con mi verga en su boca saboreando las últimas gotas de placer en una mañana de verano del año 1984. Nos quedamos así bien dormidos toda la noche. Al día siguiente me despertó con una mamada y me vine en su boca.
Me gustaría repetir la experiencia, ¿te animas? Contáctame a: relatos.eros.9@facebook.com
Continuará
Lo duro me tocó a mí.
Regresé de mi trabajo alrededor del mediodía. Llegué con prisa porque tenía que salirme de la habitación que mi empresa había alquilado en el hotel donde me había quedado en compañía de una señora madura a quien se le descompuso su carro en California y con gusto le ofrecí ayudarla a que viniera a la ciudad de Tijuana, México a realizar unas diligencias gubernamentales.
El día anterior se tuvo que quedar en mi habitación porque ya no traía dinero suficiente y antes de ir a descansar habíamos salido a comer y después ella compró unos pepinos y zanahorias, a quienes llamo sus elementos consoladores para no sentirse sola en los momentos más difíciles cuando le llegaba la calentura y necesitaba el placer de sentir algo grande dentro de su vagina.
Después que cada quien se acostó en su cama, la escuché gimiendo de placer. La descubrí con un gran pepino metido en su vagina. Ella me ofreció a que le ayudara con una de las zanahorias para insertársela en su culo y así lo hice y terminamos los dos dándonos placer.
Inclusive ella esa misma mañana me mamó la verga bien rico en agradecimiento de la noche que tuvo que fue inolvidable para ella y por supuesto para mí.
Cuando llegué a la habitación le dije que nos teníamos que ir. Era viernes. Y ella con una sonrisa me dijo que había podido hablar con el mecánico y que hasta el día siguiente, que iba a ser sábado el carro estaría listo. Además dijo que sus familiares en California le habían remitido dinero y que había pagado un día más de estancia en el hotel. Por lo que no había problema de irse rápidamente y que ella inclusive me invitaba a quedarme una tarde y noche más, si es que yo no tenía inconveniente.
Le dije que no tenía prisa de irme ya que tenía que regresar al trabajo hasta el lunes. Ella saltó de gusto, me dio un beso y me dijo que me pusiera cómodo.
"Te voy hacer el amor a mi estilo", dijo.
Me quitó los zapatos, los calcetines, y saco una bandeja llena de agua tibia y empezó a lavarme los pies. Sentí tan rico. El agua estaba tan tibia que me sentí relajado. Había preparado unas copas de vino y ya había ordenado una botana para matar el hambre. Tomamos las copas e ingerimos las carnes frías y panecillos que estaba en la cocina de la habitación.
Terminó de lavar mis pies, Fue el baño y abrió la ducha. Regresó y empezó a besarme y a quitarme la ropa. Me llevó hasta la regadera ya encuerado.
"Te voy a dar un masaje que te va a gustar", dijo.
Me dijo que me metiera a la ducha, Lo hice, ella se quitó la ropa y se metió conmigo. Empezó a tallarme con jabón la espalda, el pecho, las piernas y mucho énfasis en mi verga, mis testículos y más en mi ano. Esta vez me di cuenta lo que una mujer siente cuando se le da un masaje. Una de mis especialidades en la intimidad.
Así estuvimos un buen rato. Ella me sobaba la verga con mucha ternura, la cual obviamente experimento una erección que a ella le llamó la atención, pero me dijo que yo sabía lo que ella quería: "algo más duro".
Yo le contesté que no podía competir con los pepinos y zanahoria y además si no veía o sentía muy dura era por mi diabetes que ya empezaba a experimentar los primeros síntomas de disfunción eréctil. Eso fue unos tres años antes del descubrimiento de la Viagra.
Ella me dijo que más al rato iba yo a saber por qué le gustaba algo más duro. Me dejé llevar por su interés de darme placer. Algo que no estaba tan acostumbrado.
Terminó de bañarme. Después la enjaboné y pude mamarle sus senos, darle un masaje aprovechando el agua caliente a presión. Logré chuparle su vagina, picándole con mi barba que la excitó mucho y logro tener un ligero orgasmo, el cual lo gozó y pude tomarme sus deliciosos jugos.
Salimos de la ducha, me dijo que me recostara en la cama y que ella era la que le tocaba darme el placer. Era su pago por lo generoso y amable que me había comportado con ella.
Me secó todo mi cuerpo. Me dijo que cerrara mis ojos. Y que me tendiera boca arriba. Cerró las cortinas, las luces de la habitación, las dejó muy tenues y puso una música romántica de fondo.
Empezó a untarme la loción en el pecho, en mi verga, en mis huevos, en mis piernas, en mis dedos de los pies, los cuales lamió uno por uno. Lo mismo hizo con mis brazos y mis piernas. Volvió a agarrar mis huevos y mi verga.
Los cuales lamió por un buen tiempo. Pero no succionaba. Yo ya estaba a punto de hervir. Pero fue hábil al no dejarme venir.
Mientras lamía, jugueteaba bastante con su dedo y lengua alrededor de mi culo. Sentí que me untaba vaselina dentro y fuera del orificio. No puse resistencia. Flojito y cooperando. Su lengua exploraba el agujero de mi culo, paso un buen tiempo en él. Era la primera vez que alguien jugaba en esa parte de mi cuerpo.
Después, me pidió que me pusiera en cuatro. Yo estaba tan caliente que no me di cuenta de cómo llegamos a tal punto.
Mis rodillas en el piso, y mis manos sobre la cama.
Me dio un masaje en la espalda, y una mamada en el culo. Luego sentí su dedo pulgar que se introducía en mi cola muy suavemente que me dio mucho escalofrío. Una sensación como si los puntos claves de mi sistema nervioso estuvieran ahí, que me hicieron temblar de placer y claro con un poco de dolor.
"Ah Ah AH AH AH AH AH AH, que rico se siente", le dije....
"Aguanta corazón. Que ahorita viene lo bueno. Vas a saber porque me gusta algo más duro"...dijo.
Cuando menos le pensé empecé a sentir en mi culo que algo muy delgado entraba en él. Dolió un poco al principio.
"No te preocupes, tu culito ya está dilatado", me dijo. No soy agresiva. Muchos hombres, gays y lesbianas lo son. Yo no. Soy muy tierna con quienes me hacen el amor", dijo.
No supe que era. Estuve a punto de decirle que le parara, que preferiría mejor yo meterle la verga en su culo, pero el dolor de placer fue mucho mejor que me cayó la boca.
Logré agarrar su mano y toqué sus dedos y supe lo que era. Una zanahoria delgada untada con vaselina.
Entraba y salía, entraba y salía, entraba y salía.
"Ah ah ah ah ah ah ah ah, dale más mamacita, dale más, dale más, métemela hasta adentro, más, más, más, más, más, más, más, más....", le decía a gritos.
"Más, más, más, más, más mamacita, dale más,".
Le presión de ella con la zanahoria dentro de mi culo y el frote de mi verga sobre la orilla de la cama hizo que empezara a soltar liquido pre seminal. Ella me volteó hacia arriba con mis piernas en sus hombros, Metió su boca en mi verga y empezó a saborear las gotas de mi leche. Y con sus dos manos siguió empujando la zanahoria en mi culo.
La sensación era única para mí. Nunca me habían hecho el amor de esa forma. Era una mujer, madura, prácticamente cogiéndome por primera vez en mi vida.
Luego ella se montó en mí. Se metió la verga en su vagina y estuvo cabalgando por un buen rato, y logró un fuerte orgasmo y explotamos al mismo tiempo.
AHAHAHAHAHAHA HAHAHAHAHAHAH
Ahora si supe lo que me quiso decir por qué le gustaba algo más duro, ya que ahora me tocó lo más duro a mí.
Nos quedamos dormidos, ella con mi verga dentro y yo con la zanahoria en mi culo. Pasaron las horas y después ella se paró, me sacó la vela del culo, me limpio muy bien y me lamió tiernamente el culo.
Al día siguiente nos bañamos no echamos el de despedida y regresamos a USA para levantar su carro. Repetimos la experiencia varias veces. Supe que se mudó a México y no he sabido de ella desde hace 20 años.

A LARGA DISTANCIA


Por Larry Álvarez

Personajes: EL y ELLA

EL: Mis dedos, nerviosos, marcan el celular. Permanezco tumbado en el sofá mientras escucho el timbrar de la llamada. Uno…Dos…Tres…Cuatro… La espera se hace interminable zumbido tras zumbido. Finalmente tras diez tonos ella descuelga el teléfono al otro lado de la línea. Permanece un instante callada antes de responder.
ELLA: -Hola, cariño, ¿eres tú?
EL: – Claro que mi vida. ¿Esperabas que fuera otra persona?
ELLA: -Bien sabes tú que no. Estaba esperando tu llamada. Tengo ganas de ti.
EL: Dime, amor, ¿qué llevas puesto hoy?
ELLA: -Hoy me puse para ti un camisón de color rojo con un gran escote, que sé que te gustan mucho. Debajo me he puesto unos choninos de encaje también de color rojo. ¿Y tú?
EL: -Me excitas mucho con lo que traes puesto amor, Mira traigo una camiseta suelta de algodón de color blanco y un calzoncillo tipo bóxer de color negro.
ELLA -Mmmm, me encantaría verte así vestido. Tenerte cercas para tocarte y que tú me toques a mí.
EL: - Pero para que me toques, tienes que estar aquí. ¿Quieres que me lo toque por ti?
ELLA: -Siiii, por favor cielo, tócate tu intimidad.
EL: -Ya me lo estoy tocando, me gustaría que pudieras verme… ¿Tú te estás tocando?
ELLA; -Mmmm, sí, estoy acariciando mis senos. Los pezones se me han puesto duros de repente solo de imaginarte sobándote tu intimidad.
EL: - Amor, ¿tienes el manos libres puesto?
ELLA: -No, no quería hacer mucho ruido. ¿Quieres que lo ponga?
EL: -Me gustaría. Quiero que mientras acaricias tu pecho te quede la otra mano para acariciar tu intimidad.
ELLA: -Ya está cariño. Ahora estoy tocándome tal y como querías. Me gustaría que pudieses verme.
EL: -Y tú a mí amor, y a mí. Cuéntame cómo lo haces para mí.
ELLA: -Acabo de meter la mano bajo mis choninos  y me estoy acariciando. Imagino que eres tú el que lo haces. Son tus manos las que me hacen estremecer. Acerca tu boca a la bocina para sentirte cerca y poder pensar que es tu mano la que está entre mis muslos, entre mis piernas, y tus dedos abren mis labios vaginales
EL: - Amor te estoy imaginando tumbada en la cama, con las piernas abiertas y mi rostro ante tus labios vaginales, tocándolos con mi lengua, besándolos con mis labios, y mi boca sedienta de tu miel.  
ELLA: -Mmmm, qué rico… ¿Quieres que me meta un dedo?
EL: -Siii, lo estoy deseando, hazlo para mí
ELLA: -Ohhhh, qué rico…Estoy muy mojada, no sabes lo caliente que me pones… ¿te estás masturbando?
EL: - Bien sabes que si estoy haciendo. El solo de pensar en cómo te acaricias tú, hace que se me ponga duro. ¿Quieres escuchar cómo me masturbo?
ELLA: -Por favor, hazlo, ahhh…
EL: - Acerco el teléfono a mi pene y dejo que ella escuche el sonido que hace mi mano al moverse sobre mi ardiente órgano. -¿Lo escuchaste, cielo? Quiero escuchar lo mojada que estás. Escucho a través del teléfono el ruido que hace su dedo al entrar y salir de su vagina, y el ruido peculiar al reventarse las burbujas de su humedad, lo que me pone todavía más caliente.
ELLA: -¿Has oído como me pones? Estoy húmeda, escurriendo, Ojalá estuvieras aquí...ahh….ohhh... y pudieses penetrarme…agggg...ahahahahahahaha.
EL: -Me encantaría, te la metería hasta el fondo hasta hacerte gritar, pujar, gemir
ELLA: -Síiii, así…aggg…ohhh, ahahahaha…cuéntamelo…cuéntame cómo lo harías...
EL: - Te penetraría con todas las fuerzas de mí ser.  Me gustaría comerte tu intimidad, tener en mi boca para saborear mmm…tan delicioso manjar, sentir como te corres en mi boca mientras me pides más y más….uffff.  Dime lo mucho que te gustaría sentir mi pene dentro de ti…
ELLA: -Siii…ahhhh…si….me encantaría…. Creo que dé al sentirla entrar ya me correría….ohhhh….qué bueno…estoy a punto….de correrme… ¿y tú, amor?
EL: -Sí, mi vida, noto como sube mi leche y pienso en lo bueno que sería derramarla dentro de ti…
ELLA: -Aghhhh…si…sii, así…ohhh ….Me corrooooo, me vengoooooo ohhhhh, ahahahahahahahahahahahahahahahaha. Amor ya terminé, ya terminé, Ohhhh no. Ahahahahahahahahahahahahahahha.  
EL: - Y escuchando los gemidos de ella, mi leche sale borbotones que EL mi desnudo vientre. Ahahahahahahahahahaha. Quedo rendido en el sofá, me tiemblan mis piernas. Los dos sudando, los dos recuperando la respiración. Le susurro a ella un sencillo y sensual  -Te quiero mi amor.
ELLA: -Y yo a ti. No me sueltes, no cuelgues. Quiero disfrutarte, sentirte, desde la distancia.
EL: Aquí estoy, piensa que mis manos soban tu intimidad. Mi lengua toma tus jugos y tu tomas mis lácteos, y te abrazo, te acaricio, te beso tiernamente.
ELLA: -Buenas noches, mi vida. Ha sido un momento maravilloso. Hicimos el amor muy rico.  
EL: Si amor, hicimos el amor a larga distancia. Un momento inolvidable.
ELLA: Te amo EL. Un beso, adiós. Buenas Noches.
EL: Yo también te amo. Cuídate. Hasta pronto corazón, buenas noches.




A LA LUZ DE LA LUNA




Por Larry Álvarez

Personajes: EL y ELLA

Llego la última noche de ELLA en California y, por supuesto su plan era pasarla de lo mejor con su amado, con quien ya había tenido dos noches de pasión, entrega y lujuria. Al regresar a la habitación del hotel, se arreglaron para ir nuevamente a cenar y beber con su tradicional vino, platicaron de todo, de sus planes, de su futuro, de su intimidad. Brindaron por el encuentro y que este se repita cuantas veces se pueda, y claro hasta que los dos cuerpos aguanten.
ELLA quería pasar la última noche caminando por la arena de la playa, sentir el oleaje, mirar las estrellas y disfrutar la luna llena. EL accede a la petición de su amada, y ambos se alistan. ELLA con una blusa corta con su brasier de baño, ropa interior para la playa y con una falda suelta con abroche de listón. Ambos tomados de la mano, por momentos correteaban las olas, se salpicaban el agua del mar, levantaban arena con los pies, y observaban constantemente el cielo estrellado, tratando de ver estrellas fugaces.
Caminando a lo largo de la playa, las luces de la ciudad, se van quedando atrás. Ya en una zona desolada, con una oscuridad total, solamente alumbrada por la luna llena, ELLA toma a EL del cuello y le dice.
ELLA: Cielo, una de mis fantasías es que me hagas el amor a la luz de la luna.
Ella se quitó la blusa y se postró frente a EL, quitándose su brasier para mostrarle sus formidables senos. Esta vez no hubo preámbulo de caricias, ni de masajes. Lo afrodisiaco de la caminata a la orilla del mar y la presencia ante ellos del firmamento fue suficiente para sentar el tono de  realizar su fantasía.
EL: Empiezo tentando sus senos, a besar sus pezones. Ella toma mi cabeza para dirigir movimientos rígidos, como si estuviera en lucha contra alguien mucho más fuerte que ella. Quiere sentir dolor, dureza, fuerza. Es su deseo y como buen cumplidor participo totalmente en hacerle realidad su fantasía.
ELLA: ¡Ahahahahahahahahahhahahahhahahhahhahhahahhahhahahhahah! ¡Chúpame toda! ¡Acábame!
EL: Me pide un dedo, dos, tres o cuatro en cada orificio de sus intimidades. La luna llena era sólo nuestro único testigo. Otra fuerte ola nos cubre. Quedamos completamente empapados. Por un instante la pierdo de vista, la busco a mi alrededor. De repente brinca de nuevo a mis espaldas, los dos caemos y nos revolcamos en la arena, quedando ella arriba de mí.  Me desabrocho mi camisa, me quito los pantalones, le quito la blusa su falda, quedando los dos en ropa íntima. Nos la quitamos y ahora si, como Dios nos trajo al mundo, nos acomodamos para besar y estimular más nuestras intimidades. Ella juega sobando mi intimidad. Ya la tengo totalmente tiesa por lo fresco de la noche, lo frío del agua y la estimulación que ejerce ahora con su lengua y sus mordiscos.
ELLA: Chúpame, absorbe, chúpame, absorbe corazón, sí, sí, sí, sí, sí, sí sí, méteme tus dedos, rómpeme, absorbe, rómpeme, absorbe, rompe, absorbe., así, así, así, así, así, así, Ay, Ay Ay Ay, me vengo, ve vengo, me vengo, Ay, Ay Ay Ay Ay, sácame los jugos, así, así. ¡AHAHAHAHAH AHAHAHHAH AHHAHAHA HHAH AHAHHAHAHAHHAHAHAHA HAHHAHAHAHAHAHAHHA!
EL: Al derramarse sentí en mis labios y en mi lengua el sabor de sus ricos jugos cuando de repente otra ola nos atrapa y nos mete al mar. Logro salir del mar nadando, totalmente encuerado. Sin saber dónde está. Le grito, no contesta, me preocupo, de repente la siento de nuevo sobre mi espalda y me tumba a la arena. Toma mi falo y se lo mete en su intimidad. Cabalga por un buen rato. Nos volteamos y me monto en ella para penetrarla.
ELLA: Ah papi, así, así despacito, y ahora más duro, más duro, más duro, ábreme, ábreme son toda tuya, rómpeme, rómpeme, rómpeme. Sí, Sí, sí, sí, así así, empuja, empuja, empuja, empuja, empuja. ¡AHAHAHA HAHAHAHAHHAHA HAHHAHAHAHAHHAHAHAH HAHAHAHHAHAHAHH AHAHAHHAHHAHAHHAH!
EL: Ahahahahahah hahahhahahhahah hahahhahahhahahhahah. Ella sigue moviéndose muy rápido hasta que la última gota de semen y sus jugos se derramaban entre nuestras piernas. Quedo totalmente exhausto. Nos abrazamos así estuvimos hasta las 2:00 am. Nos recuperamos y buscamos nuestras ropas alumbrados por la luz de la luna.


Encuentro en Europa


Por Larry Álvarez

Recibí una invitación por correo. Se trataba de un viaje a España para participar en un foro de asuntos políticos migratorios entre Latinoamérica y los Estados Unidos, invitado por una sede diplomática. Era la primera vez que podía visitar de pleno ese país europeo, ya que en otras ocasiones solo pisé el aeropuerto de la capital, al hacer escala para regresar a los Estados Unidos.
Siendo periodista estadounidense de origen mexicano, había interés de los colegas españoles por saber el tipo de cobertura que estábamos haciendo los chicanos en América sobre el tema.
Al llegar fui objeto de infinitas atenciones, más de las que me imaginaba para un miembro de la comunidad hispana estadounidense, por lo que me dejé llevar por mi popularidad inmerecida en un país donde nadie me conocía.
El foro fue un éxito. Una vez terminado, los organizadores dispusieron una recepción en el mismo hotel de lujo donde se había celebrado el evento. Subí a mi habitación y me dispuse a asearme, cambiarme de ropa y a medio preparar mi equipaje, ya que al día siguiente  por la tarde viajaría de regreso a los Estados Unidos. Mientras me arreglaba, alguien llamó a la puerta y al preguntar quién era, una voz de mujer contestó:
-Soy Rosa Cuellar, del Ministerio del Interior, vengo a presentarle un saludo institucional y a felicitarle.
-Un momento, por favor…me estoy vistiendo.-Le contesté.
-No importa, le espero.-Dijo ella.
Me sentía mal por hacerla esperar, así que me apuré a ponerme el pantalón, la playera y la camisa. Abrí la puerta y se presentó. Rosa era una chica morena clara, delgada, de unos 30 años, muy guapa. Traía un vestido largo de noche. Sus pechos casi se salían por el escote de su vestido. Realmente, muy sensual, muy atractiva. Mientras me estaba acomodando la corbata, observé que llevaba dos botellas, una de vino español y otra de champaña francés, que dijo ser un detalle de cortesía de los que me habían invitado.
-Estas botellas se la iban a subir los de la administración, pero me tomé la libertad de hacerlo yo misma. Espero que no se moleste por ello.-Dijo.
-No, al contrario.... y discúlpeme por dejarla ahí fuera, pero pase por favor.-Le dije, dándole paso al interior de la habitación.
Mientras terminaba de arreglarme, ella se paseó por la habitación y logró ver un estuche que había dejado abierto, que contenía artículos personales, como plumajes, telas de seda y de terciopelo, aceites, preservativos, viagra, lubricante y discos compactos de música de la nueva era.
-Veo que tiene usted. Casi todo listo para marcharse pronto. Ya se va mañana, ¿verdad?-Preguntó.
-Sí, mi vuelo saldrá mañana a las 6:00 pm directo a Nueva York y luego a Los Ángeles.-Contesté.
Entretanto, ella miraba con poco disimulo e inusitado interés la pequeña maletilla de mis cosas personales,  y que parecían  haber despertado en ella curiosidad. La miré y me di cuenta que ya tenía en sus manos mi estuche íntimo que contiene juguetes eróticos.
No me molestó su acción, pero me vi obligado a decirle:
¡Ah! si, en un momento lo guardo.
-Tiene cosas muy curiosas. ¿A qué se dedica?-interrogó ella.
-Periodista y dramaturgo. Lo que ves ahí es parte de mi pasatiempo, para matar las angustias y la soledad.-Fue mi respuesta.
La dejé pensativa y con cara de asombro. Terminé de arreglarme, tomé el estuche, lo cerré y lo puse en el buró de la cama. Antes de salir, ella me comentó que había visto loción para el cuerpo y otras cosas. Le tuve que aclarar que en mis ratos de ocio daba masajes sensuales, sin que ello fuera mis especialidad, sino algo que yo hacía para mi propia terapia sexual.
Ella se quedó algo intrigada y en sus ojos pude advertir un brillo fuera de lo común y un interés por incidir en el tema.
-Nuestra mente y nuestro cuerpo pueden llegar a mucho sin que lo sepamos. Si le interesa....me gustaría explicárselo, si tengo ocasión, para que pueda dejar volar su imaginación.-Le dije. También le indique que de ese tema no hablaría en público, pero como ya había abordado el tema pues me tome la libertad de hablarle a ella de ello. Me inspiró confianza. 
-Sí, me interesa muchísimo...-Insistió ella, con mirándome a los ojos con evidente ansiedad.
Como debido a la hora ya no podíamos demorarnos más, le dije que ya estaba listo y salimos de la habitación. En el camino a la recepción, le expliqué que el órgano sexual más grande es el cerebro y a partir de los estímulos que emite, se aprende la respuesta orgásmica. Le avisé de que mis masajes eran relajantes, que los hacía con caricias afectivas y en ocasiones caricias eróticas, llenas de calor humano para proporcionar una satisfacción extremadamente placentera.
Ella me escuchaba atentamente, con cierto aire de desconfianza. Para tranquilizarla, le confesé que yo tenía diabetes y que me dedicaba a los masajes como una terapia a mi impotencia orgánica. Le conté como había sido humillado, rechazado y abandonado por este asunto. Le dije que este tipo de impotencia era como tener una olla llena de leche con una tapa hermética, pero yo solo no la podía destapar, por lo que mi fantasía desde hacía varios años era encontrar a alguien que me la destapara y que pudiera gozar de los aromas de la leche y tomarse la que ella quisiera. Pero hasta ahora nadie se había animado.
Le recordé que a partir de los 50/55 años se daba el proceso climaterio masculino, denominado “andropausia”, cuando el hombre empieza a necesitar mayor tiempo de estímulo sexual para alcanzar las  erecciones, y que éstas pueden llegar a ser  menos duras, pero son más duraderas hasta alcanzar el orgasmo, lo que puede redundar en un mayor goce sexual para la mujer, por lo prolongado de los coitos.
Por las razones expuestas la mujer que se sometía al disfrute de mis masajes no tenía ningún riesgo de ser arrastrada a realizar el acto sexual completo, debido a mi impedimento eréctil. Solo en el caso de que mi invitada deseara asumir el reto de resucitar la capacidad de mi libido,  pasaba a complacerla usando la ayuda del viagra.
-Si se anima a visitarme alguna vez en América, en ningún momento se sentirá incómoda y le daré toda la confianza del mundo para que tenga el control completo en una sesión demostrativa.- Continué informándole.
-No veo porqué hay que esperar tanto tiempo. Estoy interesadísima en saber más. Viajar a América es algo a futuro y hay que vivir el presente.-Me contestó con un aplomo que no esperaba.
-Estoy de acuerdo con usted. Como ahora tendré que atender a mis anfitriones, al término de la recepción, si le parece, volveremos a hablar y concretamos una sesión experimental.-Le propuse yo, sorprendido por su actitud tan decidida.
Ahí, paró la conversación. Llegamos a donde se realizaba el acto de recepción, donde fui muy bien recibido y agasajado; había una orquesta, bebida, comida, baile, discursos. Rosa me presentó a algunas personas importantes y después de la cena ya no la volví a ver. La busqué para hacer más plática y quizás seguir la conversación que dejamos truncada, pero ya no estaba en la sala. Me quedé platicando con algunas personas y ya era casi la medianoche cuando decidí irme a mi habitación, después de despedirme de todos. Por el camino hacía mi cuarto, me pregunté cual podía haber sido la causa de la deserción de Rosa, ya que su desaparición sin avisarme contrataba con su reciente interés por encontrarse conmigo. Tal vez, había considerado algún  riesgo que la había hecho desistir.
Cuando llegué a la habitación, prendí la luz y escuché dentro música de la nueva era, lo cual me extrañó, ya que era la música que utilizo para mis sesiones de masajes. Pensé que la había dejado en la tocadora de CDs y no le di demasiada importancia. Dejé mis cosas a la entrada de la puerta y entré al baño a hacer mis necesidades y para darme una ducha.
Terminé, me sequé el cabello y salí envuelto en una toalla, dirigiéndome a la mesita de la cocina para tomarme una última copa de vino. De repente, la música subió de volumen, y me llamó la atención que seguidamente volvió a bajar, para luego escuchar una voz familiar.
-Buenas noches distinguido señor... -Era Rosa quién se encontraba con un traje transparente puesto, con la botella de champaña en la mano y dos copas preparadas. Me sirvió en una y me dijo:
-Quiero que me des un masaje sensual, esta misma noche.
Su proposición me agarró por sorpresa, dejándome en actitud indecisa, pero me repuse rápido y le respondí que no había problema alguno en hacerlo ya mismo si estaba dispuesta. Luego tomamos la copa brindando por nuestra complicidad. Enseguida vi que había acomodado la habitación acorde a una sesión sensual.
-Ya me di cuenta que tu viaje a América no iba a ser muy pronto… -Le dije.
Dispuse de las sábanas y colchas de la cama, haciéndolas a un lado. El colchón no estaba muy aguado y las almohadas las tenté y sentí que estaban buenas para formar parte de la sesión.
Mis cosas ya estaban acomodadas, y entonces de forma muy sensual, como una gatita se deslizó sobre la cama.
-Bueno, Rosa, empecemos con tu cuerpo desnudo en reposo, tapado apenas con  una tela de terciopelo. Esta ropita que tienes puesta, pronto desaparecerá de tu cuerpo.-Le dije a modo de inicio.
La música servía como fondo a nuestro encuentro, busqué la tela y poco a poco le quité lo que traía puesto. Su figura era escultural.
-Vas a sentir mucho cariño bañándose en todo tu cuerpo y vas a encontrar la feminidad que vive en ti.-Le dije.
Ella sólo escuchaba y cerraba sus ojos con un gesto de voluptuosidad.
-Vas a descubrir el fuego que llevas dentro y vas a conocer de cerca el significado de “nada más importa ahora”.-Continué hablándole.
La acomodé recostada en la cama, mientras ungía  en sus espaldas un aceite aromatizante.
-Vamos a descubrir juntos cual es el ritmo para llegar al placer completo. Mis dedos acariciarán todo tu cuerpo.
Mis manos le untaron aceite en la nuca y en la espalda y luego empezaron a masajear primero su cuello, subiendo y bajando la parte posterior de las orejas. Empecé a secar mis manos con su cabello, mientras preparaba una porción más de aceite aromatizante para que su cuerpo se sintiera más receptivo a mis caricias.
Después, froté suavemente su cuerpo, desde arriba hasta la punta de sus dedos y regresé a su cabeza. Mis manos recorrieron sus brazos y sus dedos de una manera sensual. Repetí lo mismo con los dedos de sus pies, uno por uno.
Luego, mis besos y caricias inundaron su cuello, su espalda, sus senos y su ombligo. Le di masaje desde los omoplatos hasta las asentaderas, unté más loción y aceite pasando por en medio de sus nalgas, logrando rozar ligeramente el orificio de su cola.
-Mmmm! Si....papi, si papi, así……-Me animaba ella.
Mis manos y brazos se deslizaban por su espalda, sus nalgas, piernas pantorrillas, tobillos y cada dedo de sus pies, los cuales lamí sin dejarme ninguno.
Le pedí que se volteara boca arriba, para partir desde la punta del pie hasta arriba, masajeando las rodillas, las piernas, llegué a su torso y me acomodé detrás de ella, levantándola para que me diera su espalda. Mis dos manos y brazos extendidos recorrían en círculo sus pechos enormes, cuyos pezones estaban ya bien paraditos. Tomé un plumaje y la hice acomodarse de pecho hacia abajo, que cerrara sus ojos y se dejara llevar por la sensación.
La pluma la recorría por toda la columna vertebral, sus piernas y sus glúteos y en medio de ellos.
-Sí, papi, si papi…-Gemía mimosa.
La última acción provocó que ella levantara las nalgas y se expusiera para que pueda rozarle la pluma suavemente en su clítoris y en sus dos orificios.
-Sí, así, si asíííí…
La volteé de nuevo boca arriba para besar a lo ancho su piel, desde las orejas, sus senos, su torso, hasta que llegué al sitio conocido como Monte de Venus, masajeando con dos manos esa parte tan sensible.
Ella me pedía que no parara, que siguiera ya que quería llegar a lo máximo.
-No pares. Hazme tuya de esta manera. El cielo del clímax es el límite.-Me urgía embriagada de placer.
Entonces, mi lengua empezó a trabajar en esa área, lamiéndole hasta que gimió una vez más de gusto. Después, mis dedos pulgares abrieron su vulva para ayudarle a que lubricara más y descubrí que estaba totalmente empapada.
-Haz lo que tienes que hacer.... No pares, por favor… -Me ordenaba Rosa.
Atendí su demanda y mi lengua entró en acción lamiéndole, succionando y dándole uno que otro mordisco; mi barba crecida del día, le picó los lugares más sensibles de su ser y siguió  suplicando…
-Ah!, siiiiiii….más, más, más, maaaaassss…
Y siguió su gimoteo hasta que empezó a tener un intenso orgasmo….
-Ah! Aaaah! Aaaahh! Ah! Ah….!!
-Ah! Aaaaaaahhhh…..!!!!!!
Después de su primera descarga, su cuerpo estuvo un momento tembloroso hasta que volvió a relajarse. Bebí sus licores que escurrían de su vagina y seguí incitándola en la zona genital que más le gustaba. Así, pronto estuvo lista para una nueva descarga y continué manteniéndola excitada, en pleno frenesí, hasta que unos minutos más tarde alcanzó un segundo orgasmo.
-Aaaayyy! Aaaahhh! Aaaaaaaaaaaaaaaaaaahh! –Suspiraba loca de placer.
Después de las  convulsiones orgásmicas, le pedí que se pusiera a cuatro, mi dedo pulgar entró en su ano y los otros cuatro en su vagina.
-Despacito papá, despacito, que quiero gozarlo....! –Me susurraba con voz cachonda.
De nuevo, mi lengua se puso a trabajar y puse nuevamente loción en mi pulgar para dilatar su culito hermoso. Mientras, mi otra mano le daba un masaje por la espalda y empezaba a tocar sus senos con delicadeza, exprimiéndolos tiernamente.
-Ah! Uuuuuuuuuh! Así, más, así, más, así, siiiii….!
-Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhh, siiiiiii!.
Después de esto, la volteé de espalda y puse sus pies en mi cuello para que mi lengua actuara de nuevo en su lubricada conchita, succionando sus sabrosos jugos. Así estuve hasta provocarle un tercer orgasmo.
-Aaaaayyy!! Aaaaaaaaaaaaayyyyy!!
Entonces sentí que se iba relajando entre temblores, totalmente satisfecha. Me quedé con ella recostado, nos tapamos los dos con una tela de terciopelo hasta que ella se quedó dormida entre mis brazos. 
En aquellos momentos, no pude dejar de pensar, maldiciendo mi infortunio  de no disponer de la buena condición sexual de mis buenos tiempos para disfrutar de aquella deliciosa hembra que tenía junto a mí, totalmente entregada. Hubiera dado todo el oro del mundo por tener una súbita erección con la que poder atravesar aquel precioso cuerpo.
Después, me paré de la cama, fui al baño para asearme y me metí en la regadera para refrescarme. Mi mente estaba excitada, mi cuerpo algo caliente, pero siendo impotente, no había tenido la suerte de tener una buena erección para aquella venturosa ocasión, a pesar de los lances tan candentes que acabábamos de vivir.
Debido a ello, normalmente no está previsto que en mis sesiones de masajes llegue a tener relación sexual completa con la dama a la que estoy tratando, lo cual para ellas es una garantía de libertad, a menos que ella en agradecimiento o por enfrentarse al desafío de producir una reacción en alguien que tiene dificultad eréctil, se prestara a hacerme el favor de una prueba.
Regresé a la habitación, totalmente desnudo. Ella despertó y pudo ver mi verga flácida, sin asomo de una deseada erección. Como ya conocía mi problema no se sorprendió, solo miró tristemente mi miembro alicaído.
Rosa se levantó, se fue a mi maletilla y sacó dos pastillas de viagra, un total de 100 miligramos y me dijo:
-Creo que conmigo no las vas a necesitar, pero si quieres puedes tomártelas. De una forma u otra, yo te ayudaré a destapar la tapa de tu olla ardiente.

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