Thursday, November 29, 2018

Los orgasmos aumentan nuestro bienestar físico




No solo son tremendamente placenteros y liberadores de tensión, sino que además los orgasmos son capaces de mejorar de forma real nuestra salud al aliviar determinadas condiciones que nos afectan cotidianamente. ¿Qué no te lo crees?  Sigue leyendo y descubre el porqué.
Aunque parezca sorprendente los orgasmos pueden curar malestares porque son capaces de aumentar la irrigación sanguínea y de segregar sustancias y hormonas que favorecen el buen humor y el bienestar general, sirven como analgésicos e incluso estimulan el sueño profundo. Es decir que después de un buen encuentro sexual no solo te sentirás mejor sino que además dormirás como un bebé.
El dolor de cabeza es uno de los padecimientos que se verán disminuidos cuando alcanzamos el clímax, y es que la circulación sanguínea en la zona se ve favorecida, reduciendo la cefalalgia al mejorar la irrigación de sangre en la zona. La vieja excusa del dolor de cabeza no funcionará nunca más, y es que ya muchos hombres están al tanto de esta propiedad.
Otro mal que se puede curar con el sexo placentero es el clásico dolor de vientre presente en el síndrome premenstrual, que desaparece casi como por arte de magia después de llegar al orgasmo. Esto ocurre porque las contracciones que se experimentan con el orgasmo aumentan el flujo de sangre en la zona del útero, al mismo tiempo que las sustancias liberadas cumplen un efecto analgésico.
Gracias al clímax obtenido en el sexo,  nuestro cuerpo libera oxitocina, una hormona encarga de disminuir el dolor, por eso cualquier condición que nos genere molestias puede verse mejorada con la intimidad, incluyendo la depresión, el insomnio y la tensión acumulada. Sabiendo que los orgasmos pueden curar malestares y entendiendo lo placenteros que son
 ¿Qué esperas para ir a comprobarlo tú misma?


Saturday, November 10, 2018

ENCUENTROS MAGAZINE VOLUMEN 3 # 12

ESTA ES LA ÚLTIMA PORTADA DE 2018 DEL VOLUMEN 3 DE LA REVISTA ENCUENTROS EN FORMATO PDF.  HASTA EL 2019 COMENZARÁ CON EL VOLUMEN 4. GRACIAS POR PREFERIRNOS COMO SU REVISTA PARA ENCUENTROS ERÓTICOS.




GRANDES RELATOS: LA APRENDIZ DE PROSTITUTA.

Por Sandra Rosalía
 Tijuana BC, Octubre del 2018. Nenita63282@hotmail.com


La mujer salió de la cantina terriblemente frustrada. De nueva cuenta había fracasado en sus intentos de volverse una prostituta; a la hora buena, no supo que conducta seguir. Sus esfuerzos fueron destrozados por su propia inexperiencia una noche más...El hombre a quien ella había elegido su primer cliente, supo tomar ventaja de la candidez e ignorancia de parte de ella, fácilmente se aprovechó besándola y tocándola por todos lados sin la menor intención de pagar la cuenta, y de remate haciéndola que le prometiera irse con él la próxima vez que se encontraran con el fin de tener relaciones sexuales, gratis. Este hombre, entre otras cosas se trataba de un musiquillo, criado en las sórdidas callejuelas del barrio en donde se encontraba ubicado la taberna en cuestión; y aparte de todo, se daba ínfulas de gran artista debido a que era la voz principal de un mediocre conjunto norteño.
El deseo de convertirse en prostituta, en realidad obedecía a una fantasía entre el esposo de ella y de su propia persona, por el simple placer, y como nueva parte de su extenso repertorio erótico. No obstante, el marido a su vez era ignorante en estas lides, por lo que ella busco a un “experto” quien además terminó como amigo de la pareja. Este individuo fungía con ella y otras mujeres, como un “coach” profesional, y fue elegido por la dama a partir de cierta página de escorts y prostitutas, y quien según el propio decir de este individuo: contaba con amplia experiencia en el arte de las negociaciones sexuales: Desde conseguir clientes, cobrar y de ciertas técnicas amatorias que aseguraban el éxito rotundo.
A los días después del estrepitoso fracaso, el ducho proxeneta le llamó de nuevo a la mujer por el celular:
- ¿Cómo te fue? Pregunto el hombre a la dama...
-Mal, respondió ella, muy mal...
Y el negociante sexual, debido a los continuos fracasos de ella, le respondió ya francamente irritado
-Ve de nuevo para el bar, y me esperas afuera...ahorita voy de inmediato a reunirme contigo. Y señalando enérgicamente el chulo le dijo:
-Con todo el respeto del mundo, pídele a tu marido que, si nos hace el favor de esperarnos a ti y a mí en el auto, ya que ahorita voy a darte una lección completa de cómo ser una real puta exitosa en una sola clase intensiva.
A ella se le hizo la palabra “puta exitosa” un tanto peyorativa, ya que cabe hacer notar que ella sólo deseaba sentir la “adrenalina” junto con su marido, a pesar de también desear el recibir paga por sus servicios sexuales como cualquier mujer dedicada a la prostitución, para que la fantasía tuviera mayor realidad, pero hasta ahí llegaban sus intenciones. El matrimonio llevaba años especulando acerca de este juego erótico, el cual por una u otra razón jamás lo habían intentado.
La atractiva mujer esperaba una buena regañada de parte de su mentor en la materia de “puterias”, y también esperaba nuevas indicaciones de ciertas tácticas en las artes del cómo llegar a ser una buena cortesana; y con esa idea en mente fue a la reunión sensualmente vestida, como era su costumbre hacerlo, sólo que, para fines prácticos y apropiados para estos lugares, ella iba vestida de forma mayormente provocativa, levantando suspiros a su paso.
Mientras ella esperaba fuera de la cantina de pie en un stand de periódicos y revistas la llegada del proxeneta, los hombres la adulaban con diversos piropos, algunos un poco más subidos de tono, aunque es posible que nadie sospechara el verdadero motivo de su presencia en aquel sitio, al igual que nadie sospechaba acerca de su verdadera vida social. El mismo dueño del stand, hombre de edad avanzada, ante la fina estampa de la dama, y reconociendo que nada tenía ella que estar haciendo en ese barrio, le insistía con el fin de que se retirara; temiendo un posible acercamiento cada vez más atrevido de parte de estos hombres, quienes la observaban como lobos acechando a su presa.


Una vez llegado el proxeneta junto a la dama, esta intentó darle un beso como siempre lo hacía cuando se encontraban en algún lugar, pero esta vez el hombre lo esquivó levemente, con un gesto adusto marcado en su rostro. Ella lo observó sorprendida por dicho acto, pestañeando con sus lindos ojos, pero no dijo nada, y ambos se dirigieron a la cantina, que ella misma había elegido previamente para llevar a cabo su hasta entonces fracasada fantasía; lugar escogido previamente y al azar, bajo el consejo del proxeneta, en el sentido de buscar “el bar más feo... en donde ella supuestamente iba a encontrar los mejores clientes...” Con esa idea, ella asistió con anterioridad a este sitio, en donde tuvo el encuentro fortuito con el musiquillo ya mencionado, el cual la manoseara a su antojo.
A pesar de que la cantina en cuestión no era un sitio peligroso, distaba mucho de ser un lugar de lujo, y definitivamente no concordaba con el tipo de vestimenta ni con el atractivo aspecto físico y personalidad de ella. En este lugar, algunos días de la semana las cervezas, eran más baratas con lo cual atraían a un mayor número de clientes, quienes aprovechaban para ver el futbol y comer botanas gratis. Las meseras del lugar no eran muy agraciadas físicamente hablando, por lo cual la extraordinaria belleza y elegancia sensual de esta dama cercana a los 50 años, había deslumbrado a los parroquianos.
El proxeneta tomó a la mujer de la mano, y tirándole con cierta brusquedad, la introdujo de nuevo al mencionado sitio. Ella pegaba unas carreritas sensuales con sus bellos tacones de terciopelo rojo sonando sobre los adoquines de la calle, debido al tirón del padrote, que con ello intentaba demostrarle tanto a ella como a los hombres ahí dentro, que él se encontraba al mando.
-Espera amor...espera, decía ella con una vocecita sensual en medio de los pasitos de muñequita, agitando levemente sus pechos y nalguitas durante el trote; que cautivaba indirectamente a los varones quien por casualidad la vieron y escucharon aquella tarde- noche.
El padrote hizo caso omiso de la súplica de ella. Una vez adentro, este se dirigió inmediatamente con el cantinero. Algunos de los parroquianos ahí presentes esa tarde, ya habían degustado el grácil cuerpo de ella unas noches antes, y sonrieron al observar que de nuevo ella los favorecía con su sensual y atractivo cuerpo ahora envuelta en una minifalda de piel negra, medias negras. Debajo de la falda de piel, sus preciosas nalgas se encontraban delicadamente envueltas en unas bragas trasparentes de color blanco, adornadas con un fino encaje por la parte frontal, por donde se transparentaba su delicado pubis depilado. La primorosa prenda cubría un liguero de satín negro sujetando las medias de lycra del mismo color. En la parte superior del cuerpo, ella portaba una trasparente blusa blanca cubriendo un fino brassier de encaje también de color blanco.


Mientras tanto, el “musiquillo” con aires de gran artista, y quien se aprovechara la primera vez de la candidez de aprendiz de puta de la linda mujercita, casi poseyéndola en un rincón oscuro y semiocultos a los ojos de los demás dentro del bar, se encontraba sobre el destartalado estrado ejecutando una melodía en forma desafinada; mientras observaba entrar a la dama, esbozando una leve sonrisa de triunfo, ya que este suponía que ella había regresado enamorada de su inflada cara y panza cervecera, y de sus supuestas artes amatorias. No obstante, su sonrisa se disipó un tanto al notar la presencia del hábil proxeneta acompañándola.
El negociante sexual mientras tanto, se apalabraba con el cantinero, y este asentía moviendo la cabeza afirmativamente, a la vez que sonriendo volteaba a ver a la dulce señora aprendiz, saboreándose con su atractiva imagen. Ella se preguntaba en su cabecita lo que pudiese estar ocurriendo, ignorante de que estaba a punto de ser tasada como una yegua a un comprador cualquiera: una vil puta a pesar de ser una dama fina y educada.
El guardia recibió la orden de parte del cantinero (quien a la vez era el gerente de la cantina) de cerrar la puerta del local, permaneciendo sólo los clientes que ya se encontraban dentro antes de la llegada de ellos; y en ese instante el cantinero pidió al conjunto norteño que momentáneamente dejara de tocar la música, tomando entonces el micrófono el ilustre proxeneta dirigiéndose a los asiduos consumidores del bar:
-Señores: la dama aquí presente, es una putita bajo mi representación profesional, a quien ustedes podrán follarse por la módica suma de...
Ella era incapaz de dar crédito a sus oídos, se sintió humillada ante el calificativo de “putita”, ¿y de que otra forma suponía ella que la iban a tomar los ahí presentes? ¿No era esto mismo lo que ella andaba buscando ser? ¿Acaso suponía que iba a encontrar nobles caballeros que la trataran como a una dama?
Abría su boca decorada de color rojo intenso, en un mohín de incredulidad, mostrando sus pequeños dientecillos blancos, con ganas de decir: “no...no...” y salir despavorida de ahí, pestañeando a la vez con sus ojos seductoramente pintados; mientras que el ducho padrote la sujetó suavemente de una mano diciendo:
-Tranquila mi vida...aquí no pasa nada, con la suficiente fuerza de voz con el fin de que todos escucharan a través de las bocinas, haciendo notar que independientemente de todo, venia protegida por un supuesto macho alfa. Ella deseaba desaparecer de la faz de la tierra; efectivamente anhelaba jugar a la putita, pero en forma velada y sobre todo oculta, y ahora su tasador la vendía como a toda una esclava sexual sin voluntad a aquella masa amorfa ávida de una mujer de su clase y sobre todo a un precio accesible; no obstante, algo le ocasionaba una punzada de profunda satisfacción, al verse tratada como tal.
-Esto desde luego, no incluye sexo anal, ni sexo oral de ella a ustedes continuó hablando el proxeneta, pero la mamada de ustedes a ella, si va incluida en el trato...cuentan con 10 minutos una vez concluida mi padroetesco convenio sexual para cogerse a esta linda mujer ama de casa, quien anda por estos lares en busca del placer de convertirse en puta; el que llegue primero gana la mano, y así conforme se vayan apuntando. El anal cuesta el doble de la tarifa acordada, y la chupada de ella a ustedes, un 25 por ciento más de la tarifa estipulada. La pura mamada y la puñeta sin sexo de ningún tipo, cuesta la mitad.
Mientras ella se encontraba al borde de la histeria, un rayo de excitación iba “in crescendo” como en una sinfonía de Mozart que la mantenía expectante, con la boca seca y el corazón con un “tun tun tun” taladrando los tímpanos de la mujer. Ella no cabía de la sorpresa, su corazón amenazaba con explotar, y casi se desvanecía ante el cínico atrevimiento de su amigo y padrote; un tropel de 10 hombres se fue a trompicones con los billetes en la mano hacia el proxeneta, quien los anotaba conforme llegaban.
- Pero ¿qué haces? Le dijo ella en voz baja al negociante sexual...
- Cállate ordenó el hombre, observándola duramente a la vez que la tomaba con firmeza de una de sus delicadas muñecas, mientras que, sin previo aviso a la mujer, procedía a retirarle la blusa, ante las débiles protestas de la dama. En ese instante la dobló de la cintura haciéndola parar el culo, y antes de que algo pudiera ella hacer, le subió la falda de piel negra pegada al cuerpo, tirando fuertemente de la prenda hacia arriba, amenazando también con romperla, a la vez que la sometía con intensas nalgadas con todo y los esfuerzos de ella por defenderse.
Este acto acicateó el deseo sexual principalmente de aquellos hombres un tanto o muy propensos al sado masoquismo, mientras la mujer pataleaba y sollozaba ante la algarabía de la masa alcoholizada en espera del manjar que supuestamente sería arrojada al ruedo para festín de las fauces hambrientas, y cogérsela entre todos como perros callejeros a una perra. Mientras ella luchaba intentando bajarse la falda, a la vez que el hombre hábilmente ya la había dejado solamente en brassier, y luego desabrochó la falda bajándola a duras pena por las caderas debido a los cuadriles femeninos, y en parte a la resistencia de ella; con todo y los gritos y amenazas del explotador sexual entre nalgada y nalgada, mientras que la mujer se sostenía las bragas trasparentes, en un fragoroso intento de que no fueran bajadas junto con la falda deslizándose por sus soberbios muslos.
-No lo puedo creer de ti...sollozaba ella: Tú que siempre fuiste todo un caballero conmigo, y que además dijiste que me amabas...
-Si te amo putita encantadora, respondió el experimentado padrote esbozando una cínica sonrisa, pero ya te pasaste del límite de mi tolerancia.
-Es que no puedo hacer esto, respondió débilmente ella con la voz interrumpida...
-Pues ahorita va a usted a poder mi excelente y suculenta mujer, le respondió el padrote...ahorita va a brotar la puta que toda hembra lleva oculta dentro de su alma y que todas lo niegan; ya basta mujercita linda de remilgos y consentimientos. Además: usted quiso ser una puta por su propia voluntad, así que ahora se aguanta. No me vayas a obligar a que te aplique unos cintarazos, te juro que si lo hago ¿eh?
Ella guardó silencio porque supo que en realidad a esto se encontraba expuesta, extinguiendo el llanto que pugnaba por brotar. Su imagen más bien reflejaba el de una condenada a muerte quien era conducida al matadero y expuesta ante las miradas del populacho; y en ese preciso instante, el proxeneta le atizó una fuerte y sonora nalgada delante de todos lo cual la hizo pegar un gritito, a la vez que este le ordenaba:
-Sonría usted a los hombres...retíreme esa cara de mártir ¡pero ya!
De tal manera la núbil e inexperta cortesana sonrió al público, y en eso ocurrió que el recinto se cubrió de una rara sensualidad. La muchedumbre se vio imantada con la proyección de su imagen, incluyendo al explotador sexual, mismo que sin ser capaz de explicarse lo que estaba sucediendo, se sintió invadido por un raro embargamiento que suavizó su espíritu depredador, el cual en ocasiones carecía incluso de piedad. Esto fue sólo un instante fugaz, despertando todos después de breves segundos cual hipnotizados, sin tan siquiera ser conscientes de lo ocurrido.
Era una ama de casa, profesionista sumisa y temerosa; bella de rostro y cuerpo en plena edad adulta, candorosa, apasionante y voluptuosa, y a la vez ansiosa en secreto por ser poseída cual perra caliente. Expuesta prácticamente desnuda ante la lujuria desenfrenada de aquel grupo de hombres pertenecientes a lo que Carlos Marx definió como la “lumpen del proletariado”. Algunos de ellos ya se frotaban emocionados el promontorio viril tremendamente erguido entre los pantalones, y los más osados, ya se encontraban con ella de fuera y “pajeandose”, catalizados por los humos del alcohol; mostrándole a la mujer todo el poderío de su dureza masculina cual hueso, como diciendo: “Mira lo que te encuentras a punto de tragarte por todos tus orificios puta”.
El júbilo de la muchedumbre era enorme, reiniciando el cantinero la música de la rocola, en medio del aquelarre. Una vez quedando ella solamente en pantaletas, debido a que, con un hábil movimiento de los dedos del explotador, su sostén de encaje fue retirado, permaneciendo ella solo en medias y liguero así como calzando sus bellos tacones de terciopelo de color rojo, y en eso el vividor de mujeres le ordenó:
-Bájate los calzones...Y ante la incredulidad y el titubeo de la atractiva mujer, le repitió a esta en tono enérgico:
- ¡Bájate los calzones...! no me obligues a bajártelos yo, porque lo voy a realizar con violencia delante de todos ¿entendido?
-Por favor mi amor, murmuró ella en tono suplicante con cara de gatita asustada...
En realidad, el terror la invadía...
Pero ante la mala intención reflejada en los ojos de lobo endiablado de su padrote, procedió temblorosa a retirarse avergonzada las bragas, apareciendo un pubis totalmente depilado y por detrás un lindo trasero redondito sin ser escandalosamente prominente.
El bullicio era ensordecedor, y a duras penas la fuerte excitación de los machos ahí presentes se podía contener; incluyendo a su negociante sexual, quien muy a su pesar, admitía que la observaba con cierta infatuación erótica como jamás antes a mujer alguna; y debido a ello, una emoción casi incontrolable cruzó por la mente del proxeneta: la de salir corriendo de ahí, llevándola a vivir con él a cualquier lugar ocultos del mundo; lo anterior lo supo ella tiempo después, en una misiva enviada desde algún lugar.
Antes de aquel cegador episodio, la mujer se mantuvo sumisa con los ojos en el suelo, mientras que los hombres se sabían próximos a poseer a la dama ahora convertida en puta. Mientras tanto, el manager de putas, le propinaba orgullosas nalgaditas delante de los “compradores” con la palma de la mano dirigiendo el golpe de abajo hacia arriba, con lo cual se agitaban levemente las dos medias sandias que ella tenía por nalgas, demostrando con ello la firmeza de los glúteos bien trabajados por medio de ejercicios de gym; observándose en medio de dichas sandias, una grieta profunda y oscura, que provocaba en todos los desarrapados aquellos un delirio sexual hasta casi rayar en la locura.
Sobreponiéndose el padrote a su debilidad pasajera motivada por la bella mujer, cínicamente la afianzó con fuerza de ambas nalgas separándolas, y con un desplante de control, la dobló 45 grados hacia enfrente, con la intención de mostrarles el bien depilado ano de un color café claro, similar a un botón de rosas. La mujer se resistió levemente, y fue cuando el mánager le atizo de nuevo una violenta nalgada y un grito pavoroso, haciéndola que cediera; e inclinadita con su bello cuerpo hacia enfrente, permaneció con sus deslumbrantes tetas colgando, y con el culo expuesto. Unas cuantas lágrimas surcaban las mejillas de ella, pero ante la férrea mirada del explotador reprochándole su conducta, trago saliva, y en forma rápida se limpió los ojos, y sonrió...
De nuevo el recinto se vio cubierto de un raro embrujo ante la sonrisa de ella, y con esto también la integridad emocional del hábil e insensible proxeneta; y el hombre se vio obligado a realizar otro esfuerzo sobrehumano reponiéndose a duras penas, y empleando un tono conciliador le dijo a la mujer:
-Así me gusta putita mía, ¿Qué te cuesta?
Un tipo ya bastante ebrio intentó colarse por debajo del cuerpo de la mujer quien se encontraba de pie en medio de la pista de bailar, mientras permanecía con sus bellos pechos colgando como dos tiernos y rechonchos lechoncitos, sacudiéndose ambas hermosamente debido a la inclinación junto con las nalgadas propinadas por el padrote. El borracho en cuestión, llevaba la intención de prenderse como becerro de una de sus mamas, pero antes de lograrlo, un agresivo grito de parte del padrote, hizo que el guardia del bar entrara en acción, levantando al individuo pasado de copas de un tremendo puntapié en pleno tórax, y a rastras fue llevado hasta la puerta y arrojado fuera del lugar, y los demás hombres le arrojaban cerveza o lo escupían a su paso entre risotadas y maldiciones.
Mientras todo eso ocurría, ella abrigaba secretamente y muy dentro de su ser, algo tremendamente poderoso que la sacudía de gran emoción y placer: observar su cómoda vida sometida por un humillante y avasallador control a manos del padrote. Era una sirvienta sexual expuesta a los deseos de los hombres; toda su vida social, construida como una muralla, se había derrumbado dentro de aquel recinto de alcohol y templo de la diversión mundana. Su personalidad social, duramente construida a base de convencionalismos gritaba afuera del feo lupanar desesperada, mientras la hembra ganosa de sexo, se encontraba ahora en mando; ella era en esos instantes una esclava, pero a la vez una diosa que después de todo controlaba a la masa a su antojo sin siquiera proponérselo.
El padrote la obligó a caminar bellamente desnuda al ritmo de la música, a través de la rustica y fea pista de bailar del bar; deambulando con gran naturalidad y donaire, elevando la mirada bajo sugerencia del padrote, y sonriendo a los parroquianos, con lo cual ella continuó resquebrajando fibras desconocidas dentro del alma de aquellos hombres rústicos y profanos, llenando increíble e inesperadamente todo el espacio desenfrenado de la cantina, con un aire de paz, y en ese entonces el negociador grito:
-Todos los que ya pagaron tendrán el derecho enseguida de cogerse a esta señora ama de casa, quien se trata de un ejemplar virgen para estos menesteres, y aquel que aumente su paga en 10 dólares más, será el primero en tener el honor de desvirgarla en estas lides. Cuatro de los previos clientes entraron a la puja iniciada por el astuto individuo, y los que no se habían apuntado por falta de dinero, intentaban obtener prestado de los otros hombres para poder gozarla también. Los hombres que no pudieron pagar, se conformaron con ser espectadores y jalársela viendo la manera como se cogían a la atractiva hembra.
El comerciante sexual no aceptó que el músico y ventajoso individuo quien antes tomara a la mujer en contra de su voluntad, besándola y manoseándola a placer, entrara en la subasta de la dama. Este se mantuvo rumiando su desprecio arrinconado observando toda la acción desde determinado lugar, relegado como un mueble abandonado, siendo objeto de burla de los que conocían la causa del rechazo.
Una vez sorteados los individuos, el proxeneta tomó a la señora de una mano dirigiéndose con ella hacia una destartalada mesa de billar localizada al fondo de la cantina. La atractiva señora caminaba sensualmente dando pequeños pasitos con sus tacones rojos, agitando sus nalguitas paradas y tetas al aire libre, colocando el padrote una sábana que ya llevaba dentro de una bolsa ex profeso, ayudando a la mujer a treparse a la mesa de billar con el primer cliente, mientras que los siguientes y los que no pagaron incluyendo el guardia, estaban observando llenos de excitación la escena a desarrollarse lo más cerca posible.
El cantinero fue el primero, haciendo uso del llamado “derecho de pernada” al mejor estilo de los viejos hacendados, como premio por haberse arreglado con el hábil padrote favoreciendo el negocio.
Hincados mujer y cantinero frente a frente, este se engarzo fuertemente a ella, besándola como si intentara devorarla, metiendo sus manos entre la frondosa cabellera de la mujer, impregnándola con su ocre sabor a cerveza pululando en su aliento, dentro de la boca de la dama. Luego le mamo primero las tetas tomándolas con ambas manos y elevándolas ante el solaz de los hombres, y recostándola finalmente, succionó lleno de lujuria el delicioso clítoris, vagina y el botoncito trasero, empapándose todo su ser del excitante olor de la hembra, entre jabón, perfume y su estrógeno natural; así permaneció el hombre por unos cuantos minutos, mientras los otros observaban en silencio, sin permitírseles tocarla, a la vez que la mujer bramaba de placer agitándose sobre la sabana.
La monta de este macho hirviendo sobre la hembra abierta de piernas quien sólo calzaba sus medias y liguero, incluyendo los sensuales tacones altos de color rojo, fue desesperada. El cantinero introdujo su humeante verga en la estrecha vagina de la mujer, colocando sus hermosos muslos femeninos sobre sus toscos y sudados hombros, empujando desesperado la goteante tranca hasta la empuñadura y los huevos gordos rebotando, y al parecer la emoción de gozar a tal mujer, y lo apretado de la vagina de ella, lo hicieron reventar en escasos segundos como quien exprime una fruta madura ya casi pasada...todo el abundante néctar lechoso inundó los adentros de ella, quien aparte gritaba. Todos tragaban saliva desesperados ante la ardiente visión y por los gritos sensuales de la dama.
El segundo en suerte, fue el baterista del grupo norteño, y arrebatando enloquecido a la bella dama de las manos del cantinero, metió su parada verga y bombeo a la mujer, intentando extraer todo el semen del cantinero, en una lucha de poder por dejar dentro la semilla triunfante. Era una máquina de vapor corriendo a la máxima velocidad, entre los gritos de ella, quien abrazaba al flaco individuo con brazos y piernas, escuchándose todos los fluidos al ser expulsados de la vagina ante el vigoroso empuje del flaco...En un instante, el hombre descendiendo por las tetas de la mujer primero, y luego su terso abdomen, chupó el ombligo de ella, para finalmente mamar profusamente el clítoris inflamado de deseo de aquella reina.
Ella lloraba, suplicaba y arañaba la espalda del baterista, mientras este le besaba desquiciado la boquita femenina sensual, y le chupaba el terso y delicado cuello de cisne. En veces el hombre le bajaba las piernas, pero sin dejar de embestirla con fuerza y frecuencia, cimbrándola con cada metida. El hombre tuvo una explosión brutal, gritando al instante de eyacular una enorme cantidad de engrudo humano, escurriendo hacia afuera del receptáculo femenino, hasta mojar nalgas y culo, corriendo como un arroyo hacia los muslos impregnando la sabana completamente revuelta sobre la mesa de billar, junto a los previos arrojados por el cantinero.
Todavía ella intentó afianzarlo con sus brazos y piernas con el fin de retenerlo un poco más pegado a ella, besándolo agradecida tras recibir tan soberbia cogida, pero el delgado sujeto fue arrebatado de sus brazos y casi arrojado a un lado por otro parroquiano alto y enorme, este era un señor que a pesar de su gran obesidad, mostraba una extraordinaria agilidad, trepando a la mesa de billar habilitada como cama para coger, metiendo su verga de gran diámetro en la vagina de ella, abundantemente espesa de tanta leche de los dos hombres anteriores.
El grueso individuo se hecho como un enorme elefante marino encima del esbelto y delicado cuerpo de la mujer, aunque increíblemente no la sofocaba, pero cubriéndola toda con su enorme corpachón. Sólo se podía distinguir los brazos esculturales de ella, por los lados de la enorme humanidad varonil, así como los fuertes muslos de la mujer cual columnas de mármol de un templo griego, abrazando y soportando los fuertes empujones del paquidermo; abriéndolos y cerrándolos entre gritos y palabras amorosas aguantando las fuertes zambullidas. A la vez que esto ocurría, se escuchaba el chapoteadero de semen brotando de la apretada vagina...


Ciertos minutos después, el gigantesco hombre extrajo su gruesa macana de la vagina de la señora, vertiendo toda su leche caliente sobre las tetas de ella, mediante un grito gutural semejando un cerdo apuñalado a punto de fallecer, a la vez que la mujer desparramaba todo el requesón sobre ambos pechos con ambas manitas de uñas bien pintadas.
El grueso y grotesco individuo tipo shrek, respiraba dificultosamente como animal herido debido al esfuerzo desarrollado durante la grandiosa faena. Tembloroso transpiraba a chorros, y debido a ello, había bañado de pies a cabeza a la señora; olía fuerte pero no obstante ella lo había besado por todas partes, succionando el rancio líquido que corría por el pecho del hombre cual cebo de ballena. Las axilas manchadas del enorme sujeto de un color oscuro, chorreaban de los pelos y desperdigaba su aroma intoxicando todo el cuarto de billar; y mientras el siguiente hombre en la fila lo apuraba desesperado, el gordo se negó a abandonar a su presa, dirigiéndose al proxeneta quien ahora se encontraba excitadísimo observando el desempeño de su obra maestra: “La adorable joyita de puta que él suponía y presumía haber creado”.
El grotesco hombre sostenía el grácil y bello cuerpo de la mujer entre sus brazos pegada contra el suyo, y de espaldas en contra de la enorme panza y velludo tórax del gordo chorreando sudor, negándose a soltarla; ella tampoco había limpiado el semen escurriendo entre sus tetas. Sin importarle nada, el hombrón gritó una oferta para convencer al proxeneta con el fin de que aceptara y poder poseer a su protegida por el culo “ipso facto”, sin esperar ni un sólo minuto.
El inteligente padrote calculó que el hombre debido a su intensa calentura y apoyado en su colosal corpulencia, no iba a cederle el turno fácilmente al siguiente en la fila sin dar pelea, y que lo menos que deseaba era crear un conflicto, por lo que procedió a tomar la cantidad pactada de la bolsa del pantalón del individuo, ante las protestas de los otros clientes debido a lo que ellos consideraban un abuso de parte del marrano, pero tampoco fueron capaces de hacer nada al respecto.
Ella llorando le pidió que por favor no la atravesara sin condón por su culo...y el individuo increíblemente aceptó, aunque al final de la terrible y salvaje metida, este sacó su falo encapuchado del hermoso agujero trasero de la dama, y retirándose el hule, derramó fuertemente un chorro de semen caliente en torno al agujero anal aun dilatado de ella como producto de la tremenda garrotiza; tal pareciera por la cantidad de semen que no había cogido en semanas. Ella increíblemente todavía elevaba su trasero solicitando por medio de estos movimientos que deseaba más candela por su hermoso culo, la dama se había venido varias veces ante los ataques viriles, pero ya había derrotado al enorme animal, quien sólo atinaba a observar la belleza del cuerpo de la mujer, completamente avasallado por ella, perdiendo paulatinamente toda su enorme erección.
Antes de ese final, ella pujaba y se retorcía como un gusano torturado con sal de dolor principalmente cuando este iniciara a penetrarla con la enorme e ingurgitada cabeza de su pene, luchando por dilatar y vencer el esfínter anal. Después del llanto inicial de ella, llego el placer al entrar la mitad de la verga, y gozaba locamente con cada metida del inmenso hombre, quien se recargaba con todo su tonelaje sobre la delicada espalda de ella, mientras que la fina y bien educada dama, gritaba obscenidades.
Era increíble observar como la frágil hembra soportaba el inmenso peso del hombre, sumando a ello, los poderosos embates de este, hasta que finalmente ella cedió reposando su abdomen sobre la mesa de billar, aunque todavía tuvo la gran fortaleza de permanecer con su bello trasero parado, aguantando las acometidas. La concurrencia gritaba frenética, escuchándose como los huevos del gigantón se azotaban en el periné todo cubierto de espumoso semen que escurría de las adorables entrañas de la dulce criatura; produciendo ruidosos pedos vaginales entre metida y metida.
Otro hombre ya se había encaramado sobre la mesa de billar ansioso por cogerse a la mujer, a la vez que el tremendo caguamón descendía bajándose a duras penas, y girando a la dama el reciente individuo, la penetró sin previo aviso colocando sus piernas al hombro. Después de cierto tiempo, este individuo volteo a la dama y en cuatro patas le atizo con rapidez de conejo, a la vez que ella chillaba como una puerca en matadero, gritando y pidiendo más y más. Este hombre a la vez le metía un dedo por el trasero a la mujer, luego fueron dos, y simultáneamente ella se venía una y otra vez, arrojando chorrillos de líquido a través de su uretra.
Hubo una explosión de leche dentro de ella en posición de perrito, y la mujer volteaba a ver al que se la cogía de manera desesperada, a la vez que ella le aventaba besitos al hombre, mientras este debido a la tremenda excitación, la jaló del pelo bruscamente provocándole un quejido, ante lo que el padrote le recriminó y pidió tuviera mayor cuidado con ella para que no fuera a lastimarla del cuello, el cual ella tenía resentido de un accidente de auto varios años atrás.
Un pequeño hombre como de 1.50 de estatura tomo su turno muy ansioso, montándose de manera chusca debido a su pequeña estatura a la mesa de billar entre las risotadas burlonas de los ahí presentes, sorpresivamente le pidió a ella que se orinara dentro de su boca sentándose para ello a horcajadas sobre su cara. Ella haciendo un gesto de repulsión por lo solicitado, intento negarse, pero el padrote la obligó a subirse finalmente sobre el rostro del hombre, llevándola de la mano hacia la cara del diminuto; era obvio que al astuto padrote le había pagado aquel pequeño cliente bastante bien. La mujer se colocó viendo en sentido contrario al hombre tirado sobre la mesa, manteniéndose en posición de orinar, mientras todos corrían desbocados arremolinándose en torno a los protagonistas para ver el acto de lluvia dorada y la orina siendo tragada por el hombrecito aquel.
Ella era sostenida de la mano por dos voluntarios con el fin de que no perdiera el equilibrio, y pujaba sentada a horcajadas cerca de la boca del hombrecillo, un tanto avergonzada debido al escurrimiento de semen que este atrapaba con su boca, incluso los que estaban escurriendo en torno a las nalgas y al ano, depositados por los que se la habían cogido minutos antes.
Por fin, ella soltó el primer chorro de orines en la boca del hombre, ante la intensa algarabía y aplausos de los presentes; la mujer sentía mucha vergüenza, sobre todo debido a que involuntariamente coronó su acto con una retahíla de gases de su ano, mismos que fueron coreados por la concurrencia exaltados de intensa emoción, y fustigados por el alcohol.
Una vez terminada de salir la última gota de orina, el enano con su lengua de reptil saboreó los genitales de ella, haciéndola tener un fuerte orgasmo. Como pudo la mujer descendió de su pequeño trono, y tomada de las nalgas fue ensartada por una verga bastante grande comparada con el tamaño del hombrecito. Este presentó una fuerte eyaculación, mientras que ella lo montaba con gran intensidad, y al final, la mujer suplicó al proxeneta por una tregua para ir al baño a secarse y lavarse tanto el sudor, como la leche de macho y ahora sus propios orines.
Todos los presentes la despidieron entre vivas y atronadores aplausos, insistiéndole que no tardara mucho. Cuando ella entró al retrete, se extrajo de su vagina un condón vaginal a reventar de semen, condón que ella se había introducido en cierto instante antes de iniciar el intercambio sexual, dentro de su vagina sin que los hombres ni su padrote se dieran cuenta, y luego se introdujo uno nuevo que llevaba consigo dentro de su bolso de mano.
Salió del baño en donde estuvo lavándose como le fue posible en los horribles lavabos del lugar, y apenas emergió del escusado, fue tomada por unos gemelos que ya la esperaban ansiosos, y como locos se la cogieron tirándola en el suelo sobre la sabana: Uno por delante y otro por el culo, pidiéndole ella al padrote obligara al gemelo que deseaba cogerla por el culo, que se pusiera condón, mismo que así lo hizo. El que estaba en su vagina se encontraba con ella clavada sobre su enorme verga, y abriendo este las nalgas de ella, favoreció la entrada de su hermano por el culo de la mujer. Ambas vergas salían y entraban sin cesar, semejando dos pistones de motor: uno entrando, y otro saliendo.
La increíble dosis de longaniza humana parecía no tener fin, hasta que ambos explotaron llenándola de semen, mientras que el que se encontraba dándole con fuerza por el trasero de ella, después de eyacular cayó pesadamente como fardo sobre las espaldas de la bella mujer, exhausto y casi desfallecido; hubo necesidad de quitarlo de encima ya que aparentemente se había desmayado. El otro gemelo estaba consternado por su hermano, ya que, según este, su gemelo sufría de cierta cardiopatía según dijo a la concurrencia, a quienes les importó un bledo, y los quitaron con el fin de seguirse clavando a la atractiva y recién inaugurada puta.
Todo el hermoso cuerpo de la mujer siguió recibiendo metralla sin cuartel, y ella, jamás arreó banderas a pesar del intenso bombardeo, no obstante, los fuertes alaridos que ella pegaba, las palabrotas vulgares y otras de amor, jamás dijo: basta. Las marcas de chupetes, nalgadas y rasguños se contaban por decenas sobre su atractivo cuerpo. Hilillos de espeso semen escurrían de su vagina por sus muslos, a pesar de que nadie fue capaz de notar que ella llevaba insertado aquel condón femenino; la dama temblaba de la emoción y de la baja de azúcar debido al desgaste físico, mientras que un individuo tuvo el buen tino de darle un chocolate que ella devoró, y otro le regaló una bebida de electrolitos, ayudándole el potasio contenido en esta, a los calambres que ella empezaba a presentar en sus hermosas piernas.
El extraordinario suceso era algo que ya se comentaba entre los hombres ahí reunidos aquella tarde noche con gran admiración y respeto. Cuentan que de ahí nació cierta leyenda urbana relacionada con las proezas sexuales de ella; y varios hombres vinieron allende la frontera incluso a buscarla con el fin de conocerla y estar sexualmente con su persona, cubriendo generosamente su entrega sexual. Hubo hasta un corrido relatando aquella hazaña, y en la actualidad el reconocimiento de hombres y mujeres hacia ella es enorme.
Después del maratónico ajetreo sexual, ella recogió sus húmedos calzones blancos que estuvieron botados en el suelo, y ahora en poder de uno de los clientes quien los husmeaba como sabueso; ofreciéndole a la bella dama cierta cantidad de dinero cuya generosa oferta ella rechazó. Y con las medias destrozadas sobre sus fuertes muslos, y aun fijas a su atractivo liguero, también recogió su brassier todo pisoteado, junto con su falda y blusa y se vistió parsimoniosamente sin hacer ninguna mueca de dolor ni mucho menos quejido alguno: Era una reina y sus hombres representaban a sus súbditos sexuales, quienes atónitos no eran capaces de dar crédito a la enorme fortaleza y sensualidad de aquella dama que fue capaz de tragarse tantos kilómetros de pene sin quejarse.
El padrote también la observaba atónito, muy sorprendido por la increíble demostración de entereza sexual de parte de lo que el suponía: “su reciente creación”. No era capaz de creer que aquella fina y educada dama tuviera tanto potencial erótico y sexual. En secreto, el proxeneta ardía en deseos por poseerla sexualmente, ya que todo ese tiempo en que otros se la cogían, él había estado muy ansioso porque llegara pronto el final. A duras penas creía ser capaz de llegar primero por el esposo de ella, y luego todavía ir los tres al hotel.
Ella procedió a arreglarse su cabello y cara lo mejor que pudo, pintando sus inflamados y adoloridos labios del intenso fragor de la batalla sexual, ya que fue besada por todos aquellos labios, a su vez de los individuos que pagaron cantidades extras para que ella les succionara el pene; y se dispuso a dejar atrás el sórdido burdel y cuna de su extraordinario debut como puta, entre vítores de los hombres, mientas caminaba afianzada del brazo de su padrote quien iba orgulloso llevándola como trofeo y sintiéndose dueño absoluto.
En eso, ella descubrió a un joven de quizá escasos 20 años, y al parecer cliente asiduo del antro en cuestión, observándola lánguidamente mientras ella abandonaba el lugar, sentado este en un rincón cercano a la puerta de salida. El joven era delgado, casi famélico, desgarbado, mal vestido pero extrañamente limpio, y no del todo alcoholizado. Al chocar sus ojos, este se fue de hinojos a sus pies, sorprendiéndola y asustándole un poco, y sujetándola por las rodillas en un melodramático abrazo, empezó a sollozar:
-Yo ya no traigo un solo centavo dijo el joven lastimeramente, pero nada me haría más feliz en la vida, que el hecho de que usted me regalara un sólo beso.
Arrastrándolo ella de la mano, y a pesar de las protestas de su padrote, lo condujo al mismísimo rincón en donde estuvo una noche antes con el cantorcillo del grupo, y sentándose encima de la mesa, quedó con su vulva expuesta (ya no se había colocado sus bragas llenas de tierra y semen), apuntando abierta justo a la cremallera del pantalón del jovencito, este de manera impulsiva y a trompicones extrajo ansiosamente su verga goteante, colocándola y jugándola un rato en el introito vaginal, ocasionando lloriqueos de placer intenso en ella, prendiéndose a su vez de los labios femeninos, introduciendo uno a otro la lengua dentro de sus bocas.
Hubo una penetración intensa hasta el fondo, rebotando los ingurgitados huevos en las nalgas de ella y por dentro, la cabezona dilató la matriz hasta el límite de su capacidad abdominal, y tras breves embates, el jovencito fue incapaz de contenerse y derramó toda su viscosidad varonil, escurriendo todo el líquido espeso por las nalgas y piernas de la mujer. Durante la intensa metida, ella presentó en sus enormes pezones una gran ingurgitación sexual que los puso al borde de estallar, mientras el los mamaba frenético entre empuje y empuje de su gorda y larga verga expandiendo las entrañas; mientras ambos reventaban al unísono en un orgasmo inconcebible.
El jovencito se negaba a abandonarla y extraer su pene del interior de ella; este permanecía erecto como una roca, y palpitaba escupiendo restos de semen mientras el cómo un oso la mantenía pegada a su cuerpo buscando los labios de ella, y la dama debido a la sensación vaginal del palpitante pene punzando hasta adentro, empezó a mover sus caderas, a la vez que correspondía ardiente con sus propios besos en la boca varonil, iniciando una nueva rebatinga que los condujo a una enardecida cogida que fue la envidia de muchos. Al final, ella se bajó su minifalda y conteniendo la abundante melcocha blanca saliendo de su interior mediante una toalla sanitaria extraída de su bolso, la colocó y por fin abandonó el lugar.
El jovencito la siguió unos metros, pero la actitud agresiva del padrote lo hizo desistir, mientras que ella garrapateo su número de celular y se lo entrego rápidamente a este. El proxeneta sumamente irritado le dijo al joven:
-Ya lárgate de aquí...encima de que no pagaste un sólo centavo, ¿todavía deseas seguir cogiendo gratis?
Y fulminando a su puta con la mirada, le propinó un tirón de la muñeca y una nueva nalgada fuerte en plena calle y a la vista de algunas personas; arrastrándola rumbo al encuentro con el esposo de ella quien ya debía estar sumamente nervioso por no saber de ellos, principalmente de su mujer. Antes de llegar al punto de reunión con el marido, el chulo la tomó del pelo y le plantó una bofetada, interrogándola:
- ¿Quién soy yo?
-Mi Rey...mi papacito...respondió ella con voz apenas audible, tragando saliva.
-Y que nunca se te olvide ¿Me escuchaste puta? Preguntó el padrotón, y continuando le dijo a ella:
-No le vuelvas a regalar tus nalgas a nadie ¿Me entendiste? Ese culo es mío, yo digo con quién, cuánto y cómo...Ella, en actitud sumisa, siguió al padrote tirándola del brazo. Al verlos llegar, por un lado, el marido respiro aliviado, mientras que, por el otro, se encontraba sumamente impresionado por el aspecto de ella.
Al llegar al hotel en compañía de su padrote y de su espantado esposo, la mujer se mantuvo silenciosa debido a la intensa fatiga física como por el gasto emocional, junto con el trauma psicológico de verse expuesta ante los hombres como una vil puta, sorteando todos los problemas ya descritos. El esposo se exasperaba debido a la falta de respuestas claras de parte de ella acerca de lo que había ocurrido; ya que su mujer había salido de casa bellamente arreglada, mientras que ahora semejaba a una sobreviviente de una desgracia.
Finalmente, ella se desplomó fatigada sobre la cama, empezando a relatar cada uno de los acontecimientos en forma pausada y atiborrada de detalles de lo que ella había experimentado desde que entró con el proxeneta y de todo lo ocurrido; habló de cada centímetro de su piel atomizada por los destellos eróticos ocasionados por las caricias de aquellos toscos como desaliñados varones, y de sus pensamientos calientes que la recorrieron como un arado sobre una extensa porción de tierra fértil mientras era penetrada. El marido la escuchaba incrédulo y boquiabierto...
En eso estaban cuando su proxeneta se arrojó a su lado, visiblemente emocionado y muy caliente debido al relato de ella, así como por lo vivido en forma directa entre ambos, y ávido succionó los restos de semen que pudiera existir desparramados por toda su humanidad y los que aun fluían de su vagina, entremezclado con el aroma de todos los machos que se la habían cogido; y con todo y eso, la mujer todavía fue capaz de recibir la cogida de ambos: Su esposo, también al borde de la locura por los detalles de la narración de ella, e imaginándola gozando como una perra caliente, la tomó por la vagina y separando ambas nalgas con sus manos, el hábil padrote la penetró por su culo.
Durante la penetración, ella dejó escapar primero dulces como tenues gemidos que fueron en aumento, hasta inundar la habitación con un enorme escándalo de gritos excitantes, siendo escuchada a través de las paredes por otras personas. El padrote fascinado con la hembra, deseaba quedarse a vivir bajo el mismo techo de los esposos, lo cual quedaron de discutir los tres después de descansar.
Para concluir con broche de oro aquella enorme comilona sexual, y en una especie de ritual ceremonioso, fue cariñosa y delicadamente aseada por ambos hombres en la regadera del hotel como un tributo de un par de sacerdotes de eros a la diosa, para luego caer finalmente rendida hasta cumplir 12 horas de sueño.
Ella pasó la noche en la cama durmiendo con el padrote completamente vaciado de su reserva sexual, quien aparte cayó en una especie de estado catatónico, y a la mañana siguiente, ella se puso en pie procediendo a vestirse con una ropa extra que su esposo le llevara dentro de una pequeña maleta...
Lo que su proxeneta ignoraba, es que aquella noche, después de la rebatinga sexual y aun dentro del antro, ella tomó su dinero arrebatándolo de manos del proxeneta, y sin contarlo siquiera, le habló al sanitario a 3 mujeres prostitutas, quien durante todo ese tiempo la estuvieron observando con gran recelo y coraje, por sentirla como una intrusa usurpando su pequeño mercado de prostitución, y tomando ella los billetes los dividió en partes más o menos iguales, y lo regalo a sus ahora colegas de “puterias”, ante el gran asombro e incredulidad de ellas. Aun así, fue despedida con actitudes hostiles de parte de estas mujeres.
Antes de abandonar la habitación del hotel, ella volteó a observar a su marido a quien amaba profundamente, y al proxeneta que la había conducido a estados de lujuria salvaje e irrefrenable, profundamente dormidos antes de cerrar la puerta. Suspirando ella dejó una nota al proxeneta, con un dólar pegado con un clip en ella, en donde escribió: “He aquí las ganancias que te corresponden” Luego salió a la calle sin rumbo fijo, perdiéndose.
Una vez en la calle después de salir del hotel en donde dejara a su esposo y al proxeneta, tremendamente sorprendida, observó al jovencito de la cantina de la noche anterior; aquel con quien ella se fusionará gratuitamente con increíble y loco frenesí, montando guardia fuera del lugar, e impresionada por su tenacidad e infatuación amorosa por ella, lo tomó de la mano, dándole un cálido beso en la boca, que el joven respondió enardecidamente, y separándolo ella suavemente de su lado, lo condujo por las calles en donde juntos iniciarían un camino lleno de aventuras.


Días más tarde, ella se reuniría de nuevo con su esposo, continuando ambos con su matrimonio fortalecido, mientras que al proxeneta decidió no volverla a ver a pesar de las suplicas de este con la finalidad de continuar con la relación. Era verdad que a ella le encantaba la forma como este hombre la cogía cual puta, pero su matrimonio era mucho más importante.

FIN.


Mis inicios



Por Kaydashx 

Buenos días! No daré mi nombre pero me conocen como Koga. actualmente tengo 27 y lo que voy a contar sucedió a mi tierna edad de 6 con mi niñera. espero que les guste. Aclaro que es 100% real solo cambio los nombres x las dudas.

Todo comenzó a mi edad de 6 años, vivía en un pueblito de buenos aires (Argentina) llamado "Las Catonas" , en esa época éramos una familia de clase media alta. Mi padre trabajaba de técnico en una discoteca y mi madre trabaja en un taller textil.

Por azares del destino, mi madre queda sin empleo debido a que el patrón había quedado en bancarrota. Al no tener como solventar la liquidación de mi madre, tuvo que compensarle con máquinas y materia prima del taller, lo cual llevó a que mi mamá abriera su propio taller en el garaje de nuestra casa.

Al no tener tiempo para cuidarme optó por conseguir a alguien que me cuide, ya que empezaba la primaria y quedaba lejos de mi hogar como para ir solo. Mi padrino ofreció ayudarla ya que su hija, iba a la misma primaria y al mismo turno y ella podía llevarme a su casa, para que a la noche pasaran mis padres a buscarme. Así comenzó todo: 

En ese entonces era un niño bastante alto para mi edad, delgado, pelo castaño oscuro, ojos marrón claro, y bastante activo ya que siempre me la pasaba corriendo y saltando como todo nene de esa edad.
Por lo cual siempre me ensuciaba. Eran los primeros días de marzo, hacia muchísimo calor llevaba unos shorts , una remera clara y por encima mi delantal (guardapolvo)

En el recreo viene a verme ella, la hija de mi padrino a quien llamare Gigi era simplemente perfecta. Piel blanca, ojos verdes, cabello castaño claro, lacio y largo y una boca roja y carnosa. Tenía 12 pero parecía mayor ya que tenía un cuerpo esbelto y en buen proceso de desarrollo con una cola bien redondita y respingona y unos senos formándose. Era una chica atlética y deportiva. Y siempre fue cariñosa conmigo. Recuerdo que vino a verme con una gran sonrisa, me alzó y me dio un sonoro beso en la mejilla.

- Hola morochito! Hoy venís a casa conmigo si? Te quiero negrito lindo. Me besa por última vez y se va.

Yo seguí jugando y así pas
ó el tiempo hasta que termino el día. A la salida me esperaba Gigi con una sonrisa. Corría su encuentro y me recibió con los brazos abiertos.

-Hola hermoso! Ay estas todo suciecito. Llegamos a casa y te baño.

Yo lo tomé como algo normal ya que mi mamá solía bañarme de vez en cuando. Recuerdo que íbamos caminando y ella siempre me preguntaba si le parecía linda, si me gustaba como se vistió. Y la verdad es que era preciosa, vivía embobado con ella y quizás lo sabía.


Llegamos a la casa y como era habitual, no había nadie ya que mi padrino y su esposa trabajaban hasta tarde. Ella se sacó su delantal, llevaba una remera ajustada y unas calzas y zapatillas. Recuerdo que me ordenó ir al baño porque iba a bañarme. Entré y me iba a empezar a desvestir pero me detuvo.

-Yo lo hago amorcito - me dijo.

Se arrodilló delante mío y me miró de arriba a abajo mordiéndose los labios. Comenzó a acariciar mi cara y me decía a cada rato que era relindo. Yo solamente me ponía rojo y le sonreía y le decía que era linda. A lo cual ella se sonreía y me daba un beso en mi mejilla con un…

-Gracias morochito.

Abrió la ducha y comenzó a sacarme la ropa mientras me abrazaba y me daba besos en el cuello. Me tuvo un rato así y comenzó a acariciarme por todo el cuerpo y de a poco sus caricias fueron hacia mi pito que agarraba y lo apretaba despacito y sus besos fueron más fuertes. Yo estaba quieto y me dejaba hacer, era algo raro porque me gustaba y a la vez, me ponía nervioso, como que mi corazón latía rápido y me agitaba. Solamente atinaba a acariciar su cara a lo cual respondía con una sonrisa y chupando mis pulgares.

-Amorcito, Tenes novia?
-No
-Y te gusta alguna nena?
-No.
-Y sabes besar en la boca?
-No Gigi, soy muy chiquito.
-No sos chiquito para besar, vos podes besar a la chica que quieras porque sos relindo. Pero tiene que ser una chica muy linda y que quieras mucho. A quien quieres mucho[LA1] ?
-A vos

Gigi se muerde los labios y me dice:

- Entonces bésame.
-No, no sé.
-Yo te enseño amor.

Y me empieza a dar besitos en mi boca sin dejar de tocar mi pito. Yo no sabía que hacer así que solamente puse mis brazos en su cuello. Mi corazón latía muy rápido, me besaba de manera tierna y apasionada. Yo solo tenía mi boca semi abierta y los ojos abiertos, veía su cara angelical con sus ojos cerrados. Estuvo un largo rato así, hasta que se separa de mí.

-Te gusto mi amor?
-Si.
-Uy mira, me moje (yo estaba en la ducha) me voy a tener que sacar la ropa despacito.


Se saca su remera y debajo tenía un sujetador deportivo.

-Te gusta cómo me queda? Mira…

Se saca el sujetador y veo sus pequeños senos nacientes y sus pezoncitos rosados en punta. Me da la espalda y se baja su calcita junto con su bombachita dejando a mi ojos una vista espectacular de su cola. Se voltea y veo su pequeña vagina totalmente limpita.

-Soy linda?
-Si Gigi.
-Me puedo bañar con vos?
-Si.

Entra en la bañera conmigo se sienta y abre sus piernas y me trae hacia ella me hace sentar sobre su pierna y con su mano izquierda me acaricia el pito y con su mano derecha llevó mi mano a su conchita y me pidió que la acaricie. Así lo hice guiado por su mano. Se sentía calentita y el agua de la ducha hacía que la acariciara con facilidad. Ella no dejaba de decirme que me quería y me besaba el cuello y respiraba muy agitada y acariciaba mi pito con fuerza y hacía que la acariciara más y más rápido hasta que arqueó su espalda y largo un gran suspiro y empezó a recuperar el aliento.

-Te amo mi amor, te amo- me decía mientras me besaba en la boca y metió sus dedos en la conchita y los saco y me dijo que los chupe y me los metió en la boca. Admito que se sentía raro y dulce y me encanto. Estuvimos un rato besándonos y nos levantamos y me llevó a su cuarto.

-Te gusto el baño mi amor?
-Si Gigi.
-Bueno todos los días nos vamos a bañar si?
-Si.
-Te amo hermoso.

Nos secamos, y me hace acostarse en su cama para vestirme y, empieza a agarrarme el pito mordiéndose los labios y yo rojo de vergüenza y sin decir nada se mete todo mi pito en la boca y comienza a chupar y pasarme la lengua por todos lados.

Era algo indescriptible, como una descarga que recorría mi cuerpo yo agitaba mis bracitos y respiraba agitado. Estuvo un rato largo así hasta que se levanta. Veo que se estaba tocando la conchita y me dio sus dedos para que los chupe.

-Te amo hermoso, te amo me decía.


Me vistió y me llevó al cuarto de estar a ver dibujos abrazados y besándonos.



Lo que aprendí sobre el Punto G



Por Leonor

En un relato anterior quise contarles como pude disfrutar por primera vez a plenitud de mi punto G. Se que a pesar de todo, este es un tema del que se conoce poco pese a que hay muchas opiniones, por eso hoy quiero dejarles algunas cosas que he podido aprender para aquellos que no conozcan mucho sobre el asunto.
1. En realidad no hay dos tipos de orgasmos (clítoris y vagina) o por lo menos no es lo que yo he sentido, cuando tienes un orgasmo lo sientes en toda la vagina (yo diría que en todo el cuerpo) simplemente es como si viniera desde puntos diferentes. Por lo tanto, pienso que no es cierto eso de que si no has tenido un orgasmo desde el punto G entonces no has logrado el clímax a plenitud, pues al final solo son vías diferentes que te conducen al gran final, lo demás es cosa de gustos personales.
2. Para encontrar el punto tienes que estar excitada y lubricada (sea lubricante o tu flujo), ya que de lo contario es más complicado hacerlo. Esto es así porque el punto G tiene una especie de tejido eréctil que lo dilata cuando hay excitación.  En algunos casos, resulta más sencillo para el hombre tocarlo con el pene si sabe previamente en donde está, para lo cual puede usar los dedos, eso le dará una idea más clara de su ubicación.
3. Hay posturas que favorecen la estimulación del punto G pues éste se encuentra en la pared frontal de la vagina. De hecho, para tocarlo con los dedos lo mejor es hacerlo con las yemas hacia arriba como palpando por detrás del pubis. Por lo tanto, en el caso del pene hay que acomodarse de forma tal que pueda tocar esa zona, a mí me funciona sentada de espaldas sobre mi pareja, de rodillas con los codos apoyados sobre la cama, e incluso de pie con una pierna levantada (claro está, con la ayuda de un banquito porque David es mucho más alto jeje).
4. También dice, que ciertos tipos de penes (por su forma no por el tamaño en realidad) tienen más facilidad para llegar al punto G, como los que son ligeramente curvados o inclinados hacia arriba. Por experiencia creo que si es cierto, pero en todo caso pienso que al final es cuestión de buscar la postura que más se adapte a cada uno.
5. Si es cierto, las mujeres podemos mojarnos cuando tenemos un orgasmo de este tipo. Es lo que se conoce como eyaculación femenina. Al parecer, el punto G se llena de este líquido con el objeto de proteger la vejiga durante el parto cuando la cabeza del feto hace presión al salir y también se llena cuando estamos excitadas pues el pene o los dedos presionan el mismo lugar (es por eso por lo que lo podemos sentir en ese momento). El asunto está en que el líquido no es orina, aunque se pueden sentir ganas de orinar producto de la presión indirecta sobre la vejiga, es un líquido más bien claro y sin un olor fuerte. Tampoco es demasiada cantidad como puede parecer, esto se debe a que sale con cierta presión lo que nos hace pensar que ha sido mucho.
6. No necesariamente tienes que mojarte, hay mujeres que experimentan el orgasmo debido a la estimulación del punto G sin llegar a mojarse o bien expulsan una cantidad mínima que no se nota demasiado entre los fluidos propios el momento (flujo y semen por ejemplo), es cuestión de la conformación física de cada uno.
Bueno, eso es un resumen sobre lo que he aprendido en cuanto al tema. Genial si dejan comentarios o aportes adicionales. Como pueden ver, no hablo con lenguaje científico, eso se debe a que no soy médico o algo así y estoy exponiendo mis ideas personales, disculpen de antemano si eso dificulta comprender algunas cosas.


Lo que los hombres preguntan sobre las mujeres



Por Leonor

A continuación se presentan algunas de las preguntas que los hombres se hacen con respecto a nosotras y sus respuestas, se trata de algo general así que obviamente habrán excepciones pero en todo caso son opiniones con algo de humor.
¿Por qué van al baño juntas?
En primer lugar por seguridad, cuando entras a un baño público sola te puedes sentir incómoda en función de que pueda entrar alguna persona con mala intención o algo así. En segundo lugar por comodidad, a diferencia de los hombres las mujeres necesitamos de papel higiénico con mucha más frecuencia (ellos solo lo usan para hacer del dos), además es la oportunidad de retocarse un poco por lo que también necesitamos alguno que otro producto de maquillaje, eso implica llevar con nosotras la cartera o algún otro bolsito y no todos los baños públicos cuentan con lo necesario para acomodar esas pertenencias mientras hacemos nuestras necesidades, no podemos dejarlas afuera pues se corre el riesgo de que alguien se lo lleve y es terriblemente incómodo hacerlo con la cartera colgada en el brazo ¿La solución? tu compañera tiene tus cosas mientras usas el baño y luego tú sostienes la de ella, así de simple. Y tercero, es un buen momento para conversar sobre las impresiones, opiniones Etc. que estamos teniendo sobre la situación que ocurre afuera, muchos hombres piensan que es solo cuestión de criticar pero en realidad a veces es lo contrario.
¿Por qué se comparan con otras?
Porque a toda mujer le gusta saberse única y especial, eso implica un poco de rivalidad entre nosotras aunque no necesariamente se trate de una competencia a muerte, los hombres deberían entenderlo puesto que nadie más competitivo que ellos. Sin embargo, si tu pareja se compara mucho puede ser síntoma de que no le estás haciendo saber lo suficiente lo único y especial que encuentras en ella, aunque acepto que también existen las neuróticas, pero ellas no entran dentro de estas generalidades.
¿Por qué se demoran tanto en arreglarse?
Porque el arreglo femenino abarca muchos aspectos, no se trata solo de piel y ropa limpia, involucra perfume, hidratación, combinación de ropa y accesorios que además estén acorde con la ocasión, estilos de peinado y maquillaje Etc. Eso definitivamente no puede resolverse en 5 minutos ¿Pero cuál es el apuro? total nos estamos arreglando en parte para ustedes y además sabemos que lo disfrutan, de hecho he conversado con muchos hombres y todos están de acuerdo en que les gusta una mujer coqueta, que se esmera en su arreglo; bueno eso toma tiempo.
¿Por qué se torturan con tacones?
En este punto hay opiniones encontradas, en primer lugar los tacones son lindos, nos hacen lucir más delgadas, elegantes y sexys, por lo tanto es obvio que los vamos a usar. Sin embargo, no todos los tacones tienen que ser incómodos, es acá donde puede haber dos puntos de vista, algunas dirán que no les importa si les duelen los pies con tal de verse bien, otras diremos que podemos vernos muy bien y aun así estar cómodas, aunque debo confesar que un par de veces he comprado zapatos que siendo muy lindos no han sido el top de la comodidad y por lo tanto los he usado muy poco.
¿Por qué aun caen en nuestras mentiras?
En parte, porque como cualquier persona queremos disfrutar de una bonita relación y aunque nos cueste admitirlo muchas veces terminamos influenciadas por los clichés relacionados con el príncipe azul. Pero siendo honestos, hoy en día las mentiras y decepciones están de lado y lado. Por otra parte, creo que en más de una ocasión sabemos que están mintiendo pero caemos por terquedad, cosa que también pasa del otro lado.
 ¿Por qué le tienen tanto miedo a la celulitis?
Porque cosas como la celulitis, estrías, gorditos Etc. nos resta seguridad particularmente cuando se trata de estar desnudas frente a ustedes. Si, es verdad que a lo mejor los hombres no se detienen tanto en esos detalles al momento de la intimidad, pero el sexo no se trata solo de estar a gusto con el otro sino también de estarlo contigo misma y sabemos que mientras más seguras estamos mucho más podemos disfrutarlo. Sin embargo, soy de las que piensa que una cosa es tratar de cuidarse o sentir un poco de ansiedad la primera vez que desvistes delante de ese hombre y otra muy diferente es amargarte la noche por un par de estrías, eso ya exige una cita con el psicoanalista y que sea urgente.
¿Qué tanto hacen en el baño?
La lista es larga, desde depilarnos (normalmente el hombre cubre mucho menos espacio en esta materia que nosotras), exfoliarnos, hidratarnos, colocarnos tratamientos en el cabello por 15 minutos y pare de contar. Nuevamente, les gusta el resultado ¿Cierto? Bueno, eso compensa el tiempo extra de espera.
¿Por qué son tan celosas?
¿Quién no ha sentido un poco de celos alguna vez? Adicionalmente, los estereotipos sociales siguen marcando pauta en las conductas de la gente. Por ejemplo, ese de que mientras más machos son más mujeres tienen, lo que hace que algunas mujeres se pasen en materia de celos. A lo anterior se suma el hecho de que, con tantos dispositivos de comunicación a veces es toda una batalla mantener una conversación con tu pareja por 15 minutos sin que reciba un pin, un mensaje, un twit, y pare de contar, lo cual implica desde nuestro punto de vista falta de atención y desde el punto de vista de cualquier persona falta de educación. Sin embargo, como en todas las cosas el exceso es malo, eso significa que si la persona es realmente "tan celosa" hay asuntos más serios que resolver.
¿Por qué compran y se echan tantas cosas raras?
Porque nos hacen falta. La contaminación ambiental, el sol que cada vez está más fuerte con eso de la capa de ozono, el uso continuo de maquillaje y otros productos Etc. desfavorecen nuestra piel y por lo tanto necesitamos una ayudita extra para que las cosas vayan mejor. De hecho, a ustedes tampoco los mataría usar de vez en cuando un poco de bloqueador solar.
¿Por qué les gusta tanto ir de compras?
Porque vivimos en una sociedad que rinde culto a la belleza, además somos bombardeadas día y noche con mensajes de todo tipo que nos indican que para alcanzar un estándar aceptable de belleza y bienestar necesitamos comprar cosas. Es solo cuestión de mirar las modas por ejemplo, nunca se usan los mismos colores de ropa o el mismo grueso en los tacones, todo está orientado a que nos mantengamos al día comprando. Pero siendo realistas, esto es algo que no solo afecta las mujeres, conozco muchísimos hombres que cambian de celular solo por moda, que se compran un reloj con altímetro, barómetro y 20 funciones más aunque no vayan ni de pesca (mucho menos piensan en escalar el Everest) y se mueren por un auto como sinónimo de estatus más que por sus cualidades mecánicas. Eso quiere decir que, en este sistema de consumo todos estamos metidos hasta el cuello ¿Hay excepciones? Si, de ambos lados.
¿Por qué son tan lloronas?
Número 1, no todas lo somos. Número 2, a diferencia de ustedes jamás se nos ha reprobado socialmente por hacerlo, lo que históricamente nos ha permitido expresar nuestras emociones mediante el llanto sin mucho problema. Sin embargo, alegra ver que hoy en día ese cliché ha perdido vigencia y hoy por hoy los hombres son más abiertos en este punto, menos mal porque está comprobado que ese viejo refrán que dice "Los hombres no lloran" genera muchos problemas de salud ¿Que a veces lo usamos para manipular? Nuevamente, no todas lo hacemos, pero en todo caso existen formas muy efectivas de manejar la manipulación de manera asertiva, así que no hay excusas.
¿Por qué hay que rogarles tanto para tener sexo?
Puede ocurrir que lo estén buscando por la vía equivocada. Aunque hoy en día las mujeres no tengamos problemas en admitir que también nos gusta el sexo que se da solamente por placer -aunque el estereotipo social de que eso nos hace putas sigue vigente por ahí- lo cierto es que normalmente tendemos a desarrollar más nuestra parte emocional y emotiva (como se dijo antes, socialmente no se nos ha reprobado por hacerlo mientras que en el caso del hombre es distinto). Por lo tanto, eso de que a la mujer se le da amor (léase cariño, afecto, ternura, no necesariamente un aro de compromiso) para que te de sexo sigue vigente en muchos casos y cuando no se cumple no nos sentimos tan dispuestas. Se que por ahí va a saltar alguno diciendo que hoy en día hay mujeres que incluso los tacharían de estúpidos si se ponen tiernos, pero los invito a ver por ejemplo los miles de millones de dólares en ganancias que generan las novelas, películas (si, esas en donde ustedes se quedan dormidos) y canciones románticas; eso demuestra que si bien es cierto que ya no creemos en el príncipe azul, las chicas que se distinguen por decir: "deja las tonterías y métemela de una vez" siguen estando entre la minoría. También van a saltar aquellos que dirán "yo hago todo eso y aun así no pasa nada", pero en tal caso ya no se trata de una respuesta general como la que estoy dando aquí, se trata entonces de un problema específico que hay que tratar dentro de esa pareja, amén de muchos otros elementos que no pueden estar acá por razones de espacio. Finalmente, debo decir que no todo es culpa de los hombres, a veces las mujeres nos negamos al sexo porque no nos sentimos del todo satisfechas y peor aún no lo decimos -muchas veces por temor a herir el ego del compañero- pero a decir verdad, nadie conoce nuestro cuerpo mejor que nosotras mismas, por lo tanto si queremos algo no podemos esperar que ellos adivinen todo, hay muchas maneras de decir las cosas sin incomodar, y estoy segura de que ellos lo agradecerán.
¿Por qué le tienen tanto miedo al sexo anal?
Posiblemente porque hemos pasado por experiencias dolorosas sobre el particular y como es natural eso nos predispone, pero creo que la paciencia y una buena técnica pueden dar paso a disfrutar de esa experiencia. De todas formas aprovecho el espacio para decirle algo a mis compañeras de género: el sexo anal no tiene que ser doloroso, si te relajas, si hay tiempo, y si te lo hacen bien lo puedes disfrutar mucho. Claro está, el ano no está directamente relacionado con nuestras respuestas sexuales entre ellas el orgasmo (en este sentido los hombres son distintos puesto que precisamente a través del ano se llega más fácilmente a la estimulación de la próstata lo que puede producirles mucho placer sexual) pero si se acompaña de estimulación vaginal puede ser muy agradable.
¿Por qué les desagrada darnos sexo oral?
En ocasiones puede ser falta de confianza, no conocemos bien al otro sobre todo en cuanto a la higiene y eso nos puede representar un problema. También puede pasar que nos desagrade el sabor del semen (que no es exactamente igual en todos los hombres de paso) o que ustedes sean un tanto rústicos y casi nos ahoguen tratando de que imitemos a las actrices del porno, pero pienso que con confianza, comunicación y creatividad son detalles que pueden resolverse. Se puede usar condón por ejemplo, lo que de paso protege de enfermedades que si se contagian vía oral, particularmente si no es una pareja estable. También existen los tabúes y prejuicios sobre el tema pero ya eso va más allá de un simple desagrado. Sin embargo, no todas somos así, yo por ejemplo no tengo ningún problema en ese sentido con mi esposo, es más disfruto muchísimo de hacerlo.
¿Por qué tienen esos cambios tan drásticos de humor?
Lamento informarles que es un asunto hormonal, nuestro sistema reproductivo trabaja en ciclos, en donde los niveles de hormonas cambian constantemente afectando no solo el cuerpo sino también el humor; es como la marea alta: inevitable. Sin embargo, eso no significa que las hormonas justifiquen todo, una cosa es estar un poco malhumoradas o sentimentales y otra muy distinta es darles con el mango de la escoba cada vez que se nos acerca la menstruación, en ese caso creo que lo más sensato es llamar al manicomio más cercano.
¿Por qué son tan obsesivas con la limpieza?
En primer lugar porque tenemos la tendencia a notar mucho más el aspecto estético, en otras palabras el desorden nos hace sentir incómodas (claro está estoy generalizando, hay excepciones de lado y lado). En segundo lugar, suele suceder que esas obsesivas son las que limpian (actividad cansona y poco agradable) por lo que definitivamente no van a ver con una sonrisa que el otro comience a ensuciar antes de que hayan guardado la escoba. Hagan la prueba, pasen toda la mañana lavando, aspirando, encerando y puliendo el auto y díganme si les hace gracia que una paloma pase y les deje un adornito antes que hayan recorrido una cuadra. Lo que es más, conozco de hombres que cuando lavan su auto y ven que va a llover prefieren no salir para que no se ensucie tan pronto y si han salido se lamentan por la lluvia. Bueno, eso mismo sentimos nosotras cuando acabamos de limpiar la casa y ustedes pasan con un vaso goteando desde el refrigerador.



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