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Friday, September 21, 2018

Por unos calzoncillos (1)



Por Pablo

Esta historia es totalmente cierta y pasó hace unos cuantos años.
Me llamo Pablo, tengo 25 años actualmente, mido 1.75 y estoy entre gordiflaco y normal ya que desde pequeño y hasta los 18 practiqué natación y fútbol, aunque los dejé al entrar a la universidad. Esta historia sucedió cuando tenía 19 y compartía piso con mi amigo de toda la vida Carlos, quien era un año mayor que yo, medía más o menos lo mismo y el cabrón estaba fuerte, muy fuerte. Le había conocido en la escuela ya que jugábamos a fútbol en el patio y coincidíamos también en natación.
Recuerdo especialmente un día en la escuela, yo tenía 18 y él 19 años, estábamos hablando mientras bajábamos las escaleras para salir al patio cuando de repente sentí cómo mis pantalones vaqueros se me bajaban hasta las rodillas, haciendo que me cayera al suelo y dejando al descubierto mis bóxers azules. Oí a Carlos reírse detrás de mí, por suerte habíamos salido tarde y no había nadie cerca.
- Tío, ¿estás bien? - me preguntó Carlos sonriendo.
- Me acabas de tirar por las escaleras, ¿tú que crees? - contesté.
- jajajaja deja que te ayude anda - me dijo. Entonces se acercó a mí y mientras estaba intentando levantarme (aún tenía los pantalones por las rodillas) estiró mis vaqueros y me los sacó. En un segundo había pasado de estar bajando unas escaleras a estar sin pantalones.
- Devuélvemelos ahora mismo - le exigí con una mano cubriéndome mis partes, lo cual era absurdo porque en el vestuario nos habíamos visto infinitas veces en calzoncillos.
- mmmmm...No - contestó con burla
- Por favor, ¿y si viene alguien? - rogué sin demasiada convicción.
- No - continuó burlón. En ese momento vi que no tenía muchas opciones, si continuaba bajando las escaleras me encontraría el patio lleno de gente, así que le pregunté qué quería.
- Levanta las manos y ponlas sobre la cabeza - me exigió y aunque me pareció una orden un poco extraña accedí.
- Ok, lo haré, pero quiero que después me devuelvas mis pantalones - contesté.
- Trato hecho - Carlos me sonreía mientras.
Lo cierto es que estar allí semidesnudo y a merced de Carlos me había hecho reaccionar, y empezaba a notar una pequeña erección (la cual hasta ahora podía cubrir con las manos). Así que allí estaba yo, en las escaleras de mi escuela sólo con calzoncillos, una semierección y dependiendo de Carlos para poder vestirme. Tras analizar la situación hice lo que me pidió y levanté las dos manos para ponerlas sobre la cabeza. Ahora Carlos tenía una visión completa de mis calzoncillos, y noté cómo se fijaba en mi pequeña protuberancia.
- Buen chico, además parece que lo estás disfrutando - exclamó Carlos alegre mirándome la entrepierna.
En ese momento miré hacia mis bóxers y se podía apreciar perfectamente la semierección que tenía en ese momento. No tengo un pene demasiado grande cuando está flácido (unos 6 cm) pero cuando está totalmente erecto es algo más decente (17 cm).
- Devuélveme los pantalones, he cumplido - exigí con una confianza que no tenía.
- Es cierto, pero también es cierto que te está gustando, así que quiero que hagas una cosa más - me dijo.
- Qué? - le pregunté. En ese momento solamente quería recuperar mis vaqueros.
- Date la vuelta y te los daré - me pidió.
En ese momento ni pensé en qué planes podía tener, así que lo hice, me di media vuelta como me pidió. Él estaba detrás así que no podía ver qué hacía o si se había ido y me había dejado allí.
- Ahí van - me gritó. No sabía a qué se refería hasta que vi pasar volando mis pantalones por encima de mí, cayeron justo delante y sin pensarlo dos veces fui a cogerlos, fue un grave error.
Justo cuando me estaba agachando sentí un intenso dolor en mis partes, era Carlos que estaba estirando mis bóxers hacia arriba con tanta fuerza que me levantó del suelo. Ahora estaba de pie y Carlos estiraba mis bóxers, era realmente humillante y doloroso, solamente esperaba que nadie subiera en ese momento.
Carlos se estaba riendo pero yo sólo sentía ardor en mis partes y vergüenza por la situación, cuando de repente oí un sonido espantoso, crash.
- Joder vaya mierda de calzoncillos te compras jajajajaja - se reía Carlos mientras me enseñaba mis calzoncillos rotos. Miré incrédulo a Carlos quién tenía en sus manos mis calzoncillos, o lo que quedaba de ellos, acto seguido miré hacia abajo y pude comprobar que estaba totalmente desnudo de cintura para abajo, cualquiera que pasara por allí podría ver mi polla y mis pelotas. Por si no fuera suficiente mi semierección se acababa de convertir en una erección completa.
- QUÉ HAS HECHO!?!? - grité olvidando por completo que estaba en la escalera y que llamar la atención era la último que necesitaba.
- No chilles tío, ¿o tal vez quieres que te vean así? jajajajajaja - se rio Carlos quién aprovechando mi confusión recogió mis pantalones del suelo.
- No tiene gracia - repliqué.
- Pues parece que no soy el único que lo está pasando bien hoy - dijo señalando con el dedo mi erección e hizo un amago de salir corriendo con mis pantalones.
- ESPERA!!!!! - volví a gritar, lo que llamó la atención, sin yo saberlo, de dos chicas de la clase de Carlos que subían las escaleras.
- Mira tía!!! - escuché detrás de mi.
Rápidamente me cubrí con una mano mis partes y con la otra el culo. Me giré y pude ver a dos chicas riendo a carcajada limpia. Una era morena, se llamaba Laura, parecía alta y era bastante mona, iba vestida con una blusa y unos vaqueros muy ajustados, mientras que la otra se llamaba Ana era una chica pelirroja, bajita, también muy mona e iba vestida con una camiseta de deporte y unos leggins.
- Ven aquí corre - le pidió Carlos a Laura.
Yo no sabía dónde meterme, solamente quería que aquello acabara. Laura empezó a subir las escaleras hacia mi mientras yo intentaba cubrir lo mejor que podía mi erección, la mayor que había tenido nunca. Pasó por mi lado riendo y se juntó con Carlos, mientras Ana seguía en las escaleras sin subir. Estaba totalmente encerrado.
- Ten, son sus pantalones, hará lo que sea por recuperarlos - le dijo Carlos a Laura.
- Me voy tío que llego tarde a una cita - me dijo Carlos mientras bajaba las escaleras y se iba hacia la salida. No me dio tiempo a reaccionar, solo le vi desaparecer escaleras abajo.
Ahora estaba solo con dos chicas a las que conocía solo de vista, con una erección y sin poder vestirme.
- ¿Qué hacemos con esto? - le preguntó Laura a Ana enseñándole mis pantalones, ignorándome completamente.
- Tíralos escalera abajo y que vaya a buscarlos jajajajaja - dijo con muy mala leche Ana.
- NO SERÁS CAPAZ!!! - le dije asustado.
- Que no? - preguntó irónicamente Laura. Cogió con los dedos índice y pulgar, como una pinza, mis pantalones y los puso sobre el hueco de la escalera. Si soltaba uno de los dedos se caerían hacia abajo.
- Vale, vale, está bien, qué puedo hacer para que no los tires - supliqué.
- ¿Son estos tus calzoncillos? - dijo Ana desde detrás señalando los bóxers azules que Carlos había roto.
- Sí - contesté avergonzado.
- Pues recógelos, ¿no los vas a dejar aquí verdad? - dijo riéndose Ana.
Los calzoncillos estaban a los pies de Ana así que bajé las escaleras hasta donde estaba ella, cubriéndome lo mejor que podía y me agaché. Había un problema, para cogerlos tenía que usar una mano y las tenía ocupadas, tenía que elegir si cubrir mi culo o mi erección y mis pelotas. Sin pensarlo mucho decidí cubrir mi erección con la mano derecha y coger los bóxers con la izquierda, dejando una vista estupenda de mi culo a Laura, que seguía unos escalones arriba riendo.
- Qué sexy!!! - exclamó Laura.
Cuando iba a cogerlos Ana los lanzó por encima mío de una patada y de manera instintiva fui a cogerlos con las dos manos, como si ese trozo de tela roto fuera mi salvación.
¡¡¡Tenía los calzoncillos, pero los estaba cogiendo con las dos manos!!!
Mi situación era totalmente humillante, estaba de rodillas en el suelo ligeramente inclinado hacia adelante, posición en la cual ahora Ana podía ver mi culo desnudo en pompa y Laura podía ver mi erección al completo, eso sí, tenía los bóxers en mis manos...
- jajajajajajajajaja bonito culo - reía Ana.
- pues tendrías que ver cómo está su polla, se ve que le gusta que le veamos jajajajajaja - reía también Laura.
Me quedé petrificado, dos chicas preciosas me estaban viendo el culo, pelotas y polla erecta en una escalera que pronto estaría llena de gente. Sin darme cuenta noto como Ana me coge del brazo izquierdo y Laura del derecho para levantarme. Estoy de pie, apoyado sobre la barandilla con mis brazos sujetados por Ana y Laura y mi erección completamente visible.
- Wooow - exclamó Ana.
- Por qué te cubrías? jajajajajaja - me susurraba Laura al oído, en ese momento noté una gota de líquido preseminal en mi glande, intenté ignorarlo, pero ellas lo vieron.
- Tía está a punto de correrse!!!!! - decía a carcajadas Ana mientras con la mano que ella tenía libre me acariciaba el pezón izquierdo.
- Pero ¡¿qué haces Ana?!?! Voy a devolverle los pantalones - le recriminó Laura quién no me había mirado aún a la cara, solamente miraba a Ana y a mi polla.
Los pantalones estaban junto a mi pie derecho, me soltó el brazo derecho y aprovechando la ocasión podría haberme soltado también del izquierdo, pero si de verdad me iba a devolver los pantalones pensé que mejor no hacer nada que le hiciera cambiar de opinión.
Se agachó a recogerlos y cuando los estaba recogiendo se giró hacia mi polla, solamente la miró. El desastre vino cuando noté su respiración cerca de mi polla, con la excitación de estar desnudo en la escuela, dos chicas preciosas mirándome todo de cerca y su boca tan cerca de mi erección exploté.
Tuve el mejor orgasmo de mi vida y sin haberme tocado si quiera, salieron 6 chorros fuertes de semen que cayeron en las escaleras y también en la pared. Laura lo estaba viendo todo a escasos centímetros de mi polla.
- SE HA CORRIDO!!!!!! jajajajajajajaja - exclamaba Ana que ya no me acariciaba en pezón, de hecho, ya ni me sujetaba el brazo. Solamente me miraba con cara de asombro y satisfacción, como si fuera lo que estaba buscando.
Laura estaba inmóvil, solamente miraba mi polla y los restos de semen en la escalera. Cuando reaccionó cogió mis calzoncillos y me limpió la polla de los restos de semen, la escalera y la pared. Mientras aproveché para coger mis pantalones y me los puse lo más rápido que pude. Empecé a subir las escaleras para volver a por mí mochila y acabar ese día (sí me salté el resto de las clases) cuando oí a Laura.
- ¡¡Esto es tuyo, eh!! No me lo voy a quedar yo - me dijo Laura lanzándome mis propios calzoncillos.
Los cogí y me fui, en cuanto llegué a clase los guardé en mi mochila, recogí las cosas y me fui directo a casa. Solo esperaba que no se lo dijeran a nadie.
Cuando llegué a casa miré el móvil y vi que tenía un mensaje: "¿Te ha gustado?". Era de Carlos.

Continuará…

Sunday, September 30, 2018

Por unos calzoncillos (2)





No contesté al mensaje de Carlos, ya que aún estaba intentando asimilar lo que había sucedido. Esa noche no podía dormir, no dejaba de pensar en que me había visto desnudo por primera vez en toda mi vida una chica (en realidad dos)  y por si no fuera suficiente me habían hecho eyacular en una escalera...Por aquella época aunque ya tenía la mayoría de edad era muy tímido y me constaba horrores hablar con mujeres.

Al día siguiente me desperté a las 06:30 como de costumbre, aunque había dormido muy poco no me sentía cansado así que me desesperé y me levanté de la cama. Me quité el pijama (una antigua camiseta que ya no usaba y un pantalón corto de deporte medio roto) y mientras me miraba en el espejo de la habitación, completamente desnudo, recordé a Laura agachada mirándome mis partes. Inmediatamente tuve una erección. No me había gustado estar desnudo en medio de la escuela pero sí que me vieran dos chicas de esa manera y especialmente Laura.

Fui directo a la ducha intentando no pensar en ella, pero su cara seguía apareciendo en mis pensamientos y sobre todo en cómo me acarició para limpiarme los restos de semen de mi pene, así que me empecé a enjabonar y a acariciarme mis partes, no me hizo falta demasiado tiempo para eyacular en el plato de la ducha. Lo limpié todo y me vestí.

Salí de casa sin desayunar ya que quería llegar de los primeros y no cruzarme con nadie que pudiera saber lo que pasó. Cuando llegué aún no habían abierto y algunos profesores estaban esperando, los cuales se extrañaron de verme (no solía ser demasiado puntual), me saludaron y en cuestión de pocos minutos abrieron la puerta.

Entré dejando pasar a los profesores y empecé a subir las escaleras hacia clase. Eran las escaleras donde pasó todo. Mientras subía las escaleras pude escuchar quejarse a la señora de la limpieza de lo guarros que éramos los alumnos, siempre manchándolo todo. Cuando la vi pasar el mocho en la zona donde eyaculé, tuve la segunda erección del día... intentando disimular al máximo subí hacia clase y entré. Había llegado de los primeros así que me senté en la última fila, sin nadie al lado.

Carlos tiene un año más que yo pero coincidimos en algunas clases (las que tiene que repetir) pero ese día no teníamos ninguna juntos, por lo que me alegré de no tener que verle. El profesor no tardaría mucho en llegar así que abrí la mochila para sacar la carpeta y unos bolígrafos. Cuando lo hice lo primero que vi fueron mis calzoncillos rotos, no había tocado la mochila desde el día anterior y por tanto ahí seguían. Empecé a notar cómo mi pene empezaba a crecer otra vez y en pocos segundos pasé a tener la tercera erección del día, yo no entendía nada. Me calmé ya que nadie podía notar nada, cogí la carpeta y cerré la mochila.

Absorto en mi erección alcé la vista hacia la puerta y cuál fue mi sorpresa... Carlos estaba entrando por la puerta, y parecía no haberme visto. Mi erección había desaparecido por completo cuando Carlos me vio y se sentó a mi lado. Tragué saliva y le pregunté:

- ¿Qué haces aquí, tío? - dije sorprendido.
- Pues venir a clase, tú que crees - respondió aún medio dormido.
- Pero si no tienes clase hoy... - respondí.

En ese instante entró el profesor y cerró la puerta, ahora mismo si no quería llamar la atención tenía que quedarse toda la hora, al menos hasta el descanso. Nadie se había extrañado de ver a un alumno "nuevo" ya que la mayoría estábamos medio dormidos.

- Joder tío... ahora tengo que quedarme una hora aquí sin hacer nada - me dijo en voz baja. - por cierto, te gustó lo de ayer eh... - me preguntó acto seguido.

No tenía claro qué contestarle así que hice como si no le hubiese oído.

- Ya me han dicho que te gustó, y mucho jajajajaja - me repitió.

"Mierda" pensé, se lo han contado, ¿ahora quién más lo sabe?, ¿qué va a pasar ahora?, eran preguntas que me surgían a la vez cuando sin haber contestado si quiera me dijo:

- Bien pues ya que estamos aquí vamos a divertirnos.

Yo en aquel momento ni me imaginaba lo que eso significaba.

- ¿A qué te refieres? - pregunté inocentemente.
- Vamos a jugar a un juego - dijo alegremente.
- ¿Qué juego? - dije sin mucho interés.
- Un juego en el que te digo algo y tú lo haces - dijo muy serio.

En ese momento sacó su móvil y me lo dio, lo cogí, miré la pantalla y empecé a temblar. Eran fotos mías tomadas en los vestuarios mientras nos cambiábamos para ir a natación, en ellas estaba en calzoncillos, desnudo y en la ducha, cabe destacar que en ellas mi polla estaba flácida y parecía minúscula, lo que era más humillante aún. No sabía cómo las había conseguido sin que me diera cuenta pero las tenía.

Rápidamente borré las fotos y le devolví el móvil. Parecía no haberse dado cuenta.

- Ahora quítate los pantalones. - me exigió.
- Qué!! Noo!! Pero de qué vas?!?! - le dije enfadado. Era el colmo, si no tenía suficiente con lo de ayer ahora esto.
- Quítatelos o... - me dijo.
- ¿O qué? - le pregunté vacilante.
- O empiezo a enviar las fotos a todo el mundo - respondió.
- Hazlo si quieres - dije demasiado confiado.
- ¿Te los quitas o quieres que las envíe? - me preguntó otra vez. Antes de responder añadió - ten en cuenta que Laura y Ana tienen copias de todas las fotos.

En ese momento me vine abajo, lo que parecía resuelto se complicó de muy mala manera.

- Mientes, no hay más copias, estás mintiendo!! - le respondí.
- Piensa lo que quieras... ya viste cómo se te complicó el día ayer - me dijo sonriendo.

Estaba jodido, si las tenía en su móvil también era posible que las tuviera en el ordenador o que las tuvieran Laura y Ana como él aseguraba. Antes de reaccionar me dijo: "Última oportunidad, o te los quitas o les digo que las compartan".

Realmente no veía muchas alternativas, esas fotos eran muy muy humillantes y no sabía cuánto podía afectarme, así que cedí.

- Está bien, lo haré, y luego no compartirás ninguna foto - dije con tesón.
- Claro - dijo dándome la mano - trato hecho.

Miré a mis compañeros por si alguien había escuchado algo pero todos parecían ocupados copiando de la pizarra así que cuidadosamente empecé a bajar la cremallera de mis pantalones.

- De verdad que no puedo hacerlo, no aquí - le pedí.
- O lo haces o todos verán tu pollita - dijo sin piedad y dando énfasis a la palabra "todos".

Tuve que ceder, me quité los zapatos, pensé que me facilitaría poder quitarme los pantalones sin hacer demasiados movimientos bruscos, y acto seguido moví la silla un poco para ganar espacio, nadie parecía darse cuenta de lo que pasaba así que continué. Metí los dedos a través de los pantalones y tiré hacia abajo, los tenía ahora por los tobillos. Un rápido vistazo a la clase para comprobar que nadie me viera y con una mano e intentando disimular al máximo cogí una pierna del pantalón. Tiré de ella, la cual salió sin complicaciones e hice lo mismo con la otra. Los pantalones estaban ahora en el suelo. Estaba vestido en plena clase con una camiseta y unos calzoncillos, nada más mientras Carlos me miraba complacido.

- Muy bien!! - me dijo él mientras cogía los pantalones y los guardaba en su mochila.

No pude hacer nada por evitarlo, no quería llamar la atención y que alguien mirara hacia donde estábamos así que me quedé quieto sin hacer nada.

- Ahora quítate los calzoncillos también - me exigió.
- No!!! El trato era quitarme los pantalones, nada más - protesté muy preocupado.
- Cierto, las únicas fotos que tenía eran las que has borrado de mi móvil, así que no las puedo enviar - respondió.

Ahora el problema ya no eran las fotos, que ya no existían sino haber perdido los pantalones, otra vez.

- Dame mis pantalones!! - exigí de nuevo.
- Lo haré pero quítate los calzoncillos, no veré nada que no haya visto antes... - me contestó.

Quedaban 15 minutos para que acabara la clase y tenía miedo de que la gente se levantara y me viera sin pantalones así que un día más volvía a estar a merced de Carlos. Muy muy muy poco a poco empecé a bajarme los calzoncillos y me los quité, ahora estaba en clase, sin pantalones ni calzoncillos. Me cubrí la entrepierna con las dos manos y me arrimé todo lo que pude a la mesa.

- Bravo!!! No creo que yo pudiera haberlo hecho, ha sido increíble - me dijo en voz baja.
- Dame mis pantalones, he cumplido. - le pedí.
- Sí pero no, esa era la primera parte. Además te lo estás pasando bien, ¿verdad? - me dijo mientras me levantaba las manos que cubrían mi entrepierna con una mano y me agarraba el pene.

En ese momento di un brinco, no me esperaba eso. Acto seguido quitó la mano y quedó a la vista mi erección. Quedaban 10 minutos de clase y tenía que recuperar esos pantalones sí o sí.

- Devuélvemelos por favor, se está acabando la clase!!! - dije rojo como un tomate.
- No estás en posición de exigir nada, ¿no crees? - me dijo dejándome helado.
- ¿Qué quieres? - le dije angustiado.
- Quiero que te hagas una paja aquí y ahora - me dijo.

No me lo podía creer, o me hacía una paja en mi clase rodeado de gente que podía girarse en cualquier momento o me quedaba desnudo de cintura para abajo.

- No pienso hacerlo - le contesté.
- Bien, hoy no tengo ninguna clase más así que me voy a ir a casa cuando acabe la hora. - dijo confiado - con tus cosas, claro.
- No serías capaz, somos amigos... - susurré angustiado.
- Tú mismo... - contestó muy seguro.

Quedaban 2 minutos de clase, era imposible que consiguiera eyacular a tiempo sin que nadie se diera cuenta.
Sonó el reloj, el profesor acabó la clase, abrió la puerta y se fue.

Carlos cogió su mochila con mis pantalones y calzoncillos dentro, se levantó y se despidió. Yo no podía levantarme, obviamente, y no pude evitar que saliera.

Continuará

Saturday, February 23, 2019

Pequeñas mamadas



Por Punky Pow 

Lo ocurrido con mi hermana es una historia 100% real y lo puedo jurar me ocurrió hace casi 4 años el verano del 2012. Vivo en España y actualmente tengo 22 años. Mi familia se compone de mis padres mi hermano menor de 18 años, mi hermana menor de 11 y yo. Por ese año yo tenía 18 años y mi hermana 7, mis padres trabajaban en un hotel y mi hermano al tener 14 años ya salía muy a menudo con sus amigos, y yo estaba estudiando mi carrera con lo que ese verano debido a los horarios del trabajo de mi padre y a las salidas de mi hermano me toco a mi hacerme cargo de mi hermana, darle de comer, cenar, acostarla.
 Mi hermana es bonita no porque sea mi hermana, pero es una niña guapa. Por aquel entonces estaba aún más delgada era muy rubia los ojos castaños y un pelo siempre muy largo. Mi hermano por las mañanas solo jugaba a la videoconsola y por la tarde se iba con sus amigos hasta tarde con lo que también era otro cargo para mi hacerle la comida, cena etcétera. No digo que ahora a mis 22 años sea viejo ni mucho menos, pero a mis 18 años aún estaba más salido que ahora con lo que siempre aprovechaba para masturbarme y más esos días que nos quedábamos solos en casa. Siempre intentaba como es lógico que los niños no me pillaran y más con la pequeña que siempre me buscaba para jugar. Siempre me tocaba jugar con ella a las muñecas y al escondite.
Una tarde recuerdo no al 100% como es normal pues hace ya años que … jugando con ella a las muñecas me empecé a excitar cosa que jamás me había ocurrido. Ella estaba sentada en el suelo con sus pechos al aire, pechos completamente planos como los de cualquier niña de su edad, pero no fue eso lo que me excitó, fue que sus braguitas le estaban un poco grandes y se podía ver su rajita. Muchísimas veces le vi su coñito pero ese día por cosas que no entiendo me excitó. Mientras jugábamos con sus muñecas no dejaba de mirarle, por una parte mi mente me decía que me controlara pero por otra decía que por un poquito mas no pasaría nada. Con una poca de maldad desnude una muñeca y le dije que ellas no tenían lo que las niñas de verdad sí. Ella riendo me dijo que era lo que no tenían y le señale a su rajita. Riendo me dijo que no porque eran de juguete y toda inocente echaba a un lado sus bragas para mirarse la vagina. Al rato le dije que jugaríamos a otro juego secreto entre yo y ella que si se lo decía a nuestro hermano o padres yo iría a la cárcel y todos estaríamos muy tristes y ella un poco seria me dijo que si con la cabeza. Cogí un muñeco y una muñeca y le dije que tendría que morderme donde se mordían ellos. No recuerdo bien todos los puntos que le señale pero fueron por varios lados brazos, piernas, manos, cara, hasta que le señale el bulto del muñeco, ella empezó a reír un poco avergonzada, yo estaba en calzoncillos y un poco dudosa me dio un bocado en mi polla haciéndome un poco de daño. Quejándome un poco le dije que hay en mi cosita lo diera un poco más flojo, ella de nuevo me dio un bocado mucho más tierno en la polla que ya la tenía a 1000 por hora. Después de esto nos quedamos mirándonos unos segundos ella un poco avergonzada y yo nervioso y en blanco por lo que había dado lugar a llegar hacer con ella, después de esos segundos ella riendo me dijo que me había dejado los calzoncillos manchados de babas, cosa que al fijarme me excitó aún más. Le volví a preguntar que si jamás le diría a nadie de este juego y ella cada vez que le preguntaba eso ponía cara triste y me afirmaba con la cabeza. Me levante y dije que iba al baño pero en realidad salí de su habitación muy nervioso y estuve dando unas vueltas a la casa en realidad no sabía lo que hacía solo eran los nervios sentía un gusto que jamás había sentido y tengo que decir que por ese entonces era virgen lo que más había hecho eran unos besos y magreos poco más. La calentura me pudo y el acto que hice hoy en día me arrepiento y a la vez me gusta por todo lo que pase con ella, pero me ganó la excitación y volví a su cuarto, ella miraba un poco seria mi bulto que ya se notaba bastante dentro de los calzoncillos y le dije que me diera más bocados tiernos hay, ella se levantó y vino hacia mí y empezó a morder suavemente mi polla, le agarre la cabeza y le dije que no parase hasta que yo lo le dijera. Estuvimos así un rato hasta que me corrí sin soltarla con la saliva que me estaba dejando no noto mi corrida, recuerdo el placer que sentí mientras me corría ella seguía … mordiendo me dieron hasta unos calambres de placer por todas las piernas. El daño ya estaba echo había hecho algo muy malo con mi hermanita, no recuerdo bien lo que paso el resto del día pero a la mañana siguiente seguro que estuve muy asustado por lo ocurrido cuando todos estaban en casa, pero ella no dijo nada. Sigo repitiendo lo de no recuerdo bien pero es que es así no recuerdo si fue al segundo tercer o cuarto día cuando de nuevo otra tarde estando solo con ella cuando mi hermano se fue volvió a pasar algo parecido, jugando a las muñecas volví a sacarle el tema del juego de los bocados, pues ya la excitación de lo ocurrido el primer día me tenía muy caliente. Ella ya como un juego normal mordía mi polla por encima de los calzoncillos hasta que me corría y así estuvimos varios días, pero todo cambio el día que llegamos a más… Una tarde de nuevo al proponerle jugar a nuestro juego le dije que en vez de morder chupara y así lo hizo empezó a chupar con su lengua, saque mi polla por un lado de los calzoncillos y le dije sonriendo si quería jugar así, ella un poco impactada se quedó mirando mi polla, me miro a los ojos muy seria y no dijo nada le dije que probara así, ella siguió sin hacer nada y le dije que probara que le iba a gustar, la cogí de la cabeza y la acerque a mi polla y empezó a darle bocados. La pare y le dije al oído en voz baja que a si no que chupara como lo había hecho antes, la acerque de nuevo y hay empezó la primera mamada de mi vida sin calzoncillos por medio aunque jamás imagine que me la daría mi hermanita de 7 años. Ella la chupaba con su lengua para un lado y otro la verdad yo lo estaba gozando a 1000000000 el gusto que me estaba dando era algo muy especial, al poco rato ella paro y le dije que porque había parado si no le gustaba me dijo que si pero que le daba un poco de angustia. Estaba a punto de llorar entonces le dije que no llorara que ya está bien por ese día. Después de ese día hubo muchos más aquel verano que mi hermana me chupó la polla y me la mordisqueó, las mamadas no fueron muy largas apenas 2 o 3 minutos pero las disfrute mucho y por las noches me masturba como un loco en mi cama. En el invierno ya todo cambio y jamás volvió a pasar más nada pero puedo asegurar que lo que he contado es 100% real y gracias a dios hoy en día ella jamás ha vuelto a sacar el tema o parece que lo ha olvidado.


Saturday, January 26, 2019

Verito con su padrino



Por Torux


Viene del relato: https://encuentrosyrelatos.blogspot.com/2018/12/verito-con-su-vecino.html


Capítulo III: Mi padrino



Esta ha sido una semana maravillosa. Rafa vino al día siguiente y conversó con mi madrina y mi padrino. No vino antes porque su papá lo retuvo en el trabajo. Nos hemos visto todas las tardes, pero sólo en la puerta porque mi padrino no quiere que estemos solos en la casa y yo soy muy obediente… aunque a veces nos metemos un ratito a la salita. Nos ponemos a escuchar música y él me abraza en el sillón. Me gusta cuando me recuesto en su pecho y él cruza sus brazos por delante mío y me besa en el pelo, es tan rico sentirlo así, cerquita mío. Ayer estábamos así, acurrucaditos los dos y yo por tratar de acomodarme me afirmé en su pierna y me dio vergüenza porque mi mano quedó muy cerca de… bueno, de ahí. No pude evitar acordarme de que algunos hombres tienen un bulto muy grande en ese lugar, ¿cómo lo tendrá el Rafa?
Hoy es domingo y mi madrina y yo hemos ido a la parroquia y mi padrino se ha quedado durmiendo. A él no le gusta acompañarnos, no sé por qué. Al volver, mi madrina me mandó a despertarlo, aunque ya era tarde. ¡Soy tan tonta!, ¡tantas veces que me han dicho que toque antes de entrar!. Abrí la puerta y no lo ví en su cama, entré y allí estaba mi padrino.
—¿Ya volvieron?, dijo, sin mirar.
— … (Yo, muda)
—No encuentro calzoncillos, negra –dice él— y justo entonces mira y me ve.
Yo sigo muda, mirándolo, paralizada. Él se encuentra desnudo al lado de la cómoda, su pene es más grande de lo que pensaba y cuelga entre sus piernas sobre dos enormes bolsas oscuras llenas de pelos. Se le ve poderoso, grueso, oscuro y no puedo dejar de mirarlo. Siento lo mismo que el día que recibí al pordiosero aquel. Mi padrino no se cubre ni hace nada, sólo me mira fijamente mientras yo estoy toda coloradita de vergüenza y… y me siento rara.
—Pensé que era mi mujer, dice.
—Está en la cocina, replico, me mandó a despertarlo.
—Ah, es que no encuentro los calzoncillos, me dice muy bajito.
—A lo mejor están en el segundo cajón, respondo también bajando mi voz y agachándome para buscar yo sus calzoncillos.
Cuando levanto la vista, su miembro es un garrote inmenso que apunta al frente, muy cerquita de mi rostro. Su cabeza a medias descapullada se ve húmeda y nuevamente siento ese olor que sentí el día que el caballero ese me la puso en la boca. ¡Siento tantas ganas! y la verga está tan cerca que hasta siento el calor que despide. No puedo quitarle la vista de encima, es como si fuese una cobra que me tiene hipnotizada. Ya casi me toca y yo tiemblo.
—Padrino… —susurro con mi voz temblorosa.
—Shhh —me hace callar tomando mi mano y llevándola hacia su falo palpitante.
Quema. Siento mi mano arder en ese fuego que irradia. Mi padrino me levanta y toma el calzoncillo que tengo en una mano y lo tira a la cama, luego me abraza fuertemente con una mano en la espalda y la otra incrustada en la hendidura de mis nalgas y mi cara se hunde en su pecho peludo. Su pene lo siento ardiente en mi barriga y me da miedo, mucho miedo. Me suelto de su abrazo y corro hacia mi pieza, allí me siento en mi cama, con mi corazón palpitante, queriendo salírseme del pecho y muy asustada de sentir tantas cosas que no conozco. Pienso en Rafael y en lo sano que es él, ¿por qué yo tendré que ser así?, ¡me siento tan culpable!, ¡pobrecito mi padrino, víctima inocente de mi lujuria inexcusable!
No salgo de mi pieza hasta que me llama mi madrina a almorzar, creo que me quedé dormida. Ya la mesa está puesta y no sé qué cara tengo; mi madrina piensa que estoy enferma porque apenas pruebo la comida. Mi padrino a ratos me mira, preocupado. Terminan ellos de almorzar y mi padrino comenta que dormirá una siesta, que lo despierten para ver el fútbol y se va a su cuarto.
Lavamos la loza con mi madrina y mi ánimo mejora porque me pregunta por Rafael y me dice que lo invite a pasar la tarde conmigo ya que ellos estarán en su pieza y así lo hago, llamo a Rafa y cuando este llega, siento que ya todo está bien.
Lo que no me gusta de Rafa es que a él le gusta una música muy rara, trajo unos cd’s de rock de su casa y a mí lo que me gusta es la música romántica, pero aun así lo pasamos bien, nos reímos harto, cuidando de no meter mucha bulla, ¡qué lindo besa mi Rafita! Me besa los labios primero, luego los chupa muy suavemente, muy lento, y los toca con su lengua; luego me mete su lengua en la boca y toca mi lengua. Tiene un sabor tan rico y me encanta todo lo que me hace. Cuando me besa en el cuello siento una contracción en mi chorito, ¡qué cosa tan rara!
A la hora baja mi madrina de su cuarto y nos dice que saldrá un momento a visitar a su comadre y me pide que despierte a mi padrino en una media hora más, pero con el Rafa a mi lado me acordé cuando ya había pasado una hora así es que subí rápido al dormitorio de mi padrino y toqué a la puerta, mi padrino me gritó que pasara y así lo hice, estaba despierto y tenía ya la TV encendida.
—¿Y la negra?, pregunta.
—Fue donde la señora Norma, respondo.
—¿Me traería una cervecita, mija?, me dice.
—Sí, padrino, le respondo y salgo a buscar una botella de cerveza del refrigerador.
Vuelvo y esta vez entro a la pieza sin golpear, mi padrino está sentado en la cama, con almohadones en su espalda; su pecho desnudo se ve muy peludo igual que sus brazos, la sábana lo cubre de la cintura para abajo.
—¿No quiere hacerme compañía un ratito, mija?
—Es que estoy con el Rafa, padrinito.
—Ah, está el muchacho, bueno, si se va luego, se viene para acá ¿quiere?
—Bueno, padrino, le digo y siento como unas cosquillitas en el estómago y mis orejas se encienden. No quiero pensar en eso, pero la imagen de la verga de mi padrino se me aparece enfrente y me da vergüenza que mi padrino se entere de lo que estoy pensando.
Creo que el Rafa me siente distinta, porque al rato me dice que se va a buscar al Diego y me pide que nos juntemos con él más tarde, no le insisto en que se quede, me siento nerviosa y creo que sé por qué.
Subo al dormitorio de mi padrino y entro. Él sigue igual que antes, recostado en su cama con el pecho desnudo. Me mira y se corre un poco hacia el centro de la cama haciéndome una seña para que me ubique a su lado, me pasa un brazo por debajo de los hombros y quedo así muy pegadita a él, me toma de una mano y la pone en su barriga haciéndome cariños en el dorso. Luego se inclina a besarme en la cabeza mientras siento sus abundantes pelos en su cuerpo. Eso me hace temblar y sólo atino a cerrar los ojos y pensar en todo esto que me está ocurriendo. Me gusta estar así con mi padrino porque yo lo quiero mucho a él, ha sido siempre un papá para mí, pero a la vez sé que no debería, ¡si mi madrinita supiera!
Yo me vine de chiquita a vivir con mis padrinos porque mi mamá no podía criar tanto niño chico, aunque por unos años viví en ambos lugares por temporadas. Algunos años después de que yo nací, mi mamá se juntó con el papá de mis hermanos. Tres hijos más tuvieron mi mamita, pero igual terminó dejando a ese caballero; yo ya vivía con mis padrinos así es que mucho no me acuerdo de él. Bueno, sí me acuerdo de algunas cosas, pero prefiero no pensar en eso porque… bueno, hay cosas que preferiría no recordar, aunque igual a veces pienso en eso. Aparte de que me da pena porque a mi papá nunca lo conocí. Mi mamá nunca me quiso contar de él, pero yo creo que debe haberlo conocido cuando trabajaba para mis padrinos. Mi madrinita dice que mi mami trabajaba ayudándole en los quehaceres de la casa, pero yo sé que era la empleada y no sé por qué a mí madrina no le gusta usar esa palabra, pero es la verdad, mi mamá era la empleada de la casa de mi madrina y cuando yo nací ellos fueron mis padrinos de bautizo y por eso me quieren como una hija y yo los quiero mucho a los dos.
Poco a poco comienzo para acariciarlo, mi mano recorre su cuerpo haciéndome sentir tantas cosas que no puedo explicar; él se inclina hacia mí y busca mi boca, cierro los ojos y abro los labios, recibo su lengua que se enrosca con la mía. Esto es distinto, su lengua muestra una exigencia madura, experimentada, recia e intensa. La cara de mi padrino es áspera y se siente tan viril que siento que en sus brazos no tengo voluntad. Poco a poco abre los botones de mi blusa y saca mis pechitos al aire. Se abalanza hacia ellos y apretándolos toma un pezón entre sus labios y chupa fuertemente haciendo ruidos con la succión. Me aprieta las tetas enloquecido haciendo que mil sensaciones recorran desde mi vagina hasta mis pezones que se introducen en su boca absorbidos, a ratos violentamente, provocándome un delicioso dolor, un estremecimiento que me hace retorcerme, sobrecogida por la pasión y el deseo. Con los pies, mi padrino se deshace de las sábanas y todo su cuerpo queda al descubierto, su pene se bambolea potente y viscoso ante mi vista nublada.
Cierro los ojos, no creo poder ser capaz de sentir tantas cosas al mismo tiempo, me concentro un rato en sus chupadas a mis tetas, luego en el roce de sus piernas rudas, luego en su verga que se restriega en mis piernas. ¡Oh!, ¡es demasiado!, no creo poder resistir. Siento una corriente eléctrica que recorre desde mi chorito hasta mi cara y como que me hago pipí de gusto. Mi padrino me desnuda, me quita la faldita, ya me ha sacado el sujetador, ahora son los calzones, me los quita rápidamente y sin preámbulo se zambulle allí abriendo mis piernas con sus manos fuertes, un escalofrío recorre mi ser; quiero gritar de gusto al sentir su lengua entre mis piernas; nunca imaginé siquiera que eso se pudiera sentir. Mi cara arde, ¡Aghhh!, ha metido su lengua entre mis pliegues. ¡Qué está haciendo!, me chupa algo que me hace desfallecer, ¡Ahhh!
—¡Pa…dri…noooo! ¡Ahhh! ¡¿qué me… está….ahhhhhh….! ¡AGGHHHH!, ¡QUE ME MUEROOO!
Luego se pone de espaldas en el centro de la cama y me sube al revés sobre él, tira de mis piernas y nuevamente me ataca en ese lugar que ni yo sabía que podía hacerme sentir eso; su verga queda frente a mí, palpitante, chorreando sus jugos que caen en hilitos sobre sus bolas inmensas, puedo ver sus venas gruesas y salientes, me vuelvo loca de placer. La tomo entre mis manos y chupo con todas mis fuerzas, mi padrino tiembla. La siento salada, caliente y dura; se estremece en mi boca.
Mete un dedo en mi cuevita y me hace saltar de gusto; estoy muy mojada allí. Luego pone el dedo en mi botoncito y casi me desmayo de placer. Sigo chupando mientras él cada vez entra más en mi boca, siento que algo me viene, creo que me hago… mi vista se nubla, ¡Aghhhhh!, mi cuerpo se convulsiona y luego todo se me hace negro; mi cabeza cae entre sobre sus bolas y su pene lo siento en mi cuello quemándome la piel.
Poquito a poco reacciono. Mi padrino me ha acostado de espaldas y está sobre mí, su pene está tocando mi cuevita y sus manos sostienen mis piernas; siento como su cabeza entra en mi ser, se queda quieto y me mira con los ojos entrecerrados, su cara demudada de placer. Se inclina sobre mí y lo mete, no me duele nada, solo siento que resbala hacia adentro; me siento llena de su carne ardiente. Me besa y comienza un salvaje ritmo que hace que me falte el aire. No siento dolor en mi conchita, sino más bien un ardor, una sensación de que no me cabe ahí, pero no me duele realmente.
Su pecho me aplasta las tetas, siento sus pelos en mis pezones, su cuello está mojado de transpiración. Lo abrazo fuerte y aprieto su cabeza contra mí mientras muevo mis caderas en un baile que recién me doy cuenta de que conozco sin que nadie me lo haya enseñado. ¡Se siente tan rico!, sus bolas golpean contra mis nalgas y su pene me aserrucha con violencia; levanta su cabeza con la boca abierta y emite un rugido seguido de convulsiones de su cuerpo todo y luego escupe su leche en mi interior; ¡Ahhhhh! ¡Qué rico, mijiiiita!!! –grita, mientras siento como su líquido resbala en mis paredes interiores en un sinfín de estertores de su verga magnífica; me retuerzo de placer mientras un segundo orgasmo se apodera de mí. Desfallezco.
—Te amo, hijita querida, —balbucea—, y nos quedamos abrazados así, él sobre mí, sin sacar su verga que me ha hecho mujer al fin.


Tuesday, September 18, 2018

Mi prima Lucía, la mejor amiga de mamá



Por Mortocoro

Mi prima Lucía era una chica de veinte años. Estaba estudiando en la universidad y aquel curso mis tíos no podían pagarle un piso para que estuviera en la ciudad, así que le pidieron a mi madre si ella podía quedarse en nuestra casa aquel curso. Por supuesto que la recibió con mucho gusto.
Mi madre y yo vivimos solos desde hace más de diez años, cuando mi padre decidió marcharse y dejarnos para vivir con otra mujer. Yo ya había cumplido los dieciocho años, mi nombre es Eduardo, no soy especialmente guapo ni tengo un cuerpo estupendo y la verdad es que soy introvertido y tengo apenas un amigo con el que salgo pocas veces.
Mi madre se llama María, tiene cincuenta y dos años y lo más hermoso que tiene son unos ojos verdes preciosos. Desde que se separó, nunca la he visto salir o tener una relación sentimental con ningún hombre. Casi todo su tiempo lo dedica a cuidarme, creo que en demasía y tal vez esa sea la razón por la que soy tan solitario.
He de reconocer que el ser solitario y no haberme relacionado sexualmente con ninguna chica no me hace menos hombre, más bien tengo unas necesidades demasiado reprimidas que consigo aliviar con masturbaciones. Y he de reconocer que mi mayor fuente de inspiración es mi madre, nuestra cercanía hace posible que de vez en cuando coja algunas bragas sucias y olfatee su parte más íntima, sé que es una perversión, pero dado mi grado de relaciones, de momento me sirve para aliviar la presión sexual.
Ni que deciros cómo me sentí el día que Lucía llegó a casa. Ella parecía que no era de nuestra familia. Mi madre y yo éramos físicamente normales, ni guapos ni feos… Pero Lucía apareció con aquel pelo rubio largo y suelto, con aquellos ojos azules, con aquellos rosados y sensuales labios, sus pechos turgentes presionando su camiseta, sus caderas bien marcadas por aquellos pantalones vaqueros… Quedé impactado y apenas podía hablar en su presencia. Tal como saludó, quedé de pie en mitad del salón viendo como mi prima y mi madre se marchaban hacia la habitación que se había preparado para que ella durmiera y estudiara allí.
Desde aquel momento, mi objeto de deseo pasó a ser ella, Lucía. Intentaba encontrar algunas bragas de mi prima que hiciera poco se hubiera quitado, pero nunca lo conseguía. Por las noches la imaginaba enamorándose de mí, teniendo sexo conmigo. En fin, aquella maravillosa chica era un sueño para un hombre como yo. Pasaban las semanas y disfrutaba de su compañía cuando ella volvía de la universidad, a la hora de la cena y alguna vez que la veía con aquellos pijamas tan coquetos que usaban y que la volvían tan excitante para mi imaginación.
-          Tita. – dijo Lucía una noche de un jueves del mes de octubre – Este sábado hay una fiesta en mi facultad, me iré sobre las nueve y media y, si no te molesta, volveré tarde.
-          ¡No, claro hija! – respondió mi madre – Pero ten mucho cuidado.
-          ¡Claro tita! – me miró – Eduardo ¿quieres venir conmigo?
-          ¡Sí hijo! – saltó mi madre rápidamente – Ve con tu prima que nunca sales…
-          Bueno… no sé…
-          ¡Sí, claro que sí! – me dijo Lucía poniendo un dedo sobre mis labios.
He de reconocer que aquel sábado estaba muy nervioso, era mi primera fiesta y además con universitarios, yo que aún estaba en el instituto. Marchamos al campus universitario y sentía cómo todos los hombres con los que nos cruzábamos se fijaban en mi prima, mi Lucía. Yo temblaba sin saber bien que me encontraría. Llegamos y rápidamente ella se puso a saludar a casi todo el mundo que nos encontrábamos por la fiesta. Al final llegaos a un grupo de cuatro chicas y allí me las presentó. Eran sus compañeras de clase y a cuál más bonita. Me sentía un poco fuera de lugar, no era de aquella facultad y además la belleza de todas ellas me hacía sentirme cohibido. Poco después empezaron a llegar compañeros de Lucía y en breve estábamos unas diez personas en un corrillo, hablando y moviendo levemente nuestros cuerpos al ritmo de la música.
-          ¡Toma chaval! – un compañero de mi prima me trajo una cerveza.
Yo no bebía nunca y por no hacerle el feo, me la tomé. Lucía hablaba y reía con sus compañeros mientras yo sentía que mi mundo iba girando más rápido poco a poco.
-          ¡Sin cerveza! – dijo otro que me vio el vaso vacío – ¡Ahí va otra!
Empecé a tomar la segunda cerveza y mis ojos no podían fijarse muy bien en ningún lugar. Menos en la hermosa sonrisa que mi prima tenía en su boca. Aquellos hermosos y carnosos labios se movían y yo me sentía como en un sueño. Todos empezaron a hablar más fuerte, yo casi ni los entendía, pero pude ver los ojos de Lucía que me miraron, su mano me agarró por el brazo y me llevó hasta un lugar en el que habían montado una especie de pista de baile.
Siempre pensé que mi prima me llevaría allí y me soltaría para que me buscara la vida, pero ella no me soltó y bailaba conmigo mientras era la envidia de todos los chicos del lugar. Las luces y el alcohol me hacían estar en un sueño. Más cuando al ritmo de la música, Lucía me dio la espalda y llevó mis brazos a su cintura, pegando su cuerpo al mío. Me quise morir al sentir la voluptuosidad de su cuerpo, su perfume, su cuerpo que se agitaba y excitaba al mío hasta tal punto que sentí una erección con el roce de su culo. Casi estallé cuando la música paró y en menos de un segundo empezó una música lenta.
Ella se giró y me miró a los ojos, sus brazos me rodearon por el cuello y mis manos se aferraron a su cintura. Empezamos a bailar al ritmo lento de la música y ella apoyó su cabeza en mi pecho. Mi erección era cada vez más grande, no es que quisiera tener sexo con ella, pero mi novato cuerpo reaccionaba instintivamente a su cuerpo. Cuando acabó la música, nos retiramos de aquella pista de baile. Yo la seguía como perrito faldero, más bien por no conocer bien a nadie, pero también por sentirme atraído por ella.
Nos reunimos con algunos de sus amigos, y por magia del alcohol que aún recorría mi cuerpo, empecé a hablar con unas de sus amigas. ¡Estaba hipnotizado con sus ojos! Le hablaba y no dejaba de admirarlos.
-          Eduardo. – me llamó mi prima - ¿Puedes ir por unas cervezas?
-          ¡Claro!
Caminé por aquel lugar hasta encontrar la barra donde servían las bebidas. Saqué unos tiques y volví al lugar donde había dejado a mi prima. No sé cuánto tiempo habría pasado desde que me marché, pero al acercarme podía distinguir a mi prima que parecía hablar acalorada con un tío. Cada vez estaba más cerca y cuando casi había llegado, observé que aquel individuo levantaba la mano amenazándola.
Aún no sé si fue el alcohol, mis reflejos o el enamoramiento que me producía mi prima, pero estaba a menos de dos metros de ellos y lancé una de las cervezas contra él. Mi prima se retiró al ver que le salpicaba el líquido. La nota no se esperaba aquello y cuando me miró, rápidamente se acercaba para agredirme. Lo estaba esperando y le lancé la otra cerveza a la cara. En el desconcierto que le produjo el segundo impacto, lancé mi pierna derecha y le di en el pecho. El alcohol, la adrenalina o los nervios hicieron que aquel tío más alto que yo volara unos dos metros y cayera al suelo de espaldas. Al momento llegaron unos amigos y se lo llevaron. Sentía todo mi cuerpo vibrar por la cantidad de adrenalina que recorría mi sangre. Mis piernas temblaban y no dejé de mirar cómo los amigos de aquel tío se lo llevaban mientras yo mantenía una postura desafiante. Miré a mi prima que estaba con unas amigas, con la boca abierta me miraba.
-          ¿Estás bien? – le pregunté acercándome a ella. Me abrazó.
-          ¡Bravo por el guardaespaldas de Lucía! – gritó una de las compañeras de mi prima mientras todos me vitoreaban y me daban más cerveza.
Aquello fue lo más destacable de mi primera fiesta y no tengo que decir que cuando llegué a casa, parecía que estuviera en un barco surcando un mar embravecido por el viento.
-          ¡No le digas nada tita! – le dijo Lucía a mi madre cuando me vio llegar agarrado al brazo de mi prima.
-          ¡Vaya, la primera fiesta y vaya cómo vienes!
-          Ayúdame a acostarlo y ahora te cuento lo que ha pasado… - dijo Lucía y sentí que me desnudaban y me dejaban en la cama dando algunas vueltas por el efecto del alcohol.
Por la mañana sentía mi cuerpo raro, era la primera vez que llegaba a tal cantidad de alcohol que mi cuerpo protestaba por aquella sustancia. Me puse boca arriba y comprobé que sólo vestía los calzoncillos. Mi polla tenía una erección mañanera y la coloqué bien en aquella prenda. Se abrió la puerta de la habitación.
-          ¡Vamos dormilón! – dijo al entrar - ¡Ya son las doce de la mañana!
La miré y pude ver la amplia sonrisa que tenía mi madre. Sin duda le divertía ver cómo su hijo se había puesto la primera noche que salía de fiesta.
-          ¡Gracias por proteger a tu prima! – me dio un beso en la frente.
Me levanté y cogí el pantalón del pijama, me lo puse y acompañé a mi madre hasta llegar al salón. Mi prima me asaltó cuando me vio para darme las gracias por lo que había hecho. Me senté en el sofá y ellas se sentaron cada una a un lado. Me fijé en ellas.
Mi madre aún llevaba el camisón de dormir y Lucía llevaba la camiseta con la que solía dormir. Debería hacer poco que se habían levantado.
-          ¡Así qué mi niño hacer fue un hombrecito y te defendió! – dijo mi madre.
-          ¡Vaya si me defendió, el tipo aquel salió volando con la patada que le dio! – me dio un beso en la mejilla.
Durante el día cada uno hicimos nuestras cosas, pero no podía evitar sentirme atraído por mi prima. Mi prima permaneció todo el día con aquella camiseta como vestimenta, aunque la mayor parte la pasó dentro de su habitación. Mi madre se cambió de ropa, pero se puso una ropa con la que nunca la había visto. Llevaba una especie de camisa con un escote bastante amplio y que dejaba ver el sensual canalillo que formaban sus tetas. Mientras sus caderas quedaban bien marcadas por un pantalón bien corto que marcaba hasta su pubis y su redondo culo. Me tenían bastante excitado con aquellas dos mujeres andando por casa con aquellas vestimentas y más de una vez mi polla estaba erecta mientras mi mente me llevaba a lugares prohibidos de la lujuria.
Sobre las nueve de la tarde cenamos y tras ducharnos, cada uno se marchó a su habitación. Me acosté y pensé en mi hermosa prima. Había conseguido impresionarla con mi actuación en la fiesta, y si bien me mostraba cariño por aquello, no sabía si ella querría algo más conmigo. A fin de cuentas, ella tenía veinte años y podía buscar algún hombre mejor que yo, sobre todo en cuestión física.
-          ¡Eduardo, Eduardo! – escuché la voz de mi prima que empezaba a abrir la puerta - ¡¿Puedo pasar?!
-          ¡Sí! – le dije y mi corazón empezó a agitarse. Encendí la luz de la mesita de noche.
-          Quería agradecerte lo que hiciste ayer por mí. – se sentó junto a mí en el filo de la cama – Gracias a ti no tuve mayor problema con aquel imbécil.
-          ¡No es nada! – le dije - ¡Te ayudaré cada vez qué me necesites! – acaricié su mano y le sonreí.
Se inclinó sobre mí y me besó en la mejilla con un susurro delicado me dijo “¡Gracias!” y se separó un poco, lo suficiente para qué nuestras bocas quedaran muy cerca. No lo pensé, mi corazón latía demasiado rápido para pensar y besé suavemente sus labios, un beso corto que encerraba demasiada excitación y atracción por ella. Nos miramos a los ojos y yo no sabía qué hacer. Fue ella la que me dio otro beso suave, y otro, y otro, hasta quedar unidos por nuestras bocas.
Mis manos agarraron su cintura y acaricié su cuerpo mientras su lengua buscaba la mía dentro de mi boca. Se levantó y quitó la ropa que me cubría. Estaba en calzoncillos y era evidente mi erección ya que mi glande asomaba por el filo de la tela. Ella se echó junto a mí y mis manos acariciaban su cuerpo. Su boca buscó la mía y de nuevo volvíamos a besarnos. Muchos minutos pasamos besándonos, acariciándonos, sin decir nada.
Entonces ella abrió sus piernas y se montó sobre mí. No paramos de besarnos mientras su cuerpo se agitaba sobre el mío. No lo podía creer, aquella hermosa diosa me amaba, me daba el mayor de mis deseos con unos placenteros besos y delicadas caricias. Su boca bajaba por mi pecho, dándome besos por mi cuerpo que vibraba con cada caricia de ella. Llegó a mis calzoncillos y su mano acarició mi endurecida polla por encima de aquella fina tela. Creí que me iba a correr en el momento, aguanté.
-          ¡¿Nunca lo has hecho?! – me preguntó y respondí negando con la cabeza.
No dijo nada más. De rodillas en la cama se quitó la camiseta que llevaba. Creía que iba a morirme al ver sus redondas y turgentes tetas. Sus oscuras y pequeñas aureolas custodiaban unos enormes y erectos pezones. Mi polla se agitaba deseosa de lanzar mi semen. Aquellas oscuras y diminutas bragas se perdían entre sus piernas y deseaba abalanzarme sobre mi prima, pero la excitación me tenía paralizado. Sus manos me quitaron la única prenda que guardaba mi polla y mi erecta y gruesa polla apareció ante sus ojos. Después ella se levantó de la cama y se giró, agarró sus bragas y doblando su cuerpo por la cintura, las bajó para ofrecerme la vista de su redondo y prieto culo. Se incorporó de nuevo y se giró lentamente mientras sus manos ocultaban su pubis.
-          ¡¿Te parece bonito?! – empezó a apartar sus manos.
Tenía sus piernas algo cruzadas y apenas podía ver el comienzo de su coño. No tenía ni un pelo y entonces se subió de nuevo a la cama. No aparté mi mirada de su cuerpo, viendo cómo entre sus piernas aparecían sus labios vaginales. Abrió las piernas y se colocó sobre mí, a la altura de mi polla.
-          ¡Empezaré por masturbarte suavemente! – me dijo con una voz sensual.
Una de sus manos separó los labios vaginales y me ofreció una vista del rosado interior de su vagina. Bajó su cuerpo hasta que pude sentir sobre mi polla el calor de su coño.
-          ¡Uf, ¡qué dura la tienes! – me dijo mientras agitaba levemente sus caderas para deslizar su coño por mi polla.


Podía ver cómo mi polla se perdía entre los labios de su coño, para aparecer de nuevo. Se frotaba contra mí y yo deseaba correrme. Ella sabía que no aguantaría mucho, era la primera vez que tenía sexo con una mujer y era evidente que mi semen saldría pronto. Y así fue. Mi glande desapareció de mi vista, entre los labios vaginales y no pude decir nada. Mi cuerpo se tensó y brotó mi semen. Ella sentía el cálido semen en su coño, se movió y liberó mi glande para que lanzara un gran chorro que llegó hasta mi barriga. Se movía con suavidad mientras mi polla no dejaba de lanzar más y más semen. Se detuvo y quedó sentada sobre mí, mirando mi glande con una gran sonrisa, notando en su coño las convulsiones que daba por el placer que había sentido.
-          ¡¿Te ha gustado?! – me dijo inclinándose hacia mí y besando suavemente mis labios.
No podía hablar, estaba en el cielo con aquel ángel que era mi prima. Agité mis caderas y sentí un poco más de placer.
-          ¡¿Ya quieres más?! – me dijo levantándose de mí.
Se colocó a un lado y su mano agarró mi polla que aún guardaba cierta dureza. La agitaba suavemente y mi cuerpo reaccionaba. Cuando su mano tiró de la piel y mi glande asomó, su boca se lanzó de inmediato sobre él. El calor de su boca envolvió mi polla y sus succiones hacían que mi polla se pusiera cada vez más dura. Veía como sus tetas se agitaban con la mamada que me estaba haciendo y en un momento quería volver a correrme, no podía resistir.
Ella parecía saberlo y soltó mi polla, se sentó poniendo su culo entre mis piernas y ofreciéndome una visión maravillosa de su coño mientras su mano se masturbaba sin dejar de mirar mi polla.
-          ¡Vamos primo, mastúrbate a la vez que yo!
La obedecí. Agarré mi polla y mientras cada uno agitaba su sexo, no dejábamos de mirar el del otro. Sus gemidos se iban haciendo cada vez más fuerte, parecía que se iba a correr de un momento a otro. Entonces escuché un ruido en el pasillo.
-          ¡Mi madre! – le dije en voz baja.
-          ¡No te pares! – me dijo sin importarle nada - ¡Sigue, machácatela, me voy a correr!
Me olvidé de todo cuando vi cómo las caderas de Lucía se agitaban y de su coño empezaba a brotar flujos que lanzaba contra mi polla. Mi mano se agitó más rápido y me senté hasta que apunté mi polla hacia su coño. Los dos nos agitábamos enloquecidos cuando mi glande empezó a lanzar semen hasta chocar con su coño. Sus dedos restregaban y mezclaban nuestros líquidos en la raja de su coño mientras los dos gozábamos con aquel sexo. Caímos rendidos en la cama. Por unos minutos recobrábamos la respiración y las fuerzas. Después ella se levantó y se puso su camiseta. Cogió sus bragas y se acercó a mí. Me dio un beso en la boca.
-          ¡Toma, para qué me recuerdes esta noche! – volvió a besarme y desapareció por la puerta.
Me levanté y cerré la puerta. Miré la cama mojada con los flujos que había lanzado mi prima y mi semen. Mis piernas aún se agitaban por el placer. Quité las sábanas y las cambié. Me volví a meter en la cama y me dormí agarrados a las bragas de Lucía mientras las olía.
-          ¡Vamos guarro! – escuché la voz de mi madre qué me despertaba - ¡Tienes que ir a clases!
Mi corazón se agitó cuando me di cuenta de que aún tenía las bragas de mi prima en la mano, las escondí bajo la almohada, pero creo que ya era tarde, mi madre las había visto. Salió por la puerta con un “¡Hasta luego!” pues yo era el último en salir de la casa. Durante todo el día lo pasé cómo en una nube. Pensaba en lo que había ocurrido la noche anterior y deseaba volver a ver a mi prima. Cuando acabé las clases, al salir por la puerta escuché que me llamaban.
-          ¡Eduardo, Eduardo aquí! – allí estaba mi prima llamándome.
Corrí hacia ella y nos fuimos en su coche hasta casa. Entramos y no estaba mi madre. La abracé desesperado por sentir su amor. Ella me detuvo.
-          Eduardo, lo de anoche fue algo maravilloso, me sentí muy excitada al hacerlo… - me temí lo peor, temí las palabras que vendrían a continuación - ¡Vamos a ir despacio!
-          Lo que tú digas Lucía…
Me sentí perdido. Si había ido a buscarme a mi habitación es qué sentía por mí algo más que el simple cariño por un primo me había masturbado e incluso me la había mamado. Tal vez para ella sólo era sexo, pero para mí era algo más… Me sentía confundido. Me marché a mi habitación.
Media hora más tarde llegó mi madre y ya habíamos preparado todo para comer. Desde las palabras de mi prima, me sentí alejado de ella y ni siquiera la miraba. Cuando llegó mi madre se marchó a su habitación y se cambió de ropas. De nuevo se ponía aquellas ropas que la hacían tan excitante el día anterior, sobre todo ver sus tetas. Tras la comida, Lucía volvió a marcharse a su facultad, mientras mi madre y yo quedamos en casa. Yo intentaba estudiar en mi habitación y mi madre hacía sus cosas por la casa.
-          ¿Te gusta tu prima? – escuché la voz de mi madre tras de mí.
-          Sí… - contesté.
-          Es una chica bonita, pero tal vez ella no quiera lo que tú te imaginas…
-          Eso parece… - le respondí afligido.
-          ¡Vamos, ven! – mi madre me cogió de la mano y me llevó al salón, puso música y se abrazó a mí - ¡Me ha dicho tu prima qué bailas muy bien!
Me dio la espalda y pegó su cuerpo al mío. Mis manos la cogieron por la cintura y mientras sonaba la música, nos agitábamos al ritmo y su culo se frotaba levemente contra mí. ¡No podía ser! Mi madre me provocaba una erección y ella lo tenía que notar, casi se notaba a simple vista en el pantalón de mi pijama.
-          ¡¿Estás más animado?! – me dijo jadeante por los movimientos que había hecho.
-          Sí mamá. No sabía qué te movías tan bien bailando.
-          Es qué nunca me has pedido que bailemos. – rio y quitó la música - ¡Ahora a estudiar y no te preocupes por tu prima!
Durante unas cuantas horas estuve estudiando. Pensar en mi prima pasó un poco a segundo plano cada vez que recordaba el roce del redondo culo de mi madre cuando bailaba conmigo. ¡Joder, sentir deseos por mi prima era una cosa, por mi madre era algo más pervertido! Entonces comprendí que mis verdaderos sentimientos por mi prima no eran más que la respuesta de mi cuerpo por su hermoso y sensual cuerpo. Al igual que me ocurría con mi madre. Supuse que cualquier mujer que se acercara a mí me produciría la misma reacción. Me sentí aliviado con aquel pensamiento. Y cuando regresó mi prima me sentí más aliviado en su presencia, casi ni necesitaba mirarla.
Y los días iban pasando. Y las semanas. Hasta que un momento llegó la Navidad. Creí que mi prima se iría a su casa, pero no lo hizo. Se quedó allí con nosotros y preparamos todo para la noche buena. Mi madre y yo siempre las habíamos pasado solamentes los dos, allí, en casa. Aquella noche sería algo diferente pues estaría Lucía con nosotros. Más raro me resultó que mi prima no quisiera ir a ninguna de las fiestas a las que sus compañeras de clase le habían invitado. Ni se fue con su familia, ni con sus amigas.
Cuando llegó la Noche Buena, los tres estábamos en casa. Todo iba genial, hablábamos, nos reíamos y disfrutábamos de la cena que entre ellas habían preparado. Yo intenté hacer una salsa que busqué por Internet y hubo que tirarla, con lo qué quedé eliminado de hacer más comidas. Cuando acabamos de cenar, serían las doce de la noche, retiramos todas las cosas de la mesa y dejamos sólo algunos licores y demás bebidas.
-          ¡Vamos cariño! – me dijo mi madre - ¡Tómate este chupito qué me ha dicho tu prima que estás muy gracioso cuando bebes!
-          ¡No mamá! – le dije y deseé tomármelo de una vez para atreverme a hacer algo con mi prima.
-          ¡Vamos primo! – me dijo Lucía - ¡Muéstrale a tu madre cómo eres en realidad!
No lo pensé, agarré el pequeño vaso y de una vez tragué su contenido. No sabía lo que era, no me importaba, pero entró en mi cuerpo quemándome por dentro.
-          ¡Ya está! – grité levantando los brazos en señal triunfadora.
-          ¡Otro, otro, otro! – canturreaba mi prima animándome. Mi madre puso otro.
-          ¡Y otro! – grité cuando me lo tomé - ¡Ya empiezo a perder la visión!
Mi madre y mi prima reían mientras ellas tomaban una copa suavemente, sin prisas por recibir alcohol. Me levanté y puse música. No sabía lo que sonaba, pero me movía al ritmo de la música tomando el papel de animador de la fiesta. Y sin saber el motivo, me sentí siendo un stripper, empecé a desabrocharme la camisa y a quitármela poco a poco mientras ellas me animaban divertidas por la situación y dando palmadas. Me la quité y miré a mi prima que esperaba que se la lanzara, se la lancé a mi madre y la apresé con la camisa por la nuca. Me acerqué a ella y agitaba mis caderas hacia mi madre. Tiré de la camisa hasta que su cabeza estuvo cerca de mi cuerpo. Ella me dio un beso en mi desnuda barriga. Podía escuchar las risas de Lucía.
Liberé a mi madre y me giré hacia mi prima. El alcohol circulaba demasiado deprisa por mi cuerpo y todo empezaba a tomar un suave giro, no estaba muy embriagado, pero mis facultades físicas empezaban a mermarse. Pasé la camisa por la espalda de Lucía y tiré de ella. Sus manos rápidamente se lanzaron a mi pantalón y lo desabrochó. Iba a empezar a bajarlo, pero la detuve. Me dirigí a mi madre y la levanté para que se sentara cerca de mi prima. Veía a las dos divertidas y la verdad es que yo empezaba a sentirme cada vez más excitado con aquello, de forma que mi polla estaba dura y erecta bajo mis ropas.
Me separé de ellas un poco y me quité los zapatos, lanzándolos con cuidado por el salón. Después puse mis manos en la nuca y me acerqué dando pequeños botes y agitando mis caderas hacia ellas. Las miré y parecían disfrutar de aquel ridículo espectáculo. Cogí una mano de cada mujer y la llevé al filo del pantalón, cada una, por un lado. Puse mis manos en la nuca y cada una tiró de la prenda hasta que quedó en mis tobillos. Las dos abrieron las bocas sorprendida al descubrir la erecta y gruesa polla que se marcaba en mis calzoncillos. Me quité los pantalones y caminé hasta el sofá. Me senté y desafiante les dije: “¡Superad eso!”
Estaba sentado en calzoncillos en medio del sofá. Me sentí ridículo al verme allí, en una noche cómo aquella, haciendo un espectáculo tan soez para mi madre y mi prima. Pero la divertida euforia del alcohol me hizo olvidarme de ello. Miré a las dos mujeres que cuchicheaban en la mesa. “¡Vale, de acuerdo!” escuché y las dos se levantaron. Se marcharon a las habitaciones y volvieron unos pocos minutos después con otras ropas.
Caminaron hasta colocarse frente a mí, a unos dos metros. Pusieron sus brazos en jarra, cómo si me dijeran “¡Ahora te vas a enterar!” Hasta ese momento no me fijé en lo excitante que se habían vestido. No eran trajes de noches para ir a una fiesta, pero aquellas prendas marcaban perfectamente sus cuerpos y mi mente empezaba a confundirse.
-          ¡¿Te gustan las universitarias?! – dijo mi prima y apoyó sus manos en la mesa, dándome la espalda y poniendo su culo bien en pompa, su falda subió hasta colocarse a ras de empezar la redondez de sus cachetes. Me miró sensual.
-          ¡¿Qué tal una buena madura?! – las dos vestían iguales y también se giró y se colocó en la misma postura que mi prima. A ella se le veía parte de su culo y mi polla empezó a asomar por los calzoncillos.
Lucía puso una mano en el culo de mi madre y empezó a subir la falda de tablas escocesa que la cubría. ¡Joder, aquellas dos sabían bien lo qué me gustaba aquello! Puse mi mano sobre mi polla, por encima de la tela y la agité. Mi madre permaneció inmóvil mientras mi prima se acercó a ella. Le subió la falda por completo y dejó su culo al aire. Dobló las rodillas y pasó su lengua por uno de los cachetes. Mi madre se giró y empezó a desabrochar su camisa. Un botón… dos… tres… Separó la tela y sus hermosas y grandes tetas aparecieron ante mí. Lucía levantó de nuevo su falda y sus bragas negras marcaban sus pubis, pasó su lengua por el muslo de mi madre cómo si fuera a lamerle su coño.
Joder, aquello me estaba poniendo cardiaco y mi polla iba a estallar. Mi madre estaba buenísima y sensual. Mi madre agarró a mi prima por las coletas que se había hecho y la levantó. Acercó su boca a la de ella y sus lenguas casi se tocan. Mientras Lucía me miraba y pasaba su lengua por los labios, mi madre empezó a desabrochar su camisa hasta sacar las hermosas tetas de mi prima. No insinuó nada, su lengua lamió uno de los pezones y Lucía echó la cabeza atrás con un pequeño gemido. Mi madre seguía pasando su lengua por el pezón endurecido de mi prima y su mano empezó a subir por el muslo de la joven.
Aquella mano se perdió bajo la tela de la falda y se agitaba tocando su coño. Mi prima gimoteaba mientras sentía cómo su tía le lamía y la masturbaba. Mi excitación se mezcló con el desconcierto que me produjo la situación.  Nunca imaginé a mi madre cómo lesbiana, pero estaba masturbando a mi prima. Me levanté del sofá y me arrodillé delante de mi prima, alargué una mano para levantar su falda y poder ver claramente qué le hacía mi madre.
-          ¡Sin tocar! – me paró la mano de mi prima.
Ella agarró la falda y la levantó. La mano de mi madre se agitaba sobre las bragas de mi prima y marcaban sus bonitos labios vaginales en la fina tela. Me levanté y me acerqué a ellas, quería saborear el pezón libre de mi prima. De nuevo su mano me detuvo. Las miraba excitado, fuera de mí por tanto placer.
Mi madre dejó de lamer el pezón y me miró. No podía creer lo que veía en sus ojos. Mi madre tenía deseos de sexo. Se acercó a mí y me ofreció su boca. El primer contacto con los labios de mi madre me embriagó más que la dosis de alcohol que me había tomado. Estaba cómo en un sueño, podía sentir el tacto de sus labios que se movían pidiéndome más y poco después su lengua entró en mi boca para buscar la mía.
Moví mi mano y busqué las caderas de mi madre. La acaricié y bajé por su falda para colarme bajo ella. Sentí en nuestras bocas la boca de Lucía. Nos separamos un poco y ahora nuestras tres lenguas se agitaban y se acariciaban. Mis dedos tocaron la fina tela de las bragas de mi madre y pude sentir los abultados labios vaginales de su coño.


Abandoné sus bocas mientras ellas siguieron besándose. Me arrodillé y levanté la falda de mi prima. Allí estaba la mano de mi madre, agitando su coño, masturbándola. La aparté y llevé mi boca para besar su coño por encima de las bragas. La mano de mi madre se puso en mi cabeza y me acariciaba suavemente. Aparté las bragas a un lado y el coño de mi prima brillaba por los flujos que ya había lanzado. Nunca lo había hecho, pero acerqué mi boca y torpemente lamí la raja de su coño. Al momento mi boca se inundaba de los flujos de mi prima.
La mano de mi madre agarró mis pelos y me obligó a separarme de mi prima. Me forzó a girar la cabeza hasta que su coño estaba delante de mi boca. Sabía lo que quería. Con una mano aparté las bragas y hundí mi boca entre los pelos para buscar la raja de su coño. Nunca había comido un coño, menos dos, pero lo primero que encontré de mi madre fue su clítoris. Era enorme y sobre salía de sus grandes labios vaginales. Lo lamí y lo besé y empecé a escuchar los gemidos que daba mientras su hijo le comía el coño.
-          ¡Sí, sí! – era lo único que decía entre gemidos de placer.
Lucía mamaba sus tetas mientras yo lamía su coño. Las piernas de mi madre se agitaban por el placer, estaba a punto de sentir un orgasmo. Su mano apartaba mi cabeza de su coño y me hizo levantarme.
-          ¡Vayamos a mi cama! – dijo mi madre y nos soltó para que la siguiéramos. Besé a mi prima y nos marchamos a su habitación.
Entramos en la habitación y mi madre se tiró en medio de la cama, se quitó las bragas y nos ofreció una vista de su peludo coño.
-          ¡Hacer cosas para qué pueda masturbarme! – nos ordenó a mi prima y a mí.
-          ¡No! – dijo Lucía y se subió a la cama a cuatro patas - ¡Ven! – me dijo y la obedecí.
Lucía se colocó entre las piernas de mi madre y abrió sus labios vaginales. El rosado interior de su vagina apareció ante nosotros, húmedo y brillante, su clítoris resaltaba erecto y enorme. Los labios de mi prima besaron su sensible clítoris y las caderas de mi madre se agitaron. Lucía se apartó y me indicó que yo hiciera lo mismo. Besé su clítoris y succioné como mi prima había hecho con mi polla aquella noche que me la mamó. Mi madre pareció enloquecer. Sus caderas se agitaban y en mi barbilla sentía la caliente vagina que se frotaba contra mí. Lucía buscó con sus dedos la vagina de mi madre y comenzó a penetrarla con dos dedos. Mi madre gemía y se agitaba.
-          ¡Dale tu polla a tu madre! – me dijo mi prima y abandoné tan cálido lugar.
Me quité los calzoncillos y de rodillas me acerqué a la cara de mi madre. Sus ojos cerrados y su boca abierta mostraban el placer que Lucía le daba al comerle el coño. Cogí mi polla con una mano y golpeé levemente en la cara descompuesta por el placer de mi madre. Me miró y su mano agarró mi endurecida polla para llevarla a su boca. Su lengua jugaba con mi glande cubierto por la piel. Lo liberó y su boca se lo tragó. Las caderas de mi madre se agitaban mientras veía como mi polla se perdía en el interior de su boca. Sus tetas se agitaban con los movimientos de su cuerpo y empecé a tocárselas. No tardó mucho en tener un primer orgasmo y cuando mi prima levantó su cabeza del coño de mi madre, su boca brillaba por la gran cantidad de flujos que había lanzado.
Mi madre se levantó y me obligó a tumbarme en medio de la cama, con mi polla totalmente erecta y deseando clavarse en aquellos húmedos coños. Levantó a Lucía y le quitó las bragas y la camisa. Ella también se quitó la camisa. Las dos quedaron con aquellos calcetines que le cubrían por encima de las rodillas y por aquellas faldas. Besó a mi prima en la boca saboreando sus propios flujos y la obligó a colocar su coño sobre mi boca.
¡Joder, qué rico estaba el coño de mi prima! Lo lamía y jugaba con su clítoris mientras ella gemía y me lanzaba flujos para que me los comiera. Lucía movía sus caderas y restregaba su coño contra mi boca. Sentí el calor de la boca de mi madre en mi polla. Se la tragaba entera y jugaba con mi glande dándole suaves caricias con su lengua. Mi polla iba a estallar mientras mi madre me la mamaba. Mientras, en mi boca caían todos los líquidos que mi prima me lanzaba. Los gemidos de placer de Lucía llenaban toda la casa, chillaba y se agitaba con cada lamida que le daba. Mi polla estaba a punto. Sentí que mis huevos iban a quedarse vacíos y mi madre lo supo. Su boca envolvió mi glande cuando empezó a lanzar el semen. Pocas gotas cayeron fuera de su boca y se tragó todo mi semen.
Lucía miraba hacia atrás cuando supo que iba a eyacular. Había observado como su tía se había tragado todo el semen y ella quería correrse. Bajó las caderas y me obligó a comerme por completo su coño. Mientras mi lengua se agitaba entre los labios vaginales de mi prima, mi madre se levantó y se colocó junto a ella, acercó su boca a mi prima y pudo ver que aún tenía algo de semen. Se fundieron en un beso para compartir mi corrida y en ese momento la vagina de Lucía se vaciaba sobre mi boca con un tremendo orgasmo.
Lucía cayó de espaldas sobre mí. Por la raja de su coño podía ver deslizarse los flujos y caer sobre mi pecho. Mi madre se agachó y me besó en la boca, aun pude saborear mi propio semen, después beso a nuestra amante en su coño. Estábamos cansados por los orgasmos que habíamos tenido. Durante unos minutos descansamos con nuestros cuerpos mezclados sobre la cama y dándonos suaves caricias.
-          ¡Ven Lucia! – dijo mi madre colocándose en el filo de la cama a cuatro patas y con el culo bien en pompa - ¡A ver qué sabe hacer nuestro niño con nosotras!
Lucía no dijo nada, se colocó en la misma postura junto a su tía y esperaron que yo actuara por voluntad propia. Me levanté y miré sus culos redondos y ofrecidos para que yo las hiciera gozar. Me arrodillé y los miré. Entre sus piernas podía ver sus coños. El de mi prima brillante, el de mi madre mostraba los pelos húmedos por el placer. Llevé mis manos a sus coños y los acaricié con mis dedos gordos. Sus culos se agitaron. Acerqué mi boca y besé cada coño. Después me acerqué al culo de mi madre y hundí mi boca entre sus cachetes para intentar lamer su ano. Casi llegaba y sus manos separaron aquellas redondas carnes para ofrecérmelo. Mi lengua jugó con él y mi madre ronroneaba de placer. Abandoné a mi madre y Lucía ya me esperaba con sus cachetes bien separados. Igual tratamiento hice con su ano.
Mi polla ya estaba endurecida de nuevo. Me levanté y agité un poco mi polla con la mano. Las dos me miraban sin saber bien que iba a hacer. Me acerqué al culo de mi madre y escupí un poco de saliva sobre su ano. La expresión de mi madre cambió cuando supo lo que iba a hacer, pero no dijo nada. Llevé mi hinchado glande hasta su ano y empujé un poco. El cuerpo de mi madre se tensó. Me separé de ella e hice lo mismo a mi prima que sonreía con lo que le iba a hacer. Empujé mi polla y su ano cedió y a punto estuvo mi glande de meterse dentro. Pero no era eso lo que quería.
Me coloqué de nuevo tras mi madre y apunté a su vagina. Ahora sí, empujé y mi polla entró casi por completo. El gemido de mi madre llenó la habitación. La saqué un poco y con otro empujón más fuerte, la penetré por completo. Podía ver cómo mi polla entraba y salía de su coño,  cómo sus labios se dilataban con cada penetración.
La saqué de mi madre y en un momento la clavé en mi prima que dio un grito de placer al sentirse llena. Llevé mi mano al coño de mi madre y la masturbaba mientras mi polla entraba en mi prima.
Volví a cambiar y ahora penetraba a mi madre. Puse una mano sobre su culo y mi dedo gordo buscó su ano. Lo acariciaba y poco a poco iba entrando. Mi polla ahora entraba frenética en su coño. Agarré el culo de Lucía y la moví hasta que se colocó sobre mi madre. Ahora tenía los dos culos delante de mí. Sólo tenía que subir un poco para follar a mi prima, después bajar otro poco para penetrar a mi madre. Las dos gemían y gozaban. Cuando penetraba a mi madre, mi prima levantaba el culo y le lamía su ano. No sé cuánto tiempo estuve penetrando a las dos.
Mi madre fue la primera en sentir que se iba a correr. Sus gemidos se aceleraron y me pidió que la follara más rápido. Así lo hice y sus piernas se convulsionaban cuando un tremendo orgasmo la invadió. La dejé gimiendo mientras su mano le acariciaba el clítoris y volví al coño de mi prima.
La clavé con furia. Quería que se corriera rápido y lanzar mi semen, quería correrme ya. Agarrado a las caderas de Lucía, la penetraba frenéticamente. Ella empezó a gemir y a chillar cuando el orgasmo la invadió.
-          ¡Me corro, me corro! – empecé a decir.
-          ¡Lléname con tu semen! – dijo Lucía.
-          ¡No, yo también lo quiero! – dijo mi madre cuyo culo seguía en pompa bajo nosotros.
Clavé mi polla por completo en Lucía y solté un chorro de semen. Me costó, pero la saqué y la clavé por completo en mi madre. Otro chorro de semen salió y llenó su vagina. Un poco más y volví al llenar la vagina de mi prima. Fue espectacular eyacular en los dos coños, excitante e inimaginable hace tan sólo unos meses. Caí rendido en la cama y ellas descansaron abrazadas a mí. Aquella había sido una noche buena de las buenas y esperaba que aquello se repitiera más veces durante aquella noche. Así que di gracias por tener una familia tan buena y unida como la que formábamos mi madre, mi prima y yo.


ENCUENTROS - EROTISMO EN CANTO-RELATO-POESIA

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