Saturday, November 30, 2019

EL CABALLERANGO.


Por Sandra Rosalía


Durante toda mi vida, he sentido una gran admiración por la enorme belleza de los caballos. Sin ser ninguna experta, me impacta todo aquello relacionado con las cuestiones hípicas, y en particular, lo referente a los apareamientos entre estos animales; admirando con enorme curiosidad sexual, la pujanza del enorme pene del macho, y la gran resistencia de la hembra para soportar los embates; y al final, observar cuando el caballo extrae su enorme órgano sexual, chorreando una cantidad increíble de semen, fuera de la vagina de la yegua... 
“Wow...” 
No obstante, tal espectáculo, solo lo había observado en filmes de documentales ecuestres; hasta que cierta vez, tuve el impulso de buscar verlos tener sexo en vivo, presentándose la oportunidad circunstancialmente. 
Esto ocurrió así: Cierta tarde de verano, mi esposo y yo, asistimos a un rancho a la celebración de una gran boda. Una vez en la reunión, que se llevaba a cabo en la hermosa residencia, tuve el impulso de salir a tomar un poco de aire, e invité a mi esposo; y sin pensarlo mucho, dirigimos nuestros pasos hacia las caballerizas, introduciéndonos dentro de ellas; y una vez ahí, observé a los preciosos ejemplares encerrados, tocándolos cariñosamente, a la vez que le decía a mi esposo: 
- Nunca he visto a estos animalitos tener sexo en vivo... 
Lo expresé lo suficientemente alto, con la intención de ser escuchada por el encargado; quien amablemente, nos había permitido la entrada, sabedor de que éramos unas personas tenidas en alta estima por el dueño del rancho y de los caballos. Este hombre, el caballerango, se encontraba alrededor de los 35 años, y casualmente, esa tarde-noche, se encontraba trabajando dentro de las caballerizas. 
Mi esposo, se encontraba al tanto de cierta fantasía sexual secreta, que yo evocaba de manera frecuente; en donde imaginaba, ver coger a estos animalitos, para luego ser tomada por un imaginario trabajador, el cual tremendamente caliente por el espectáculo de los animalitos, y por mi presencia como observadora, me propinaba fuerte cogida similar a la que el caballo le pegaba a la yegua, todo en mi fantasía; siendo yo, luego penetrada por otros 3 o 4 empleados del imaginario lugar, los cuales, se aproximaban cerca, a presenciar la soberana cogida, atizada por el capataz, montado como una bestia sobre su hembra (yo), al igual que el caballo; solicitando ellos, el permiso 
pertinente para darme también, y concediéndoles yo tal favor, todo dentro de mi febril imaginación. 
Cuando algunas noches, yo era poseída por mi esposo, procedía a imaginarme de nuevo todo aquello, explotando a gritos de los fuertes orgasmos; a la vez que le contaba todo a mi marido; quien disfrutaba intensamente ante lo ardiente de mi fantasía erótica. 
No obstante, aquella noche en el rancho de la boda, mi esposo, a pesar de ser una persona liberal, se sintió un tanto preocupado por mi osadía, y quedamente dijo: 
-Ya vámonos de regreso Sandra, de seguro nos están buscando. 
Sin embargo, yo ya había llegado hasta ahí, y no pensaba regresarme tan rápido; aunque debo decirlo, que tampoco iba con la idea, en ese momento, de hacer nada sexual, y mucho menos nada con los animales; pero de alguna manera, me estaba gustando el emocionante juego, de ver la disimulada excitación nerviosa del caballerango, debido a mi deseo expresado en voz elevada, de observar a los caballos teniendo sexo. Mi atractiva y elegante vestimenta, ejercía un magnetismo sobre el hombre. 
Después de deambular un rato entre las caballerizas, viendo y tocando a los caballos, mi esposo animado por mi fantasía, y ante la posibilidad de poderla llevar a cabo, discretamente le pregunto al caballerango, si acaso no estaban por aparear y preñar a alguna yegua; informándonos el trabajador, que cierto día lo iban a realizar, invitándonos tímidamente este hombre, a observar -si así lo deseábamos- dicho proceso. Me había dado cuenta, como el hombre, evitaba verme a los ojos; a pesar de que yo sabía perfectamente bien, que había escuchado toda la charla sostenida por nosotros acerca de ello. 
La cita quedo concertada. Con solo pensar en la próxima visita al rancho, con el fin de ver a los caballos y ante la posibilidad de ser cogida por el caballerango (y quizá otros hombres también); constantemente, durante los días previos, mis bragas sufrían las acometidas de los fluidos vaginales empapándolas. El hombre aquel, el caballerango, había sido suficientemente de mi agrado físico, y durante las noches, imaginaba la posible escena a tener lugar, humedeciéndome de sudor; mientras era acometida por varios orgasmos. Yo comprendía, que para que tal fantasía pudiese convertirse en algo real, yo debería ser la que encendiera el cerillo, para iniciar los fuegos pirotécnicos sexuales. 
El ansiado día por fin llego...y como pretendíamos asistir a una fiesta cercana al rancho después del espectáculo previsto con los caballos, fui atractivamente vestida con una falda de fina tela, ampona y cortita, con crinolinas debajo, la cual se elevaba fácil, con la tenue brisa; dejando ver mis medias y liguero, cubriendo mis bellas piernas, así como unas incitantes bragas azul claro, muy trasparentes, que permitían la vista de mi depilado monte de venus por enfrente, y la partidura de mis nalgas por detrás; mientras yo, un tanto mortificada debido a ello, aplacaba el vuelo impetuoso de la falda, con mis manos; ora por enfrente, ora por la retaguardia, lográndolo parcialmente, ante el solaz de todos los ahí presentes, disfrutando de lo que el viento, generosamente les obsequiaba. 
El caballerango, y otros tres empleados, se encontraban lívidos al ver la escena; pero no dijeron nada, y desviaban nerviosos su mirada, de mi persona, mientras mis fuertes muslos, como de yegua fina, eran expuestos por el vientecillo travieso. Los trabajadores sacaron a los caballos, y yo fingí con un tono de bendita inocencia, diciendo a mi marido en voz alta, jamás haber visto aquello a punto de ocurrir (y era cierto). Todos los empleados se comportaban muy corteses, advirtiéndome acerca de la posibilidad de disgustarme lo que me encontraba a minutos de atestiguar; mientras yo, sonriendo angelicalmente, me sujetaba del brazo de mi esposo, recargándome sobre su hombro, cual niña apenada quien busca protección, mientras agradecía sus atenciones. 
La hermosa yegua, la cual se agitaba muy nerviosa, fue sujeta dentro del corral, a escasos dos metros de nosotros, que nos encontrábamos de pie, y por fuera; mediante una cuerda a ambos cuartos traseros (para evitar que pudiese patear al macho, y ocasionarle la muerte, según me explicaron); esta información que yo desconocía, me ocasiono cierta ansiedad y nerviosismo; además de que otro empleado, a su vez sujetaba a la hermosa hembra, con otra cuerda por su cuello, mientras que esta, se agitaba bufando, y expresando su molestia en contra de ello; tanta precaución, era con el fin de que la montara fácilmente el macho y pudiera resultar preñada. El brioso corcel, resulto ser un negro zaino, dotado de gran hermosura; fuerte y poderoso, conducido mediante altivo caminar, por medio del caballerango. 
El macho, ante la vista de la hembra, inició a relinchar; elevando su cabeza, y mostrando sus dientes frontales, en una especie de bizarra sonrisa, como adivinando lo que estaba servido para su disfrute sexual. En ese instante, observé, a corta distancia, y tragando saliva, la manera como le crecía la enorme verga, ante la vista y el olfato que despedía le hembra por su vagina; aquel miembro, era largo e impresionantemente grueso, y jugoso, destilando gotas de un líquido viscoso por su uretra. La cabeza del enorme pene, era algo similar a una trompa de elefante, y entonces, involuntariamente, 
deje escapar un leve gritito de la sorpresa y pena ante lo visto; pero lubricándose mi vagina por la imagen de poderosísima erección. 
Esta verga vigorosa, se movía como si acaso tuviera vida propia, buscando como una boa hambrienta y ciega, el agujero vaginal de la yegua; la cual, segundos antes, había desperdigado su fuerte aroma femenino, mediante una abundante orinada sobre el suelo, mientras otro trabajador, le sujetaba la cola hacia un lado; montándose el poderoso corcel negro, encima de ella; y en eso ocurrió, que durante la fuerte y profundísima penetración, se dejara escuchar un enorme gas saliendo del ano de la yegua, como producto de la presión sobre el intestino a través de la vagina, del enorme falo; al sepultarse en las suaves carnes femeninas, de golpe y porrazo; retumbando el gas, cual bella e incitante tuba sexual, tal y como me había ocurrido a mí, en incontables y vergonzosas ocasiones. 
Los hombres evitaron hacer comentario alguno, aunque los observé sonreír discretamente, y yo me enrojecí verdaderamente de la pena; mientras excitada veía, la descomunal “bombiza” propinada por el vigoroso macho a la hembra, a la vez que esta, producía una especie de quejidos, pensando yo, si acaso le dolería (o quizá lo disfrutara). Los chasquidos, producidos por los fluidos de ambos animales, extraídos de la vagina, a través de la intensa metedera y sacadera del monstruoso pito del caballo, representaban música sexual a mis oídos; y mi propio escurrimiento, ya había empapado mis pantaletas, amenazando con filtrarse corriendo entre mis muslos. 
En escasos minutos, el macho dejo de moverse; deslizándose la gigantesca macana de carne de lo profundo de las entrañas de la fina yegua, y una tremenda cantidad de semen chorreó fuera de la vagina. Yo, para ese entonces, ya no cabía de excitación; y tomada de los maderos de la cerca, apretaba mis rodillas para estimular mi clítoris, masturbándome, y quejándome de manera leve, al igual que lo había hecho la hermosa yegua. 
Para entonces, mi rostro centelleando finos alfileres de sudor sobre la superficie, al igual que por mis depiladas axilas, ya eran evidentes; y los hombres del rancho, me observaban preocupados, suponiendo que algo me estaba afectando, menos mi marido, quien ya sabía lo que me estaba ocurriendo: La presencia de múltiples orgasmos, sin ser tocada por nada ni nadie; proeza que yo dominaba desde hacía algunos años. Mediante esta habilidad, en ocasiones me masturbaba en lugares inusitados, como son mercados, reuniones enfadosas, viajes en avión, salones de clase, y definitivamente: conduciendo un auto, sin que nadie se percatara de ello. 
El amable caballerango, se acercó conmigo, agachándose, debido a que yo, por la intensidad de la descarga orgásmica, me encontraba doblada un poco sobre mi abdomen, preguntando apurado si me encontraba bien; mientras yo movía la cabeza afirmativamente, a la vez que le respondía jadeante, y sin esperar más tiempo, girando mi mirada agónica hacia el hombre: 
- “Si...pero cójame usted por favor...se lo suplico”. 
El hombre pegó un reparo hacia atrás sorprendido, quedando petrificado por lo que dije, sin saber que hacer o decir, al instante en que yo me flexionaba tocando el ultimo madero atravesado de la cerca, resguardando a los caballos, pronunciando con esta posición mi atractivo trasero hacia él; permitiendo aflorar la parte de mis muslos descubiertas, entre la suave tela de las medias, y de las finísimas bragas, mostrando las tersas nalgas a través de la trasparencia de las pantaletas. Mi esposo, y los otros tres hombres empleados del rancho, observaban aquello; mientras la excitación iba “in crescendo” en todos ellos. 
El caballerango, se prendió de mis labios, mediante un ansioso beso, que casi me los revienta; introduciendo su lengua de reptil, dentro de mi boca, hasta casi llegarme a la campanilla, ocasionándome un poco de reflejo nauseoso; para luego, de nuevo girarme de nalgas hacia su persona, dándome picones con su gran erección, sobre mis calzones con la faldita levantada. 
Rápido me bajó las pantaletas, mientras mis enormes suspiros eróticos, invadían el ambiente; y me la introdujo tan fuerte, como el hermoso caballo a la yegua, estando yo colocada, con las nalgas para arriba. Debido a la pujanza de los embates del caballerango, mi cuerpo casi se estrellaba contra la cerca, teniendo que sujetarme fuertemente a dos manos para evitarlo; provocándome intensos orgasmos en dos ocasiones seguidas, explotando el individuo, en un mar de leche tibia dentro de mi vagina; a la vez que, para entonces, mis tremendos gritos de excitación, cubrían la quietud de la tarde, llegando quizá muy lejos. Todo mi ser erótico, clamaba por más... 
Todos estaban transformados en unos energúmenos sexuales, con sus monumentales penes segregando moco uretral en cantidades considerables, mientras el hombre continuaba cogiéndome, a la vez que me besaba desesperado por donde era capaz, y de pronto sentí las manos de otro sobre mis dulces y grandes tetas, retirándome la blusa y mi fino brassier. Como pudo, este hombre, se dio a la tarea de mamar mis erectos pezones a punto de reventar de la excitación; era cual hermoso cachorrillo, chupando las tetas. 
Mientras tanto, otro de ellos, manoseaba ansioso mis paradas nalgas, y un tercero succionaba ávidamente mi clítoris hincado sobre el pasto, y yo sostenida con mis manos temblorosas, a la cerca; mientras que yo, no atinaba de qué manera responder de tan rápido y rabioso encuentro, con varios machos vigorosamente calientes; penetrándome uno y otro con cierta violencia, tirando ellos de mi cabello al igual que hicieran en su momento, con la cola de la yegua; besándome a diestra y siniestra, embadurnándome toda. Miles de besos vestían para entonces mi cuerpo desnudo, por todos los flancos. Mi cuerpo, destilaba baba humana, desde los cabellos, hasta las rodillas, despegándose un hilillo, hasta casi llegar a mis botitas de color rosa. 
Finalmente, permanecí descobijada, ya que alguno de aquellos excitados hombres, me retiro las medias, botándolas a las manos de mi esposo, y solo quedo el liguero fijo; volando los elásticos negros al lado de mis muslos y nalgas durante las violentas metidas. Mi ropa estaba desperdigada sobre el verde pasto cercano, y uno de los hombres me ensartó enloquecido por mi vagina, recostados ambos sobre la yerba, mientras este mismo, separaba mis nalgas con violencia, y yo era atravesada simultáneamente por la verga de otro por el agujero trasero. Ambos actuaban como pistones de un motor de auto: Mientras un pene retrocedía, otro se introducía a una velocidad increíble y frenética; llevándome a un estado de orgasmos permanentes. El de atrás en mi cola, ufanándose del grosor de su pito, lo extraía de vez en cuando, observando orgulloso, como mantenía mi hermoso culo abierto cual jarro atolero. Este jadeando decía: 
- Ay amorcito...que culito tan hermoso tienes... 
Y así mero fue como me dejó el ano: Escurriendo atole abundante y calientito; después de convulsionar, terminando intensamente, sobre de mi espalda; con lo cual, aplastó levemente al hombre de abajo, quien: a pesar de sostener el peso de ambos, tampoco cejó en su tarea de darme por mi aporreada vagina. 
Otro de ellos, había introducido su parada longaniza dentro de mi boca, y en el proceso casi me asfixia, pero encontré la forma de seguirlo mamando, sin que me llegara tan profundo; mientras que mi primer cogedor, el caballerango y patrón de estos enardecidos caballos humanos, observaba la escena; apreciando yo, de soslayo, y llena de placer, como su gran verga se iba parando de nuevo, seguramente preparándose para atizarme un segundo palo. A él, era a quien yo deseaba más que a ninguno. 
Así fue, cuando aquel individuo que me estaba dando por el culo se vino dentro de mis tripitas fuertemente castigadas, el caballerango inmediatamente metió de nuevo su 
gran palo, al instante cuando el anterior, se retirara, brotando un gran remante de leche espumosa fuera del trasero. El caballerango, provoco que yo gritara como una desequilibrada, mientras que su enormidad se deslizaba suavemente hasta topar sus ingurgitados huevos, debido a toda la leche que el otro había aventado dentro. Suavemente tiraba de mi cabello hacia atrás, a la vez que gritaba: 
- Ándele yegua...buscaba verga ¿verdad? 
Mientras que yo, sin ser capaz de contenerme, jadeando, gritaba enviándole besos al caballerango detrás de mí: 
- ¡Si mi macho cabrón...dame más...reviéntame el culo...! 
Esa noche, su hombría toco rincones como nadie, todas las fibras de mi ser, se sacudían mientras que su hirviente leche empapaba cada célula vaginal y rectal. Locamente, ambos girábamos abrazados rodando sobre la yerba: unas veces yo encima, y otras el, atizándome duro, trenzados como dos hormigas luchando ferozmente; en uno de sus arranques, me sentó sobre unas pacas de heno, cuidando mediante una manta debajo de mis nalgas, que esta no me fuera a molestar, mientras sostenía mis hermosos muslos sobre sus hombros, acometiéndome en forma brutal, rebotando sus huevos en mi sartén; combinando su salvajismo con besos y arrumacos, diciendo palabras de amor hacia mi persona. 
Minutos antes, del segundo ataque de mi amado caballerango, el hombre que antes se posesionara de mi vagina, también reventó en abundante leche dentro, y el que estaba en mi boca, tomo su lugar, metiendo y sacando su palo, provocando que yo me revolcara loca de placer, gritando enloquecedoramente. 
Al ocaso del sol, durante esa tarde candente de verano, incrementado por el intenso calor de nuestros cuerpos, quede tirada sobre el pasto, con una enorme cantidad de semen brotando tanto de mi vagina como de mi floreado trasero. Lentamente me fui colocando de pie, totalmente desgreñada y cubierta de saliva y semen por doquier, limpiándome algunos vestigios de tierra, desparramados por todo el cuerpo y pelo; y sin importarme nada, me bañé con agua fría mediante una manguera, cerca del corral, en donde minutos antes, observara a los caballos coger, y luego de también hacerlo yo; junto con todos estos animales salvajes. Antes de vestirme, y de arreglar mi cabello, llegaron de nuevo los cuatro hombres, y sin mediar solicitud alguna, dio inicio una nueva rebatinga sexual; terminando todos arrojándome la leche al unísono sobre mi rostro angelical, cubriendo también parte del cabello alborotado. 
Mi esposo y yo, cogimos como desquiciados en casa, una vez que llegamos de la fiesta a la que fuimos después de la aventura en el rancho, recordando cada detalle de tanta verga recibida, primero por mi amiga la yegua, y luego yo. Esa noche, y una vez perfectamente arreglada de nuevo, todavía tuve la fortaleza de bailar y bailar hasta la madrugada. Solo falto que yo saliera preñada también, de alguno de todos los machos aquellos, al igual que la fina y bella hembra. FIN. 

Sunday, November 24, 2019

CARNAVAL



Por tsver00@gmail.com


Era carnaval, Fernando y yo habíamos decidido disfrazarnos aquel año. Él iba a ponerse un traje de época emulando al Drácula de la película y yo todavía indeciso decidí disfrazarme de chica. Habían quedado con nuestros amigos ellos no se atrevían a disfrazarse con lo cual íbamos a dar la nota, pero nos daba igual.
Como a mí me daba corte ir a comprar ropa de chica, Fernando me dijo que como su hermana no estaría, podía utilizar algo de su ropa. Total para un disfraz mejor que me quedara grotesca.
Llego el día en cuestión y fui a casa de Fernando, sus padres y su hermana se habían ido a esquiar como todos los fines de semana así que teníamos vía libre. Fernando me dijo que fuera a la habitación de su hermana y eligiera, que no había ningún problema. Él mientras se fue a cambiar. Estaba un poco cortado y no sabía bien qué elegir, miré en su armario y vi un vestido corto plateado, lo cogí me lo puse por delante y… algo pasó por mi mente, me empalmé sólo de pensar en llevar aquello puesto. Me quité la ropa y con el slip puesto me puse el vestido. ¡Me quedaba bien!, ¿Qué estaba pasando?, Siempre había sido un tanto lampiño, no tenía casi vello, pero aquello superaba mi imaginación, me estaba gustando. Decidí hacerlo bien.
Fui al baño excusándome en que me quería afeitar, allí encontré crema depilatoria y empecé a dármelo en las piernas, aquello olía a muerto pero bueno. Dejé que actuara y me lo fui quitando. Mis piernas quedaban suaves aunque me escocían un poco. Me estaba quedando anonadado de verme las piernas así. Tan suaves, tan femeninas sin vello. Volví a ponerme el chándal para salir del baño sin que Fernando notara nada y entré en la habitación de nuevo.
Busque una braga y un sujetador, me quité el chándal y me los puse despacio disfrutando de la situación. Fue complicado abrochar el sujetador pero lo conseguí, lo coloqué en su sitio y después cogí aquellas braguitas. Las introduje por mis piernas notando su roce en mis muslos hasta que llegaron a mi cintura. Me coloqué mi pene de forma que no se notara y disfruté del momento que el espejo me ofrecía. Estaba poniéndome a tope. Estaba buscando unas medias cuando me encontré con dos senos artificiales de silicona ( ahora entiendo por qué le crecieron las tetas tan rápido a Elena), me los puse. Notaba aquella presión en mi pecho y no pude remediar acariciar aquellas tetas que eran mías. Me estaba poniendo a tope y noté que estaba mojando las bragas con los jugos que mi pene empezaba a expulsar. Encontré los pantys, decidí disfrutar de aquello a tope así que me senté en una silla y me los fui poniendo despacio recorriendo lentamente mis piernas con la lycra de aquella prenda tan sexy. Me levanté y los acomodé en mi cintura. Mis piernas adoptaron un aspecto más estilizado y me estaba volviendo loco. Me volví a enfundar el vestido. Era mi cara en un cuerpo de mujer. Estaba a alucinando. Me volví a sentar para ponerme aquellas botas altas de tacón de plataforma. Cuando me levanté tuve que mantener el equilibrio pero lo conseguí enseguida.
De repente me llamó Fernando. Le dije que esperara que a las mujeres nos cuesta mucho cambiarnos. Él se rió y yo pensé, me parece que poco te vas a reír luego.
Elena tenía maquillaje a raudales, en aquella cómoda había de todo así que con tiento fui convirtiendo mi cara en la de una mujer. Siempre tuve cara de niña así que no me costó mucho, sólo esperaba que no me reconocieran. Quizás este maquillaje y la peluca que he comprado, sean suficiente. Me puse la peluca el peine y cambiando la voz grité, Fernando voy a salir.
Cuando abrí la puerta me encontré a Fernando con la cámara de fotos preparada. Me sorprendió el flash pero él se sorprendió más cuando bajó la cámara.
-¿Cómo me ves? Fernando, reacciona
-Estás, joder estás… -¿Qué? Pe
ro de dónde sales, quién eres. Quien voy a ser, pues tu amigo de toda la vida. Bueno ¿cómo me queda? Joder, estás mejor que muchas tías. Me acabas de dejar flipado. Empezamos a beber y a preparar el encuentro con nuestra pandilla. Decidimos qué íbamos a decir que yo me había ido de viaje y que mi nuevo yo, Victoria, había venido del pueblo de Fernando a pasar el fin de semana.
Como era aún un poco pronto decidimos tomarnos algo en casa antes de acudir al lugar donde habíamos quedado con nuestros amigos. Fernando seguía echándome piropos, de una manera chistosa. Yo decidí practicar dando paseos a lo largo del salón para adoptar posturas femeninas y que no se descubriera mi verdadera identidad. También practiqué tonos de voz que no me delataran hasta que decidí hablar de forma que no se pareciera en nada a mi tono normal de voz.
Fueron pasando los minutos y los cubatas caían poco a poco. El ambiente se empezó a calentar y Fernando empezó a perder el control. La verdad es que yo tampoco iba ya muy bien. Puso un disco y empezamos a bailar, otra faceta que debía practicar. De pronto apareció una canción lenta y Fernando me cogió por la cintura. Empezamos a bailar juntos. De repente noté que Fernando empezaba a excitarse pues notaba cómo su pene se ponía en erección y se apretaba mas a mí. Como yo lo tenía apartado lo notaba en mi vientre perfectamente.
Al momento dijo que no podía más y me cogió del cuello y empezó a besarme. Yo me quedé un poco cortada pero me dejé. Es más, me gustó y empecé a excitarme y a besarle también con pasión.
Estábamos robándonos como dos fieras. Nunca me había sentido así. Era especial, como si siempre hubiese deseado besar a Fernando. Como por un resorte bajé mi mano a su entrepierna y empecé a sobarle la polla por encima del pantalón. Él acariciaba mis falsos pechos como si fueran de verdad. Estábamos a cien.
Desabroché la cremallera, aflojé el cinturón y le bajé los pantalones. Ante mí tenía ese pene que siempre había visto en las duchas del equipo de fútbol pero ahora se me presentaba en todo su esplendor y me atraía de forma especial. Me puse de rodillas frente a él y comencé a chupar. Fue todo intuición, nunca hubiera imaginado aquello, pero me gustaba. Fernando gemía y susurraba mi nuevo nombre. Mientras yo tragaba con pasión su miembro hasta que gritó para, no sigas que me voy a correr. Yo me aparté y me quedé un poco asustada de su reacción entonces me cogió de la mano y me dio la vuelta.
Me cogió de la cintura como si me fuera a escapar. Metió la mano por debajo de falda y acaricio mi polla debajo de las bragas y el panty. Yo estaba a mil por hora. Bruscamente bajó mi ropa interior. Mi pene salto erecto hasta que se encontró con la falda.
Fernando se agachó y comenzó a pasar la lengua por mi ano. Yo me derretí completamente y empecé a suplicar que me desvirgara. Apuntó hacia mi nuevo coño y lentamente para evitar dolores me fue penetrando.
Nunca olvidaré aquella primera sensación de dolor y placer infinito. Cuando mi ano se acostumbró al tamaño de su polla comenzó a moverse. Yo para entonces estaba a cuatro patas ofreciendo todo mi culo y apoyada en la mesita del salón. El movimiento era cada vez más rápido y entonces comenzó a masturbarme a la vez que me follaba. Nos corrimos los dos a la vez, él llenó mi culo con su leche y yo descargué encima de la mesa. Nunca había visto salir tanto esperma de mi polla. Fue la mejor experiencia de mi vida.
Acabamos tirados en la alfombra besándonos y abrazándonos hasta que sonó el teléfono móvil de Fernando. Eran nuestros amigos…
atte

Tsver00https://twitter.com/liebets18e-mail tsver00@gmail.comhttps://cosasdeeros.blogspot.com1




LGBT: Aventura con una trasvesti




Bueno la historia empieza cuando en uno de mis acostumbrados paseos nocturnos por el centro histórico de Lima, ya que sufro de insomnio, se me ocurre ir por una calle donde veía mucho movimiento. Al acercarme pude observar que se trataba de una discoteca de ambiente, es decir una disco de homosexuales. Me quedé fascinado viendo con que desfachatez los travestís bajaban de sus automóviles y entraban a la discoteca, me llamaba mucho la atención sus ropas, ya que llevaban vestidos muy escotados, y bastante de ellas eran muy hermosas.
Cuando me encontraba viendo como bajaba una rubia, muy hermosa a mi vista, siento que un tipo me agarra del cuello y empieza a meter sus manos en mis bolsillos, - maldita sea, me quieren robar me dije -, y es que no me había fijado que la zona estaba repleta de rateros, me defendí como pude, y en eso se acercan más delincuentes, todos de mi edad o menos, pero bajos de estatura. Pensé que me dejaría sin un céntimo, y es en medio del forcejeo que se acerca un tipo robusto, con una correa en la mano y empieza a botar a todos los pirañas, así los llamamos por aquí en Lima, le doy las gracias al tipo y me dispongo a irme ya que estaba bastante asustado.
Cuando estoy por cruzar la pista para retirarme se acerca a mi una “chica”, y me dice que por que ando tan descuidado, que me hubiera podido ir peor, me cuenta que el tipo que me defendió era su amigo, le decían el charapa, y que ella le había pedido que me ayudara. Yo le doy las gracias y ella me dice que ha esas horas ir a pie hasta mi casa era demasiado peligroso ya que los pirañas estaban rondando y me tenían en la mira, a lo que yo al dar un par de miradas alrededor lo pude comprobar. Bueno le dije, no tengo como irme, ya que solo tengo unos cuantos soles y mi reloj en el bolsillo, ella me dijo que si quería la podía acompañar, a lo que yo accedí, ya que me di cuenta que podría ser la oportunidad de tener sexo con una travestí, muy linda además.
Ya en el taxi, ella me dijo que mejor vayamos a su casa que estaba sola, yo no le dije nada, ella me contó que se llamaba Tabata, nombre de batalla, y que tenía 18 añitos, era tan chiquilla como yo. En el trayecto ella comenzó a deslizar su mano a mi miembro, y este empezó a reaccionar, entonces yo le agarré por el cuello y la besé, de una manera tal que hasta el día de hoy lo recuerdo, mis manos exploraban debajo de su brassier, palpando unas pequeñas tetitas. El taxista comenzó a toser, entonces nosotros nos separamos, nos miramos y nos reímos.
Al llegar a su casa ella pagó al taxi y entramos a su casa, mejor dicho departamentito, prendimos la tele y nos echamos en la cama a ver que había. Ella me dijo que se cambiaría de ropa para sentirse más cómoda, yo la observaba, se quitó todo menos su calzoncito, pude ver que el cuerpo que tenía ante mi era el de un tipo bastante lampiño, y que tenía facciones muy femeninas; ella era de más o menos 165 cm, delgada de tez clara, ojos medio achinados, tetitas pequeñas y un pompis redondito, no muy grande, pero bien parado. Se colocó un buzo y un polito pequeño, se echó a mi costado abrazándome, y nos pusimos a ver televisión, conversando de nosotros.
En un momento pensé que no pasaría nada entre nosotros, pero la tele pasó unas escenas de sexo, ella deslizó su mano hacia mi pene, mientras me preguntaba si lo había echo antes con un travestido, yo le dije que no, ella se rió y me dijo que no me creía.
Yo le dije que tenía curiosidad de hacerlo, además de que ella era muy linda y que si lo podíamos hacer, ella siguió riendo mientras se ponía sobre mí. Tabata acercaba su cara a mi oreja y me susurraba si en verdad le parecía linda, yo le decía una y otra vez que si, mientras que mis manos le agarraban todo su trasero por debajo de su buzo.
A cada minuto de este jueguito me ponía cada vez más excitado, y así como la tenía sentada
sobre mí, le quité su polito y le empecé a acariciar sus pequeños pezones, ella me decía que estaba en un tratamiento hormonal, poco me importaba a mí ya que parecían los pezones de una niñita. De un momento a otro hice que cambiemos de posiciones, y ella quedó debajo de mí, mientras le besaba el cuello y el pecho, le fui quitando su pantalón, y ella hacía lo mismo con el mío.
De un momento a otro me pidió que no le vea su pene, así que se dio la vuelta simplemente, me quedé intrigado, y le pregunté el por qué, ella se repuso, se tapó con su frazada y me dijo que le daba vergüenza ya que la tenía demasiado pequeña, yo me reí. Le dije que no tenía importancia y cogiéndola del cuello la besé, le pedí condones, me los puse y después dirigí su cabeza a mis bolas, a lo que ella las empezó a chupar al igual que mi verga que para ese entonces ya tenía un tamaño considerable, de unos 17 cm más o menos.
Al ver su carita de casi una niñita con ese cuerpecito me excité mucho y preso de aquella excitación me eché, quedando al frente de sus nalgas, con mis manos empecé a acariciarla y a abrazarla rozando su miembro, juro que nunca antes lo había echo, pero me dio ganas de sobar su pequeño miembro, ella al inicio se mostró renuente, pero después se dejó hacer, metí mi cabeza entre sus piernas y empecé a besar su pequeño pene, sin llegar a chuparlo.
Ella me pidió que se la metiera, pero despacio ya que mi pene era demasiado grande. Yo me incorporé mientras ella ponía unos almohadones bajo su cintura, unté un poco de saliva en su anito, y ejercí la presión necesaria hasta que la punta de mi verga sintió el calor irresistible que por primera vez me daba aquel ano. Ella se quejaba demasiado, me decía que muy rápido, que le dolía demasiado, que ya no entraba.
Yo le masajeaba su espaldita y me recostaba sobre ella para morder su espalda, ella empezó a agarrarle el gustito a eso ya que empezó a moverse a mi compás, mientras mi pene seguía prisionero solo hasta la tercera parte, entonces opté por un mete saca despacio, y esto dio resultados ya que sentía que mis bolas se iban acercando cada vez más a las suyas, hasta que por fin lo metí todo, me eché con toda mi humanidad sobre ella, era delgada, y eso me gustaba, comenzamos a movernos despacio mientras ella gemía y con su mano trataba de acariciar mi zona entre los huevos y mi ano, eso me gustaba, ella seguía así.
Le pedí que cambiáramos de posición, que quería ver su carita. Así que yo me quité de encima, ella sacó un bote de vaselina y se lo echó a su ano ya que estaba demasiado seco según dijo, yo me eché y ella se sentó en mí, esa posición fue fabulosa ya que veía sus gestitos de dolor que le producía, no aguantaba y a cada instante me doblaba para darle pequeños besitos en su boquita y en sus pequeños pechitos. Ella me decía que estaba bastante excitada y que podía terminar en cualquier momento, ya que se estaba masturbando, mientras yo le metía mi verga, así que en la misma posición de caballito, pero dándome la espalda comenzó a moverse, era genial, ya que su espaldita era pequeña, en eso siento como sus deditos fueron a meterse en mi ano, no se que pasó, pero eso me excitó muchísimo, y me incorporé, sin sacar mi verga de su agujerito, la abracé y la tumbé en la cama, la abrí a más no poder y le metí toda mi verga, toditita, terminando en unos chorros de leche espesa que fueron a quedarse en el condón, pero fue una corrida espectacular.
Al quedar exhausto en la cama, con Tabata a mi costado, me fijé que ella también había acabado, nos reímos, y ella empezó a besarme el pecho, bajando lentamente, me sacó el condón y me lamió por los costados, con pequeños piquitos, su lengua fue a recorrer la zona entre mis huevos y mi ano, y me preguntó si quería probar de su pequeñín, a lo que respondí que mejor no, que solo jugara, así que siguió así - esta chica era insaciable creo - siguió con su jueguito mientras yo me relajaba, así que ella empezó a masturbarse frenéticamente, mientras sus deditos y ahora su lengua jugaban con mi ano, hasta que quedó rendida.

atte
Tsver00


LGBT: Control de orgasmos

Por Yanine


Tengo 39 años y estoy muy enamorada de ‘mi chica’, que con sus 28 años disfruta de mi cuerpo todo lo que le apetece y hace de mí lo que quiere… Yo me entrego a ella como una loca porque la quiero y ella lo sabe y disfruta exigiéndome cada vez más porque no quiero que me deje… Entre nosotras ella es mi Ama y yo su sumisa.
Son las cinco de la mañana cuando noto que ‘mi chica’ me da un codazo… Me despierta, gimo un poco y cambio de postura en la cama… Ella me vuelve a empujar, esta vez con más insistencia. 
- "Mójate para mí… Despiértame cuando estés lista para mi… Quiero correrme con tu lengua y luego follarte si me lo has hecho bien", me dice.
Se da vuelta y parece ignorarme… Su respiración se vuelve más profunda mientras se relaja de nuevo intentando dormirse de nuevo. 
De nuevo estoy desolada… El aire de la mañana es frío y quiero volver a dormir... Quisiera decirle que se vaya hacer puñetas pero no puedo... Esto es lo que le prometí que haría siempre que me lo pidiera y por lo tanto debo cumplir mi palabra aunque hacerlo a estas horas no me apetece lo más mínimo.
Aunque no estoy de humor, dejo de acurrucarme en posición fetal debajo del edredón caliente, me estiro de espaldas y empiezo a hacerme dedo en mi coño, ya que dormimos siempre desnudas.
Haciendo esto he de conseguir incrementar mi nivel de excitación sexual llevándolo durante un prolongado periodo de tiempo, controlándome para no llegar a correrme.
De entrada mi cuerpo se resiste y lo insto a responder… Me cosquilleo ligeramente el clítoris con golpes ligeros, con la esperanza de despertar algo de pasión, pero no lo consigo… Intento fantasear, pero mi mente se resiste tanto como mi cuerpo. 
Una sensación de pánico comienza apoderarse de mí cuando me doy cuenta de que no puedo cumplir… Empiezo a frotar mi coño en serio, esperando forzar una respuesta de mi cuerpo.
Siento una sensación de fracaso, un sentimiento que antes de estar con ella solía ser demasiado familiar y vuelvo a temer lo que ‘mi chica, mi Ama’ pensará de mí si no me puedo calentar bien para darle todo el placer que me pide y luego, si ella quiere recompensarme, correrme. 
‘¿Pensará ‘mi chica’ que soy fría?... ¿insensible?... No quiero que me vea trabajar tanto mi coño para lograr alcanzar casi un orgasmo… ¿Tan mezquina debo ser para no conseguir casi correrme?
Y luego me acuerdo que en esta relación que tenemos las dos, yo no tengo ego… Lo que piense de mí no tiene importancia… Si ella quiere verme luchar para conseguir correrme, me verá luchar… Es lo que acordé con ella... Su placer y comodidad es mi principal prioridad, incluso ante mi propia incomodidad e insatisfacción. 
‘Mi chica’ quiere un coño mojado, e incluso si tengo que humillarme para darle un coño mojado, ella tendrá un coño mojado… La idea de mojarme para ella, y no para mí, es excitante y degradante, pero yo lo he decidido que así sea como muestra de mi amor. 
Mientras pienso en todo esto, separo mis labios vaginales y continúo frotándome el clítoris, sin preocuparme de que me vea desesperada… Desesperada es como ella quiere que yo esté… Y debo complacerla.
Meto mi dedo en mi coño y me encuentro mojada... Me pregunto si ‘mi chica’ realmente está durmiendo o si está escuchando los ruidos que hago cuando la palma de mi mano se desliza de arriba-abajo en mi vulva, ahora húmeda.
Continúo frotando mi clítoris y pego mi cara en su cuello para decirle:
- "Estoy lista para ti, amor… Estoy mojada", le digo esperando su respuesta, sin dejar de frotarme.
- "¿Qué tan cerca estás de correrte?", me dice con voz somnolienta.
- "Sobre un siete de diez", le respondo... Aunque no siempre, a veces sólo me folla con un tremendo dildo cuando estoy en el nueve.
- "Despiértame cuando estés cerca del diez… Me gustas con hambre."
Esas palabras me calientan y, en menos de un minuto, le vuelvo a decir:
- "Estoy ahora en el nueve, vida mía."
- "Aguanta así un par de minutos para estar más caliente, pero no se te ocurra correrte, eh" 
Se da vuelta y de nuevo parece ignorarme. 
Respiro profundamente manteniéndome al límite, concentrándome en mantener mi nivel de excitación… Sería fácil pensar en otras cosas pero sé que en cualquier momento puede ordenarme que me corra… Y sé lo que pasa si ‘mi chica me lo ordena y yo fallo... No me permitirá correrme por lo menos en un mes, como mínimo. 
Ese pensamiento casi me empuja al límite y alivia la tensión que tengo… Calculo los dos minutos, ya que ninguna de las dos tenemos un cronómetro a mano, y le digo: 
- "Ya no puedo aguantar mucho más, cariño mío."
- "¿Qué tan cerca estás?"
- "Nueve intenso."
- "Bien... Follas mucho mejor cuando tienes hambre de ‘mi polla’… ¿Quieres correrte hoy o quieres ir a trabajar como una zorra hambrienta?", me pregunta sonriente.
- "Quiero correrme si me lo permites, mi cielo."
- "Siempre pensando con tu coño... Si eres lo suficientemente buena lamiéndome, te dejaré correrte, sino no te correrás... No dejes de tocarte el coño... Te quiero con mucha hambre de ‘mi polla’."
Estoy luchando para no correrme ahora… Y asombrada de notar que hace unos momentos, estaba luchando para excitarme y ahora estoy desesperada por correrme... Este es el poder que mi chica, mi Ama, tiene sobre mí… Respiro profundamente, relajando los músculos de mi vagina, haciéndome pasiva, que es lo que quiere ella ahora. 
Siento que ahora mi excitación baja a ocho, y trato de corregirlo rápidamente, frotándome más rápido, justo debajo de mi clítoris, donde puedo obtener una estimulación más intensa. 
Cuando me acerco al orgasmo, retrocedo y acaricio mis labios vaginales, esperando instrucciones… Mantengo este patrón durante unos minutos más, preparada para detener toda estimulación o correrme, sea lo que sea la orden que en última instancia me dará mi chica, mi Ama, mi vida, mi amor. 
De pronto, ella se da vuelta y con rapidez se pone encima de mí y coloca su coño pegado a mi boca esperando que saque mi lengua y comience a lamérselo, mientras mi coño sigue cada vez más mojado.
- "No te atrevas a correrte sin mi permiso", me dice con los dientes apretados.
Comienzo a lamerle por toda su raja y me detengo en chuparle y mordisquearle su clítoris, mientras dejo de estimularme, separo mis piernas para poder recibir el gran dildo que remueve en la entrada de mi coño  … Relajo mi vagina, dejando que empuje hacia adentro y hacia afuera, sin responder, ya que cualquier movimiento de mi parte me hará correrme 
- "Me gustas así… Que seas un pequeño juguete pasivo... ¿Para quién está mojado este coño?", me pregunta.
- "Para tí."
- "¿A quién le da placer este coño mojado que estoy follando?"
- "A mí."
- "Sigue lamiéndome… Ahora, quiero que agarres mi polla con tu coño… Aprieta tu coño fuerte sobre esta polla... Qué lo note que me cuesta metértelo." 
Lo intento, y casi de inmediato estoy a punto de correrme. 
- "¿Es que no puedes apretar la polla sin correrte?", me pregunta. 
Me siento avergonzada de que ella me conozca tan bien... Deja de follarme, levanta los antebrazos y espera a que vuelva a concentrarme para apretar el dildo que me está metiendo.
Una ola de sumisión, combinación de miedo y vergüenza me invade, comenzando en mi pecho y terminando en mi bajo vientre, mientras con mi lengua continuo dándole todo el placer posible.
- "Me estas decepcionando por el poco control que tienes sobre tu coño" 
Quedo helada al escuchar esto... Tengo miedo a decepcionarla… Su placer y su capricho es mi prioridad… Así  que aprieto mis músculos alrededor del dildo y lo presiono… Aprieto de nuevo y saco los pensamientos eróticos de mi mente… Levanto mis rodillas, porque sé que es más difícil para mí correrme sin tensión en mis piernas. 
Mis piernas están dobladas, mis rodillas agarran su torso, mi coño aprieta el gran dildo, alternando con la presión hacia abajo, aumentando su placer por disfrutar con el mete y saca a la que me tiene sometida y ver la gran cantidad de jugo que estoy expulsando. 
- "Sí… Así me gusta… Noto muy bien como aprietas la polla con tu coño... Este coño que es para mi diversión y placer", me dice.
Me la mete dentro y fuera lentamente, y yo me muevo para que no esté presionando contra mi clítoris… Todavía estoy excitada, pero no tan cerca de correrme... Me muevo, ya que sé que le gusta la forma en que lo siente. 
- "Ah, eso es… Sé mi juguete de coño... Me gustas así, hambrienta y ordeñando esta gran polla que te meto, pero no dejes de lamerme… Cómeme bien mi coño que pronto te soltaré un buen chorro de jugos para que te los bebas". 
Ella sigue con el dildo entrando y saliendo de mí coño… Si pienso en cómo su empuje hace que mi vientre se levante y caiga, sentiré contracciones que imitan el orgasmo, pero tan sólo he de concentrarme en su placer y diversión, apretando mis músculos vaginales alrededor de este dildo que me taladra, tratando de ser el mejor coño que mi chica, mi Ama, pueda encontrar.
- "Dime lo que estás haciendo", dice queriendo escuchar el poder que tiene sobre mi mente y mi cuerpo.
- "Estoy tratando de ser el mejor coño para tu disfrute".
- "¿Por qué?"
- "Porque soy tu juguete de coño... Mi vagina es para tu placer."
Siento como me penetra hasta el fondo y lo saca de mi coño mientras yo  continuo lamiéndole el coño de una manera frenética. 
- "Me gusta tu entrega, negándote tu placer por mí… Tan mojada y hambrienta, aguantando... Qué buen juguete eres para follarte pero acompasada y muy completa."
De pronto noto como su cuerpo se pone rígido y vuelve a clavármela profundamente, disparándome chorros de flujo... Mi chica, mi Ama se está corriendo y yo sigo lamiendo y tragando para hacer que su orgasmo sea prologando y encadene más orgasmos… Minutos más tarde se aparta agotada y afónica de los muchos gemidos que ha estado dando… Inclina su cabeza hacia abajo y besa mi vientre. 
- "Gracias amor… Cuanta entrega la tuya… Tan mojada y frustrada a la espera de lo que yo decida concederte que te corras… Me gusta mucho que seas así... Me gusta sentir que eres mía para hacer contigo lo que quiera", me dice mientras acaricia mi vientre y mi coño 
Luego, inserta dos dedos en mi coño y los sacude varias veces antes sacármelos… Todavía lo tengo irritado e hinchado de tanta masturbación… Inclina su cabeza hacia abajo y lame mis labios vaginales y me chupa suavemente mi clítoris y gira su lengua sobre él por poco tiempo para controlar que no me corra.
Su dominio sobre mi cuerpo me hace responder de inmediato, y ella se ríe… Sabe que podría hacerme correr con un chasquido de lengua, un dedo torcido en mi coño o un estironcito de clítoris. 
Me deja y veo que con ambas manos coge mis pezones y los enrolla entre sus dedos pulgar e índice… Gimo y empujo mis caderas hacia arriba ofreciéndome.
Mi chica continúa sobándome las tetas y mis pezones crecen más y se ponen más duros... Así no puedo correrme porque no tengo estimulación genital, pero me excita mucho y respiro pesadamente, casi jadeando, mientras ella continúa rodando mis pezones, estirándolos y pellizcándolos. 
- "Tócate otra vez, pero no te corras", me ordena.
Llevo ambas manos hasta mi coño, una a mi clítoris, la otra tirando de mis labios… Gimo de placer porque de nuevo estoy cerca de correrme y tengo tantas ganas de que me lo permita. 
- "Por favor, ¿puedo correrme?", le digo.
- "Eso no suenas pedirlo muy sinceramente... ¿Estás segura de que quieres correrte?
- "Oh… Claro que sí… Por favor, déjame correrme", le vuelvo a pedir, siguiendo frotándome mis labios vaginales, pero dejando de tocar mi clítoris porque me correría, seguro.
De pronto escuché:
- "Al suelo… De rodillas… Necesito vaciar mi vejiga… Abre bien tu boca y no dejes escapar nada."
De inmediato salgo de la cama y me pongo de rodillas en el suelo con la boca abierta y los brazos cruzados detrás de la espalda, como a mi chica, mi Ama, le gusta que  me ponga, a la espera que me degrade una vez más. 
Pronto su coño se pega a mi boca y comienzo a sentir que se llena de su orín, que voy tragando poco a poco hasta que ella vacía su vejiga completamente… Sin que me diga nada más, procedo a limpiar su coño con mi lengua hasta que me ordena detenerme.
Al tener mis manos detrás de mi espalda, mis pechos quedan  empujados hacia delante lo que aprovecha para agacharse mientras orina y rodar, estirar y pellizcar mis pezones entre sus pulgares y dedos índice otra vez. 
Mi clítoris está palpitando, y quiero correrme... Necesito correrme y ella lo sabe.
- "¿Todavía estás en nueve?", me pregunta mientras sigo limpiando su coño… Yo levanto la vista y asiento.
Mi chica, mi Ama no deja de estimularme mis pezones y me dice: 
- "Puedes tocarte, pero no olvides que no debes correrte."
Agarro mi coño con ambas manos, concentrada en seguir lamiéndola, ve que mis manos están torpes y se complace de que lo primero y principal es su placer… Me pregunta de nuevo:
- "¿Qué tan cerca estás de correrte?"
- "Un nueve."
Se sienta en la cama con las piernas abiertas y me dice:
- "Ven aquí y frota tu coño en mi pierna… Pon tus manos detrás de la nuca… Quiero verte acariciar mi pierna con tu coño como una perra en celo."
Me apresuro a ponerme de pie y colocarme a horcajadas sobre su pierna, presionando mi coño mojado contra su muslo y comienzo a deslizarme arriba y abajo frotando mi clítoris contra su pierna. 
Tras un par de minutos me ordena que se detenga y que me levante… La miro con cara de sorpresa pensando que me niega poder correrme y la angustia se apodera de mí.
- “Ven, tonta… Era una broma… Ponte ahora sobre mi otra pierna y sigue haciendo lo mismo”, me dijo sonriéndome.
De inmediato froto mi mojadísimo coño contra su muslo sin vergüenza, pensando sólo en poder correrme... Estoy jadeando y empezando a gemir... Estoy al borde de correrme y aún así le digo:
- "Por favor, ¿me puedo correr?, amor mío." 
Ella se da cuenta de lo que quiero que me diga y no vaciló en decir:
- "Eres una perra en celo y lo necesitas…Córrete, te lo has merecido", me digo asintiendo además con la cabeza y sonriéndome, mientras de nuevo me coge miss pezones y me los aprieta, me los estira y me los retuerce con fuerza haciéndole mucho daño.
Yo, gritando, continúo frenética moviendo mi mojadísimo coño contra su muslo, apretando todo lo posible… Siento mis primeros lujuriosos espasmos… Me estoy corriendo de forma salvaje y no paro mientras mi chica, mi Ama, sigue disfrutando castigándome mis pezones.
Al cabo de unos largos minutos, con mis piernas temblando, le sonrío y me dejo caer sobre ella para juntarnos en una serie de besos lujuriosos y poco a poco dejarnos caer en la cama, tapándonos y abrazadas y agotadas, intentaremos volver a dormir.
Me siento feliz, muy feliz, a pesar de lo duro que ha sido lograr correrme… Cuando coge mis pechos lanzo sin querer un gemido de dolor… Me hizo mucho daño y ella lo sabe… Se acurruca y comienza a mamar de mi pezón y así la tengo porque lo ha decidido… Ella es mi dueña… Yo la amo con todo mi corazón y haré todo lo que me pida para no perderla nunca, por muy desagradable y doloroso que sea su capricho… A veces el amor es así.


F I N
Si alguna lectora desea comentarme lo que le pareció este relato, tendré mucho gusto en responderle y mantener posible amistad (yanine35sum@gmail.com). 

ENCUENTROS - EROTISMO EN CANTO-RELATO-POESIA

  A todos los poetas eróticos, se les invita que envíen sus poemas grabados a Radio Nuestra America, en su programa Encuentros. Una radio al...